Armonía: ¿una socialdemocracia con peculiaridades chinas?

In Análisis, Sistema políticoby PSTBS12378sxedeOPCH

Se ha clausurado en Beijing la sesión anual del Comité Central del PCCh. Después de cuatro días de debate a puerta cerrada, sus casi cuatrocientos miembros, entre titulares y suplentes, han ofrecido pleno respaldo al discurso político de Hu Jintao y refrendado su mensaje principal: es la hora de lo social. No era sin tiempo, pero bienvenida sea.

En efecto, el PCCh se plantea recrear en China en los próximos quince años un sistema que permita corregir las inocultables y profundas desigualdades sociales y los desequilibrios territoriales, que constituyen la principal causa de la inestabilidad social y amenazan, junto con la corrupción, la credibilidad del PCCh. Un estudio citado en el diario China Daily del pasado día 8 demuestra que el coeficiente de Gini, que mide las desigualdades en la renta, alcanza en China el nivel de 0,46, reflejando la existencia de una gran brecha que aún no ha dejado de crecer. En 2005, los ingresos disponibles del 10% de las familias con mayor nivel de renta eran ocho veces superiores al 10% de las familias más pobres. El sesenta por ciento de los residentes urbanos no pudieron alcanzar la renta media de ingresos. En fin, los indicativos de similar calibre pudieran ser eternos. Pero parece haber llegado el momento de los menos favorecidos por la reforma, los eclipsados, durante lustros, por los tan loados dígitos del crecimiento.

La armonía, pues, va tomando forma, tanto en la acción del gobierno como en el discurso político del PCCh. Dicho término, como es sabido, es muy importante en la filosofía tradicional china, y está formado por dos ideogramas. El primero es he ( ?), que está compuesto por dos radicales que significan planta de cereal y boca de hombre; y el segundo es Xie () que está compuesto por otros dos radicales que significan expresión y mundo. Esto viene a decir que cuando el hombre tiene comida, está pacífico y tranquilo, y puede expresar tranquilamente sus opiniones, logrando la concordia y la armonía.

La nueva estrategia, complementaria de la promoción del llamado “nuevo campo socialista”, programa aprobado en marzo último por la Asamblea Popular Nacional, incluye numerosas medidas relacionadas con la reforma salarial (beneficiando a unos 120 millones de personas que permitirán incrementar la significación de la clase media), la mejora de los sistemas de salud y educación, la formación profesional, el empleo, la generalización de la cobertura del seguro social a todos los habitantes, incluidos los emigrantes rurales, evitando que nadie quede desprotegido ante contingencias como la enfermedad o los accidentes ni desamparado. El reto que supone la creación de un sistema de seguridad social en un país como China donde, actualmente, dicha cobertura alcanza a menos del 10% de la población, es inconmensurable y representa un serio desafío, indispensable para poner freno a la ansiedad instalada en amplias capas de la sociedad china, entre ellas, los numerosos universitarios en situación de desempleo.

La armonía es la esencia del socialismo con peculiaridades chinas, dice el PCCh. Y solo la recuperación de esa armonía puede permitir al partido mantener y mejorar su acción de gobierno. Esta estrategia inaugura, en opinión del PCCh, una nueva etapa en el proceso de construcción del socialismo con peculiaridades chinas. El desarrollo económico seguirá siendo el objetivo central, pero se verá complementado con la justicia social y el equilibrio ambiental. Una sociedad más justa y un desarrollo económico y social sostenible impedirán que se reduzca el apoyo a la política de reforma y apertura.

En lo ideológico, la búsqueda de la armonía, tan alejada de la lucha de clases, introduce dosis crecientes de socialdemocratización de facto del PCCh que, por otra parte, parece fijar su atención en la experiencia europea, tomando buena nota del compromiso de la socialdemocracia con el establecimiento de un sistema basado en el bienestar. De hecho, este nuevo planteamiento de las prioridades que propone Hu Jintao, además de suavizar tensiones internas, pudiera sugerir una intensificación del debate interno a propósito del futuro ideológico del PCCh, en el que dicho elemento podría tener una especial cabida.

Con este discurso y las medidas anticorrupción adoptadas con carácter previo a este pleno y que tendrán continuidad en los próximos meses, Hu Jintao va dando cuerpo a su proyecto y poniendo fin a la era de Jiang Zemin, tres lustros de crecimiento desigual conducido bajo el lema “primero eficacia, después justicia”. Su reelección en el otoño de 2007 parece asegurada y la renovación pudiera ser amplia.

Abordar en serio el reto social significa también apostar por un nuevo modelo de desarrollo que supedite las altas tasas de crecimiento al logro de una mínima equidad. Hu ha ganado tiempo para afrontar las tensiones sociales, en crecimiento de año en año. Está por ver que más allá de alzar visiblemente la mano en la sesión del Comité Central, todos los dirigentes, especialmente los de las zonas más ricas, se comprometen con la nueva política, sanean sus estructuras e invierten, de facto, sus prioridades para recuperar a los más rezagados, tanto a nivel social como territorial.

Antes de 2020 no habrá reforma política. Si cambios legales y avances garantistas en ciertos dominios que pueden mejorar la situación de los derechos humanos, hoy en niveles realmente bajos como ha señalado recientemente Amnistía Internacional en un informe, pero el correcto ejercicio del poder y su legitimidad excluye, en ese horizonte, una orientación pluralista que propicie un cambio de régimen. Planteada como un enriquecimiento de la teoría científica del socialismo, la armonía buscada por el PCCh es aquella que debe contribuir a reafirmar su papel exclusivo en el liderazgo político.