Ciclo electoral en Taiwán

In Análisis, Taiwánby PSTBS12378sxedeOPCH

Taiwán vive un año largo. A las elecciones municipales parciales celebradas en el pasado diciembre de 2006 en Taipei y Kaohsiung, se sumarán los comicios legislativos del 12 de enero próximo (previstos inicialmente para diciembre) y las presidenciales del 22 de marzo de 2008. En el plano interno, los enfrentamientos entre los dos polos del mapa político, liderados por el Kuomintang (KMT) y el Partido Democrático Progresista (PDP), los “azules” y los “verdes”, respectivamente, no presentan signo alguno de distensión. Y al otro lado del Estrecho, en Beijing se multiplica la presión y las advertencias respecto al rumbo político de la República de China.

Los resultados de las municipales parciales constituyeron una sorpresa para la oposición. La movilización social contra el presidente Chen Shui-bian y el PDP con el argumento de la corrupción en su entorno, auguraban una derrota sin paliativos de sus candidatos en ambas ciudades (que suman cerca del 20% de la población de la isla). Pero no fue así. En Kaohsiung, el PDP, por una ligerísima diferencia, logró mantener la alcaldía (1) y en Taipei, el ex premier Frank Hsieh, evitó, con un excelente resultado (obtuvo un 40,9% de los sufragios, superior al 35,9% de 2002), el desplome que muchos vaticinaban. Así, la contienda que debía marcar el principio del fin para el PDP se acabó convirtiendo en una rebaja sustancial de la victoria cantada por la oposición y en un fiel reflejo del miedo que abrigan importantes sectores sociales respecto a la unificación, muy superior a la irritación provocada por los manejos corruptos de Chen y su clan (su yerno y su suegro fueron condenados, respectivamente, a seis y ocho años de prisión y su propia esposa está procesada en otro sumario). A Chen le espera la justicia una vez abandone la presidencia ya que la fiscalía dispone de pruebas inculpatorias en el manejo ilegal de fondos reservados.

Con esos resultados, Chen ha logrado pasar página de los momentos más amargos de su mandato, iniciado en 2000, recuperando de nuevo la iniciativa política. Sus propuestas abundan en el rechazo explicito de la unificación con el continente y en el propósito de hacer de Taiwán un “país normal”. La política de taiwanización de Chen incluye el cambio de nombre de las empresas públicas, que harán mención de Taiwán y no de la República de China, la retirada de las estatuas de Chiang Kai-shek de los cuarteles y otras dependencias públicas, la revisión de los manuales de historia para centrarse más en la isla y menos en el continente, etc.

“Taiwán y China son dos países diferentes”, repite hasta la saciedad. El KMT le responde que China sigue siendo la patria de los taiwaneses. Esa identidad dividida determina el ecuador de la confrontación política en la isla. A pesar de ello, el KMT se esfuerza por no dejar en manos del PDP el monopolio de la taiwanización. En el congreso celebrado el 24 de junio último, ha decidido incorporar como prioridad a su programa, la defensa de Taiwán y de los taiwaneses, sin dejar de enfatizar por ello su rechazo tanto a la independencia como al cuestionamiento de la existencia de la República de China. La taiwanización del KMT es objeto de críticas por el PDP, quien la considera una maniobra oportunista y de fachada, si bien muestra la capacidad de atracción y el progresivo arraigo social de su discurso soberanista.

En este largo tiempo preelectoral, los ejes principales de la política de Chen se centran en la promoción de un nuevo texto constitucional que acote los límites de la isla como entidad soberana y el ingreso en Naciones Unidas bajo el nombre de Taiwán (el nombre oficial del país sigue siendo República de China). Ni un empeño ni otro tienen la más mínima posibilidad de salir adelante y mucho tendrían que cambiar las cosas para que así fuera. En el Yuan legislativo, la oposición es mayoritaria y la correlación de fuerzas probablemente poco cambiará en los próximos comicios, que deben dar paso a un Yuan más reducido. En cuanto a Naciones Unidas, es impensable un cambio de criterio que solo sería posible con el beneplácito, prácticamente imposible, de Beijing. Recuérdese que a principios de este mayo fue rechazada la petición de ingreso en la Organización Mundial de la Salud que solo contó con el apoyo de 17 de los 24 aliados diplomáticos de Taiwán. En los últimos siete años (Chen inició su mandato en 2000), Beijing ha bloqueado de forma sistemática cualquier intento de incorporación a organizaciones internacionales, interceptando incluso las solicitudes de visado y tránsito por terceros países de personalidades políticas de la isla, en un ejercicio de una perseverancia asombrosa que ha aislado a Taiwán un poco más. En junio, Costa Rica ha cambiado de bando, lo cual podría presagiar un efecto dominó en la región.

Por qué Chen Shui-bian insiste en estas proclamas políticas inviables? Porque eso le permite marcar la agenda política, situar a la oposición a la defensiva y mantener a su base socio-electoral movilizada y en permanente estado de revista. Chen es consciente de que la isla está prácticamente dividida en dos y que el triunfo del PDP se decidirá, como ha venido sucediendo hasta la fecha, por la mínima. Esa polarización augura un futuro incierto a los proyectos de creación de nuevos partidos (como el liderado por Hsiao Han-chun, de la Asociación de agricultores del distrito de Kaohsiung) o movimientos independientes (el antiguo primer ministro y ex ministro de defensa Tang Fei), cuya principal razón de ser consiste en salir del dilema de unificación o independencia que, a su entender, paraliza el progreso de la isla.

Por su parte, el KMT, que lidera la oposición a Chen, junto al PPP (Partido el Pueblo Primero), ejemplifica propuestas políticas que cabe situar en las antípodas. El modelo económico-social que ambos defienden es prácticamente el mismo. El KMT ha logrado subsistir a la asociación con la época dictatorial, presentándose ante los taiwaneses con una imagen renovada. En él son mayoría los partidarios del statu quo (ni unificación ni independencia) y su no renuncia a la unificación dependerá de la democratización de la República Popular China. Para Chen, incluso ese hipotético futuro es ya agua pasada.

 

Desde Beijing

La política de Hu Jintao en relación al problema de Taiwán es mucho más matizada que la inspirada por su antecesor, Jiang Zemin. En efecto, la táctica de palo y zanahoria se concreta en la reiteración de toda negativa al diálogo con los secesionistas, aquellos que quieren “borrar las raíces chinas” de Taiwán, y la mano tendida a los partidarios de la unificación. La aprobación de la Ley Antisecesión por el Parlamento chino en marzo de 2005 establece los parámetros elementales que inclinarían a China a recurrir al uso de la fuerza. ¿Estaría dispuesta a hacer uso de ella a pesar de sus múltiples contraindicaciones? La unificación es el reverso de la reforma china. Es una cuestión de orgullo nacional y de superación definitiva de las humillaciones del pasado. No habrá cesión en este terreno. Aunque siempre preferirá “vencer sin luchar”, como decía Sun Tzu, el PCCh, lo ha dicho por activa y por pasiva, no tolerará la existencia de un Taiwán al margen de China.

Para evitar la peor de las hipótesis, Beijing dirige su acción en dos sentidos. El primer escenario es el internacional, con especial atención a EEUU y Japón. A ambos reclama el cumplimiento de sus compromisos y recuerda la importancia de no enviar “señales equivocadas” a Taipei que alienten la ilusión del reconocimiento de la independencia. Eso explica la negativa visceral a admitir las visitas de personalidades políticas taiwanesas a estos países, aún siendo a titulo privado, como ha sido el caso reciente del ex presidente Lee Teng-hui, de viaje en Japón (su hermano mayor falleció con el uniforme imperial japonés y es recordado en el Templo Yasukuni junto a numerosos criminales de guerra japoneses), antigua potencia colonial y país que desempeña un papel político y económico esencial en la región. En el curso de la visita, Lee Teng-hui recibió el premio Shinpei Goto, instituido en honor de un antiguo administrador colonial japonés de Taiwán, una distinción que genera un fuerte rechazo en Beijing.

En una reciente videoconferencia convocada por el Club Nacional de Prensa, con sede en Washington, Chen señaló que un Taiwán gobernado por un partido político que mantenga la meta de unificarse con China supondrá un desafío a la confianza mutua y a la base de la cooperación con Estados Unidos, y que un Taiwán soberano constituye un interés a largo plazo para EEUU. China es muy critica con la ambigüedad estratégica de Washington y, sobre todo, con la venta de armamento a la isla, que el PDP justifica por la predisposición agresiva del continente. Ma ha indicado que si resulta elegido presidente de la República en 2008, solicitará a China la retirada de los misiles que apuntan a Taiwán como requisito innegociable para retomar los contactos oficiales.

El segundo frente es el interno. La paradiplomacia china ha instrumentado la llamada “tercera cooperación” entre el PCCh y el KMT, seguida de iniciativas de contacto e intercambio en numerosos campos, con el objeto de aproximar ambas realidades y construir espacios de entendimiento bilateral llenos de contenido y beneficiosos para ambas partes, de forma que ese clima de distensión pueda primar sobre los intentos de Chen de presentar el continente como una fortaleza militar agresiva que en cualquier momento puede atacar la isla y acabar con la pacífica existencia de sus ciudadanos. Seducir a los taiwaneses es la clave primera de la política actual de Beijing, no solo porque siempre ha defendido que el problema debe ser resuelto por los propios chinos, sino porque de ese modo reduce la capacidad de interferencia exterior en el rumbo de los acontecimientos. Las medidas de apoyo a la agricultura o a los empresarios de la isla forman parte de esa estrategia.

Lien Chan, presidente honorario del KMT, ha echado sobre sus hombros la promoción del entendimiento con China continental. Este mismo año ha participado en un nuevo Foro bilateral patrocinado conjuntamente por el PCCh y el KMT, clausurado el 29 de abril y que contó con la participación de casi una treintena de diputados del KMT, además de una larga comitiva de líderes empresariales. En el curso del mismo, las autoridades continentales anunciaron nuevas políticas preferenciales para promover las relaciones bilaterales, especialmente en materia de turismo, comunicaciones y transporte, además de intercambio educativo y juvenil. Lien Chan fue recibido por Hu Jintao, la tercera vez desde que en 2005 se dio inicio a la “tercera cooperación” entre ambas formaciones políticas, después de 60 años de enfrentamiento.

El perfil diplomático es una obsesión peculiar de la política taiwanesa y ha entrado de lleno en la larga campaña electoral. Ma ha visitado en junio India y Singapur en un alarde que contrasta con las dificultades de Chen para mantener a sus tradicionales aliados.

 

Una realidad contradictoria

En su Libro blanco 2007, la Cámara de Comercio Americana en Taipei criticaba a las autoridades taiwanesas por su falta de interés en establecer los vínculos aéreos directos con el continente. Para el ministerio de Planificación y Desarrollo, estas críticas constituyen una “ingerencia en los asuntos internos”. Funcionarios del PDP han condenado la propuesta de revisión de la ley que establece importantes restricciones a las inversiones de alta tecnología taiwanesa en el continente, argumentando los negativos efectos sobre el empleo y la economía de la isla derivados de la probable deslocalización de las fábricas de obleas de silicio y de embalaje y prueba de chips.

Esta tensión coexiste con otra realidad. Según Lai Ching-teh, legislador del PDP, las inversiones realizadas por empresarios de Taiwán en China alcanzaron los 57.500 millones de dólares estadounidenses hasta finales de abril de 2006, y las inversiones de Taiwán en China han constituido el 55,4% de sus inversiones totales en el exterior. El porcentaje ascendió al 62,4% en el período 2002-2006. En el primer trimestre del presente año, el comercio taiwanés con China ha sumado 21,82 mil millones de dólares, con un alza del 12,3% y representando un 21,3% de su comercio total. El continente es la mayor fuente del superávit comercial de la isla.

Por otra parte, los vuelos directos en ocasiones especiales se han integrado en la normalidad bilateral y van en aumento de año en año, tanto en número de unidades como de festividades (no solo durante la fiesta de la primavera, sino también en Qingming o Duanwu). Este año, por ejemplo, ha habido 14 vuelos más que en 2006. Las negociaciones para formalizar estos acuerdos son llevadas a cabo por las asociaciones de aviación de ambas partes sin interferencias gubernamentales.

 

La antorcha de la polémica

Pero casi nada escapa a la polémica. Cuando el pasado 26 de abril se anunció en la capital china el recorrido de los relevos de la antorcha de los Juegos Olímpicos de Beijing 2008, las chispas saltaron en Taipei. Según lo anunciado por las autoridades, la llama olímpica pasaría de Vietnam a Taiwán para seguir rumbo hacia Hong Kong, Macao, Hainan, Guangdong… En Beijing se había procurado que el citado recorrido incluyese a Taiwán de forma tal que se pudiera resaltar una secuencia de clara pertenencia a China. El acuerdo entre los dos Comités Olímpicos se había alcanzado el pasado 18 de abril, después de que una delegación encabezada por el vicepresidente del Comité Olímpico Chino, Hu Jiayan, se reuniera en Taipei con el presidente del Comité Olímpico Chinese Taipei, Tsai Chen-wei. La esencia del acuerdo concretaba un punto intermedio: la llama olímpica llegaría a Taipei procedente de un Estado soberano y se adentraría en el continente pasando por Hong Kong, Macao…

Pero el citado acuerdo se esfumó en cuestión de segundos: las autoridades deportivas de Taiwán exigen que la llama que atraviese la isla no solo proceda de un país soberano sino que se dirija a un tercer país que no sea la China continental. De esta forma, se pretende subrayar el status de Taiwán como estado soberano independiente. En la ruptura del acuerdo muchos ven la mano de Chen Ming-tong, actual presidente del MAC (Mainland Affairs Council), personaje muy próximo a Chen Shui-bian y promotor del concepto de “Segunda República”, que sirve al PDP para calificar el nuevo tiempo político que pretende inaugurar a partir de las elecciones legislativas y presidenciales.

Por su parte, Hau Lung-bin, alcalde de Taipei, valoraba positivamente el recorrido propuesto por Beijing, mientras que las autoridades gubernamentales consideran que minimiza la soberanía de Taiwán. El KMT insiste en que se separen las cuestiones deportivas de las políticas, pero no parece fácil. Desde el PDP se reitera que Taiwán es una “entidad deportiva” independiente y que el nombre que se le debe dar es el de “Chinese Taipei”, utilizado desde hace años en los pocos foros internacionales en los que participa, y no “Taipei China”, como lo denominan en Beijing. Taiwán es miembro del COI y exige que se respete el protocolo olímpico. Sólo permitirá el recorrido de la antorcha si no perjudica la “soberanía” de Taiwán.

Así las cosas, el acuerdo no parece fácil ya que, con los ojos puestos en la próxima cita electoral, el asunto de la antorcha olímpica facilita en Taiwán una clara distinción entre el papel “colaboracionista” del KMT y la firmeza de la actitud del PDP. Nos hallamos, pues, en el pre-tiempo de una disputa que se aventura larga y de incierto resultado. Ni el deporte parece capaz de establecer un campo neutral en el conflicto que enfrenta a China y Taiwán.

 

El calendario inmediato

Las principales formaciones ya han designado a sus candidatos. Por el momento, las citas de enero y marzo próximo se mantienen, aunque pudieran converger en una sola jornada (la “tres en uno”, y que incluiría la celebración de uno o varios referéndum promovidos por el PDP y el KMT).

El gobernante PDP ha nominado al ex primer ministro y alcalde de Kaohsiung entre 1998 y 2005, Frank Hsieh como candidato. Su estrategia se basa en la defensa de la continuidad de un gobierno propiamente taiwanés, ejercido por nativos, frente al KMT, un partido fundado en el continente. En las elecciones primarias internas, Hsieh derrotó a sus tres rivales – la vicepresidenta Annette Lu, el jefe del PDP Yu Shyi-kun y el ex primer ministro Su Tseng-chang.

Ma Ying-jeou, el candidato designado por el KMT, va por delante en la carrera presidencial, pero tiene dos hipotecas. De una parte, el procesamiento por corrupción. Ma, con fama de honesto, fue acusado el 13 de febrero de haber malversado unos 333.000 dólares de un fondo especial de la alcaldía de Taipei que el manejaba discrecionalmente (sobre Hsieh también se han vertido sospechas de haber recibido grandes sumas de donaciones políticas ilegales). Como consecuencia de la inculpación, Ma dimitió del liderato del KMT. De otra, las reservas internas, cristalizadas en la renuncia de Wang Jin-pyng, a acompañarle en la candidatura como vicepresidente. En el Congreso nacional celebrado el 24 de junio se aprobó la elección del ex primer ministro Vincent Siew como compañero de candidatura.

La estrategia del PDP contempla la propuesta de celebración simultánea de un referéndum sobre la incorporación de Taiwán a la ONU con dicho nombre. Li Weiyi, portavoz de la Oficina de Asuntos de Taiwán en Beijing, ya señaló que supondría “la modificación del status de la isla y su separación de China”, cosa que “no toleraremos”. El Departamento de Estado de EEUU también ha criticado esta propuesta, pero Chen parece dispuesto a seguir adelante con ella.

La vida política en Taiwán está bloqueada. El presupuesto de 2007 fue aprobado en junio por el Yuan legislativo y las principales fuerzas se enzarzan en discusiones acerca de si el aeropuerto o el memorial Chiang Kai-shek debe o no ser rebautizado. En mayo presentó su dimisión como jefe del gobierno Su Tseng-chang, quien había asumido el cargo en enero de 2006. Las tensiones han afectado a la reputación de Taiwán, una de las economías más competitivas de Asia que, por primera vez, ha quedado por detrás de China en el informe anual del Institute for Management Development, con sede en Lausanne, Suíza, aunque por delante de Japón o Corea del Sur. Lee Teng-hui, presidente de Taiwán entre 1989 y 2000 y fundador de la UST, ha expresado su rechazo al actual embrollo e impasse que caracteriza la vida política en Taiwán, afirmando que “la democracia no progresa” debido al pulso que mantienen verdes y azules. Mientras tanto, la economía sigue su ritmo y las expectativas de crecimiento para el presente ejercicio superan el 4%. La tasa de desempleo registró en abril un 3,83%, el nivel más bajo de los últimos siete años. Otro tanto acontece con la Bolsa, que en el mes de abril presentaba el curso más alto desde agosto de 2000. La Unión Internacional de las Telecomunicaciones situaba a Taiwán en séptima posición en el ranking mundial de acceso a las tecnologías de información y de comunicación.

La demostrada capacidad de resistencia, unida a la astucia y voluntad soberanista de Chen Shui-bian hacen temer algún tipo de gesto o pronunciamiento por parte de Taipei que pondría en aprietos a Beijing derivando en los próximos meses en una crisis política seria en el estrecho de Taiwán. Su campaña no se limitará a la oportuna elevación del salario mínimo (9,09% desde el 1 de julio) y otras medidas de corte social, sino que se adentrará en el terreno político.

China tiene por delante el XVII Congreso del PCCh, la renovación de las estructuras legislativas a todos los niveles y la ultimación de los preparativos de la Olimpiada de 2008. Muchos asuntos importantes que alientan en el PDP la esperanza de cierta distracción y despreocupación respecto a la evolución política de la isla, además de extremar la prudencia respecto a la adopción de medidas de fuerza que pondrían al mundo en su contra justamente cuando China intenta presentarse como un país moderno y pacífico.

La esperanza de Beijing es que el KMT, su enemigo a muerte de antaño, logre una victoria clara en ambos comicios, pero las opciones están abiertas. Una condena de Ma en la causa instruida contra él por corrupción, allanaría el camino de su rival, Frank Hsieh, ante el descabezamiento de la oposición en vísperas de la contienda. Taiwán debe elegir entre dos caminos y China no las tiene todas consigo.

(1) El 15 de junio, la justicia anuló el resultado de la elección de diciembre en Kaohsiung, aceptando los argumentos de la impugnación del KMT. El PDP ha apelado y si el veredicto se confirma, a la vuelta de seis meses podrían repetirse las elecciones.