Los padres chinos valoran las bendiciones de tener una hija

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BEIJING, 10 oct (Xinhua) -- Liu Min, de 31 años de edad, está acostada en la cama en silencio mirando a su segundo hijo, que acaba de nacer. Tiene una sensación de pérdida en medio de la felicidad porque no ha sido una niña.


BEIJING, 10 oct (Xinhua) — Liu Min, de 31 años de edad, está acostada en la cama en silencio mirando a su segundo hijo, que acaba de nacer. Tiene una sensación de pérdida en medio de la felicidad porque no ha sido una niña.

Liu vive en Beijing. Hace cuatro años, el nacimiento de su primer hijo le produjo una gran alegría. Para ocuparse de su hijo dejó su trabajo en el departamento legal de una compañía de seguros, con un salario anual superior a los 200.000 yuanes (unos 30.000 dólares).

En 2015, se suprimió la política del hijo único de China. Liu y su marido, que acababan de crear su propio negocio de aires acondicionados, decidieron tener otro bebé. “A pesar de que tener un segundo hijo nos hizo la vida más difícil e incrementó la presión a la que estamos sometidos, seguimos queriendo tener una hija”, afirma Liu.

Aunque su “obsesión” por tener una niña es un “desafío” a la “ideología patriarcal” de sus padres, está más preocupada por las presiones de la vida. “En Beijing, la vivienda media puede costar entre cinco y 10 millones de yuanes (entre unos 750.000 y 1,5 millones de dólares)”, indica Liu. “Me preocupan el coste de la educación, el matrimonio y las viviendas para mis dos hijos en el futuro”, explica.

Liu nació en el distrito de Ding’an, en la provincia meridional china de Hainan, en 1985. Es la cuarta hija de la familia. Su nombre de pequeña era Zhao Di, que significa “traer un hermano menor”. Recibió este nombre porque sus padres “querían especialmente tener un hijo”.

Cuando tenía dos años, la familia dio la bienvenida a un quinto descendiente, un niño. “Cuando nació mi hermano, mi familia invitó a todos nuestros parientes y vecinos a una fiesta. Lanzamos petardos todo el día”, recuerda. “Según la visión tradicional de la gente en mi lugar de origen, solo los niños pueden mantener viva la línea familiar”, expone.

Dado que tenían más hijos que los que estipulaba la política de planificación familiar, todo el dinero que ganaba el padre de Liu era para pagar las sanciones: “Vivíamos en condiciones difíciles. Algunas veces mis hermanas y yo comíamos únicamente un plato de gachas al día”, relata.

Con el fin de ralentizar el crecimiento de la población, en línea con la provisión de los recursos del Estado, China comenzó a implementar estrictamente la política del hijo único, sobre todo entre los habitantes de las ciudades, a finales de los 70. Quedó establecida como política estatal básica en 1982 y en 2001, con la promulgación de la Ley de Población y Planificación Familiar de la República Popular China, pasó a convertirse en ley.

Sin embargo, en una sociedad ampliamente agrícola, muchas familias siguen estando influenciadas por las tradiciones de mantener la línea familiar y criar hijos varones para que mantengan a sus padres en la vejez. Muchas familias perdieron todo lo que tenían por las multas por tener más hijos que los que estipulaba la política de planificación familiar.

La ratio de género al nacer creció rápidamente desde 107 niños por cada 100 niñas en 1982 hasta 121,18 niños en 2004. A pesar de que la ratio cayó en cierta medida desde 2009, de acuerdo con el Buró Nacional de Estadísticas, en 2005 era de 113,51 niños por cada 100 niñas, cifra que sigue siendo superior al valor normal, de entre 103 y 107 niños.

Este desequilibrio ha resultado en un exceso de hombres solteros en edad de casarse en algunas regiones, en especial en zonas rurales afectadas por la pobreza. A principios de este año, se informó de que la falta de mujeres en edad de casarse en la provincia central de Henan estaba llevando a una frenética competencia sin precedentes por conseguir esposa con “regalos de compromiso”.

Según personal de un pueblo de Henan, los regalos del novio a la familia de la novia costaban 10.000 yuanes (unos 1.500 dólares) hace siete u ocho años. Hoy en día, los novios se gastan más de 100.000 yuanes (15.000 dólares). “Muchas familias trabajan duro durante muchos años solo para pagar una casa. El dinero para los regalos de compromiso, los festejos y los electrodomésticos se pide prestado a cualquier amigo o pariente posible. Casarse significa una deuda pesada, que lo es más para las familias con más hijos varones”, agregó la misma fuente.

Debido a los crecientes costes de criar a los hijos, “la era del segundo hijo” significa que las familias trabajadoras urbanas y rurales ahora desean una niña si ya tienen un niño.

En el pueblo de Liulin, en el distrito de Gushi de Henan, Wang You, que ya tiene un niño, debatió con su mujer la idea de tener una hija. “En lugar de seguir la tradición de ‘a más hijos, más bendiciones’, la gente de mi edad está contenta con tener un hijo y una hija, si es posible”, dice Wang.

En un hospital materno privado de Beijing, la terapeuta tradicional Xuan Xuan, de 28 años, y su marido están esperando para la revisión previa al embarazo. Ya tienen una niña de dos años. Para el segundo embarazo, Xuan Xuan ha buscado fórmulas tradicionales en internet. Ha sustituido las bebidas gaseosas que le gustan a su marido por soda, que, según se dice, puede ayudar a regular el ambiente ácido y alcalino del cuerpo, con lo que la posibilidad de concebir un niño es mayor. “Si el segundo bebé es también una niña, la tendré siempre que esté sana”, indica Xuan Xuan. “Pero antes de eso, deberíamos probar lo que podamos”, añade.

En el mismo hospital, el arquitecto Wang Yuan acompaña, junto con su hijo de tres años, a su mujer en su revisión por el sexto mes de embarazo. Cuando estaba embarazada de un mes, Wang envió una muestra de sangre de ella a un laboratorio médico de Hong Kong, que determinó que este segundo bebé será una niña. “Si fuese un niño, yo creo que no lo tendríamos”, dice la mujer de Wang. “Dado que nuestra sociedad se ha hecho más igualitaria, los hombres y las mujeres tienen las mismas oportunidades educativas y laborales. Pero para los padres, una hija parece más cercana”, expone.

En 2003, la Comisión de Planificación Familiar de China, el Ministerio de Salud y la Administración Estatal de Alimentos y Medicamentos emitieron conjuntamente las “Disposiciones sobre la prohibición de la identificación del sexo de un feto por cualquier necesidad no médica y la interrupción artificial del embarazo debido a la preferencia de sexo”, que prohibió efectivamente los abortos basados en el sexo del feto.

Pero en la actualidad muchos padres quieren saber si su futuro hijo es niño o niña. El doctor que realizó la revisión a la mujer de Wang afirmó que muchos padres que acuden a hospitales privados para controles prenatales han logrado saber el sexo del bebé a través de varias vías. “En algunos casos, el género del bebé no es el que se esperaba, pero la mayor parte de los progenitores eligen tener al niño en lugar de abortar”, explicó.

En 2014, las autoridades en algunas partes de las provincias de Henan y Jiangsu pusieron en marcha una campaña contra la identificación del sexo de los fetos y los abortos por motivos no médicos. La medida tenía como objetivo volver a equilibrar la ratio de sexo al nacer. Las autoridades establecieron que a los padres con permiso para tener dos hijos que abortasen a un bebé por una preferencia de género se les retiraría tal autorización.

En febrero de este año, un sitio web sobre maternidad visitado por 10 millones de personas preguntó en una encuesta: “¿Elegirías abortar si el sexo de tu bebé no fuese el que querías?”. Más del 90 por ciento de las 1.000 madres que respondieron señalaron que aceptarían lo que viniese.

Sin embargo, para muchos abuelos que viven en áreas rurales y ciudades pequeñas, tener un nieto sigue siendo mejor recibido que tener una nieta.

La suegra de Liu dejó su casa en un pequeño distrito de la provincia de Hunan para cuidar de su nieto recién nacido en Beijing. A pesar de decir “es bastante duro criar a un niño hoy en día”, su cara no puede ocultar su felicidad y orgullo cuando sostiene al niño.