VIII Simposio Electrónico Internacional sobre Política China

El Banco Asiático de Inversión en Infraestructuras

13/04/2015

La creación del Banco Asiático de Inversión en Infraestructuras, sumada a otras iniciativas chinas en el mismo ámbito, sugiere la irrupción de un orden financiero global más diverso y complejo.

1.      ¿A que obedecen estas iniciativas chinas y qué objetivos se plantea Beijing con el BAII?

2.      ¿Qué pesa más en estas propuestas: las necesidades internas de su propia economía o los intentos de ganar influencia global?

3.      ¿Dispone China de la capacidad necesaria para subvertir el orden financiero creado tras la II Guerra Mundial?

Colaboran en este Especial: Gustavo A. Girado (Argentina); Julio A. Díaz Vázquez (Cuba); Luciano Bolinaga (Argentina).

RESPUESTAS de GUSTAVO A. GIRADO, economista y Mg. en RR.II., Coordinador del Observatorio Asia Pacífico de la Universidad Nacional de La Matanza, República Argentina.

1.      ¿A que obedecen estas iniciativas chinas y qué objetivos se plantea Beijing con el BAII?

 Creo que en pocas oportunidades una decisión de tanta envergadura responde a un único motivo. A los que se señalan en la pregunta que sigue (necesidades locales e influencia mundial) añadiría que desde hace un tiempo importante a esta parte, diversas iniciativas (y el Banco constituiría una de ellas) tienden a contrapesar la renovada política de EE.UU. de influir en el Asia Pacífico. Recordemos que el año pasado la RPC se puso a la cabeza del diseño de la construcción de un TLC gigantesco para toda la región del Pacífico. Creo que a la luz de un evento, debe analizarse el otro. Asimismo, los organismos ya existentes no están hoy en condiciones de asistir a las necesidades de infraestructura que tiene Asia, y este Banco aparece con un destino específico (y no múltiple, como el del Banco Mundial o el FMI o el mismo ADB) y así ocuparía un espacio todavía sin cubrir política ni económicamente. 

 2.     ¿Qué pesa más en estas propuestas: las necesidades internas de su propia economía o los intentos de ganar influencia global?

 Lo mencionado antes se ve reforzado por la –hasta ahora- intransigencia norteamericana en participar, poco clara desde el punto de vista político, pero en línea con la confusa proyección externa que presenta esta última etapa de la administración de Obama. El reciente ingreso de Gran Bretaña y de Arabia Saudita pareciera darle marco a la pobre manera en que EE.UU. se está manejando frente a la iniciativa china. Paralelamente, las dificultades que aparecen para reformar las clásicas instituciones multilaterales (la subrepresentación de los BRICS en el FMI ya es un clásico de estas discusiones), dejarían un vasto campo para que emergentes poderosos e influyentes avancen con otro tipo de instituciones, más dinámicas y alejadas de la clásica conducción del hemisferio norte occidental

  3.     ¿Dispone China de la capacidad necesaria para subvertir el orden financiero creado tras la II Guerra Mundial?

 Entiendo que todavía no, en caso que subvertir ese orden sea un objetivo de la política externa china, de lo que no estoy convencido. Las monedas que construyeron el llamado orden de la segunda posguerra, fueron las emitidas por los vencedores, proceso en el cual la libra británica cede aceleradamente el espacio de influencia al dólar norteamericano, convertida luego en la moneda de reserva global. Creo que ese lugar no es todavía un espacio de interés inmediato para la RPC. Presiento que ese eventual ascenso en la pirámide de responsabilidades mundiales conlleva naturales obligaciones que la RPC no tiene intenciones reales, hoy, de cumplir.

 RESPUESTAS de JULIO A. DÍAZ VÁZQUEZ, Profesor Titular (Consultante), Centro de Investigaciones de la Economía Internacional, Universidad de La Habana, Cuba.

1.      ¿A que obedecen estas iniciativas chinas y qué objetivos se plantea Beijing con el BAII?

Ante todo, es imprescindible situar la creación del Banco Asiático de Inversión en Infraestructuras (BAII), impulsado por la República Popular China (RPCh), en un contexto más general. Ya es consenso internacional aceptado que el dominio de 500 años del Atlántico mantenido por Europa –Estados Unidos, en la economía mundial está llegando a su fin. El fiel económico planetario se desplaza a Asia-Pacífico, teniendo a la RPCh, en su epicentro principal. De otra parte, estamos presenciando los intentos de Estados Unidos por mantener su hegemonía económica, política y militar lograda después de la II Guerra Mundial. En otras palabras, desaparecido el mundo bipolar, trata de sostener la batuta en los asuntos mundiales.

En otro plano, es realidad que en la arena internacional se está produciendo un cambio de época: se transita hacía un paradigma digital. La economía mundial debe ajustarse a otros patrones de acumulación. Con ello, las crisis financiero-económicas del capitalismo se hacen más agudas. La irrupción de los calificados de países emergentes, vienen a confirmar que el capitalismo se desarrolla de forma desigual. Así, la RPCh constituye el centro más dinámico de los BRICS (Brasil, Rusia, India, China, Suráfrica). Frente a este panorama, los Estados Unidos ensayan una geopolítica que entorpezca o retrase el surgimiento de polos contestatarios a sus intereses imperiales.  Este es el telón de fondo que explica la iniciativa china de crear el BAII.

 2.- ¿Qué pesa más en estas propuestas: las necesidades internas de su propia economía o los intentos de ganar influencia global?

La fundación del BAII por la RPCh, viene a confirmar el axioma que reconoce que la política externa es continuación de la interna. No puede pasarse por alto que, la política de Reforma y Apertura, introducida a partir de 1979, con el desarrollo de las cuatro modernizaciones (industria, agricultura, ciencia y técnica, defensa), en algo más de 30 años catapultó al país a la segundo economía planetaria. Superar el desigual desarrollo y niveles de vida, que evidencian las variadas regiones territoriales de China, requieren de estabilidad sostenida. A la vez, en la medida que la RPCh gana espacios económicos y el funcionamiento de la economía se integra al mundo, exige optimizar esa vinculación.

 Por otra parte, es verdad de Perogrullo que los Estados Unidos y los países europeos, dominantes en las instituciones financiero-monetarias: Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial (BM), han bloqueado todo tipo de reforma que empoderen a los países emergentes. Este es el caso de la RPCh que, con las mayores reservas de divisas del orbe (3,9 millones de millones de dólares), prácticamente no se le reconoce peso económico en esas organizaciones. Razón que con creces viene a dar fundamento a instituciones como el BAII. Desde luego, esta es una iniciativa que contribuye a afianzar el papel que está llamado a desempeñar la RPCh en la economía internacional. 

 3.- ¿Dispone China de la capacidad necesaria para subvertir el orden financiero creado tras la II Guerra Mundial?

Es claro que la RPCh carece hoy de la capacidad necesaria para sustituir el orden financiero surgido después de la II Guerra Mundial; preceptos moldeados por los Estados Unidos, como potencia capitalista hegemónica. Sin embargo, estamos en presencia de una iniciativa para el mediano y el largo plazo. Sin lugar a dudas, la invitación de China ha tenido un éxito apabullante manifestado en el hecho de más de 40 países optan por miembros fundadores. Participan, entre otros,  Alemania, Francia, Italia, Países Bajos, Suiza, España, Nueva Zelanda, Australia, Corea del Sur, Reino Unido, etc., que participan en el diseño de sus estatutos y contará con un capital social de 100  mil millones de dólares. China aportará el 50%, con reducción en la medida que sumen más países al proyecto. 

Quedan por definir las líneas magistrales que formaran parte de los estatutos del BAII.  En este caso, no faltan las especulaciones en torno a si el Banco fijará  estándares en materia de medio ambiente, lucha contra la corrupción, transparencia y respeto de los derechos laborales, uso del veto, etc. Sin embargo, el producto estrella del Banco, sin dudas, girará en financiar  la red  de transportes, infraestructuras y comunicaciones de las Nuevas Rutas de la Seda y de la Seda Marítima del Siglo XXI, impulsados por China, que permitirán establecer un corredor comercial y económico de un mercado potencial de 4.400 millones de personas,  una conexión  directa entre Oriente y Occidente con más de 2000 años de antigüedad.

 RESPUESTAS de LUCIANO BOLINAGA, Director, Grupo de Estudios del Asia y el Pacífico,  Facultad de Derecho y Ciencia Política, Universidad Abierta Interamericana (Argentina).

1.      ¿A que obedecen estas iniciativas chinas y qué objetivos se plantea Beijing con el BAII?

La estrategia china del goin global está tomando más fuerza y cada vez los objetivos internos de Beijing tienen mayor proyección global. El gran desafío que tiene China por delante es generalizar los beneficios de las reformas financieras y del proceso de modernización. En otras palabras, reducir la creciente disparidad del ingreso al interior de China o la llamada “latinoamericanización de China”.

Esa es la clave para mejorar la legitimidad del PCCh como sujeto conductor del proceso político y para evitar tensiones al interior del sistema político. La apertura de nuevas rutas comerciales hacia el Oeste puede ser operativa en tanto se desarrolle la infraestructura no sólo de China continental (la parte más pobre del país) sino también de los diversos países de Asia Central y Eurasia. Se trata de un impulso más para reabrir la vieja “ruta de la seda” pero con su consecuente adecuación al esquema financiero y comercial vigente en el primer cuarto del siglo XXI.

La estrategia del BAII es, a todas luces, funcional a la expansión de China y a su ascenso como gran potencia: a) continúa deslegitimando la vieja arquitectura financiera internacional centrada en el FMI y el BM; b) demuestra que las instituciones financieras internacionales pueden operar sin el liderazgo de Estados Unidos, ni del dólar; c) contribuye a la lógica del “ascenso pacífico” y, por tanto, permite desarticular hipótesis de tensión y conflicto con un Beijing expansionista.

2.      ¿Qué pesa más en estas propuestas: las necesidades internas de su propia economía o los intentos de ganar influencia global?

En realidad, no veo que tengan que ser contradictorias sus necesidades internas y su afán por ganar influencia global. De hecho, creo que son complementarias. La legitimación del PCCh se ha nutrido en las últimas tres décadas en el éxito de la modernización económica. De modo que, el PCCh sabe que puede desacelerar el crecimiento económico pero no prescindir de éste. China necesita contener las fuerzas centrífugas que favorecen la fragmentación política (Xinjiang, Tibet, entre otras). La clave del crecimiento económico -en su actual fase- recae sobre el acceso y el control de los recursos naturales estratégicos necesarios para mantener ese proceso modernizante en el tiempo. En este sentido, la política alimentaria y energética de China ha cobrado una proyección internacional sin precedentes y redobla la apuesta por una China cada vez más integrada a la economía capitalista global. En suma, no parece haber contradicción. Es decir, las necesidades internas de la economía china se nutren de la creciente influencia global de China. La inversión en infraestructura facilita la expansión de los vínculos comerciales, pero al mismo tiempo también la extracción de materia prima vital al proceso industrial chino.

 3.      ¿Dispone China de la capacidad necesaria para subvertir el orden financiero creado tras la II Guerra Mundial?

Algunos datos para considerar. China es el tercer emisor de inversión extranjera directa a nivel mundial y el principal tenedor de divisas internacionales. Es la economía que más pesa en el esquema de comercio internacional, el principal productor de manufacturas a escala global. Recientemente, según el FMI, ya superó a Estados Unidos en términos de PBI mensurado según la Paridad del Poder Adquisitivo. La propuesta del ABII fue formulada por el presidente chino –Xi Jinping- en octubre pasado. La reunión en la que se aprobó la creación del BAII tuvo lugar en Beijing. La sede del BAII estará en Beijing. China aportará la mitad de los fondos a la institución. En pocas palabras, “todos los caminos conducen a Beijing”.

De esa lectura de información es claro que China ya está revirtiendo no sólo el orden financiero creado tras la Segunda Guerra Mundial sino también del orden internacional, en sentido puro. Ha emergido una nueva configuración de poder con eje en el Pacífico Norte, donde la relación bilateral entre China y Estados Unidos determinará la inestabilidad o la estabilidad del sistema. Hasta hoy Beijing y Washington han desempeñado roles de socios, competidores y hasta enemigos. Pero siempre fue claro que se necesitaban mutuamente para administrar el orden internacional. Más aún, la ubérrima superioridad militar de los Estados Unidos hace pensar que en el corto plazo resulta imposible pensar un esquema de poder sin que uno de sus ejes esté en Washington.

Lo nuevo es que China ha comenzado a generar marcos institucionales en los cuales Estados Unidos no tiene forma de ejercer la influencia que otrora hubiera desplegado sobre la arquitectura financiera internacional emergida de Bretton Woods y del ordenamiento político nacido en San Francisco.

La apreciación que podemos formular es la siguiente. China no cuenta aún con plena capacidad para subvertir el orden financiero internacional nacido de la IIGM, pero claramente se ha orientado hacia tal objetivo para lo cual mantener en el tiempo su crecimiento económico es esencial. Es decir, en el éxito de la modernización económica no sólo se juega la legitimidad del PCCh como sujeto conductor del proceso político chino sino también la posibilidad de desarrollar la capacidad necesaria para revertir aquel esquema financiero internacional nacido en Bretton Woods y que poco tiene que ver con el mundo centrado en el Pacífico, en el cual nos encontramos hoy en día.

OPCh, 13 de Abril de 2015

 


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