Pisando los talones

In Análisis, Política exteriorby PSTBS12378sxedeOPCH

¿Amenaza China la hegemonía de EEUU? La grave crisis económica y financiera de la superpotencia y, en paralelo, la conversión de China en el banquero de Washington son rasgos que evidencian la profunda mutación que está experimentando el sistema internacional. Tal y como señala el National Intelligence Council (NIC) en su último informe (Global Trends 2025: a Transformed World), asistimos a una galopante transferencia de riqueza y de poder económico del Oeste hacia el Este. Según sus estimaciones, en 2025, China será la segunda potencia económica y militar del mundo, una realidad que cobra fuerza cada año que pasa. No obstante, no debiéramos perder de vista los efectos de la recesión en curso que también pasará factura al gigante oriental.

Sin duda, los 30 años de reforma y apertura que ahora se cumplen, han propiciado un incremento sustancial de la influencia de China. Su economía representó en 2007, aproximadamente, el 6 por ciento del total mundial, un gran aumento si lo comparamos con el 1,8 por ciento que representaba en 1978. China dispone de la mayor cantidad de reserva de divisas del mundo, es el principal socio comercial de Japón y el segundo socio comercial de EEUU y de la UE. El reciente ingreso de China en el Banco Interamericano de Desarrollo como país donante, después de quince años de intensas negociaciones, es revelador tanto de la intensidad y efectos de la crisis financiera actual –lo que ha permitido acelerar el delicado proceso de adhesión- como de la creciente influencia de Beijing, incluso en el “patio trasero” de Washington. El difícil momento presente, por otra parte, está subrayando el nuevo papel global de China de modo inequívoco, coordinando sus reacciones en el plano interno, con el objetivo de neutralizar las adversas condiciones económicas mundiales mediante la promoción de la demanda interior para apaciguar los descontentos que proliferan por doquier, con los principales aliados estratégicos a fin de impulsar las reformas del sistema financiero internacional.  Pese al diálogo estratégico entre ambos países y a decisiones celebradas como el rechazo a disminuir su ritmo compra de bonos en dólares (que pasó de 66.400 millones de dólares en 2002 a cerca de 0,6 billones en la actualidad), las desconfianzas entre EEUU y China no se han evaporado. Recientemente, el comandante de la flota de submarinos nucleares, John J. Donnely, declaraba que las fuerzas navales chinas son una creciente amenaza, por lo que EEUU se propone desplazar el 60 por ciento de sus sumergibles al Pacífico como respuesta. Una decisión extraña cuando las relaciones del continente con Taipei parecen vivir una luna de miel que aventura cambios significativos en las dinámicas habituales en el estrecho de Taiwán.

La política militar de Beijing (no solo de la Armada, también en materia de misiles, caber-espionaje, o armas antisatélite) dificulta la cooperación bilateral, a pesar de que el dominio de Washington en este plano –como en el tecnológico-  no admite parangón.  Un país de las dimensiones objetivas de China (territoriales, demográficas, económicas, etc.) persistiendo en su actual proceso de desarrollo y alejando cualquier atisbo de convulsiones sociales serias, inevitablemente, genera tensiones con su emergencia. Cabe imaginar que China, como ha hecho hasta ahora, seguirá persiguiendo sus objetivos aumentando su influencia y, lo quiera o no, despertando inquietud en sus principales competidores, tanto regionales como globales.

En solitario, sin aliados pero también sin alianzas estatales frente a ella, la preeminencia del diálogo o del rumbo de colisión dependerá, en las condiciones actuales, del grado de agresividad que manifieste en asuntos clave: el comportamiento de sus multinacionales en el mercado global, en especial cuando tantas empresas anhelan liquidez; sus decisiones en materia de política energética y de materias primas; su nivel de compromiso y responsabilidad en los asuntos globales; el nivel de moderación de su política general expresada en términos de cooperación o no con terceros.

Sea como fuere, China evitará dar la sensación de buscar la supremacía a toda costa, pero su liderazgo seguirá ganando terreno sin que EEUU pueda hacer mucho por evitarlo.