Un nuevo enfoque en la relación China-América Latina-España: la gestión del conocimiento Xulio Ríos es director del Observatorio de la Política China

In Estudios, Política exteriorby Xulio Ríos

A propósito de la relación China-América Latina-España, a cuya reflexión se nos convoca con el telón de fondo de ese dilatado peso de la historia que tanto impera en este encuentro en torno a la excelsa figura de Diego de Pantoja pero, al mismo tiempo, con un enfoque comprometido con la contemporaneidad, quisiera resumir mi punto de vista en ocho ideas. Trataré de sintetizar así las que considero tendencias principales en el fenómeno objeto de estudio y en las que podrá advertirse un cierto sentido de balance de un determinado lapso de tiempo en el que hemos manejado algunas claves, quizá ya ultrapasadas y que por lo tanto necesitan ser revisadas, lo cual nos puede servir para orientar nuestra acción futura. No obstante, en cada una de las afirmaciones citadas a seguir, probablemente, cabría introducir algunos matices a buen seguro inevitables.

El papel mediador de España

En primer lugar, para abordar las relaciones entre China y el mundo hispanohablante en la actualidad, es importante traer a cuenta el papel, la visión, de cada uno de los actores implicados. En tal sentido, se ha hablado mucho en las últimas décadas del papel mediador de España, de su condición de puente tanto en los ámbitos culturales como también políticos y económicos en las relaciones entre China y América Latina. Es este un punto de vista recurrente que también hemos podido constatar en relación, por ejemplo, a la Unión Europea, si bien no siempre ha funcionado correctamente. Incluso, en más de una ocasión, el alineamiento de España con ciertos posicionamientos alejados del enfoque latinoamericano para secundar propuestas dispensadas por EEUU y con eco en la región, ha tenido un efecto contrario al deseado (por ejemplo, en relación a Cuba).

Puente para América Latina, para China, en fin, es verdad que España goza de una posición de cierto privilegio en la región latinoamericana,  pero creo igualmente que, a la luz de la experiencia recibida, es fundamental no exagerar esta cuestión; es más, debiéramos relativizarla sensiblemente. Y tampoco debemos perder de vista que esa condición no cabe ser auto atribuida sin más pues depende en último término del reconocimiento de terceros, lo cual demanda siempre  el establecimiento de un juicioso equilibrio que debe ir más allá de la coyuntura inmediata. Deberíamos aquilatarla con cierta visión histórica. El capital de credibilidad que pueda perderse en un momento dado es difícil de recuperar; por eso es esencial aplicar en estas cuestiones tanto un diagnóstico realista como una visión de largo plazo.

Personalmente, creo que en China, en relación a América Latina, predomina la visión de España como una potencia histórica y cultural y que combina por tanto activos de gran valor pero no necesariamente imprescindibles ni positivamente evaluables en todas sus dimensiones. Es esta una idea cada vez más preponderante en el mundo académico y político y que se manifiesta abiertamente, sin complejos, lo cual invita a no llamarse a engaños. No es que China pretenda con eso rebajar el papel de España en la región sino apuntar a cierto realismo que a veces, inmersos en la inercia de nuestra tradición intelectual, se nos pasa por alto.

Cuando China tiene que abordar cuestiones de fondo, de estrategia, relacionadas con América Latina y con países extrarregionales, ese diálogo no lo establece con España sino con los Estados Unidos. Y de hecho ese mecanismo está institucionalizado y funciona desde hace años con el propósito de disipar dudas, evitar malentendidos y conjurar contradicciones que de otra forma podrían derivar en tensiones a propósito de la creciente influencia de China en el “patio trasero” del vecino del Norte. Eso no quita que España siga siendo un actor importante en la región a determinados niveles, hecho que así es reconocido por todas las partes. Pero debemos admitir que China no necesita a España para relacionarse con América Latina. Si podemos ser socios en muchas cuestiones y avanzar en acuerdos con impacto en la región, pero arrogarse la condición de puente o mediador preferente carece de sentido.

Es más, si uno acude a los buscadores en Internet (Google, Baidu, etc.) e indaga sobre la relación entre España y América Latina, puede constatar que la mayoría de las respuestas se refieren a asuntos relacionados con la lengua, la historia, la cultura, o también la economía y la empresa. Porque, en efecto, respecto a esta última cuestión, es importante destacar que el peso de las empresas españolas en América Latina goza de cierta relevancia. De hecho, para la empresa española, es América Latina una de las regiones de mayor significación, probablemente más que ninguna otra parte del mundo fuera de Europa. España goza de una gran presencia en la región con un stock inversor cifrado en unos 150.000 millones de euros, es decir, aproximadamente, un 32 por ciento de la inversión agregada de España en todo el mundo (1). Solo en México, por ejemplo, se cuentan más de 6.000 empresas españolas establecidas, muchas de ellas con una larga trayectoria. Y no se trata de recién llegados.

En suma, esa historia, esa cultura, esa presencia económica, son datos reales sobre los que podemos construir relaciones de interés mutuo pero sin arrogarse atribuciones que, retóricas aparte, no nos han sido reconocidas de facto por terceros. Se trata, entonces, de moderar el alcance de estas observaciones para no fundamentar en ellas expectativas que pueden llegar a ser incómodas para nuestros interlocutores y frustrantes e irreales respecto a nuestros propios planes.

América Latina no quiere mediadores

En segundo lugar, también procede reconocer que, en términos generales, los países de América Latina quieren hablar de tú a tú con cualquier país del mundo. Sin intermediarios ni mediadores. También con China, por supuesto. Creo que este proceso es claramente perceptible desde finales del siglo XX y se ha visto acelerado por el llamado ciclo progresista que ha vivido la región en las últimas décadas. Y con independencia de las vicisitudes que puedan experimentarse en la conformación de los gobiernos de la región o los cambios de ciclo derivados de las alternancias inevitables, etc., es una tendencia que ha venido para quedarse y que en los próximos años, con la irrupción de más actores en la región (no solo China, también Rusia, Irán, Japón, India, etc.), cada cual a su nivel y con sus particulares objetivos, no hará otra cosa que afirmarse.

Pasó el tiempo de pedir permiso, de estar pendiente de las reacciones de unos u otros para posicionarse ante determinados episodios, una conducta también común en tiempos en la diplomacia china. La acción diplomática de los países de América Latina está cada día menos subalternizada y en relación a China, tras la formación de la CELAC (Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños, http://www.sela.org/celac/quienes-somos/que-es-la-celac/) en 2011 y la constitución de un foro bilateral en 2015, es una realidad birregional que ha sido institucionalizada de modo claro.

Hay un caso reciente que ilustra esta circunstancia de empoderamiento de la región. Me refiero a El Salvador, un pequeño país centroamericano, menos extenso que Galicia y con una población ligeramente superior a los siete millones de habitantes, que decidió cortar lazos diplomáticos con Taipéi y establecerlos con Beijing. Lo hizo a pesar de las serias advertencias de EEUU, que amenazó con revisar el alcance de las relaciones bilaterales. Pero el gobernante FMLN (Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional) reiteró en su comunicado para dar cuenta de dicho cambio que ello obedecía a “una decisión soberana”. Ahora, de modo “preventivo”, EEUU pretende legislar para actuar con mayor energía en estos casos a fin de evitar el aumento de la influencia china en la región y llama a sus embajadores en la zona para que tomen cartas en el asunto (recuérdese que Taiwán cuenta aquí con 9 aliados diplomáticos de un total de 17 en todo el mundo). Pero hasta el presidente hondureño Juan Orlando Hernández ha recordado a Washington que desde 2016, la ayuda exterior combinada de Estados Unidos para Honduras, Guatemala y El Salvador disminuyó en más de un tercio para situarse en los 195 millones de dólares. Por el contrario, China, amén de otras consideraciones, tiene fama de cumplir con sus compromisos.

En tal sentido, es claro que China desbarata son su impulso los usos y costumbres de la región, ayudando a América Latina a empoderarse tanto cuanto quiera o desee o, al menos, a alargar los marcos de la equidistancia con respecto a actores importantes con influencia en la región.

China no necesita mediadores

En tercer lugar, China está muy próxima de este enfoque de América Latina. En el segundo Documento de Política de China hacia América Latina (2016) (2), punto ocho, relativo a la Cooperación Tripartita, señala: “China está dispuesta a desplegar cooperación tripartita en ALC con los países y organizaciones internacionales extra regionales siempre que los proyectos son presentados, consentidos y patrocinados por los países latinoamericanos y caribeños”. Es esta una novedad importante del documento que no debiéramos pasar por alto dado su carácter taxativo.

Es decir, China condiciona la cooperación con países terceros extrarregionales (es el caso de España) a la iniciativa de América Latina. Esa cooperación es posible, pero China no va a ser el motor y, en cualquier caso, quizá reconociendo la preexistencia de cierta tensión en la formulación, debe abordarse desde el respeto, la igualdad y el beneficio mutuo. En tal sentido, a España solo le queda un camino, no dos.

La triangulación en cuestión

En cuarto lugar, viene todo esto a cuento de que se ha hablado mucho en los últimos años de la triangulación y sus virtudes. Ha habido, sin duda, casos de éxito. Con frecuencia se cita el de Huawei y Telefónica o el de Repsol y Sinopec, aunque también los ha habido en sectores como la banca, el turismo o la automoción, entre otros. Es posible que sin la existencia misma del concepto se hubieran dado igual. Quiero decir que su lógica de fondo no es otra que las tendencias del mercado y las estrategias de las grandes empresas en orden a la gestión de sus propuestas de colaboración/competición. Y, de nuevo, no debiera exagerarse. Es decir, en el caso de Repsol y Sinopec en Brasil, pongamos por caso, no es que Sinopec entrara en Brasil gracias a la multinacional española. Ya estaba en Brasil. Repsol necesitaba financiación para sus operaciones en Brasil y cedió un 40 por ciento de su filial carioca a cambio de una aportación de capital por parte de Sinopec.

Desde la aprobación del primer Plan Marco Asia-Pacífico 2000-2002 (3), la política exterior española ha incorporado como concepto y estrategia la triangulación Asia-Pacífico-América Latina-España. Para España, el objetivo enunciado de la triangulación consiste en utilizar los especiales vínculos que la unen con América Latina para superar las debilidades que se presentan aun hoy en el desarrollo de los negocios y la inserción cultural en Asia-Pacífico, es decir, aprovechar la presencia histórica y el conocimiento del subcontinente americano para impulsar el recíproco entendimiento con los países de Oriente, con quienes acumula un déficit, igualmente histórico, en sus relaciones.

En  “Una visión estratégica para España en Asia 2018-2022” (4), aún reconociendo que nuestra especial vinculación con Iberoamérica despierta interés en Asia gracias a las nuevas alianzas en materia comercial y al desarrollo del eje del Pacífico así como nuestra pertenencia a la UE, hechos que incrementan nuestra relevancia a ojos de nuestros socios asiáticos, el concepto de triangulación está ausente. Además, se reconoce que España sigue contando con menos medios para el conjunto de su política asiática que otros países europeos de peso similar de nuestro entorno.

Hay oportunidades en este esquema triangular pero no es la panacea. Habrá que ver caso a caso. En este sentido, con la Iniciativa de la Franja y la Ruta y su extensión a América Latina, sin duda puede haber oportunidades en las que confluyan los intereses de todas las partes. Para ello, España, debe dotarse de una estrategia específica, en cuya definición, pese al compromiso explicitado en la Visión, no avanza por el momento al ritmo deseado. Una agenda centrada en las infraestructuras, las comunicaciones, el medio ambiente, el turismo, etc., con un importante capítulo de inversiones como suele acompañar los planes chinos, puede ser atractivo para muchas empresas españolas.

Los vínculos inmateriales no son un asunto menor

En quinto lugar, sentado todo esto, pareceres que a mi entender reflejan con objetividad y cierta maduración el momento en que nos encontramos poniendo los puntos sobre los íes, al menos esa es la intención, no conviene pasar por alto ni despreciar la trascendencia de los vínculos inmateriales. Acostumbro a decir que nosotros tenemos varias almas, entre ellas, una europea y otra americana. Europea porque efectivamente pertenecemos a Europa en función de nuestra ubicación geográfica y por participar de ese ambicioso proyecto de integración continental con sus sinsabores y alegrías. Y americana también en virtud de esos lazos de toda índole que nos relacionan con el otro lado del Atlántico. Ahora bien, confieso que, indique lo que indique la geografía, yo me siento mucho más cerca de un argentino que de un danés. Y si en un partido de fútbol tengo que elegir entre Argentina y Alemania, pues, no hay duda, claro. Ese vínculo constituye una importante base para hacer cosas juntos en los más variados campos.

Y no solo lo digo en relación a los países de habla hispana de América Latina sino también de habla portuguesa, pensando en un gigante como Brasil, país BRICS; o incluso, si me apuran, de África. Es este un aspecto tristemente muy ignorado en la diplomacia española a pesar de que es imposible hablar del portugués sin referirse a Galicia. España, a diferencia de Italia o Francia (también Argentina), no es siquiera miembro observador asociado de la CPLP (Comunidad de Países de Lengua Portuguesa). Si comparamos esta situación con el papel que China le atribuye a Macau para relacionarse con los países de habla portuguesa, pues eso nos da una idea de cuánto puede desaprovechar España el potencial que Galicia representa en relación al mundo lusófono…. En tiempos de multilateralismo, estas son oportunidades que debemos ponderar adecuadamente para establecer estrategias que redunden en beneficio mutuo.

En conjunto, es muy  importante gestionar estos cambios con nuevos enfoques y evolucionar hacia una relación de socios, en condiciones de igualdad y, por supuesto, en la que nadie mande callar a nadie.

La gestión del conocimiento como espacio de encuentro

En sexto lugar, uno de los espacios en los cuales sería más decidido, o si lo prefieren menos cauto o escéptico a la hora de impulsar nuestra relación, es el relativo a la gestión del conocimiento. Y en concreto, en relación a China.

Sin duda, hay asimetrías en la situación de los estudios chinos en España y América Latina pero también trazos comunes perfectamente identificables. Más allá de casos individuales, no podemos hablar de una gran tradición que nos acredite como un caudal de conocimiento en este aspecto. Especialmente si nos referimos a instituciones. Puede que la principal referencia en este sentido sea el Colegio de México, con unos estudios sobre Asia que siguen a la vanguardia, ameritando una trayectoria que se remonta a los años sesenta del pasado siglo. No obstante, en general, en los últimos lustros, se ha mejorado mucho aunque nos falta igualmente un importante camino por recorrer para estar al nivel de los países de nuestro entorno. Hay cada vez más especialistas, más centros de estudios en universidades, más publicaciones, más encuentros, en fin, dinámicas diversas que informan de una aceleración cuantitativa y cualitativa en estos temas. Bien es verdad que con diferencias considerables en cuanto a relevancias, ritmos, contenidos, etc., si atendemos a las circunstancias de cada país.

En España también se registró un salto significativo en los últimos lustros, pero la crisis ha tenido efectos inocultables, diezmando buena parte de los esfuerzos desarrollados hasta entonces. Y veremos cuánto tiempo requerirá volver siquiera a recuperar el empuje mostrado en los primeros años del siglo XXI. En cualquier caso, cabe dejar constancia de que aun podemos remontar la adversidad de la crisis si todos los actores asumimos un plan de acción para evitar que la situación actual se vuelva crónica.

El nivel de conocimiento en España sobre China es insuficiente. El compromiso de medios públicos y privados con el fomento del pensamiento estratégico autóctono, que es indispensable, es también insuficiente. Es evidente que existe una mayor sensibilidad y comprensión de la importancia de China a todos los efectos y en todos los órdenes pero por el momento de ahí no se ha derivado un esfuerzo como el que sería necesario para dotarnos de capacidades que nos permitieran reducir la distancia histórica existente respecto a aquellos países de nuestro entorno que si han invertido sistemáticamente en aumentar su conocimiento sobre China, lo cual les facilita un alto grado de concreción y penetración del que, en términos generales, carecemos. Y esto hoy día es indispensable para que nuestros decisores dispongan, como se señala en la “Visión”, de un corpus de conocimientos, lecciones aprendidas y análisis adaptados a sus condiciones específicas que les permiten hacer elecciones correctas y obtener resultados muy positivos.

En España, los centros de estudios chinos y asiáticos, en general, son de reciente aparición. Actualmente se imparten programas de estudios de Asia Oriental (grado, posgrado y especialización) en una decena de universidades que pueden facilitar a corto o medio plazo el conocimiento experto pero para ello deberán garantizar la continuidad.

Durante los últimos años, el sistema universitario español (5) ha iniciado un camino de cierta normalización aunque con el lastre de una inexistente planificación seria y contradicciones en el proceso al albur de las tensiones generales que habitan en el mundo político-educativo hispano. Lo que desde los años 90 se centraba en lengua y cultura, ahora asomaba como un ejercicio de estudio más amplio y ambicioso. Las licenciaturas de segundo ciclo en Estudios de Asia Oriental con itinerarios centrados en China y con programas específicos dedicados a los estudios chinos abrían un horizonte positivo aunque muy alejado aún de los pares de nuestro entorno. En paralelo, cabe destacar el notable incremento de la enseñanza de la lengua china aupados por la acción de los Institutos Confucio, las Escuelas Oficiales de Idiomas y otras instituciones.

En el ámbito de la sociedad civil y los think tanks, con una cultura que reconoce poco la importancia de la independencia del mundo académico e investigador, la debilidad es manifiesta, proliferando esfuerzos rayando con el voluntarismo, lo cual no es buena señal. Hay capital humano y proyectos pero seguimos careciendo de la sensibilidad institucional para imaginar objetivos de cierta ambición.

Pero frente a otros terrenos más resbaladizos, este es un espacio de  encuentro. El propio Observatorio de la Política China (www.politica-china.org), por ejemplo, es en origen y de vocación netamente iberoamericana. Muchos de sus productos y propuestas tienen esa orientación. En iniciativas como el Simposio Electrónico Internacional sobre la Política China, que celebramos todos los años coincidiendo con las “dos sesiones”, la participación latinoamericana es considerable, ya sea a título de relatores como de inscritos. Y van nueve ediciones. El trimestral digital Jiexi Zhongguo (Análisis y Pensamiento Iberoamericano sobre China) responde igualmente a esa idea de poner en valor lo que hacemos en nuestra área geocultural. El Taiwan Hebdo presta atención singular a la proyección latinoamericana y caribeña de las diferencias a través del Estrecho.

Igualmente, la Red Iberoamericana de Sinología, que codirijo con Romer Cornejo (México) y Eduardo Daniel Oviedo (Argentina), agrupando a medio centenar de especialistas en asuntos chinos de una docena de países de la región, constituye una manifestación añadida de esa voluntad de conformar una malla que pueda establecer no solo una red de intercambio y apoyo sino, incluso, un discurso propio.

Necesitamos poner en valor todo ese capital humano e investigador, en gran medida disperso y poco cohesionado, privado de una estrategia de conjunto que le aportaría más valor añadido. Me atrevería a decir que muchos Diegos de Pantoja que no gozan del reconocimiento y visibilidad que merecerían podrían encontrar así el camino para revertir esa situación.

Es fundamental en cualquier caso, normalizar e institucionalizar encuentros y diálogos entre personas y entidades ya sea de la sociedad civil, las universidades, los centros de investigación y los poderes públicos, de forma que podamos establecer una agenda de interés común y un plan de fortalecimiento de nuestras capacidades.

El auge general de los intercambios entre China y América Latina y China y España, con especial proyección en el orden comercial, constituye un poderoso estímulo para favorecer los estudios sobre China. La debilidad de la cultura estratégica en nuestro mundo empresarial, poco inclinado en buena medida quizá por su pequeña y/o mediana dimensión, a valorar la trascendencia del conocimiento a este nivel, necesita ser superada.

Una fragilidad reconocible

En séptimo lugar, un reflejo de esta fragilidad, a mi parecer lamentable, es que para informarse de la relación China-América Latina, las fuentes recurrentes de mayor uso son anglosajonas en demasiados casos. Estas tienen detrás importantes apoyos, sin duda, que faltan en nuestras opciones. Pero precisamos dotarnos con urgencia de fuentes propias, contrastadas, que sean objeto de atención y reconocimiento por parte de terceros por su calidad. En México, en el Cechimex de la UNAM, se están realizando iniciativas de gran valor en este sentido. Y sería inconmensurable un cierto nivel de colaboración china en este aspecto.

Ahora bien, esto no se improvisa. Requiere perseverancia y equipos, estructuras. Y un poco de ambición. Quizá entonces arribemos a ese punto en que los autores hispanos sean imperativas a la hora de ilustrar las citas o la bibliografía de las notas científicas a propósito de China.

¿Una visión iberoamericana sobre China?

Por último, en línea con lo expuesto, apostaría por alentar una visión iberoamericana sobre China, específicamente sobre la China contemporánea, deudora de nuestro universo cultural, de nuestra problemática, con visión Sur-Sur, capaz de complementar (y hasta de competir) con la visión anglosajona o francófona, conservando cada una sus respectivos matices.

¿Que necesitaríamos? En primer lugar, inventariar los principales referentes (institucionales e individuales sin filiación) de los estudios sinológicos en el área iberoamericana; en segundo lugar, instrumentar medidas de conocimiento mutuo y trabajo en red con vocación de permanencia que faciliten la cooperación; en tercer lugar, identificar y promover iniciativas conjuntas que sirvan tanto de apoyo mutuo como de promoción de un salto cualitativo en el reconocimiento de la cualificación de los estudios sinológicos en el área iberoamericana; y último, crear marcos de dinamización específicos que generen nuevas oportunidades de consolidación de los estudios sinológicos en el área iberoamericana.

Entre los contenidos que podrían acentuar el enfoque de estudio cabría citar, entre otros, los siguientes: en primer lugar, una peculiar atención a los problemas relacionados con el hecho territorial y/o identitario, habida cuenta de la convergente problemática de nacionalidades minoritarias y/o minorías étnicas, comunidades indígenas, etc.; en segundo lugar, las transiciones políticas, que señalan un afán de incorporación a la modernidad con signos de búsqueda de patrones de estabilidad tras décadas de convulsión en procesos que pudieran en muchos casos no estar del todo determinados; en tercer lugar, las cuestiones ambientales con un perfil en muchos casos común; en cuarto lugar, los asuntos relacionados con la problemática social, la pobreza, la inclusión, las desigualdades, etc. Todo ello sin perjuicio de significar valoraciones propias a resultas de los grandes temas que convoca o provoca la agenda china y que hoy día nos ofrece ya una dimensión de alcance global.

 

(Ponencia presentada en el simposio sobre “Reflexiones sobre la historia de los intercambios culturales entre China y España: IV Centenario del fallecimiento de Diego de Pantoja”. El evento se llevó a cabo los días 4 a 6 de septiembre. La organización corrió a cargo del Instituto Cervantes y la Beijing Foreign Studies University).

Citas

 

Bibliografía de consulta

ALONSO ARROBA, Ángel, AVENDAÑO PABÓN, Rolando, SANTISO, Javier, América Latina, punto de encuentro entre Asia y España, Boletín Económico del ICE nº 2937, del 1 al 15 de mayo de 2008.

BUSTELO, P. Y SOTILLO, J.A. (2002), La cuadratura del círculo: posibilidades y retos de la triangulación España-América Latina-Asia Pacífico, ed. Catarata, Madrid.

LOPEZ i VIDAL, Lluc (2004), Las relaciones entre España, América Latina y Asia-Pacífico: las posibilidades de triangulación en la política exterior española, Casa Asia.

MONTOBBIO, M. (2004), Triangulando la triangulación España/Europa-América Latina-Asia Pacífico, Cidob, Barcelona.

RÍOS, X (2013), Las relaciones hispano-chinas, Historia y Futuro, La Catarata, Madrid.

Programa y ponencias de las diferentes Jornadas de Triangulación que pueden consultarse en http://www.casaasia.es/triangulacion/cast/main.html