Detrás de la teoría de la amenaza militar de China

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En su “Anuario 2009 SIPRI”, el Instituto Internacional de Estocolmo de Investigación para la Paz señala que, debido a la guerra en Irak, la reconversión de Rusia en una potencia mundial y el despegue de China, los gastos militares del mundo alcanzaron en 2008 un nuevo récord de 1.464.000 millones de dólares, con un aumento de 45 por ciento respecto a la cifra de diez años atrás, y que representó el 2,4 por ciento del PIB global. La cifra per cápita fue de 217 dólares, lo que supuso un incremento real respecto a 2007 del cuatro por ciento.


Sam Perot Freeman, autor principal de los informes sobre los expendios militares elaborados por dicho instituto, indica que “la introducción del concepto de guerra antiterrorista ha hecho que algunos países juzguen sus problemas desde un ángulo altamente militarizado, aduciendo esto como razón para legitimar sus exorbitantes gastos militares. Un ejemplo muy claro: tan sólo las guerras en Irak y Afganistán han hecho a Estados Unidos gastar 903.000 millones de dólares más en armamento.”


El SIPRI sostiene que Estados Unidos es el país número uno en gastos militares, que en 2008 representaron el 42 por ciento del total mundial, superando a los de la suma de los 14 países que le seguían. A partir de 1999, con la administración Bush, los gastos militares reales para la defensa nacional norteamericana aumentaron en un 67 por ciento, llegando a 607.000 millones de dólares en 2008.



En el pasado decenio, China ha triplicado sus gastos militares y en 2008 se convirtió por primera vez en el país número dos de la lista de países con mayor gasto militar por detrás de Estados Unidos. El SIPRI estima que los expendios militares de China fueron aproximadamente de 84.900 millones de dólares, alrededor del seis por ciento del total mundial, por delante del 4,5 por ciento de Gran Bretaña y Francia. Rusia, por su parte, se encuentra en el quinto lugar de la lista, en un intento por recuperar su posición estratégica mundial favorecido por la prosperidad económica de los últimos años.



La necesidad de renovación de los obsoletos equipos chinos



Algunos medios de comunicación extranjeros han publicado que los gastos militares de China han aumentado a un ritmo de entre el 50 y el 100 por ciento más de lo que aumentado el del PIB, aumentando de 17.400 millones de dólares en 2001 a 70.200 millones en 2009.



Sin embargo, lo que no tienen en cuenta estos datos es que los equipos militares de China están a la zaga en algunos aspectos respecto a los de los países desarrollados e incluso respecto a los de algunos países vecinos.



Por ejemplo, el ejército chino está equipado aún con los tanques de modelos los 59 y 69 transformados, que son básicamente reproducciones de los tanques soviéticos T-54/55/62. Los escasos tanques relativamente avanzados de los modelos 85 y 98 son reservados para las divisiones selectas acantonadas en Xinjiang y las zonas costeras cerca de Taiwán. Esto ocurre también con las fuerzas aéreas chinas. Más del 80 por ciento de sus aviones son de fabricación nacional china, pero a partir de aviones soviéticos de los años 50 y 70 del siglo pasado. Sus aviones más modernos Su-27 y Su-30 representan sólo un pequeño porcentaje. El más sofisticado J-10 aún no ha entrado siquiera en servicio. Otra razón del rápido incremento de los expendios militares de China es que en el presente se hallan en ejecución simultáneamente varios proyectos de alto costo relacionados con misiles estratégicos y equipos de la marina.



Algunos países vecinos no están tan atrasados en materia militar si los comparamos con China. La República de Corea ha observado siempre con miradas sospechosas los equipamientos del ejército chino. Recientemente, ha renovado aceleradamente los equipos de sus tropas, ha desarrollado tanques K-2 con buenas funciones y ha adquirido aviones antitanques, helicópteros Apache AH-64 y aviones de combate F-15K. Japón ha experimentado una situación similar. Las armas producidas por Japón son muy caras, a veces a doble precio de las extranjeras de la misma clase. Por ejemplo, el avión de combate F-2 fabricado por Mitsubishi (similar al F-16 norteamericano) tiene el precio de 108 millones de dólares, mientras el F-16E/F se vende a 25 millones. El tanque prototipo producido hace poco por Japón se dice que podría ser el más caro en el mundo.



Vista la tendencia global, los países grandes y relativamente ricos están renovando activamente sus equipos militares y seleccionan armas de tecnología punta de último modelo. En la actualidad, el mundo entero está siendo armado con equipos militares de nueva generación en sustitución de los obsoletos.

Desde el año 1998, China ha publicado cada dos años un libro blanco sobre el estado de la defensa nacional, subrayando reiteradamente el carácter defensivo de la política de militar nacional y manifestando la voluntad de oponerse a la carrera armamentista y el deseo expreso de no provocar una situación de la hegemonía militar de China.


Refiriéndose al problema de la transparencia militar que en años recientes se ha venido comentado incesantemente, el libro blanco sobre la defensa nacional de 2008 dedicó especialmente un capítulo a la exposición detallada de la magnitud de los gastos militares de China y sus diversos usos. A comienzos del año pasado, el Ministerio de Defensa Nacional estableció una oficina de información encargada de emitir comunicados de prensa que favorezcan la transparencia.



Por otro lado, especialistas militares han comentado que la transparencia militar se manifiesta en dos aspectos: la intención estratégica y la capacidad militar. En la primera, la transparencia es fundamental para determinar si un país constituye o no una amenaza para otros países o para la comunidad internacional. La intención estratégica de China es plenamente transparente.



Sin embargo, los esfuerzos hechos por China no han obtenido siempre buena recompensa, y a menudo ha sido criticada por falta de transparencia en los medios internacionales. Frente a esta situación que el gobierno chino considera intolerable, Qin Gang, portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores, comentó: “¿Cómo se sentiría usted si su vecino espiase siempre a través de la fisura de la puerta de su casa mientras grita “abre la puerta y déjame ver qué hay dentro”? ¿Acaso no se debe avisar a la policía?”



Para refutar estas críticas, China ha hecho, por un lado, constantes esfuerzos dirigidos a disipar las sospechas y, por otro, ha tomado medidas concretas, como la reciente celebración en Qingdao de actividades de la fuerza naval de diversos países, en la que China exhibió sus equipos militares más avanzados, incluidos por primera vez dos submarinos nucleares.



En su entrevista con los jefes de las delegaciones de las fuerzas navales de los 29 países participantes, Hu Jintao, presidente de China, subrayó que China sigue invariablemente el camino del desarrollo pacífico, el cual determina que el país aplica necesariamente una política militar de carácter exclusivamente defensivo. Tanto en el presente como en el futuro y no importa qué grado de desarrollo consiga, China jamás procurará la hegemonía ni practicará la expansión militar y la carrera armamentista ni constituirá una amenaza militar para ningún país.



¿De dónde viene la teoría de la amenaza militar de China?



A despecho de que el Gobierno chino ha declarado repetidamente que China sigue el camino del desarrollo pacífico, en el ámbito internacional han aparecido un sinfín de nuevas versiones sobre la supuesta amenaza militar que implica el armamento de China.



El más reciente informe del Centro Nacional de Inteligencia del Aire y el Espacio de Estados Unidos afirma que “las ojivas de misiles balísticos intercontinentales de China capaces de suponer una amenaza para los Estados Unidos se incrementarán posiblemente a más de cien en los próximos 15 años”. Paralelamente, el jefe del Estado Mayor de la fuerza aérea de India ha manifestado recientemente que la amenaza procedente de China es más real y poderosa que la de Pakistán y ha alegado que India presta suma importancia a la “expansión militar de gran envergadura” de China.



Hu Shisheng, investigador de la Academia de Relaciones Internacionales Contemporáneas de China, señala al respecto que, cuando la parte militar hindú exagera la “amenaza militar” de China, no se descarta su intención de valerse de este pretexto para aumentar los gastos militares y apoyar a la expansión de sus propias fuerzas armadas.



En realidad, la exageración desmesurada de la expansión militar de China no es algo nuevo. Ya en el período inicial de la Nueva China, la opinión pública norteamericana difundió a los cuatro vientos que “el triunfo de la revolución china podrá generar un efecto dominó en el sureste de Asia”. Hu añade que se puede considerar esto como un rebrote de la “teoría de la amenaza de China”, que se produjo después del fin de la guerra fría.



A ojos de aquellos occidentales que creen en la política de fuerza, “el robustecimiento económico, el despegue político y la expansión militar” es la órbita inevitable a seguir por China. Zhang Yining, profesor de la Universidad de Defensa Nacional de China, indica que, frente al constante despegue de China, los países occidentales están llenos de dudas y ello genera muchos malentendidos acerca de su política militar. Sin embargo, Zhang también indica que “además de los prejuicios ideológicos, también hay una estrategia para impedir que China fortalezca su defensa nacional”. Hu, por su parte, agrega que “aunque en el futuro China haga todo en forma perfecta, no desaparecerá totalmente la voz de la “teoría de la amenaza de China”. Tal vez eso sea un costo que China debe pagar necesariamente en el curso de su crecimiento”.(CIIC)

12/06/2009