La desaceleración de la economía china no es una razón para preocuparse, dice experto brasileño

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La desaceleración de la economía china se está produciendo de una manera bien pensada y no es necesariamente un motivo de preocupación, según explicó a Xinhua el economista brasileño Livio Ribeiro, experto en reflexión en políticas gubernamentales de la Fundación Getulio Vargas (FGV).


La desaceleración de la economía china se está produciendo de una manera bien pensada y no es necesariamente un motivo de preocupación, según explicó a Xinhua el economista brasileño Livio Ribeiro, experto en reflexión en políticas gubernamentales de la Fundación Getulio Vargas (FGV).

Para Ribeiro, la desaceleración de China se debe a aspectos estructurales y coyunturales. Entre las causas coyunturales, resaltó algunas medidas anticíclicas adoptadas por el país para hacer frente a la crisis internacional iniciada en 2008, que han llevado a un aumento en el crédito y el endeudamiento.

Pero lo más importante, para el experto, es que el modelo estructural de China, que también condujo a la desaceleración, también está cambiando, lo que influenció en una menor tasa de crecimiento económico.

Según él, China está realizando una transición de un modelo con un fuerte apoyo a las inversiones y el enfoque en la demanda internacional hacia un modelo en el que el consumo y los servicios tienen un papel más fuerte, con lo que China está creciendo a un ritmo más lento ahora no es necesariamente una mala cosa.

“No estoy preocupado con la desaceleración de la economía china. Yo me preocuparía más si el gobierno chino intentara alcanzar una tasa de crecimiento a corto plazo a cualquier costo”, comentó.

Ribeiro consideró que este cambio es saludable para la economía China y destacó que, mientras el país asiático tuvo una tasa mayor de crecimiento a inicios de este siglo, ahora se ha convertido en una economía más grande y con más importancia en el escenario global que en el pasado.

“En términos de absorción de bienes y servicios, China es ahora un jugador más relevante de lo que era al principio de la década del 2000”, dijo. “Así que uno debe mirar las cifras de desaceleración con cuidado, porque esas figuras no son las únicas con información importante”.

El experto brasileño pronosticó que China continuará con una tasa de crecimiento a la baja hasta situarla entre el 6 y el 6,2 por ciento hasta finales de esta década, pero afirmó que este será un buen resultado si se hace de la manera que se ha hecho hasta ahora.

La mayor integración de China con otras regiones y su apertura al mundo es importante, según Ribeiro, así como el aumento de su proyección en el mundo es un proyecto a nivel estatal que se está llevando a cabo eficientemente.

China es el mayor socio de comercio de Brasil, y su disposición a invertir e impulsar los lazos con América Latina, evidenciado con la visita del Premier Ministro Li Keqiang a la región este año, podría beneficiar a Brasil en un momento en que el país sudamericano se enfrenta a problemas políticos y una recesión económica, en extrema necesidad de un impulso económico, dijo el especialista.

Para Ribeiro, Brasil necesita diversificar más las conexiones con el gigante asiático, sin parar de ser un exportador de materias primas y metales, pero invertir en la exportación de más productos agrícolas, carnes y servicios.

Brasil exporta más productos a China que otros productores de materias primas y gracias a ello tiene una posición más cómoda que otras naciones sudamericanas en el comercio con el país asiático, pero necesita invertir más en el modelo en el que China busca la transición.

La búsqueda de nuevos mercados y la diversificación de su enfoque en el comercio con China no debe ser un proyecto de Estado brasileño, según Ribeiro, quien agregó que algunas empresas brasileñas del sector del papel o productos alimenticios ya comenzaron a prestar atención al mercado chino (y al mercado asiático en general) y están tomando sus posibilidades.

Sin embargo, el Gobierno brasileño podría ser de gran ayuda para el sector privado, ayudando a superar las diferencias y reducir la brecha entre las dos naciones. Más foros de discusión y un aumento en el intercambio entre instituciones de investigación podrían ayudar a acercar Brasil y China, para que ambos países puedan beneficiarse de la transición del gigante asiático.

“Los chinos trabajan a largo plazo, y Brasil trabaja a corto plazo: juntos podrían encontrar un buen promedio que beneficie a ambos países,” concluyó Ribeiro.