Nuevas evidencias de “diplomacia urbana” en la acción exterior china Ignacio Niño Pérez es Master en Estudios chinos (INALCO-Paris VII) y Master en Estudios de Asia Oriental (UOC). Colaborador del Observatorio de la Política China.

In Análisis, Política exteriorby Xulio Ríos

Un análisis, de una cierta profundidad, sobre lo que se ha dado en llamar la “diplomacia urbana” nos llevaría a la conclusión del constante error que cometemos, tanto en España como, en menor medida, en Europa, al despreciar el papel que puede jugar la cooperación bilateral entre ciudades y regiones en la relación con China.

No es este el lugar para reiterar algunos análisis ya realizados sobre la potencialidad de esta colaboración entre territorios subnacionales y sobre la continua pérdida de oportunidad que supone el no desarrollar esta dinámica de trabajo con China[1]. Pero sí puede ser oportuno que dediquemos un tiempo a comprobar cómo recientes acontecimientos están viniendo a reforzar esta convicción sobre la importancia de lo urbano en la cooperación con China y sobre la urgencia de saber articular una respuesta ante ello.

En efecto, en la dinámica actual de China, dentro de las tensiones que manifiesta con algunos países y, también, en el contexto de sus proyectos más significativos, vemos como este país concede cada vez más relevancia al papel que puede jugar la cooperación entre ciudades y regiones. Podemos verlo, con claridad, a través de algunos acontecimientos significativos, surgidos en los últimos meses, en los que China ha apostado por la cooperación con ciudades y regiones como elemento central de su diplomacia.

El primero de los que destacaremos es el relativo a la firma de un Acuerdo de Entendimiento (Mou) entre China (en concreto la National Development and Reform Commission, NDRC) y el Estado australiano de Victoria sobre el proyecto BRI (Belt and Road Initiative, el proyecto de la “franja y la ruta”). Se trata de una firma sorprendente, primero porque supone “puentear” al Gobierno federal australiano que (en línea con otros países como EEUU, Japón o India), ha venido evitando adherirse de forma abierta a esta iniciativa; y, segundo, porque se produce dentro de un periodo de evidente enfriamiento de las relaciones entre China y Australia.

No es de extrañar el enfado del gobierno australiano con el Estado de Victoria. Esta firma supone la ruptura de una de las normas básicas de la diplomacia urbana como es la del necesario alineamiento y coherencia de la acción exterior de regiones y provincias con la política exterior nacional. Por parte china, no deja de ser sorprendente que una entidad como la NDRC haya “circunnavegado” la poca voluntad australiana de comprometerse con el proyecto BRI, para alcanzar un acuerdo con una de sus entidades territoriales, la región de Victoria. El Estado de Victoria (cuyo interés en ese proyecto BRI tiene una lógica económica basada en la expectativa de beneficios que le pueda reportar) hubiese podido implicarse en él de forma mucho más operativa y proporcionada a través de su preexistente relación de cooperación con dos provincias chinas con las que ya tiene acuerdos firmados (Jiangsu y Sichuan) o promoviendo el acercamiento a otras entidades regionales que valorara de interés estratégico.

Un segundo caso, en esta misma línea, se enmarca en la actual coyuntura de las relaciones de China con Taiwan y, más aún, en el contexto de los resultados de las elecciones locales celebradas en la isla el pasado 24 de noviembre. De ellas ha surgido un panorama marcado por un mayor dominio local para el KMT y de pérdida de peso para el DPP de la Presidenta Tsa Ing-wen. Tras ello, Beijing no ha tardado en anunciar que fortalecerá las relaciones ciudad-ciudad con aquellos territorios que han pasado a estar dominados por el KMT (más cercanos a las tesis de Beijing), o, incluso, por políticos independientes (caso de Taipei), pero que han marcado como seña de identidad el evitar la confrontación con el continente, alejándose en ello del DPP. En este nuevo panorama, la intención de Beijing es dejar un mensaje claro a través de la diplomacia urbana: que las posibilidades de prosperidad que implica la cooperación con China están abiertas para todos aquellos que no rechazan los elementos básicos de las relaciones a través del Estrecho que China considera irrenunciables.

Y, como tercer y último ejemplo de la potencia de la diplomacia urbana en el momento actual, podemos citar el papel central que el gobierno chino está otorgando a municipios y provincias chinas en la planificación y ejecución de estrategias y proyectos dentro del proyecto BRI. Ello es más que lógico en una iniciativa que tiene base y fundamentación territorial y una de cuyas aspiraciones es lograr un mayor desarrollo de algunas de sus regiones periféricas. Pero ello es aún es más lógico ya que Beijing es consciente de que actuando de la mano de la potencia operativa de sus ciudades y regiones le es posible llegar mucho más lejos. Todas estas entidades de ámbito local han diseñado planes y estrategias para implicarse en el proyecto BRI, están ejecutando proyectos que la dan contenido, se han orientado a la cooperación internacional en este marco  e, incluso, han puesto en marcha instrumentos financieros para apoyar a sus empresas y ciudadanos a aprovechar las potencialidades intrínsecas al proyecto BRI. El último caso conocido ha sido el de la provincia de Hunan que ha dotado un fondo financiero específico para facilitar la internacionalización e implicación de sus empresas en esta iniciativa. En base a este papel dinamizador de provincias y ciudades, se están multiplicando las acciones de hermanamiento y de firma de MoU entre entidades chinas y de otros países, cuyo elemento central es la cooperación en el proyecto BRI.

Todos estos elementos reseñados nos llevan, en conclusión, a destacar, de nuevo, el potente papel que ciudades y regiones juegan en la acción internacional de China y cómo esto se está desarrollando de forma cada vez más intensa. Un proyecto de base territorial y de ambicioso despliegue geográfico como BRI no puede sino acentuar este fenómeno.

Sobre esta base, y desde un enfoque más pragmático, aplicado al caso español, lo interesante sería analizar esta evidencia para poder concluir cuales podrían ser las claves sobre las que desarrollar una cooperación reforzada con China apoyada sobre eso que se ha llamado la “diplomacia urbana[2]. En España, siempre que se encare el esfuerzo de forma seria y profesional, el potencial para cooperar con China en base a las entidades territoriales es enorme pero todavía está inexplorado o, al menos, está muy poco articulado. ¿Por qué no, entonces, una iniciativa para lanzar ese proceso de cooperación con el ámbito local chino, coordinado desde el Estado, reorientando algunos esfuerzos ya en marcha e impulsando otros más novedosos? Las potencialidades del proyecto BRI y la ambición de aprovechar las mismas lo haría razonable. La fortaleza que supone la suma de esfuerzos lo haría alcanzable.

 

 

[1] Niño, I. y Esteban, M.: “Las ciudades y la urbanización como ámbito de cooperación entre España y China”. Real Instituto Elcano. Documento de trabajo 5/2016.

[2] Esta es una de las recomendaciones que se señalan en el Informe “Relaciones España-China”, coordinado por Mario Esteban y publicado en noviembre de 2018 por el Real Instituto Elcano: Recomendación número 5 (página 129): “España debería incorporar lo urbano y la diplomacia urbana como un elemento central de su relación con China, como ya lo hacen la UE y varios de sus Estados miembros (…)”