China y los países del Golfo Pérsico: energía y estrategia

In Análisis, Política exterior by PSTBS12378sxedeOPCH

China lleva tiempo reforzando sus lazos con los reyes y jeques que gobiernan los ricos estados petroleros árabes del Golfo Pérsico, manteniendo a la par un firme apoyo a Irán, adversario de la mayoría de los países de la región. Referente indiscutible de un nuevo núcleo de consumo de energía en el mundo, China se mueve velozmente para asegurar la fortaleza de sus vínculos energéticos con estos estados, al tiempo que  también estos vislumbran en China una oportunidad de primer orden para ampliar su cartera económica internacional desarrollando unas relaciones que en su conjunto podríamos decir que son menos tensas que las mantenidas con Washington. El creciente apetito de crudo obliga a China a involucrarse cada vez más en los asuntos de la región, tanto en el orden comercial como diplomático, y en ella su capacidad comercial e inversora se atisba con indisimulado júbilo. El aumento de sus inversiones en el sector petrolero y minero y los grandes esfuerzos desplegados para incrementar la venta de sus productos y servicios a la región subrayan el nuevo papel económico de China en la zona. 

La atención que China otorga al Golfo Pérsico responde, en primera instancia, al deseo de mantener abiertas todas sus opciones para asegurar el suministro energético que alimente su rápido crecimiento. Los recursos energéticos han guiado la mayor parte de la política china hacia la región, buscando mantener buenas relaciones con todos los países del área. Desde 1993, China empezó a importar productos petrolíferos y desde entonces ha dependido crecientemente de las importaciones de petróleo ya que con unas reservas domesticas muy por debajo de su demanda interna su tasa de dependencia podría rondar el 66% en 2020. Desde los años noventa, la política energética de China ha hecho hincapié en la salida al exterior, emprendiendo una trayectoria de internacionalización mediante el abastecimiento en mercados extranjeros sin dejar de seguir apoyándose notablemente en los recursos internos.

En 2013, por primera vez, las importaciones chinas de petróleo desde los países de la OPEP fueron superiores a las de EEUU. Y mientras Washington y Bruselas tienden a reducir sus importaciones energéticas de esta región, China destaca como un socio económico cada vez más importante para el Golfo y la región de Oriente Medio en su conjunto, utilizando sus grandes reservas de divisas para adquirir participaciones en compañías energéticas y anudar sus vínculos en otros campos. En Irak, por ejemplo, China, que compra casi la mitad de los 1,5 millones de barriles de petróleo diarios que produce, no ha dejado de acrecentar su influencia económica a través de la participación de sus empresas en el sector energético, lo que le ha convertido en el actor más importante del petróleo iraquí tras la guerra de 2003. Las petroleras chinas poseen las mayores inversiones en los yacimientos de al-Ahdad, Halfaya y Rumaila. A ello cabe sumar las operaciones de condonación de deuda (el 80 por ciento del total en 2010) y acuerdos comerciales en diversos ámbitos, desde el turismo a la industria pesada. El volumen del comercio bilateral con Irak llegó en 2012 a 17,5 mil millones de dólares.

 

EL TEXTO COMPLETO EN “ECONOMIA EXTERIOR” Nº 71, INVIERNO DE 2014,  http://www.politicaexterior.com/economia-exterior/