China y el diálogo sobre Corea

In Análisis, Política exteriorby PSTBS12378sxedeOPCH

La reanudación del diálogo a seis bandas sobre Corea del Norte es ciertamente importante. Al menos, por dos razones. En primer lugar, por el cambio de situación operado en la región. Las cuatro sesiones anteriores se centraron en como lograr evitar la nuclearización de la península coreana. Ahora, de lo que se trata es de cómo lograr la desnuclearización de Corea del Norte. Y ello nos conduce al segundo factor a tener en cuenta. Lo que está en juego en esta quinta ronda de conversaciones es la propia credibilidad de la vía diplomática que no pudo evitar la nuclearización y que ahora debe demostrar su idoneidad para recuperar el statu quo anterior.

Todo ello nos conduce a China, principal valedor de la vía diplomática para resolver este contencioso. La verdad es que Beijing ha reaccionado a la prueba nuclear de octubre último con gran presteza. En primer lugar, colaborando de forma insistente para evitar la realización de una segunda prueba. En segundo lugar, enviando a un emisario especial de Hu Jintao a las cinco capitales de los tantos países involucrados en las conversaciones, adelantándose incluso a los oficios diplomáticos de Washington. Y, por último, logrando, en apenas dos meses, sentar a todas las partes de nuevo ante una mesa, después de un año de parálisis absoluta del proceso.

El marco general en el que se desarrolla la iniciativa diplomática china presenta las siguientes coordenadas. En primer lugar, para Beijing es importante mantener el monopolio nuclear en Asia oriental y hará todo lo posible por evitar la consolidación de Corea del Norte como una potencia nuclear. Ello, además, segundo factor a tener en cuenta, entre otras razones, porque esa capacidad otorga a Pyongyang un plus de autonomía que Beijing no desea en absoluto. Quede claro, pues, que no hay doble lenguaje en el posicionamiento chino. A mayores, tercera consideración, la desnuclearización es importante para restar argumentos a quienes propician el rearme japonés, claramente anunciado por Shinzo Abe al destacar que Tokio afronta una nueva etapa política “sin complejos” por el pasado. La reciente creación del Ministerio de Defensa no es solo una cuestión semántica, sino que tiene implicaciones más profundas que encuentran en Corea del Norte una razón sustancial para facilitar la adhesión social y la comprensión internacional al abandono del pacifismo constitucional, incluso para imaginar el propio desarrollo de armas nucleares. Por último, a China le interesa mantener a EEUU presente en la mesa de negociaciones y evitar que vaya por libre en este asunto, garantizando que su influencia sea la adecuada, y no más ni menos, a sus propias exigencias y ritmos.

Es difícil prever la evolución de las negociaciones. Como es sabido, dos son las líneas existentes. En la dura militan EEUU y Japón. En la blanda, Rusia y China. Corea del Sur, con el corazón partido, se halla en medio: bajo ningún concepto desea un Norte nuclearizado pero desconfía de las consecuencias de las sanciones y es claramente reacia a su aplicación. El terreno común donde las dos líneas se encuentran presenta una doble característica importante: la defensa del statu quo anterior a la prueba de octubre y la necesidad de evitar el colapso del régimen norcoreano.

Formalmente, la discusión de esta quinta ronda se centra en la aplicación de la Declaración Conjunta de septiembre de 2005. Ello supone que EEUU debe comprometerse a no atacar ni invadir Corea del Norte, y también a no instalar armas nucleares en Seúl. Pyongyang, por su parte, debe volver al Tratado de no proliferación y aceptar las inspecciones de la AIEA. Pero además de esas garantías generales, las contrapartidas de orden económico y energético serán importantes y difíciles de concretar. Y como premisa irrenunciable para las autoridades norcoreanas, el fin de las sanciones. Semejante galimatías anuncia un diálogo largo y de difícil gestión, pero en el que las autoridades chinas no pueden permitirse la falta de resultados palpables.