Expo de Shanghai, otro paso en la consolidación del poder de atracción chino

In Noticias, Política exteriorby PSTBS12378sxedeOPCH

A pesar del rígido sistema político de China, el mundo se ha impresionado recientemente por su capacidad. Los Juegos Olímpicos de Beijing, y ahora la Exposición Universal de Shanghai, demostraron la capacidad de organización de China, algo que otros países envidian, aunque Occidente, por supuesto, no se sentirá tentado a imitar los métodos a los que China suele recurrir. (Por Shen Dingli).


Antes de Shanghai 2010, la idea de una EXPO mundial casi sonaba obsoleta, pero China seguía empecinada en organizar la suya.


Con todo, de los 70 millones de visitantes (el número podría ser exagerado) que se esperan en la feria, la mayoría serán chinos. Sólo 3 millones de visitantes llegarán probablemente desde el extranjero, lo que equivale a apenas 4 por ciento del total.



Obviamente, la EXPO apunta al público chino, al que espera brindar una ventana abierta al mundo exterior, a la vez que propicia que otros países ejerzan la diplomacia pública y muestren su cultura, historia y valores.



Esos supuestos 70 millones de visitantes a la EXPO exceden en casi 50 por ciento a los 48 millones de chinos que viajaron al extranjero el año pasado. Podemos decir que la EXPO es una manera rentable para que el pueblo chino se apropie de una imagen de la comunidad mundial y del lugar que China ocupa dentro de ella.



Las autoridades chinas también consideran la EXPO como una oportunidad de impulsar aún más la modernización del país. La EXPO es un símbolo de la integración de China al mundo.



Ésta es de hecho la segunda vez que China desempeña papel de anfitrión para una feria internacional importante. En 1910, la dinastía Qing acogió “la feria industrial de la asociación de los mares meridionales.” Fue un intento tardío del Gobierno Qing de alcanzar al Occidente industrializado, antes de derrumbarse como dinastía un año después.





Un siglo más tarde, China es sede de una EXPO real en medio de una situación mundial muy distinta a aquélla. Durante siglo y medio de turbulencias y humillaciones, China procuró persistentemente una trayectoria de reforma y modernización. Eventualmente alcanzó un consenso nacional sobre desarrollo económico, en el cual se ha estado concentrando por más de tres décadas.



China necesita aprovechar esta oportunidad única. Está claro que el país ha experimentado un milagro económico desde finales de los 70. Pero todavía encara problemas enormes.



El país necesita continuar mejorando sus sistemas político, económico, financiero, e impulsar la ciencia y la educación. Tiene asimismo que reflexionar sobre su cohesión cultural y construir su capacidad de innovar.



La EXPO es una oportunidad maravillosa para que los chinos amplíen sus horizontes. También permitirá que otras naciones ayuden a conformar la opinión de China sobre el resto del mundo, a la vez que explota las oportunidades que plantea el desarrollo de China.



Todos estos razonamientos me rondaban al visitar la EXPO el 1 de mayo. No es posible visitar los 170 pabellones en un día. Para ser honesto, con más de 200.000 visitantes diarios en los primeros dos días, no era una experiencia agradable hacer cola por largos periodos bajo un sol abrasador. Me hizo pensar en los desafíos que China encara como resultado de su enorme población.



El Gobierno reubicó unas 270 fábricas para dar lugar a la EXPO sin mayores contratiempos. Pero según se informa, no fue tan fácil trasladar a los lugareños. La EXPO es imponente, pero cualquier visitante inteligente se siente compelido a preguntarse cuánto gastó el Gobierno en esta muestra. La cifra oficial es de 16.000 millones de yuanes, aunque cálculos occidentales la sitúan en 58.000 millones.



Pero por al menos una parte del dinero ha sido bien invertida. Shanghai ha construido diez nuevas líneas de subterráneo en los dos a tres años pasados, haciendo de la urbe suroriental china la segunda en el mundo después de Londres, en términos de kilómetros disponibles para el metro. Personalmente no tengo ningún problema con cualquier suma, siempre y cuando el Gobierno presente su presupuesto a la Asamblea Nacional para su estudio y aprobación.

En Shanghai almorcé con el ministro malayo Dato Sri Ng Yen Yen y el embajador malayo de Turismo Datuk Ooi Chean See. Ambos son de origen chino y como charlamos en chino, nuestra conversación se enfocó en el vino de Changyu que bebíamos. El negocio del vino de Changyu fue iniciado por el Sr. Cheong Fatt Tze, que nació en Guangdong, pero hizo su fortuna en Penang, Malasia. Ex ministro del Gobierno de Qing, el futuro empresario colocó su negocio de vino en la ciudad de Yantai, en Shandong. En 1915, su vino ganó una medalla de oro en la EXPO de San Francisco. Cuando el presidente Hu recibió a varios huéspedes en el banquete de recepción de la EXPO, brindó con ellos con Changyu.



El almuerzo del 1 de mayo, con la alta representante de la UE para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, Catherine Ashton, fue más político. Al mencionar a la Srta. Ashton, la parte china le llamó “Ministra de Asuntos Exteriores” de la Unión. La representante europea sugirió que la UE y China cooperen en operaciones conjuntas para combatir la piratería en Somalia.



Ésta es una oferta que China y la UE podrían por lo menos considerar, pero cuando la discusión tocó el tema de Irán, la conversación entró en terreno tortuoso. La UE necesita la cooperación de China para detener las ambiciones nucleares de Irán, y está en el interés de China contener la proliferación nuclear. Pero el desarrollo económico, más que el control de armamentos, es la mayor preocupación para China. Y mientras la UE y los EEUU continúen irrespetando a China, persistiendo con el embargo sobre armas impuesto hace dos décadas, los dos lados seguirán separados por un abismo de desconfianza.



A pesar de esto, el presidente francés, Nicolás Sarkozy, y José Manuel Barroso, presidente de la Comisión Europea, asistieron a la apertura de la EXPO. Tal parece que el vino Changyu y la EXPO de Shanghai están ayudando a consolidar el poder de atracción de China. Pero no debemos peder de vista que el poder de atracción viaja montado en las instituciones y las ideas, no en las expos. La EXPO no resolverá el embargo de armas, y es demasiado pronto para decir si China y Francia han dejado detrás sus diferencias. No hay que olvidar que el presidente Sarkozy nunca se ha comprometido a no reunirse nuevamente con el Dalai Lama.



El autor es columnista de China.org.cn.



(Pueblo en Línea)


10/05/2010