Nueva normalidad requiere nueva interpretación

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La economía de China ha entrado en una "nueva normalidad" y quienes se intranquilizan por los datos decepcionantes en sectores tradicionales, tendrán que adaptarse.


La economía de China ha entrado en una “nueva normalidad” y quienes se intranquilizan por los datos decepcionantes en sectores tradicionales, tendrán que adaptarse.

La estructura de la economía de China ha cambiado y las medidas tradicionales, incluido el crecimiento del producto interno bruto (PIB) y la producción industrial, son insuficientes para evaluar y predecir el comportamiento económico.

Es cierto, de acuerdo con las medidas tradicionales, la economía de China está perdiendo impulso: el crecimiento del PIB se desaceleró a su ritmo más débil desde que inició la crisis financiera global y se espera que este año alcance su tasa anual más lenta en un cuarto de siglo; el incremento de la producción industrial también se desaceleró, a 6,2 por ciento el mes pasado, comparado con las tasas de doble dígito regularmente alcanzadas antes. Otros indicadores, entre ellos el consumo de energía, el volumen de transporte de carga y nuevos préstamos bancarios, también mostraron debilidad.

Esos indicadores, sin embargo, cuentan sólo la mitad de la historia, dado que China ahora avanza con una economía de dos velocidades.

Una importante característica de esta economía de dos velocidades es el surgimiento del sector de servicios, que representa la mitad del PIB de China.

Mientras la industria pierde impulso, los servicios están prosperando. Los ingresos del sector de turismo, de taquillas de teatro y de servicios financieros, registraron fuertes ganancias.

El aumento en las ventas al por menor está constantemente por encima del 10 por ciento cada año, apoyado por un sólido mercado laboral y estables salarios. Las industrias de alta tecnología también reportaron un crecimiento en la producción mayor al promedio.

A pesar de la moderación en el crecimiento, la economía avanza en la dirección deseada, es decir en la “nueva normalidad”. Incluso esa moderación es la que los estadistas han estado esperando — una consecuencia de la reforma estructural y las dificultades de corto plazo se compensarán con ganancias a largo plazo.

Dado el tamaño de la economía, la sobredependencia en la inversión y en el comercio ya no es sostenible. En lugar de arreglos temporales como la mitigación cuantitativa y la devaluación monetaria competitiva, el país eligió la reforma estructural.

La reestructuración económica conlleva desafíos, durante los cuales algunas industrias tradicionales sufrirán y decaerán — el acero, por ejemplo — mientras otras serán impulsadas con el respaldo de la demanda interna, la innovación y el apoyo del gobierno.

La divergencia es inevitable y será evidencia de que la reforma está trabajando como se pretende.

Inevitablemente, no obstante, el reequilibrio de la economía será un proceso lento y accidentado, a corto plazo habrá ocasiones en las que algunos inversionistas y analistas se enfoquen demasiado en los indicadores tradicionales. Pero, para observar la economía en dinámico cambio, se necesita una medida más integrada tanto en cantidad como en calidad. F