El persistente lastre de “los blancos primero” en China

In Noticias, Taiwán by PSTBS12378sxedeOPCH

Durante mis años de universidad en Shanghai, cada vez que iba a un restaurante pequeño cerca del campus con uno de mis amigos, que era estadounidense (intercambiábamos clases de idioma), sentía que estaba asistiendo a un curso de estudios extra escolar sobre “tratamiento nacional exquisito.” Una camarera nos escoltaba a la mesa más limpia, la cual limpiaba aún más con esmero, y siempre regalaba a mi amigo blanco las formas de saludo más conmovedoras antes de tomar su orden. Una simple respuesta suya de “xie xie” arrancaba “oohs” y “aahs” a la chica maravillada, que elogiaba su “excelente dominio” del chino, mientras que yo quedaba desatendido la mayor parte del tiempo, como si me hubieran dado una mano de “pintura invisible. ”


Eso sucedió hace casi 20 años, no mucho después de que China comenzara a abrirse al mundo exterior, cuando la mayoría de los chinos apenas tenía alguna posibilidad de ver a un extranjero en persona. Años después, algunos de mis amigos estadounidenses me contaron entusiasmados sobre su experiencia maravillosa al viajar por China, y cómo, en los sitios turísticos de Beijing, o de algunas otras grandes ciudades, varios chinos de las partes menos desarrolladas del país les pidieron tomarse las fotos con ellos. Todavía entonces yo interpretaba tales actos de interés excesivo hacia los extranjeros como muestras de curiosidad u hospitalidad, las cuales son comunes en nuestra nación.



Según crece el poderío económico del país y la cifra de extranjeros que llegan a China para hacer turismo, estudiar y trabajar, cabría esperar que los chinos traten a sus contrapartes extranjeras con más naturalidad,en tanto que seres humanos iguales. Pero en la realidad, la tendencia de adular a los extranjeros en exceso no da señales de disminuir. Los productos hechos en China deben tener un nombre con resonancia foránea, o deben contar con el favor de los extranjeros, para ser mejores. Mi estómago se retuerce cada vez que veo un anuncio de CCTV en el cual un extranjero que habla un chino extraño alaba una medicina china que estimula la digestión. Casarse con un extranjero, especialmente blanco, sigue siendo el ideal de muchas mujeres chinas. Una amiga que se casó con un ciudadano de EEUU me dijo que la pugna por encontrar a un marido blanco en los servicios en línea es siempre intensa, sin que se le exijan requisitos exactos al Príncipe Azul.

Una encuesta del portal chino sina.com, que interrogó a 2.568 personas en línea, a finales de 2008, podría verter cierta luz sobre el tema. Según el estudio, 60 por ciento de los encuestados dijeron creer que la mayoría de chinos adoran o tienen fe en cualquier cosa extranjera, y al comunicarse con personas de países occidentales desarrollados, la mitad de los interrogados dijeron no sentirse confiados.



Tal carencia de fuerza de espíritu no sólo se limita a los individuos. Se ha ampliado asimismo al mundo empresarial, hasta el punto de que un escritor independiente con sede en Beijing ha observado: “si usted es un blanco en China y usted posee un traje,” tiene garantizado un empleo bien remunerado”.



Mitch Moxley escribió en la revista Atlantic sobre una “excepcional tendencia” que va tomando cuerpo en China, donde las compañías emplean a falsos ejecutivos estadounidenses y de otras naciones occidentales para asistir a eventos, o para pronunciar discursos, sólo con el fin de dar la impresión de que se mantiene una conexión con el mundo occidental. A él le pagaron en cierta ocasión $1.000 por semana, una suma astronómica para cualquier chino, sólo para que actuara como experto en “control de la calidad” de una compañía local en Shandong, para ipresionar a los trabajadores y a la comunidad entera. “La experiencia fue surrealista, pero sucede con asombrosa frecuencia”, observó. “Desempeñarse como falso ejecutivo se ha convertido en una actividad lucrativa para los extranjeros residentes en China.”

Para muchos chinos, el mundo occidental representa lo mejor de todo: abundancia, modernidad, democracia, una civilización avanzada. Nada malo en ello, que conste. Pero sacar como conclusión que los occidentales son mejores seres humanos no puede ser de forma alguna una idea inteligente.


Sólo puedo atribuir esta pensamiento aberrante a la historia moderna del país, plena de humillaciones desde la Guerra del Opio, cuando China fue puesta de rodillas por los cañones y la pólvora occidentales. Después de más de un siglo y medio, mucha gente en esta nación sigue psicológicamente postrada.



Algunos extranjeros pueden discrepar de la existencia de esta mentalidad de “los blancos primeros” entre los chinos, citando sus experiencias desagradables en China, tales como los precios inflados que se les cobran en los sitios turísticos, o en los hoteles y restaurantes. Les sugeriría que vean esos incidente desde el ángulo del humor chino. Tenemos la imagen del dragón como objeto de adoración en templos y palacios. Pero la gente se ríe de ellos cuando ejecutan las danzas del dragón, durante la Fiesta de la Primavera. (Pueblo en línea)