El Ejército del Partido

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China se apresta a celebrar el 80 aniversario de la fundación del Ejército Rojo, el Ejército Popular de Liberación (EPL). En las últimas semanas, el cine bélico, nacional e internacional, predomina en todas las pantallas y miles de personas desfilan por el Museo Militar para contemplar, gratuitamente, la muestra organizada con motivo de la efeméride y que lleva por titulo “El Ejército se encamina hacia el Sol”. Ese Sol, naturalmente, es el Partido, quien se encuentra a las puertas de celebrar su XVII Congreso.

Bien es sabido que a la par que el desarrollo económico, China ha aumentado de forma sostenida en los últimos años su presupuesto de defensa. La defensa es una de las cuatro modernizaciones que dieron origen en 1978 al proyecto reformista. Hoy China tiene menos efectivos militares, pero más preparados y mejor dotados. Aún reconociendo que tecnológicamente al EPL le queda aún un enorme trecho por delante, los esfuerzos de los últimos años y las compras en el exterior, especialmente en Rusia, junto al desarrollo de nuevos programas como el espacial, han permitido una elevación de sus capacidades, entre las cuales las preferencias se orientan a aquellos ámbitos estratégicos que constituyen la mayor preocupación de China, es decir, el entorno regional inmediato y, esencialmente, Taiwán.

En 2007, el presupuesto de defensa ha aumentado un 17,8%, lo que supone, oficialmente, un 7,5% del presupuesto del ejercicio. Tomando como referencia 2005, los gastos militares chinos, según fuentes del Ministerio de Defensa, equivalen al 6,19% de los de EEUU, al 52,59% del Reino Unido, al 67,52% de Japón o al 71,45% de Francia. A pesar de ello, en el informe 2007 sobre las capacidades militares chinas, el departamento de Defensa de EEUU señala la importancia creciente de las nuevas armas y equipos militares chinos y destaca su capacidad para desarrollar sofisticados sistemas de armas, disponiendo del mayor potencial para rivalizar con la fuerza militar de EEUU. Fuentes de la Armada estadounidense criticaban en marzo último la ampliación de unidades de submarinos de China con el objetivo, dicen, de “fortalecer su capacidad de combate” contra los portaaviones, una táctica destinada a impedir una hipotética intervención de EEUU (que posee 24 de los 34 portaaviones que existen en el mundo) o Japón en caso de conflicto en el estrecho de Taiwán.

No ha sido esta la única transformación del EPL en las últimas décadas. Pudiéramos señalar, al menos, otras dos importantes. En primer lugar, su cada vez mayor implicación en los asuntos internacionales. La participación en misiones de paz de la ONU ha significado un cambio cualitativo esencial en la política de defensa y exterior de China. Además, los contactos bilaterales han aumentado de forma considerable y unidades del EPL participan en ejercicios conjuntos con países de la Organización de Cooperación de Shanghai (OCS), instrumento de proyección estratégica clave en el área de Asia Central y en el combate al terrorismo de signo islamista. Del 8 al 17 de agosto próximo tendrán lugar en Xinjiang y en Cheliabinsk, ejercicios militares conjuntos, los primeros de la OCS en Rusia.

En segundo lugar, en el orden interno, la importancia cada vez mayor de la profesionalización y la desaparición física de los viejos líderes revolucionarios, junto a la limitada estancia en el poder de los nuevos dirigentes (dos mandatos de cinco años, a lo sumo), han reducido la intensidad y alterado la naturaleza de los estrechos vínculos que siempre han existido entre el aparato militar y el político. Lógicamente, estos siguen siendo importantísimos. El Partido sigue mandando al fusil y rechaza de plano que la nueva orientación profesionalizadota derive en una autonomía del EPL o en una “apartidirización”, pues el EPL sigue rindiendo cuentas al PCCh. Está al servicio del Estado y de la sociedad, pero es su Ejército y en el solo pueden existir organizaciones del PCCh y de ningún otro cariz político (los demás partidos legales que participan en la Conferencia Política Consultiva, por ejemplo).

A la retirada del mundo de los negocios, en el que se desempeñaba como un empresario más, impulsada por Jiang Zemin, Hu ha sumado la participación del sector privado en algunos segmentos de la industria militar. En su primer lustro de mandato, Hu ha afirmado su poder ante la casta militar, pero no ha tenido ocasión apenas de remover las presencias del pasado. Más que a los cambios personales, que algunos ha promovido, ha dado su visto bueno, a raíz del 11S y sus consecuencias, a la estrategia de una mayor implicación internacional. Además, Hu ha tenido en cuenta la opinión de los medios castrenses en aquellos ámbitos en los que, tradicionalmente, su palabra ha contado, especialmente en relación a EEUU y Taiwán.

EL EPL, con nuevos uniformes a partir del 1 de agosto, sigue siendo un instrumento clave de la política china. Ningún dirigente puede descuidar su atención. Su apoyo es determinante para afirmar el poder y acostumbra a ser el fiel determinante que hace inclinar la balanza cuando el liderazgo está dividido.