Taiwán se defiende del “poder punzante” de China Embajador Simón Shen Yeaw Ko, Representante Oficina Económica y Cultural de Taipéi en Madrid.

In Análisis, Taiwán by Xulio Ríos

El término “sharp power”, o poder punzante hace referencia a la capacidad de ciertos regímenes autoritarios, como es el caso de China, para traspasar su poder fuera de sus propias fronteras, tratando de influir mediante la censura, la persuasión y la manipulación sobre la voluntad de empresas, gobiernos o cualesquiera otros actores a nivel internacional. El semanario The Economist lo define como el uso de “subversión, hostigamiento y presión, que se combinan para promover la autocensura”.

Ha habido recientes y muy llamativos casos de la puesta en práctica de esta herramienta por parte de China, casi siempre con el doble objetivo de reafirmar su poder mundial y de aislar internacionalmente a Taiwán, su vecino al otro lado del Estrecho, ignorando su soberanía.

Las acciones más llamativas se iniciaron cuando la administración china se dirigió a la empresa hotelera estadounidense Marriott International, a la  que obligó a dejar de tratar a Taiwán, Hong Kong, Macao y Tíbet como países independientes en su página web. Después las amenazas se extendieron a la marca de ropa española Zara y a Medtronic, una compañía estadounidense de dispositivos médicos, por incluir a Taiwán como nación en sus sitios web. Ambos se vieron obligados a cambiar sus webs y a ceder ante el “poder punzante” del gigante chino. Otro de los escenarios más utilizados por China para mostrar su poder ha sido el de ejercer presión sobre las compañías aéreas internacionales, incuso sobre la Asociación Internacional de Transporte Aéreo (IATA). La Administración de Aviación Civil de China exigió que alrededor de 40 aerolíneas internacionales, incluidas la americana United Airlines y la española Iberia, dejaran de referirse a Taiwán como país en sus sitios web, aplicaciones y otro material promocional amenazándolas con la adopción de medidas legales y  procedimientos administrativos severos.

Con esta presión  a empresas multinacionales, el Gobierno chino viola los mecanismos de libre comercio y las normas de la Organización Mundial del Comercio que garantizan que “todas las medidas de aplicación general que afecten al comercio de servicios sean administradas de manera razonable, objetiva e imparcial”.

El poder punzante chino ha tomado también como objetivo gobiernos de terceros países, así como sus ciudadanos, tratando de imponer su visión de “una sola China”. El caso de Australia resulta especialmente llamativo, al haberse visto involucrado en toda una trama de sospechas, grabaciones, espionaje y donaciones con intenciones confusas que han afectado a políticos, partidos y profesores universitarios australianos, siempre con la participación de compañías o empresarios chinos. Casos como el de Australia se han dado también en Nueva Zelanda y Canadá, mientras que en Europa a través de las redes sociales China trata de influir en ciudadanos, funcionarios, políticos y legisladores de países como Alemania y Gran Bretaña.

Estratégicamente, China ha convertido en los últimos años a los países de Europa central y oriental en la llave de entrada para extender los tentáculos de su “sharp power” a las naciones del entorno de la Unión Europea. Y recurre para ello a la financiación de obras de infraestructura e inversiones millonarias por parte de firmas chinas en determinados países carentes. El desembarco de las inversiones chinas en el puerto griego de El Pireo ha convertido a esta zona estratégica en uno de los principales puntos de entrada de  exportaciones chinas en Europa. Mientras, curiosamente, Atenas opta por bloquear declaraciones de condena a Pekín en la UE.

Las redes sociales son un nuevo campo de batalla sin fronteras para desplegar el “sharp power”, en este caso incidiendo sobre la intimidad de las personas y sobre la seguridad nacional de los países. Recientemente se ha conocido cómo Facebook ha permitido que cuatro fabricantes de móviles chinos accedieran a datos de los usuarios sin consentimiento explícito de estos. Mientras Facebook asegura que el acceso estuvo “contralado”, los servicios de inteligencia de los Estados Unidos temen que se trate una maniobra de espionaje, y han activado todas las alarmas para investiga a fondo el caso y sus consecuencias.

El Gobierno de Taiwán ha  tratado de dar a conocer y poner sobre la mesa la existencia y, sobre todo, las indeseables consecuencias de este “poder punzante”, y pide a los Gobiernos de terceros países afectados que hagan cuanto esté en su mano para proteger a sus empresas de amenazas e intentos de censura procedentes de China continental.

La presión ejercida por China sobre Taiwán a través del “sharp power” trata de negar la realidad de que Taiwán posee un Gobierno propio elegido democráticamente y una Constitución propia, y de que China no posee jurisdicción alguna sobre sus 23 millones de habitantes.

Se trata, a todas luces, de un ejercicio propio de regímenes autoritarios que va en contra de valores que deberían ser universales, como la democracia, la libertad y los derechos humanos.