Taiwán: la carne de la discordia

In Análisis, Taiwánby PSTBS12378sxedeOPCH

Mientras parecen avanzar a excelente ritmo los signos de afirmación de la distensión en el Estrecho (con la apertura de oficinas de turismo a ambos lados o los anuncios de relajación de las restricciones a los medios de comunicación y de serio impulso al acuerdo de cooperación económica), la situación política en Taiwán no deja de complicarse. Aún sin apagarse del todo el eco de las denuncias de compra de votos en los procesos electorales internos del KMT, una tempestad que afea seriamente la reanudación de la presidencia de Ma Ying-jeou (quien había dimitido en 2007 ante las denuncias de la oposición de uso indebido de fondos públicos durante su etapa al frente de la alcaldía de la capital), ahora llega el turno de la carne.  

La decisión del gobierno de relajar las restricciones sobre la importación de carne bovina de EEUU, asociada a la enfermedad de las vacas locas, ha elevado el tono de la polémica y provocado un sinfín de pronunciamientos. Pese a los desmentidos del gobierno, quien destaca en su argumentario que la propia UE importa de EEUU estos productos, el alcalde de Taipei, Hau Lung-bin, de las filas del KMT, anunció una movilización cívica e institucional contra la decisión. El alcalde de Taichung le ha secundado. Y también varios centenares de tiendas, cifra que podría ir en aumento.  

La decisión irrumpe en la precampaña de las elecciones locales. Quizás la decisión del alcalde de Taipei sea un gesto que obedezca a tácticas electoralistas, al igual que, en sentido contrario, la actitud de la alcaldesa de Kaohsiung, que se desmarca igualmente de su partido, el PDP, quien se ha opuesto al levantamiento parcial del embargo. Pero la polémica está servida. 

Algunos observadores aluden a la posible relación de esta medida con el intento de reanudar las negociaciones comerciales con EEUU sobre el Acuerdo Marco de Comercio e Inversiones, iniciadas en 1994 y paralizadas en 2007, justamente por este motivo. William Stanton, representante del Instituto Americano en Taipei, ha certificado la calidad de los productos estadounidenses, al tiempo que se mostró partidario de reanudar las negociaciones sobre el tratado a finales del presente año. Si no guarda relación, bien lo parece. 

En el problema de la compra de votos, Ma ha reaccionado con relativa rapidez, convocando la repetición parcial de los comicios el próximo 14 de noviembre. La nueva elección puede, ocasionalmente, reparar la imagen del KMT, pero este deberá promover reformas estructurales profundas si quiere evitar su descrédito por unas prácticas muy instaladas en su modus operando y bien alejadas de la normalidad democrática. Solo así podrá encarar con optimismo las próximas elecciones locales del 5 de diciembre y los siguientes desafíos electorales.  

Reiterando que no pondrá en peligro la salud de los ciudadanos, Ma ha defendido la posición de su gobierno en el tema de la carne. El desmentido acerca de las importaciones de arroz genéticamente modificado procedentes de EEUU ha calmado un poco las aguas pero, con las elecciones en el horizonte, la tempestad no arreciará fácilmente. 

A medida que se acelera la aproximación al continente, Taipei necesita compensar la fuerza de atracción de esa tendencia con el blindaje de su relación con EEUU ya que las presiones de Beijing serán cada vez mayores (Washington ha suspendido la venta de aviones caza F-16 a la isla aunque pudiera estar pensando en venderle otro tipo de armas). La diversificación de sus relaciones comerciales con otros países, estableciendo marcos estables de relación que faciliten su inserción económica internacional, es un imperativo insalvable. No obstante, a sabiendas de su creciente debilidad, el precio a satisfacer pudiera llegar a ser muy elevado.