Equilibrismo chino

In Análisis, Política exteriorby PSTBS12378sxedeOPCH

China ha secundado en el Consejo de Seguridad de la ONU el nuevo catálogo de sanciones –el cuarto- promovido por EEUU y la UE contra Irán. La línea divisoria entre quienes priman la negociación u optan por las sanciones parece haberse desplazado significativamente. La unidad se ha roto visiblemente entre los primeros mientras ganan terreno los segundos.  

No obstante, aun a pesar de haber votado favorablemente la nueva resolución, lo que podría interpretarse como que China ha cruzado cierto rubicón para congraciarse con los países más desarrollados dejando atrás su tradicional y calculado distanciamiento, no ha perdido un segundo en regresar a su habitual ambigüedad para reivindicar la utilidad de las negociaciones frente a las sanciones. Ahora bien, resulta un tanto ingenuo pensar que más sanciones, tal como sugiere China, provoquen en Teherán una mayor disposición negociadora. Por el contrario, lo más previsible es que lleve consigo un endurecimiento de sus posiciones y la aceleración del programa nuclear con el consiguiente aumento de la tensión. 

El rizo se completa con el paralelo apoyo expresado por China a la mediación de Turquía y Brasil, países que votaron en contra y denunciaron la nueva resolución como un capricho y expresión de la condenable parcialidad del Consejo. En realidad, la decisión adoptada en la ONU implica la desautorización en toda regla del acuerdo logrado con la mediación de ambos países, uno de ellos, Brasil, integrante del BRIC, quien fue acusado por Washington de ingenuidad frente a Teherán.

A mayores, China recuerda que a pesar de la nueva resolución seguirá con sus inversiones en Irán (su tercer proveedor de petróleo). En el primer trimestre de 2010, el comercio bilateral ha aumentado un 47%. El jefe de la Comisión de Seguridad Nacional y Política Exterior del parlamento iraní, Alaeddin Boroujerdi, comentó que los países que han votado a favor de la resolución sufrirán las consecuencias….

De todo ello parece deducirse un colosal esfuerzo de la diplomacia china por contentar a todas las partes: a EEUU y la UE, a Brasil y Turquía, a Irán. ¿Será posible? China se desplaza por la cuerda floja, arrimándose a un lado y a otro en función de las circunstancias, templando gaitas con todos los litigantes mientras mejora a grandes pasos sus posiciones comerciales e industriales en Irán.  

Con sus principales intereses protegidos, los buenos deseos manifestados por China no parecen conducir, en todo caso, a ningún resultado palpable (como ocurre con Corea del Norte, donde la situación se agrava ya no solo por el caso Cheonan sino por la muerte de varios chinos que intentaban cruzar ilegalmente la frontera común), lo que pone en entredicho la utilidad –y el prestigio- de su diplomacia para salir del actual atolladero, confrontada a un ejercicio acrobático de oportunismo sin aparentes límites y con las solidaridades partidas. ¿Puede salir algo bueno de tanta ambigüedad?