Taiwán en el XIX de Congreso del PCCh Xulio Ríos es director del Observatorio de la Política China

In Análisis, Taiwánby Xulio Ríos

No era poca la expectación  en Taiwán con respecto al tratamiento de las relaciones a través del Estrecho en el marco del XIX Congreso del PCCh, recién concluido. En el largo discurso de apertura de Xi Jinping, las menciones a Taiwán registraron cuatro momentos de aplauso y en el último la ovación fue prolongada.

En cuatro ideas principales podríamos resumir las invocaciones a Taiwán. En primer lugar, no hay duda que en el concepto de “una China rica y poderosa”, el PCCh incluye la culminación de la reunificación. En segundo lugar, la estrategia del PCCh acentuará en los próximos años el ajuste ya iniciado buscando una relación más directa con la sociedad taiwanesa y no tan especial ni dependiente de su alianza con el KMT, ofreciendo contrapartidas atractivas a los taiwaneses que aboguen por expandir la cooperación. Tercero, en los próximos años, China aumentará sus capacidades militares, en buena medida con la mirada puesta en la hipotética solución del problema. Por último, la apuesta prioritaria apunta a la implementación de una táctica de “aplicación de fuerza pero sin llegar a la fuerza”, es decir, de asignación de una presión irresistible que conduzca a una negociación favorable a las pretensiones continentales. En ningún caso cabría hacerse alusiones respecto a un cambio de planes o prioridades que desvalorice la importancia inmediata del asunto de Taiwán para Beijing.

Un taiwanés, Lu Li-an, participó como delegado en el XIX Congreso del PCCh. En este contexto, el Consejo de Asuntos de China continental se refirió a una de los planes más polémicos de Xi Jinping, a saber, el anuncio de que el PCCh estará abierto a los taiwaneses que quieran convertirse en militantes. Ser miembro del PCCh viola el artículo 33 de la Constitución de la isla y puede ser objeto de multas de más de US$16.000.

Desde Taipéi se realizó una lectura moderadamente optimista de las declaraciones de Xi. De una parte, no hubo “calendario para la unificación”  ni tampoco indicios de una inflexión en la presión militar hacia la isla. En todo caso, la insistencia en la aceptación del principio de “una sola China”, o en la fórmula “un país dos sistemas” y en el “Consenso de 1992” era cosa esperada, como también la negativa del gobernante PDP a suscribir dichos planteamientos. Tal realidad pronostica la vigencia del punto muerto en las relaciones a través del Estrecho, lo cual no quiere decir que así vayan a quedar las cosas sin más. No habrá alivio de hostilidad sino que la presión continuará en todos los órdenes, al tiempo que la negativa al diálogo con los partidarios de la independencia. En la agenda no figura en modo alguno la reanudación de los contactos oficiales.

Para el PCCh, la existencia separada de Taiwán es una secuela de las humillaciones que ha debido padecer China a lo largo de los últimos siglos. La superación de esa etapa de decadencia y la culminación del sueño chino de revitalización nacional pasa, entre otros, por la resolución del problema de Taiwán, que no debería ir más allá del momento de la retrocesión del centenario de la retrocesión, es decir, 2045 como mucho.

Xi invocó el reconocimiento pleno del sistema social y el estilo de vida de Taiwán y el talante de su discurso no destacó por una agresividad especial que tantos temían. No obstante, sería un error interpretar esto como una señal de indiferencia o debilidad. Si no hay agenda específica pública, lo cierto es que cabe esperar tanto flexibilidad como firmeza en la posición continental en atención a aquello que mejor facilite la consecución del objetivo máximo. En cualquier caso, los esfuerzos pro-unificación aumentarán en los próximos años. Una China renacida no puede ser una China dividida.

El KMT de Wu Den-yih, menos condescendiente con Beijing que el de su antecesora Hung Hsiu-chu, se hizo eco del discurso de Xi y a diferencia del PDP lo valoró en positivo, instando a la formación gobernante a actuar con realismo y aceptar el Consenso de 1992. El ex presidente Ma Ying-jeou, quien se reunió con Xi Jinping en noviembre de 2015 en un encuentro histórico, dijo no advertir en Beijing una actitud “particularmente dura”.

Pero que nadie se llame a engaño: la tarea de la reunificación es apremiante para el PCCh y Xi Jinping dará pasos significativos en tal sentido, al igual que lo hizo ya en otros ámbitos de gestión. Probablemente no solo no permitirá que la situación actual se eternice sino que buscará el camino para hacer viable una vuelta de tuerca a las expectativas para poner fin a la división actual, empezando por contener lo que considera un plan en marcha para fomentar el alejamiento estratégico y cultural de Taiwán.