China-Taiwán: no todo va sobre ruedas

In Análisis, Taiwánby PSTBS12378sxedeOPCH

La elección de Ma Ying-jeou el pasado 26 de julio como presidente del Kuomintang (KMT) y el intercambio de mensajes con Hu Jintao evidencian un nuevo paso en el proceso de aproximación y normalización política entre la parte continental y la isla. Ma ha señalado que en el próximo Congreso del KMT, a celebrar en el inmediato septiembre, propondrá como directriz política el desarrollo pacífico entre ambos lados del Estrecho. La fluidez de los contactos entre el Partido Comunista de China (PCCh) y el KMT acerca la posibilidad de un encuentro histórico entre ambos líderes. El intercambio directo de mensajes, más allá de su simbolismo, abre también expectativas para una intensificación de los contactos políticos a nivel de base y local, alargando la participación y socializando en mayor medida la nueva política. Pero no todo va sobre ruedas.

 

Las negociaciones para liberalizar los intercambios en materia de comunicación, iniciadas el pasado 28 de julio y con el objetivo primero de establecer oficinas permanentes de los medios a cada lado del Estrecho de Taiwán, plantea mayores dificultades, ponen a prueba la confianza entre ambas partes y cuestionan aspectos centrales de los respectivos sistemas políticos. Es difícil creer en el entendimiento mutuo cuando en China, por ejemplo, es totalmente imposible acceder a los medios de la isla a través de Internet, incluidos los oficiales. La apertura en este sentido debería ser totalmente simétrica, pero China, sobre todo en esto y a diferencia de otros capitulos, quiere empezar por los procedimientos más simples y realizables para avanzar progresivamente. Y, probablemente, condicionando cualquier hipótesis de apertura informativa. Se añade así al estatus político de la isla y la seguridad un tercer pilar sensible en la agenda de diferencias que separan a ambos.

 

En las filas de la oposición, la expulsión de dos destacados miembros (Fan Chen-tzung y Hsu Jung-shu) que asistieron a un foro organizado por el PCCh y el KMT sobre las relaciones bilaterales a comienzos de julio en Hunan, envía un idéntico mensaje a China, al gobierno del KMT y a la sociedad taiwanesa: el PDP (Partido Democrático Progresista) no claudicará.

 

El acuerdo de cooperación económica con el continente es hoy el principal asunto inmediato que divide a gobierno y oposición. Según esta última, su impacto perjudicaría los diferentes sectores industriales y agrícolas de la isla, mientras que para el KMT se trata de una necesidad y urgente para liberalizar las relaciones económicas bilaterales (el volumen del comercio bilateral ha alcanzado los 130.000 millones de dólares USA) y facilitar los intercambios con terceros, incluidos los países de la ANSEA (Asociación de Naciones del Sudeste Asiático), lo que permitirá una nueva ola de crecimiento de la economía taiwanesa.  China continental ha firmado un tratado de libre comercio con la ANSEA que entrará en vigor el primero de enero del próximo año. Según Ma, el mencionado tratado ejercerá un grave impacto sobre las industrias petroquímica, textil, de maquinarias y partes y accesorios para automóviles de Taiwan. El PDP se aferra al acuerdo como el argumento que le puede permitir recuperar iniciativa y protagonismo político, aglutinando a todos aquellos sectores sociales que temen que el aumento de las relaciones económicas se traduzca en un incremento de la dependencia que asegure la hipotética irreversibilidad del proceso de unificación. El KMT cuenta con el apoyo de las asociaciones empresariales.

 

La estrategia del PDP gira de nuevo en torno al referéndum, exigiendo que el acuerdo, de lograrse, sea sometido a consulta popular y no se limite a un entendimiento directo entre el KMT y el PCCh, en su caso validado por la ARATS y la SEF, las dos entidades paraoficiales responsables de la negociación a través del Estrecho, o el Yuan legislativo. La consulta, un procedimiento más democrático,  fortalecería la singularidad política de la isla, claramente diferenciada de un continente donde tanto el debate público como la libre expresión ciudadana presentan severas cortapisas. La Comisión Electoral de Taiwán ha admitido a trámite la petición de consulta y el PDP ha reunido las 15.000 firmas necesarias. Según los últimos sondeos de opinión realizados en la isla, la aprobación de dicho acuerdo se cifra en un 51%, retrocediendo un 16% en relación a 2008, mientras la confianza en Ma y su política (45% y 35% respectivamente) siguen bajando.

 

Puede achacarse a la crisis (los cálculos estiman que la economía de la isla caerá este año un 1,91%) la pérdida de popularidad de Ma. No obstante, no parece ser esta la única causa. En Taipei se reclaman con razón más gestos de Beijing (en concreto, en relación a los misiles que apuntan a la isla) que refuercen la idoneidad de su política ante la ciudadanía. Y Ma debería explicarse más y mejor para vencer las desconfianzas que suscita en un amplio sector social una política que, pese a diferenciar con claridad entre la economía y todo lo demás, quizás requiere algo más de tiempo para no solo vencer las resistencias sino convencer en mayor grado.