Corea del Norte pone a prueba a China

In Análisis, Política exteriorby PSTBS12378sxedeOPCH

¿Que razones han podido impulsar a Corea del Norte para llevar a cabo ahora la prueba nuclear? Podrían citarse varias: la necesidad de rescatar del olvido a la comunidad internacional ante la inminencia del duro invierno, el miedo a las consecuencias de la intensificación del diálogo sino-estadounidense, fortalecer su posición en las conversaciones hexapartitas, la necesidad de forzar un diálogo directo con Washington tal y como viene reclamando desde hace tiempo a fin de obtener garantías de seguridad. También razones de índole interna como fortalecer el régimen y justificar los sacrificios del pueblo coreano en aras de la obtención de una mayor seguridad.

Las razones pueden darnos una idea de los objetivos de Kim Jong Il. Pero lo cierto es que si bien no es lo mismo causar una fisión atómica que disponer de un arma nuclear, la realización de esta prueba produce un cambio de situación de difícil reversibilidad con consecuencias importantes tanto en el plano regional como internacional. En cuanto a las primeras, al alterar el equilibrio  en Asia, coloca los dilemas de seguridad en la zona en primer plano, situando a los principales actores de la región ante una delicada disyuntiva en un contexto de clara ausencia de instituciones multilaterales sólidas y asentadas para abordar esta cuestión.

China se ha sentido desautorizada por la prueba norcoreana y ha reaccionado de forma rápida y con una contundencia poco habitual, en primer lugar, condenando el proceder norcoreano. Su disgusto se ha visto acompañado de un gesto informativo previo que tanto EEUU como Corea del Sur han agradecido públicamente, al avisarles con antelación de la explosión. Aún así, a pesar de que la prueba nuclear da al traste con su política de desnuclearización, Beijing no puede cambiar la geografía, y esta le obligará a matizar cualquier respuesta precipitada y a insistir en la vía pacífica para resolver el problema. China continuará desarrollando una cooperación de buena vecindad y de amistad con Corea del Norte y esta política es inquebrantable, dijo el portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores, Liu Jianchao, en una conferencia de prensa regular.

El miedo tanto a un colapso del régimen como a una crisis provocada por un ataque exterior movilizará la diplomacia china. A pesar de ello, las relaciones entre Beijing y Pyongyang se resentirán con la decisión norcoreana. ¿Seguirá defendiendo China la desnuclearización de la península coreana que hasta ahora ha sido el eje de su política? Tanto si acepta la nueva situación como si insiste en la desnuclearización, encontrará enfrente a Corea del Norte.

En una situación similar se encuentra el vecino surcoreano. Ambos han apostado por la vía de la negociación, hoy en entredicho, y deberán proveerse de valiosos argumentos para llevar moderación a las partes en litigio. La aproximación con el Norte, impulsada en los últimos años con la shunshine policy, se verá afectada, aunque la ayuda humanitaria podrá continuar. 

La preocupación de Japón no es menor. Abe, de visita en Beijing y Seúl, tendrá un motivo sobrado para argumentar y legitimar la necesidad de un cambio en las políticas de seguridad de su país. Todo ello puede conducir a un aumento de los presupuestos de defensa en la zona, pero también a la intensificación de un diálogo necesario entre los principales actores regionales en materia de seguridad.  

A nivel global, la vulnerabilidad de EEUU es casi igual a la de los países vecinos de Corea del Norte. Su presencia militar en Corea del Sur y Japón le convierte en blanco directo de las acciones norcoreanas. Pero el temor principal es otro: Washington ya ha propuesto inspecciones internacionales de todo producto que entre o salga de Corea del Norte ante el temor a una hipotética exportación de material nuclear. Las declaraciones de Christopher Hill, asegurando que Kim Jong Il lamentará su decisión, y el propio tiempo electoral que vive actualmente EEUU, pueden precipitar duras sanciones. Sin embargo, China, en una posición difícil, probablemente, solo secundará sanciones “aceptables”, entre las que no se incluirían, por ejemplo, las inspecciones propuestas por EEUU. Japón, Gran Bretaña o Francia, secundarán a EEUU hasta el final, incluso si se sugiere una resolución basada en el capítulo VII de la Carta de Naciones Unidas, que contemplaría la posibilidad del uso de la fuerza. ¿Se alineará China con las demás potencias? Sería muy significativo que China y EEUU hablaran con una sola voz en esta crisis y marcaría, sin lugar a dudas, un punto de inflexión en sus relaciones. De todos modos, es poco probable. Las relaciones entre China y EEUU se pondrán a prueba una vez más. 

Igualmente, la hipótesis de un ataque por parte de EEUU es poco verosímil. Sería la primera vez que un país nuclear lanza acciones militares contra otro también nuclear y plantea numerosas dificultades y escenarios de riesgo, ante la hipótesis de una respuesta norcoreana que afectaría seriamente a Tokio y, sobre todo, a Seúl. Nadie puede predecir la respuesta de Pyongyang a ataques selectivos contra sus instalaciones nucleares. Ni le resultaría fácil a EEUU mantener tres conflictos (Afganistán, Irak) al mismo tiempo. Además, ni China, ni Rusia, ni, probablemente, Corea del Sur, apoyarían esa medida. Y tampoco EEUU, muy distante de la zona, tiene sus intereses nacionales en juego. Lo que más le puede preocupar ahora es la posibilidad de la transferencia nuclear norcoreana a otros países o grupos.   

El Consejo de Seguridad de la ONU tiene ante sí un reto delicado. La propuesta de sanciones ya está sobre la mesa y, probablemente, a pesar del acuerdo en la condena, más difícil será lograrlo en la concreción de las medidas.  

Por último, parece claro el colapso del sistema de no proliferación nuclear. Corea del Norte no ha hecho más que India o Pakistán, países que también se habían retirado previamente del Tratado de No Proliferación Nuclear y que, por lo tanto, no se hallaban vinculados, formalmente, por sus preceptos. Ambos han sido tratados por los países occidentales de muy diferente forma a Corea del Norte o Irán, lo que debilita el soporte moral de la lucha contra la proliferación. Más recientemente, los casos de Irán y Corea del Norte, evidencian sus limitaciones e, incluso, su fracaso. Argumentado como derecho en un caso y como defensa en otro, ni las amenazas ni la diplomacia parecen poder coartar esas aspiraciones.  

El Tratado de No Proliferación, firmado en 1968, establece una distinción entre países poseedores y no poseedores. Los primeros son aquellos que cuentan con armas nucleares con anterioridad al 1 de enero de 1967 y solo ellos disponen de una tenencia “legítima”. La discriminación es aceptada por los signatarios del Tratado, 188 países en la actualidad, lo que no excluye actividades clandestinas, y les permite, a cambio, enriquecer uranio para usos civiles, aunque a veces sus pretensiones puedan ser de otro calibre. A mayores, es evidente que aquel privilegio no solo no se ha desmantelado o reducido, sino que los países poseedores se han ocupado de desarrollar al máximo su potencial nuclear en los últimos lustros, lo cual ha agravado los desequilibrios entre unos países y otros.  

¿Cual será el siguiente paso de Pyongyang? Una segunda prueba podría realizarse próximamente, sobre todo para disipar las dudas y evidenciar la irreversibilidad de su decisión a pesar de la condena internacional, corroborando el correcto funcionamiento de su diseño. Se especula con que disponga de entre seis u ocho bombas, así como con material suficiente para producir algunas más.