El problema norcoreano. Análisis del estado actual Por Rosa María Rodrigo Calvo | Licenciada en Estudios de Asia oriental, Máster en Asia Oriental: experta en China contemporánea y Relaciones Internacionales

In Estudios, Política exterior by Xulio Ríos

  • Antecedentes

Durante varias décadas, la mayor amenaza a la que se ha enfrentado el mundo ha sido las armas de destrucción masiva y, por ello, la crisis nuclear con Corea del Norte (RPDC) se ha convertido en uno de los principales problemas globales de seguridad. La posibilidad de que un régimen tan opaco e impredecible como el norcoreano tenga la posibilidad de usar y exportar armas nucleares, o hacerlas llegar a grupos terroristas, supone una grave amenaza no sólo para el régimen internacional de no proliferación, sino para la seguridad regional y mundial. Además, como forma de autoprotección, puede inducir a una carrera hacia la nuclearización de otros países de la región, como Japón, Corea del Sur o Taiwán. (Bustelo, 2004; Rodrigo, 2011).

Desde el comienzo del conflicto, la desconfianza y rigidez en las posiciones entre los EE. UU. y Corea del Norte desembocó en una situación que podía considerarse similar a un dilema de seguridad y, por esta razón, se hizo sumamente necesaria una intervención de actores influyentes en la región que actuaran como mediadores a favor de la estabilidad. Bajo el mandato de Kim Il-sung iniciado tras la liberación del yugo japonés después de la Segunda Guerra Mundial, se empezó a aplicar la doctrina juche como ideología que daba sentido al régimen autoritario de Corea del Norte y que está basada en la autosuficiencia del régimen. Se trata, en cierta medida, de una respuesta a la necesidad del sistema norcoreano de defenderse y de dotarse de argumentos con los que combatir la disidencia y repeler las críticas externas (De Laurentis, 2008). En una visión realista del sistema internacional típica del mundo bipolar de esa época se introdujo, pues, una política de priorización de lo militar respecto al desarrollo económico que se intensificó durante el gobierno de Kim Jong-il, convirtiéndose en la nación más militarizada del planeta y llevando a cabo programas nucleares (Rodrigo, 2011). Ahora, desde el año 2011 y bajo el mando de Kim Jong-un, la proliferación de armas de destrucción masiva se ha incrementado de manera ostensiva, tanto a nivel del número de ensayos nucleares y misiles balísticos, como de su mejora para saturar el sistema de defensa de los EE. UU., a través del incremento de la movilidad y ocultación de sus lanzaderas y, asimismo, mediante la reducción del tiempo necesario para los lanzamientos (Artaya y Esteban, 2017b).

Para frenar la escalada de tensión entre Pyongyang y Washington, China convocó en abril de 2003 una reunión trilateral en Beijing entre diplomáticos norcoreanos, estadounidenses y chinos y, para comprometer a los EE. UU. en negociaciones subsecuentes, China expandió las conversaciones para incluir a Corea del Sur, Japón y Rusia (Park, 2005). Esto se contempló como una mejor opción para realizar un acuerdo negociado ya que, así, Corea del Norte podría encontrar con mayor facilidad una solución que en conversaciones bilaterales con los EE. UU.  Se creó por tanto el foro multiateral de las Conversaciones a Seis Bandas (6PT), como vía principal de la comunidad internacional para las negociaciones ad hoc sobre el problema norcoreano y para intentar coordinarse y asumir una aproximación más integradora con el fin de conseguir la desnuclearización de la RPDC. Las seis partes podían asegurar que los pasos para resolver el problema nuclear norcoreano serían incrementales y recíprocos, de forma que cualquier opción militar no podría llegar, a no ser que se hubieran dado de forma exhaustiva todos los pasos anteriores. Debido a las distintas prioridades, intereses y preocupaciones de cada una de las partes, ya analizadas en otros trabajos[1] (Han, 2007; Ríos, 2004; Rodrigo, 2011), estos esfuerzos estuvieron repletos de acuerdos malogrados, de periodos de crisis y de estancamientos en las negociaciones, fracasando definitivamente en el año 2009, año a partir del cual ya no se volvieron a celebrar las conversaciones.

Como describe Gómez (2016), con el devenir de los años, Corea del Norte se ha sumido en un hermetismo casi absoluto y, a causa de la aplicación de las políticas totalitarias de sus dirigentes y de la priorización de lo militar en base a la aplicación de la doctrina juche, con un gasto militar que ha llegado a alcanzar entre el 25% y el 40% del PIB, ha tenido como consecuencia el haberse convertido en uno de los países más pobres del mundo, en el que la población debe soportar fuertes hambrunas y una gran carencia de fuentes de energía.

El 31 de marzo de 2013 Corea del Norte adoptó la política byungjin, o desarrollo paralelo, de “economía y armas nucleares” durante una sesión plenaria del Comité Central del Partido (PCC). Kim Jong-un enfatizó que era esencial “dado el orden mundial actual” y un “prerrequisito legal para el desarrollo revolucionario” (Cheon, 2013). Como analizan Arteaga y Esteban (2017b), en la reforma constitucional de 2012, Corea del Norte se presentaba como una “potencia nuclear”, sin especificar si esto implicaba la posesión de armamento nuclear. Sin embargo, la línea byungjin sí reconoce explícitamente este punto, lo cual dificulta aún más un posible acuerdo para que Pyongyang renuncie a su programa nuclear militar. Esto supone dejar de priorizar el ámbito militar y al ejército para adoptar una política que combina la búsqueda de un mayor nivel de desarrollo económico con una disuasión nuclear creíble.

A lo largo de los años, la comunidad internacional ha intentado negociar un final al problema norcoreano, al desarrollo nuclear y de misiles balísticos. La nueva escalada de tensión en la península coreana refleja con claridad las insuficiencias de su diplomacia a la hora de asegurar la estabilidad de esta zona, de interés vital desde el punto de vista geopolítico y estratégico (Gómez, 2016). Podemos constatar que la crisis nuclear con Corea del Norte se ha mantenido en el tiempo como un reto clave para el régimen mundial de no proliferación nuclear y se ha convertido en uno de los problemas de seguridad primordiales de la región de Asia oriental y, hoy en día, también en un desafío global.

 

  • Hechos recientes

Centrándonos en los hechos más recientes acaecidos, se ha constatado que, a lo largo del año 2017, Corea del Norte ha realizado un número elevado de pruebas nucleares y lanzamientos de misiles balísticos, encontrándose entre ellos muchos con innegables y preocupantes resultados[2] (Farber y Schallhorn, 2017; Núñez, 2017):

  • 12 de febrero, lanzamiento de un misil hacia su mar oriental, el primero conocido desde la llegada de Donald Trump al poder en los EE.UU.
  • 6 de marzo, lanzamiento de 4 misiles balísticos como respuesta a los ejercicios militares entre Washington y Corea del Sur que cayeron a unas 620 millas de la costa oeste.
  • 28 de marzo, prueba de lanzamiento de un motor de cohete.
  • 13 de mayo, lanzamiento de un misil balístico, se cree que de medio alcance, que aterrizó en el mar de Japón
  • 21 de mayo, lanzamiento de un misil balístico de medio alcance que voló unas 310 millas hacia el este y aterrizó en el mar.
  • 29 de mayo, lanzamiento de un misil balístico Scud de rango corto y que cayó en el mar de Japón.
  • 8 de junio, desde la costa este, se lanzaron proyectiles múltiples, se cree que armas de crucero tierra-buque de corto rango.
  • 23 de junio, se llevaron a cabo una serie de pruebas de motores para cohete que podrían ser usados en futuros misiles balísticos intercontinentales.
  • 4 de julio, lanzamiento del primer misil balístico intercontinental (ICBM Hwasong-14) que voló más tiempo que cualquier otro misil lanzado hasta ese momento y que hizo más patente la amenaza real sobre el territorio continental de los EE.UU.
  • 28 de julio, Corea del Norte disparó otro misil intercontinental que voló más alto y más tiempo que el del día 4 de julio, hasta aterrizar en el mar de Japón.
  • 26 de agosto, lanzamiento de tres misiles de corto alcance.
  • 29 de agosto, por primera vez en 8 años un lanzamiento de un misil balístico de medio alcance (Hwasong-12) que sobrevoló, sin alterar su trayectoria balística, la isla Hokkaido de Japón y que fue considerado como una amenaza sin precedentes.
  • 3 de septiembre, se llevó a cabo la sexta prueba nuclear que, según un comunicado, se trataba de una bomba de hidrógeno bajo tierra que provocó un terremoto artificial.
  • 15 de septiembre, lanzamiento de un misil de alcance intermedio desde la zona de Sunan, donde se encuentra el aeropuerto internacional de Pyongyang y que voló sobre el norte de Japón hasta caer en el océano Pacífico.
  • 29 de noviembre, lanzamiento de un misil balístico intercontinental durante la noche desde de Pyongsong, cerca de Pyongyang, volando unos 1.000 km en dirección al mar de Japón.

 

Según Arteaga (2017), aunque no existe unanimidad ni confirmación oficial al respecto, y las estimaciones de inteligencia difieren en las previsiones sobre la operatividad, carga, alcance y precisión de los misiles e ingenios disponibles, las estimaciones conocidas coinciden en que Corea del Norte podrá completar con éxito su programa nuclear solventando todas las dificultades técnicas que antes se consideraban insalvables. A su vez, Gómez (2016) afirma que no se puede descartar que puedan ya contar con cabezas termonucleares y que, en un corto periodo de tiempo, puedan ser montadas en misiles balísticos de corto y medio alcance, así como en misiles balísticos para submarinos (SLBMs), teniendo en mente el hacerse extensible a ICBMs en no muchos años, a pesar de que la tecnología para ello sería más compleja. Con ello, una gran extensión de la parte continental de los EE. UU estaría al alcance de dichos misiles, lo cual demuestra el enorme aumento de las capacidades de su programa nuclear.

En diciembre de 2017, el Consejo de Seguridad de la ONU adoptó por unanimidad la Resolución 2397 con el fin de imponer nuevas sanciones a Corea del Norte. A pesar de ello y mostrando una vez más su empeño, el 1 de enero de 2018, Pyongyang anunció en su discurso anual de Año Nuevo que su país ya posee armas nucleares “capaces de frustrar y contrarrestar cualquier amenaza nuclear de los Estados Unidos” y, además, afirmó que Corea del Sur producirá y desplegará ojivas nucleares y misiles balísticos en masa.

Pero, por otro lado, continuando con el juego de tira y afloja característico del régimen, Kim Jong-un causó una gran sorpresa a nivel internacional con su ofrecimiento a enviar una delegación a Corea del Sur para las Olimpiadas de invierno de febrero de 2018 y un llamamiento a conversaciones con Seúl.[3] Asimismo, el día 17 de enero de 2018, las dos Coreas dieron un paso más en el incipiente deshielo de sus relaciones, al menos en el terreno deportivo. En las conversaciones comenzadas la semana anterior en la línea de demarcación entre ambas, acordaron desfilar juntas y bajo una bandera de unificación en la inauguración de los Juegos Olímpicos (JJOO) el 9 de febrero en Pyeongchang, en Corea del Sur. Era la primera vez que se presentarían juntas en unos juegos de invierno. Sin embargo, en vísperas de la inauguración de los JJOO, en su constante juego táctico, Corea del Norte celebró el 70 aniversario de la fundación de su Ejército con un desfile militar masivo en Pyongyang y un gran despliegue de armamento, incluyendo varios misiles balísticos intercontinentales.

Asimismo, en otro movimiento estratégico, Kim Jong-un decidió enviar a su hermana menor, Kim Yo-jong, junto a una delegación norcoreana de alto nivel encabezada por el presidente de la Asamblea Suprema del Pueblo, Kim Jong-nam, para la inauguración de los Juegos Olímpicos, siendo la primera vez que un miembro de la dinastía Kim había visitado el país. Tuvo un rol de mediadora durante el viaje y fue la encargada de transmitir al presidente surcoreano Moon Jae-in la invitación de su hermano para que ambos mandatarios se reúnan de manera urgente en Pyongyang. De esta manera, sentó las bases para la primera reunión de líderes coreanos en más de 10 años (Griffiths y Jeong, 2018; Vidal, 2018). A día de hoy, tras la reunión del presidente surcoreano Moon Jae-in con el general norcoreano Kim Yong-chol, antes de la ceremonia de clausura de los juegos olímpicos de invierno de Pyeongchang, el gobierno de Corea del Sur ha informado que el gobierno de Corea del Norte está dispuesto a entrar en conversaciones con el de Estados Unidos, aunque parece que los funcionarios estadounidenses han descartado la posibilidad de un encuentro con representantes de Pyongyang[4].

 

  • Estado actual de la situación de Corea del Norte

Hasta la llegada de Kim Jong-un al poder el 30 de diciembre de 2011, las negociaciones para la desnuclearización de Corea del Norte sufrieron graves periodos de crisis en los que el régimen rompía con el Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP) y otros acuerdos internacionales, y tenían como respuesta diferentes sanciones del Consejo de Seguridad de la ONU. Posteriormente, el régimen norcoreano, aceptaba reunirse en el foro multilateral de las conversaciones a seis bandas y, tras cada ronda, se comprometía a abandonar los programas nucleares existentes, a volver al TNP y las salvaguardias del Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA), todo ello con el fin de conseguir distintos tipos de ayudas para su país, fundamentalmente de tipo energético, económico y financiero, así como garantías de seguridad (Bustelo, 2003; McCormack, 2005; Koo, 2006; Ríos, 2004).

Pero actualmente la situación se ha modificado. Gracias a esa estudiada táctica aplicada a lo largo de los años, nos encontramos en este momento, por un lado, con una Corea del Norte nuclearizada y decidida a seguir aumentando su capacidad disuasoria a través de sus programas nucleares. Por otro lado, tenemos la aplicación de fuertes sanciones dictadas por el Consejo de Seguridad de la ONU que, hasta ahora, se han mostrado ineficaces y que tampoco parecen ser la solución, ya que para tener éxito deberían ser apoyadas por todas las partes y, en particular, reforzadas por China, abandonando su política de no -interferencia, y que provocaría una crisis humanitaria en Corea del Norte, un flujo masivo de refugiados hacia el continente que China desea evitar (Arteaga, 2017)[5]. De igual forma, la intervención militar como solución al problema estaría descartada debido a las posibles consecuencias al actuar sobre un país con armas nucleares y que tiene a fácil alcance países como Corea del Sur y Japón. Como medida más eficaz se ha planteado restaurar de nuevo las reuniones multilaterales, ya sea a través de los países integrantes del foro de las conversaciones a seis bandas, como contando con la incorporación de la Unión Europea como mediador (Arteaga y Esteban, 2017). Pero el objetivo original de hacer renunciar a Corea del Norte a su armamento nuclear ha quedado obsoleto porque, hasta ahora, el país no ha mostrado en ningún momento la intención de abandonar sus programas nucleares, sino todo lo contrario, ha buscado llevar a cabo la nuclearización como forma de asegurarse una posición estratégica a la hora de dialogar y conseguir sus objetivos y, también y no menos importante, como forma de salvaguardar y legitimar su régimen (Rodrigo, 2011).

Es pues necesario contemplar la situación y admitir que, por ahora, los resultados de todos estos esfuerzos han sido nulos y que Corea del Norte, ha aplicado una estudiada táctica con la que ha ido dando pasos de aceptación de condiciones seguidos de otros de no aceptación y de engaño. A su actual dirigente no parece importarle tensar la cuerda hasta niveles irracionales (Gómez, 2016), por lo que no parece fácil poder reducir la tensión a corto o medio plazo. Con ello ha conseguido su objetivo, hacerse un país nuclear de facto que ha cambiado la ecuación estratégica en Asia oriental y en todo el mundo y parece querer continuar con dicha estrategia como medio de salvaguardar su régimen y mantener su capacidad de negociación en el medio internacional. Nos encontramos con que, actualmente, estamos operando con un país diferente al que era cuando empezaron las negociaciones, con un nuevo entorno estratégico que exige un nuevo paradigma de seguridad (Reiss, 2009; Revere, 2010; Rodrigo, 2011).

Es pues necesario preguntarse por qué, desde la llegada al poder de Kim Jong-un, ha acelerado Corea del Norte su programa de lanzamientos y ensayos. Tal y como indica Arteaga (2017), la explicación según el escenario preexistente sería que las pruebas tienen como objetivo consolidar el nuevo “normal” estratégico en la región, sirviendo para acostumbrar a dirigentes y opiniones públicas de terceros países a convivir con una potencia nuclear. La reiteración de las pruebas también demostraría la voluntad norcoreana de completar el programa y la incapacidad para evitarlo de sus rivales y aliados, evidenciando su autonomía nuclear. Si Corea del Norte se comportara como un actor racional, los últimos lanzamientos y ensayos se explicarían porque los avances mejoran su posición negociadora a nivel internacional y, a nivel doméstico, los términos de un acuerdo se presentarían como una victoria del régimen y de su líder supremo que reforzaría su autoridad. Pero Corea del Norte también podría comportarse como un actor irracional y minusvalorar la filosofía de la disuasión nuclear y los riesgos de un primer uso o de un intercambio nuclear.

En este marco estratégico, Corea del Norte buscaría un acuerdo que le otorgara el reconocimiento como potencia nuclear que le permitiría reactivar su economía a través de una mayor inserción en la economía internacional. De conseguirlo, no sólo aumentaría la seguridad del régimen frente a una intervención exterior, sino que también aumentaría sustancialmente el capital político de Kim Jong-un como gran artífice de estos logros (Arteaga y Esteban, 2017b).

Según Arteaga y Esteban (2017a), existen actualmente dos ventanas abiertas todavía a la oportunidad de las negociaciones que es necesario aprovechar antes de que se cierren si los acontecimientos continúan evolucionando a este ritmo. La primera sería evitar que la RPDC consiga convertirse en un poder capaz de miniaturizar y lanzar cabezas nucleares en misiles balísticos intercontinentales. La segunda está relacionada con la aplicación de la política byungjin, de gran importancia para la agenda del gobierno norcoreano. En ausencia de un compromiso diplomático sustancial, para el año 2020, la RPDC podría alcanzar con una bomba nuclear al territorio continental de los EE. UU., aunque estos esfuerzos económicos serían a costa de soportar grandes sanciones comerciales que afectarían al desarrollo económico que ahora es fundamental para el régimen norcoreano. Pero, sin embargo, alcanzar ese nivel de disuasión nuclear resulta esencial para evitar la intervención extranjera.

Esta dualidad que se observa al aplicar la política de desarrollo paralelo es importante aprovecharla para poder reiniciar las negociaciones multilaterales y conseguir alcanzar algún tipo de acuerdo que beneficie a las partes. En un momento en que ha habido una leve aproximación entre Corea del Norte y Corea del Sur, gracias a la celebración de los JJOO de invierno en Pyeongchang, sería importante que de ahí surgiera el nuevo hilo a través del cual poder implicarse de nuevo en conversaciones para llegar a acuerdos que, aunque no sean óptimos, beneficien a las distintas partes, y que deberían incluir una congelación de los programas nucleares, aunque sin pretender una renuncia a los mismos ya que, como hemos visto, son fundamentales para la estrategia disuasoria y la legitimización del régimen norcoreano.

 

  • Conclusiones

Este estudio nos lleva a constatar que Pyongyang sigue sin estar dispuesta a abandonar sus programas nucleares ya que son esenciales para el desarrollo de su estrategia política, por lo que la verdadera cuestión radica en si las otras partes podrán ceder y aceptar a Corea del Norte como un igual, como una nación-estado legítima dentro del sistema internacional. Es necesario asumir que ha llegado el momento de darle a las negociaciones, ya sea a través de las 6PT o en cualquier otro formato multilateral o bilateral, otro objetivo diferente y no sólo enfocado hacia la desnuclearización ya que, como tema, se ha quedado desfasado en la situación actual, sino centrado en la congelación de sus programas nucleares. Todos estos hechos son indicativos de la necesidad de un nuevo paradigma de seguridad, una nueva fase en las relaciones de Corea del Norte con el resto de los países. La mesa de conversaciones deberá aprender a dialogar de manera diferente con este país, en un tipo de relación distinta, en negociaciones en las que habrá que contar con que ese país es nuclear y que no desea deshacerse, al menos en las circunstancias actuales, de su protección armamentística. La intención deberá ser llegar a un diálogo positivo de compromiso con el desarrollo del país, respetando su idiosincrasia y la importancia actual de su política byungjin y aprendiendo también las tácticas de disuasión y contención hasta llegar al entendimiento y la confianza. No obstante, debido al carácter hermético e imprevisible del régimen norcoreano, es inviable poder llegar a una conclusión sobre las posibles intenciones que conlleva el último paso dado hacia el acercamiento a Corea del Sur y su consentimiento a entrar en conversaciones con los EE. UU., si tan sólo se trata de una nueva estrategia para conseguir apoyo que pueda impulsar su política de desarrollo paralelo. Aun así, llegar a algún acuerdo sería la única manera de conseguir mejorar la estabilidad y disminuir el nivel de agresión, aunque sea un proceso enormemente complejo, ya que la circunstancia actual es de extrema gravedad y ha puesto en evidencia un fracaso colectivo de la comunidad internacional a través de los años para resolver la crisis nuclear.

 

 

Bibliografía

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Citas 

[1] Véase: Observatorio de Política China (2016) Lidiar con Corea del Norte, Análisis 11-1 (2016) <URL: http://politica-china.org/areas/politica-exterior/lidiar-con-corea-del-norte> (22 de febrero de 2018)

[2] Véase: Arms Control Associaton. Chronology of U.S.-North Korean Nuclear and Missile Diplomacy, Enero, 2018, <URL: https://www.armscontrol.org/factsheets/dprkchron> (5 de febrero de 2018)

[3] Véase: BBC Mundo PyeonChang 2018: la invitación de Corea del Norte que pone en aprietos al presidente de Corea del Sur con su aliado EE.UU. 10 febrero (2018)

<URL: http://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-43015058 > (15 de febrero de 2018)

[4] Véase: BBC Mundo. Corea del Norte “dispuesta a conversar con Estados Unidos”, dice Corea del Sur. 25 febrero (2018) <URL:http://www.bbc.com/mundo/43189809 > (25 de febrero de 2018)

[5] Véase: Observatorio de Política China (2016) Lidiar con Corea del Norte, Análisis 11-1 (2016) <URL: http://politica-china.org/areas/politica-exterior/lidiar-con-corea-del-norte> (22 de febrero de 2018)