De una gira a otra

In Análisis, Política exteriorby PSTBS12378sxedeOPCH

Entre el 26 de enero y el 24 de febrero se han sucedido numerosas giras al exterior de líderes chinos. El presidente Hu Jintao, en lo que fue su sexta visita al continente africano desde 2003, visitó Malí, Senegal, Tanzania y Mauricio, sumando ya un total de 18 países africanos recorridos en el último lustro. Además visitó también Arabia Saudita, el principal suministrador de productos petroleros de China. El primer ministro Wen Jiabao se desplazó a Alemania, Suiza, España y Reino Unido, países que unas semanas más tarde serían visitados por una delegación integrada por unos 200 empresarios chinos de diferentes sectores, con el propósito de realizar compras por valor de hasta 15 mil millones de dólares. El vicepresidente Xi Jinping, por su parte, visitó México, Jamaica, Colombia, Venezuela, Brasil y Malta, mientras que el vice primer ministro Hui Liangyu visitó Argentina, Ecuador, Barbados y Bahamas. En paralelo, delegaciones del Partido Comunista de China (PCCh) han partido a Nepal, Bangladesh y Pakistán; otra a Japón y Nueva Zelanda; y una más a Alemania, Reino Unido y Parlamento Europeo, además de Sudáfrica. A la par, el 20 de febrero, con la visita de Hillary Clinton a Beijing, se desarrollaban los primeros contactos entre China y la nueva Administración estadounidense.  

¿Tiene algún significado esta gran ofensiva diplomática? Sin duda evidencia algunas claves. En primer lugar, deja traslucir la plena consciencia que existe en Beijing acerca de su dependencia del exterior en un momento de clara zozobra internacional. Muy atrás quedan ya los tiempos del autosostenimiento. Hoy día, la economía china está fuertemente incorporada a la economía internacional y ello le exige el diseño de estrategias políticas que le permitan contemporizar con la crisis.  En segundo lugar, en el actual contexto, a China le interesa especialmente trasladar un mensaje de confianza a ciertos socios con el objeto de aprovechar la crisis para reforzar los vínculos políticos. En tercer lugar, consolidar y desarrollar las relaciones económicas, no solo ampliando su cuota de mercado en determinados ámbitos regionales a fin de diversificar los riesgos de sus exportaciones, sino poniendo ofertas sobre la mesa que puedan ayudar a ciertos países a mitigar los impactos de la crisis global. Por último, coordinar respuestas ante la crisis financiera internacional y unificar criterios sobre las posiciones a defender en los foros globales. 

En América Latina y África, China ha reiterado sus promesas de inversiones, garantizando el mantenimiento de esa corriente de flujos que, en buena medida, ha contribuido al repunte de sus economías en virtud de la compra de grandes cantidades de minerales y otras materias primas, además de productos agrícolas. La complementariedad que define las relaciones bilaterales fortalece la significación de China como uno de los principales compradores internacionales para afrontar las necesidades de su demanda interna. Todo ello hace que, tanto en relación a África como América Latina, las relaciones se afiancen y abarquen progresivamente otros campos como lo social, político o la seguridad.  

En Europa, China busca acceder a los productos más competitivos y tecnológicamente avanzados y estimular la demanda mutua. En 2008, los intercambios de China con la UE representaron el 16,6% del total de su comercio exterior. China quiere aliviar tensiones con Bruselas y hacer un frente común contra el proteccionismo. En abril debe celebrarse un foro de alto nivel sobre los problemas del comercio bilateral y en mayo, en Praga, la cumbre China-Europa. Beijing ofrece empeño e iniciativa para reducir el desequilibrio comercial entre ambas partes y aspira a tirar provecho de la mayor flexibilidad que existe en Europa, en relación a Japón o EEUU, en materia de exportación de tecnologías. El bloque de la UE es el mayor socio comercial de China. 

En su sexta visita a África, Hu Jintao comprometió nuevas inversiones en materias primas para asegurar la independencia de sus suministros. Las importaciones de Angola, su primer socio en África, crecieron un 73,7% en 2008, con el petróleo como referente ineludible. En general, el comercio entre China  y África ascendió en 2008 a 106,84 mil millones de dólares, con un aumento del 45,1% respecto al año anterior. Las importaciones chinas del continente crecieron un 54%, y el déficit bilateral ascendió en 2008 a 5,16 mil millones de dólares, después del excedente de 940 millones en 2007. El presidente chino concedió ayudas por varios millones de dólares y firmó acuerdos para la construcción de numerosas infraestructuras. Especialmente significativa ha sido la visita a Mauricio, donde existe una de las más importantes diásporas chinas en el continente negro (más de 30.000 personas). Mauricio es uno de los diez primeros inversores en China en virtud de un acuerdo que evita la doble imposición firmado entre Port-Louis y Beijing que facilita la utilización de esta plaza como referente inversora en el gigante asiático. En resumidas cuentas, Hu ha prometido en África que, pese a la crisis, China no reducirá la ayuda y mantendrá sus compromisos hasta el final.  

Solo tres meses después de aprobar el primer Documento sobre la Política China hacia América Latina, en la región comparecen tanto el vicepresidente Xi Jinping, como el viceprimer ministro Hui Liangyu. Si en la misión del segundo, los acuerdos económicos han sido la clave determinante de su gira, con importantes acuerdos en Argentina y Ecuador (en los sectores energético, infraestructuras, agricultura, préstamos sin intereses…), en el periplo de Xi Jinping han estado presentes también otros aspectos de naturaleza cultural (inauguración en Jamaica del primer Instituto Confucio en el Caribe anglófono) o política (caso de Venezuela), sin olvidar los asuntos económicos (muy especialmente en Brasil, el mayor socio comercial de China en América Latina, con especial proyección en el sector petrolero).   

Con esta pasión viajera, llevada a cabo en vísperas de la inauguración de las sesiones de la Asamblea Popular Nacional, prevista para el 5 de marzo, el mensaje que las autoridades chinas desean transmitir es el de su disposición a contribuir a la búsqueda de soluciones a la crisis global sobre la base de la exclusión de una vuelta al proteccionismo. Esa voluntad y empeño, respaldada por compromisos contantes y sonantes que pueden ayudarle a mejorar su imagen internacional, le pueden granjear también no pocas simpatías en ciertos entornos y garantizarle una proyección política global sustancialmente diferente a la percibida con carácter previo a la crisis. El camino a seguir, así mostrado por el gobierno a la propia ciudadanía china, excluye cualquier hipótesis de cambio sustancial en la política aplicada en las últimas décadas, aunque se pondrá mayor énfasis en la implementación progresiva de un nuevo modelo de desarrollo.