Crisis y esperanzas en conferencia de cambio climático de Cancún

In Noticias, Política exterior by PSTBS12378sxedeOPCH

Los delegados de unos 190 países a la Conferencia de Cambio Climático de Cancún, ya e maedio camino desde su inicio el 29 de noviembre, siguen negociando temas espinosos tales como un segundo período de compromiso del Protocolo de Kioto en los terrenos de la adaptación al calentamiento global, la ayuda financiera, la transferencia de tecnología y la deforestación.


Las tentativas de Japón y algunos países desarrollados de renunciar a su compromiso en el Protocolo de Kioto constituyen la mayor crisis en la actual conferencia. De acuerdo con la Hoja de Ruta de Bali y el acuerdo de Copenhague, los países desarrollados deben continuar reduciendo las emisiones contaminantes para cumplir su compromiso del segudo periodo (de 2013 a 2020) del Protocolo de Kioto, y prestar ayuda tecnológica y financiera a los países en vías de desarrollo. Tras la reunión de Copenhague de 2009, en que no llegaron a ningún consenso en las negociaciones, algunos países desarrollados han procurado el abandono del Protocolo de Kioto, e instado a China, la India, Brasil y otros países en desarrollo a compartir la misma meta de emisión de gases invernaderos con ellos.

La conducta de los mencionados países desarrollados no se corresponde con las circunstancias históricas y actuales ni con la práctica habitual de acuerdo con la ley internacional. Según las estadísticas acumuladas desde 1750, la emisión de carbono global supera un billón de toneladas, el 80 por ciento de la cual corresponde a los países desarrollados. Por ejemplo, hasta 2006, el volumen per cápita de emisión de bióxido carbónico de China fue de unas 70 toneladas, en contraste con más de 1.100 toneladas de EEUU. Actualmente, la cifra de emisión per cápita que les corresponde a los chinos es de solo 5 toneladas, en comparación de las más de 20 toneladas por estadounidense.

 

Basándose en este hecho, se ha delineado el principio de “responsabilidad común pero diferenciada” en la Convención Marco de la ONU sobre Cambio Climático (CMNUCC), indicando que la mayor parte de los gases de efecto invernadero proviene de los países desarrollados en la actualidad y la historia y que hay que aumentar la cuota de emisión para los países en desarrollo para cubrir la necesidad de su desarrollo socio-económico. Se trata del fundamento para las negociaciones internacionales sobre el clima realizadas en los últimos 20 años.

 

Es en estas circunstancias que la actual conferencia de Cancún continúa las conversaciones sobre el segundo periodo de compromiso del Protocolo de Kioto para hacer progresos reales en la asistencia financiera, la transferencia tecnológica y la evitación de la deforestación. Los países desarrollados se han declarado dispuestos a cumplir su compromiso de otorgar asistencia por 30.000 millones de dólares a los países en desarrollo en el periodo comprendido entre 2010 y 2012. El cumplimiento del compromiso será considerado un importante símbolo del progreso real de la actual reunión.

 

China ha hecho constantes esfuerzos para alcanzar las metas de reducir la emisión de gases contaminantes estipuladas en su XI Plan Quinquenal y se ha comprometido a disminuir entre 40 a 45 por ciento el índice de emisión de dióxido carbónico por unidad del PIB, hasta el año 2020, en comparación con 2005. China trabajará para coordinar la posición con otros países en desarrollo y apoyar su justa demanda de que los países desarrollados cumplan las estipulaciones del Protocolo de Kioto de prestarles asistencia financiera y tecnológica, además de que se comprometan a una mayor reducción de las emisiones contaminantes. Los esfuerzos chinos han sido aprobados por la mayoría de los asistentes a la reunión de Cancún.

Quizá la conferencia de Cancún no logre acuerdos vinculantes, pero puede fijar de cierta manera el consenso de los delegados, y tomarlo como base para las negociaciones en la conferencia de cambio climático programada para el próximo año en Sudáfrica. La conferencia de Cancún, celebrada justo cuando la Organización Meteorológica Mundial ha declarado a 2010 como uno de los tres años más calurosos desde 1850, se enfrenta a una crisis, pero también genera esperanzas, como testigo de los esfuerzos de la humanidad por salvarse a sí misma y a la Tierra. (Pueblo en Línea)

 

07/12/2010