El yuan: ¿cederá China?

In Análisis, Política exterior by PSTBS12378sxedeOPCH

El pasado 11 de marzo, el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, urgió a China a adoptar un tipo de cambio “orientado al mercado”, algo que constituiría “una contribución esencial a los esfuerzos globales para reequilibrar la economía”. Se argumenta que el yuan agudiza el desequilibrio económico mundial e incluso algunas voces sugieren que ha conducido a la crisis financiera actual. Ya nadie parece acordarse siquiera de las reclamaciones de supervisión y control del sistema financiero o de las demandas de poner coto a los paraísos fiscales, tan en boca de todos en los primeros meses de la crisis. Todo parece volver a su cauce pero aun puede mejorarse si China cede ante la presión de Occidente, el claro responsable de la situación actual. Las presiones sobre el yuan crecen pero Beijing no parece dispuesto a dar el brazo a torcer. ¿Por cuánto tiempo? 

El presidente de la Asociación Nacional de Industria y Comercio de Taiwán, Teodoro M. H. Huang, pronosticó el martes 2 que el renminbi podría apreciarse en un futuro cercano, a pesar de que los operadores del mercado monetario de China puedan tener un punto de vista contrario sobre el caso. En una entrevista, Huang dijo que muchos señuelos daban a entender que el valor del renminbi podría ser ajustado hacia arriba tarde o temprano, aunque ahora se diga lo contrario. ¿Acabará cediendo China?



La presión responde, según Beijing, a la pérdida de competitividad de los países desarrollados y a la búsqueda de un pretexto para argumentar el proteccionismo comercial. La recuperación económica y el aumento de las exportaciones serían así más fáciles, pero también se destacan segundas intenciones. Según Xiang Songzuo, subdirector del Instituto de Monedas Internacionales de la Renmin Daxue se trataría de contener la velocidad del crecimiento chino, hacer más dependiente la política monetaria china de la estadounidense y del dólar, hacer más vulnerable la economía china al capital especulativo internacional y debilitar la posición del renminbi como moneda internacional de carácter regional. No se trata solo, pues, de reducir el déficit comercial de forma que China y otros países contribuyan a salvar las cuentas de EEUU haciendo valer una vez más la posición hegemónica del dólar, devaluando su moneda y exigiendo la apreciación de otras. 

Entre julio de 2008 y febrero de 2009, el peor momento de la crisis, el tipo de cambio del yuan subió un 14,5 por ciento en términos reales, aseguró Wen Jiabao en la conferencia de prensa celebrada tras la clausura de la sesión anual de la Asamblea Popular Nacional (APN). Según Wen, las exportaciones de China cayeron un 16 por ciento durante este periodo, mientras que las importaciones se redujeron en un 11 por ciento y el superávit comercial disminuyó en 102.000 millones de dólares. El premier recordó que desde que China lanzó su reforma monetaria para desvincular el yuan del dólar en julio de 2005, la moneda china se ha apreciado un 21 por ciento con respecto a la estadounidense. 

“La política del tipo de cambio de un país y su tipo de cambio deben depender de su economía nacional y de la situación económica”, dijo Wen. “Las medidas adoptadas por algunos países para estimular sus exportaciones son comprensibles. Sin embargo, lo que no entiendo es que devalúen su propia moneda al mismo tiempo que piden a otros países que hagan todo lo contrario y aprecien sus monedas. Creo que eso es proteccionismo”, comentó. El primer ministro insistió en que el país continuará perfeccionando el mecanismo de formación de la tasa de cambio del yuan y mantendrá el tipo de cambio básicamente estable en un nivel “razonable y equilibrado”.   

La crisis de 1997-98 hizo ver a China que no podía liberalizar del todo su moneda (como tenía previsto inicialmente), a riesgo de soportar los ataques destructivos de los especuladores extranjeros. Con independencia de algunos gestos que pueda adoptar, no cabe esperar que se someta a las presiones en materia de política de tasa de cambio. La defensa de la soberanía monetaria, a la par que la promoción de la internacionalización del yuan (con acuerdos para realizar intercambios en moneda nacional o en yuanes firmados con Argentina, Bielorrusia, Malasia, Indonesia y Corea, también con Hong Kong, estando en agenda, Rusia, Tailandia y Japón) sugieren una progresiva erosión del dominio financiero estadounidense, tendencia a la que podrían sumarse otros países.  

La ofensiva contra el yuan, por otra parte, es leída en clave interna como un intento de reactivación de la política de hostilidad hacia China con otras manifestaciones relevantes como el rechazo a su penetración en África o en América Latina, el aumento de la presencia militar en Afganistán para consolidar la influencia occidental en Asia central, el anuncio de EEUU de actuar como “potencia residente” en el Sudeste asiático, etc. La mayor expresión de confianza en sus propias capacidades es interpretada por EEUU como una manifestación de aspiración al liderazgo mundial que pone en entredicho su hegemonía. Al rechazar el mando conjunto global ofrecido por Obama, ahora que zozobra el ejemplo de su prosperidad como atractivo, a EEUU no le queda otra opción que aumentar la presión sobre China y promover aquellas medidas que puedan debilitarla en términos estratégicos. El yuan es parte del plan.