Presidente del FMI no debe ser seleccionado con base en su nacionalidad

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BEIJING, 22 feb (Xinhua) -- El Grupo Banco Mundial (BM), con sede en Washington, la capital de Estados Unidos, escogerá un nuevo jefe en abril próximo, para reemplazar al presidente saliente, Robert Zoellick.


La institución ha dicho que el proceso de selección de su nuevo presidente será “transparente y basado en los méritos (de los candidatos)”. Para garantizar una elección transparente, abierta y justa, todos los 187 estados miembros del banco deberán presentar varios candidatos, y seleccionar al nuevo presidente a través de un proceso en el que participen todos los accionistas.

Si el nuevo jefe del BM verdaderamente es elegido a través de un proceso justo y democrático, la agencia por fin se librará de una tradición que ya se ha extendido durante siete décadas, y de acuerdo con la cual, el presidente del BM es un ciudadano estadounidense, y el del Fondo Monetario Internacional (FMI), un europeo.

Los cambios experimentados por la economía global requieren que la entidad opere hoy de forma diferente a como lo hacía 70 años atrás, cuando fue establecida al comienzo de la Guerra Fría. Esta misma razón guió el cambio en el liderazgo del FMI en 2011. El año pasado, las economías emergentes y los países en desarrollo exigieron que el nuevo director general del fondo, que reemplazaría a Dominique Strauss-Kahn después renunciar tras su sonado escándalo sexual, fuera seleccionado sobre la base de sus méritos, y no de su nacionalidad.

Sólo una selección realmente “transparente, abierta y justa” del presidente del BM podrá desembocar en la posesión de un líder visionario, con méritos, que tenga la autoridad moral, la capacidad profesional y la experiencia para impulsar reformas y reducir la pobreza, sin sesgos ideológicos y de acuerdo con los cambios en la economía del mundo.

Cuando fue establecido, en 1945, la meta del Banco Mundial era ayudar a reconstruir la Europa de la posguerra, con Estados Unidos aportando la mayor parte de los fondos. En ese momento, escoger a un ciudadano estadounidense para conducir sus destinos parecía lo más natural.

La idea de que el presidente del BM debe ser un ciudadano de ese país ya ha perdido su “legitimidad”, debido a los cambios en el orden político y económico, así como al cambiante papel de la propia organización. Desde los años 80, cuando empezó a modificar la dirección de sus políticas, las principales tareas de la entidad han sido la reducción de la pobreza a nivel mundial y la asistencia a los países en vías de desarrollo para impulsar un crecimiento estable, sostenible y equilibrado.

Escoger un director con el trasfondo y la experiencia adecuados en labores de reducción de la pobreza sería mucho más adecuado que seleccionar a alguien que no esté familiarizado con el reto. En la actualidad, las economías emergentes y los países en vías de desarrollo corresponden a casi la mitad del producto interno bruto (PIB) de todo el planeta, y esa proporción se acercará al 60 por ciento hacia 2030, de acuerdo con un informe de la Organización para la Cooperación Económica y el Desarrollo (OECD).

Con el estatus cada vez más elevado de los países en vías de desarrollo en el sistema financiero global, organizaciones internacionales como el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional deberían proporcionar un espacio de juego más amplio para las economías emergentes y los citados países en los asuntos globales.

El BM y el FMI deben seguir incrementando la representación y los derechos de voto para los países emergentes y en vías de desarrollo, para beneficio del mundo entero. Fin