China en Europa:Avance estratégico, alianzas, hegemonía y "puentes" hacia América Latina

15/07/2017 Rubén Laufer, Universidad de Buenos Aires (U.B.A.). Facultad de Ciencias Económicas. Instituto de Estudios Históricos, Económicos, Sociales e Internacionales (IDEHESI). Programa de Estudios de Historia de las Relaciones Internacionales de América Latina (PEHRIAL). rbnlauf@gmail.com

La Unión Europea es el mayor socio comercial de China y ésta es el segundo socio mayor de la UE. Se consolida aceleradamente la alianza estratégica que Beijing va tejiendo tanto con las potencias de la UE como con los socios comunitarios menores. Con los efectos todavía vigentes de la crisis económica mundial iniciada en 2007, y tras la decisión británica de abandonar el proyecto comunitario europeo (Brexit), el vínculo entre China y Alemania se torna núcleo de un alineamiento económico y político capaz de competir mundialmente con la declinante potencia norteamericana, y apunta a la posible conformación de un eje euroasiático Beijing-Moscú-Berlín como nuevo polo hegemónico mundial.

Aunque la alianza chino-europea amenaza también a la UE con tendencias que ya se traducen en déficit comercial y debilitamiento industrial, mediante el faraónico proyecto de "la Franja y la Ruta de la Seda" la burguesía monopolista china tienta a las dirigencias europeas con los enormes beneficios de un emprendimiento que podría traccionar hacia adelante la economía europea y mundial y recomponer las deterioradas tasas de ganancia.

Paralelamente, dirigencias de los países europeos con antiguo arraigo en América Latina son atraídas por la posibilidad de constituirse en intermediarias y socias activas para el arribo masivo del capital de la ascendente potencia china a la región.

El Desarrollo Social en la Asociación Estratégica Integral China-Venezuela

10/05/2017 Jorge A. Dias de Barros, Licenciado en Ciencias Actuariales egresado de la Universidad Central de Venezuela (2014). Profesor de los Departamentos de Estadística y Probabilidad y de Actuariado de la Escuela de Estadística y Ciencias Actuariales de la UCV. Jefe (E) de la Cátedra de Estadística del Departamento de Estadística y Probabilidad, y de la Cátedra de Seguros del Departamento de Actuariado. Profesional Actuarial de la Superintendencia de la Actividad Aseguradora. Participante en el Programa de Formación e Investigación: Análisis y medición de la economía venezolana desde la perspectiva marxista organizado por el Banco Central de Venezuela y la Escuela Venezolana de Planificación como investigador del Instituto de Altos Estudios Bolívar-Marx.

La investigación plantea la revisión inicial de los aspectos en materia de política social delineados en la concepción de las relaciones internacionales China y América Latina y el Caribe que permiten colocar en evidencia la necesaria trascendencia que debe asumir el Desarrollo Social como tema fundamental en la agenda del esquema de Cooperación e Intercambio China-Venezuela, fundamentado en el desarrollo en cooperación y el ganar-ganar previsto en las relaciones internacionales de la República Popular de China y en la promoción de la integración de los gobiernos y los pueblos impulsada por la República Bolivariana de Venezuela.

Con ello se pretende introducir al estudio de los actuales esquemas institucionales y la situación del financiamiento de la seguridad social en la República Popular China en el marco de la concepción del XII Plan Quinquenal de Desarrollo Económico y Social, con el fin de perfilar elementos de absoluta referencia para la República Bolivariana de Venezuela en esta materia, y que han sido delineados en términos generales en el Plan de la Patria segundo Plan Socialista de Desarrollo Económico y Social.

Lo anterior apertura un tema de relevancia para materializar lo que se ha descrito como la Integración Social en la relación binacional, la comparación de los actuales esquemas institucionales y de financiamiento de la seguridad social en China y Venezuela, a los fines de vislumbrar los actuales y futuros desafíos que se presentarán en la política social de ambos países en el marco de lo que en sus respectivos planes nacionales se ha reivindicado como la felicidad del pueblo y la mayor suma de felicidad posible, y la construcción de sus proyectos de signo socialista con peculiaridades nacionales.

Venezuela: ¿Alianza o Amenaza?

07/05/2017 Aymara Gerdel, venezolana, licenciada en Ciencias Estadísticas egresada de la Universidad Central de Venezuela (UCV). Actualmente estudia las relaciones comerciales venezolanas con dos potencias mundiales en materia petrolera, China y Estados Unidos en la Especialización en Gobierno y Política Pública. También, es profesora de la Escuela de Estadística y Ciencias Actuariales de la UCV en las asignaturas Sistemas de Información Estadístico y Estadística de la Actividad Petrolera. Es miembro de la "Comunidad OPCh".

Estados Unidos y China en la actualidad constituyen las dos principales potencias económicas mundiales y Venezuela mantiene relaciones comerciales con ambas potencias en materia petrolera. En este contexto,  Estados Unidos figura como su principal socio comercial desde el siglo XX hasta la actualidad, seguido de China quien en el siglo XXI se ha convertido en el segundo mayor comprador de petróleo venezolano en el mundo. Asimismo, Venezuela constituye el tercer proveedor más importante de petróleo para Estados Unidos y el séptimo para China.

China y Estados Unidos: contexto y coyuntura

26/04/2017 Xulio Ríos es director del Observatorio de la Política China.

Confusión y desconcierto a partes iguales parecen caracterizar las relaciones de China y EEUU en el arranque de la presidencia Trump. Durante la Administración Obama, Beijing y Washington, en medio de dinámicas que alternaban la contención y la cooperación, recondujeron sus diferencias a la multiplicación de diálogos al más alto nivel con el fin de reducir al mínimo las sorpresas y gestionar los posibles desacuerdos limitando los efectos indeseados. Ese mecanismo tenía como telón de fondo una realidad de intensa interdependencia económica que les obligaba a cooperar para evitar males mayores. Trump quiso hacer borrón y cuenta nueva con esos mecanismos pero tras el encuentro con Xi Jinping en Florida se dio vio libre a una reedición ajustada y cuyo recorrido debe iniciarse pronto.

Las críticas de Trump a China durante la campaña electoral hacían presagiar un relativo repunte de las tensiones, especialmente en lo económico. La cuestión del déficit comercial, de la presunta manipulación de la divisa china, la deslocalización de empresas estadounidenses y su impacto en el empleo local, la imposición de elevados aranceles a las importaciones chinas, etc., aventuraban conflictos hasta el punto de que la hipótesis de una guerra comercial llegó a asomar de forma alarmante en el horizonte. Estas sombras ofrecían a China una compensación importante, el aparente desinterés por las cuestiones estratégicas y un replanteamiento profundo, aunque sin alternativa clara, de las opciones para Asia-Pacífico. Por lo demás, la historia contemporánea de las relaciones sino-estadounidenses evidencia que cualquier cambio de Administración implica siempre tensiones iniciales que más tarde se reconducen con mayor o menor fortuna y efectividad a la senda de la normalidad.

Paradójicamente, las primeras semanas de Trump en la Casa Blanca discurrieron sin apenas alusiones a los diferendos económicos, adquiriendo un tono extrañamente bajo en comparación con otras promesas electorales, mientras que las cuestiones estratégicas pasaron a primer plano. De una parte, el anuncio del abandono del Acuerdo Transpacífico (TPP) sonó a música celestial en China. Beijing, excluido del TPP, diagnosticó este acuerdo como parte de una tenaza contra su emergencia que incluía igualmente el fortalecimiento de los vínculos y alianzas militares con algunos países de la región. El hipotético fracaso del TPP, que Japón, entre otros, no da por enterrado, aumentaba paralelamente las oportunidades para el RCEP, la Asociación Económica Integral Regional que China promueve en base a un modelo de cooperación e integración que no le obliga a sacrificar pilares esenciales de su sistema económico y político.

De otra, el epicentro del debate bilateral se enfocó en tres talones de Aquiles de China. Primero, Taiwán; segundo, el Mar de China meridional; tercero, Corea del Norte. El cuestionamiento de la política de Una sola China por parte de la Casa Blanca, manifestado con la difusión de la conversación telefónica con la presidenta Tsai Ing-wen y las subsiguientes declaraciones públicas, franqueaba una línea roja de la diplomacia del gigante asiático. Las quejas por las acciones chinas en los islotes del Mar de China meridional, por el contrario, no suponían una novedad, aunque Beijing parecía mostrarse conforme con los avances experimentados en los últimos años y se aprestaba a aprovechar la oportunidad brindada por la Filipinas de Rodrigo Duterte, quien dio un pronunciado giro a la relación de confrontación con su vecino durante la presidencia de  Benigno Aquino III, para propiciar un mayor diálogo con los países ribereños. Por último, la tensión de EEUU con Pyongyang subió enteros en un entorno en que las protestas chinas (y rusas) por el despliegue del sistema antimisiles estadounidense THAAD en Corea del Sur añadían incertidumbre al futuro de Asia oriental. Estos tres frentes son de capital importancia estratégica para Beijing y en todos ellos EEUU, aunque se encuentra a miles de kilómetros de distancia, tiene mucho que decir.

Xi Jinping y Donald Trump hablaron varias veces por teléfono, antes y después de la cumbre de Florida. La frecuencia de estas interacciones en tan breve espacio de tiempo es un hecho inusual. En respuesta, la Casa Blanca parece optar por combinar la “concesión” de no calificar a China como “manipulador de moneda” o la moderación de las críticas económicas con las exigencias de que Beijing “ate en corto” al líder norcoreano Kim Jong-il. Por el momento, China, descontenta en los últimos años con el proceder del joven Kim, parece seguir su “consejo”. No solo no ha recibido al actual reinante Kim en Beijing sino que multiplica los mensajes incentivando su responsabilidad y moderación: desde el apoyo a las sanciones acordadas en el Consejo de Seguridad de la ONU a la realización de ejercicios militares de importante escala en la frontera con Corea del Norte. Con todo, las posibilidades de recuperación del diálogo hexagonal que promueve China para la desnuclearización de la península coreana son remotas a día de hoy.

El contexto

Los modelos económicos de China y EEUU no son antagónicos. Desde la normalización de relaciones diplomáticas (1972) y tras el inicio de la política de reforma y apertura (1978), ambos países se han complementado. Muchas empresas estadounidenses se han beneficiado de la mano de obra barata china y de las ventajosas condiciones arbitradas para atraer el capital exterior. El abultado déficit comercial de EEUU con China esconde los pingües beneficios alcanzados por las industrias estadounidenses en el gigante asiático. Los avances hacia el mercado que plantea la actual fase de la reforma china no alejan esta confluencia aunque el PCCh insista en el mantenimiento de un sector público poderoso y firmemente instalado en los ámbitos estratégicos (comunicaciones, energía, transporte, banca, etc); por el contrario, abre la posibilidad de una nueva oleada de inversiones estadounidenses en el país. El liderazgo chino juega con este atractivo para fomentar la presión de ciertos segmentos del mundo empresarial estadounidense a fin de moderar las invectivas de la Casa Blanca. El negocio, primero.

En lo político, subsisten diferencias importantes. El PCCh ha aceptado el mercado –sin renunciar a la planificación- pero rechaza cualquier hipótesis de evolución hacia una democracia plural de corte occidental. Cuando se invoca el Estado de derecho o el imperio de la ley, como ahora ocurre con mayor profusión que nunca, en China no se imagina una transición hacia la división de poderes sino la disposición de instrumentos para reforzar la hegemonía socio-política del PCCh. Y cuando éste habla de profundizar la democracia quiere alargar la base de las decisiones públicas a través de la potenciación de mecanismos consultivos o deliberativos pero no coquetear con el modelo occidental. Que más economía de mercado conduzca inexorablemente a una democracia pluralista no es una ecuación que funcione en China y menos ahora cuando los agrandados déficits de la democracia occidental proporcionan argumentos de grueso calibre para evitar el secuestro de la democracia por parte de los grande poderes económicos y financieros. En la economía china no manda el mercado, manda el Partido.

En lo ideológico, pese a los avatares de una realidad a veces tan contradictoria producto del hibridismo sistémico, el PCCh insiste en sus afanes originales, adobados con una importancia creciente de la cultura china en su imaginario, tomando en ello clara distancia con el maoísmo. El compromiso con la educación marxista o con el leninismo coexiste con una reivindicación de lo culturalmente propio y todo ello forma parte de una adaptación a las especificidades civilizatorias del país. La suma de ideologías del PCCh excluye en cualquier caso el liberalismo de corte occidental.

En el plano exterior, el incremento de las capacidades económicas del país sugiere una demanda creciente de un mayor papel en las decisiones globales y en los mecanismos que rigen la gobernanza mundial. China intenta conducir esta reivindicación evitando la Trampa de Tucídides pero exigiendo de los países más desarrollados que tengan en cuenta las transformaciones que ha experimentado la realidad global. El escaso eco de sus demandas, visiblemente plasmado en las reticencias expresadas para introducir pequeñas reformas en organismos como el FMI o el BM, explica en cierta medida el auge de sus proyectos internacionales, desde la Organización de Cooperación de Shanghai a los BRICS y su Nuevo Banco de Desarrollo, la promoción de la Franja y la Ruta de la Seda o la creación del Banco Asiático de Inversión en Infraestructuras. Pese al escepticismo occidental respecto a estas formulaciones, es más que probable su consolidación a medio plazo.

En suma, siendo evidente que a China y EEUU le distancian aspectos relevantes de sus realidades estructurales, sus niveles de contradicción son relativamente manejables en tanto en cuanto ambos reconozcan sus diferencias y aboguen por evitar la confrontación. El eje último y fundamental de esa ecuación nos remite a la cuestión de la soberanía. China nunca renunciará a ella y en ello radicará una fuente de conflicto principal y difícilmente eludible. Claro está que el hecho de que Beijing descarte cualquier misión ecuménica que enfrente directamente a sus posibles aliados con el hegemón occidental es un potente amortiguador que facilita las cosas.

La renuncia a la búsqueda per se de la hegemonía global no parece en el caso chino responder a una decisión de coyuntura marcada por la necesidad de atender a los muchos imperativos internos que le demandan atención sino a una convicción ideológica y política que alienta otro modelo de relaciones internacionales. China busca socios para sus proyectos y no tanto aliados, como antaño, para propagar su discurso. Incluso en lo económico, respecto a aquellos países que se dicen ideológicamente cercanos (Venezuela, pongamos por caso) y que buscan en su experiencia patrones asimilables, Beijing insiste en la importancia de establecer caminos propios al desarrollo. No hay modelos universales aun cuando las propuestas de liderazgos homólogos puedan ofrecer altos niveles de propósito similar.

La insistencia china en la defensa de su soberanía nacional ya quedó de manifiesto con la negativa a integrarse en un hipotético G2, sugerido por la secretaria de Estado Hillary Clinton. Y es el principal motivo que puede alentar una confrontación sin retorno entre EEUU y China. A fin de cuentas, Washington comprende que de no producirse una crisis grave, China será en pocos años la primera economía del mundo y eso tendrá inevitables consecuencias en numerosos planos, incluido el militar. Lo que si le preocupa es que esa China number one, aunque se avenga a llegar a acuerdos con actores clave en asuntos determinantes –cambio climático, por ejemplo- se conduzca internacionalmente de forma autónoma y aliente así actitudes similares por parte de otros países. Una China a modo de Japón grande en Asia no plantea dificultades irresolubles para EEUU a corto plazo. Una China económica y militarmente más poderosa puede sostener un proyecto político e ideológico autónomo en el concierto global y promover otra agenda. Eso si supone un revés para la hegemonía estadounidense y la sitúa en clara perspectiva de pérdida de influencia.

Evolución

Con tal contexto de fondo, ¿cómo pueden evolucionar las relaciones sino-estadounidenses? Podemos opinar con más fundamento de los objetivos de China en la relación que de la actitud estadounidense, hoy un tanto volátil. Solo si, como cabe esperar –y quizá ya se está viendo-, los poderes fácticos en EEUU empujan progresivamente a Trump a la senda de la política tradicional, cabría esperar cierto continuismo del binomio cooperación-contención. Aun así, si como algunos observadores sugieren, Trump quiere utilizar en el corto plazo el factor estratégico para lograr concesiones en el ámbito económico y comercial, podríamos hallarnos ante situaciones peligrosas e imprevisibles sin descartar inflexiones de gran alcance, por ejemplo, en relación a la cuestión taiwanesa, que será clave en los próximos años. En Taipéi, hoy gobernado por el soberanista Minjindang o PDP, se teme que la Casa Blanca les utilice como moneda de cambio en las negociaciones con China continental.

Por su parte, es claro que a China le interesa evitar los sobresaltos en cualquier plano y que cualquier evolución se lleve a cabo de forma ordenada y estable. Intentará por todos los medios trascender la confrontación y abrir paso al diálogo en las cuestiones más espinosas de la índole que sean. Sabe que el tiempo es su aliado y que este periodo, tanto por circunstancias internas como externas, resulta en extremo complejo y delicado pero también decisivo para poder cumplir con la tarea histórica de la modernización del país, eso que Xi Jinping llama ahora “el sueño chino”.

Pero China se preparará igualmente a marchas forzadas para afrontar cualquier contingencia. El desenlace de la cuestión coreana le aboca a tomar las riendas del contencioso en mayor medida para evitar verse sorprendida por un conflicto incontrolado a sus propias puertas. En el Mar de China meridional cabría esperar cierto impasse en sus políticas más incisivas para primar el entendimiento con los demás países que reivindican su soberanía sobre los archipiélagos en disputa.

Conclusión

Pese a que muchos focos en Occidente centran su atención en el binomio Washington-Moscú, la relación China y EEUU ganará importancia en los años venideros en cuanto atañe a la estabilidad global en todos los órdenes. No es previsible el estallido de una guerra comercial pues de ella se depararían costes inasumibles para ambas partes. Por el contrario, los diferendos estratégicos pueden seguir aumentando. Los proyectos regionales e internacionales de China plantean retos de grueso calibre a EEUU y sus aliados, primeramente en la propia región asiática.

Cabe esperar que Beijing, sin dejar de mejorar su defensa, siga apostando por la economía como punta de lanza de su estrategia de incremento de la influencia global. Por el contrario, Washington no podrá renunciar al valor de lo militar. Esto provocará enormes disyuntivas en países y regiones clave. Para muchos, esa dicotomía entre economía (con China) y seguridad (con EEUU) constituye un dilema permanente pero a medida que el peso de la economía del gigante asiático se vaya fortaleciendo y disponga de la inteligencia precisa para construir marcos multilaterales de diálogo que diluyan las reticencias de algunos socios, la situación podría experimentar cambios drásticos.

La presidencia Trump, dure lo que dure, pone el acento en el unilateralismo confiando en que actúe como la poción mágica que le permita recuperar posiciones en el escenario global atendiendo a la primacía de sus intereses, justamente cuando aun no se han apagado los ecos de la mayor crisis financiera de las últimas décadas y que tuvo su origen en EEUU. En un mundo tan interdependiente, esta invocación a la fuerza del egoísmo, en realidad refleja su creciente debilidad. Indudablemente, EEUU sigue siendo una superpotencia y dispone de innumerables atributos y capacidades para hacer valer sus propósitos, sin embargo, la ignorancia de los intereses de terceros puede erosionar de forma sustancial su liderazgo global. Las inéditas escaramuzas con sus socios europeos lo han puesto de manifiesto.

En su relación con EEUU, China mira más allá de la coyuntura y apunta al contexto. Esa altura de miras le confiere cierta ventaja en la gestión de las diferencias pero no evita del todo la posibilidad de que en cualquier momento la imprevisibilidad y fluidez creciente de importantes escenarios y el resurgimiento de tendencias de nefasto recuerdo (como el militarismo en Japón) compliquen severamente sus expectativas. 

Europa en la estrategia de la nueva ruta: alianza Alemania-China

14/03/2017 Msc. Angel Rodríguez Soler y Msc. Sunamis Fabelo Concepción, Centro de Investigación de Política Internacional, La Habana, Cuba.

Europa es una de las prioridades estratégicas de China, en su proyecto de la Nueva Ruta de la Seda, ya gestiona parte del puerto de El Pireo, multiplica sus proyectos en Grecia, país que quiere convertir en su centro de actividad hacia los Balcanes y el sur de Europa, se incrementa sus inversiones en Alemania y Reino Unido, el servicio de tren entre Yiwu, en la costa oriental de China, y Madrid es el símbolo del cambio geopolítico, con sus 13.000 kilómetros de recorrido convierten esta red férrea en la más larga del planeta. 

Innovación: Eje clave del diálogo futuro China-América Latina

14/03/2017 Fernando Reyes Matta, Director del Centro de Estudios Latinoamericanos sobre China. Universidad Andrés Bello. Chile

En junio de 2014, el Presidente Xi Jinping  hizo una afirmación categórica: “Debemos poner la innovación científico-tecnológica en el centro de nuestro desarrollo nacional, acelerar el diseño al más alto nivel de la estrategia de desarrollo impulsado por la innovación, y debemos tener mapas de ruta e itinerarios para las tareas más importantes”. Junto con ello señalaba una manera de relacionarse con el mundo en este ámbito, lo cual cabe observar con especial interés desde América Latina y el Caribe: “Debemos participar con más iniciativa en los intercambios y colaboraciones científico-tecnológicas internacionales, y aprovechar bien los recursos tanto nacionales como internacionales”.

Las relaciones entre Estados Unidos y China: ¿Necesidad de un Cuarto Comunicado Conjunto?

14/03/2017 Luis M. Lalinde, Doctorando en Filosofía y Letras (UA) y licenciado en Estudios de Asia Oriental (UOC), Historia (UA), Antropología Social y Cultural (UMH), y Humanidades (UA). Posee el Máster en Asia Oriental: Experto en China Contemporánea y RRII; Máster en Estudios de China y Japón: Mundo Contemporáneo; y Máster en Profesorado en ESO; así como un Postgrado en China y el Mundo chino.

En el presente trabajo realizaremos un breve recorrido histórico de las relaciones entre Estados Unidos y China; y de cómo éstas, tras el fin de la Guerra Fría, precisan de un nuevo Comunicado Conjunto para dar certidumbre y apuntalar dichas relaciones en el nuevo contexto internacional que, sobre todo, destaca por el nuevo y creciente estatus internacional del coloso asiático. Por ahora segunda economía mundial y con vistas a tratar de tú a tú, e incluso superar, al gigante estadounidense.

Cooperación energética entre Rusia y China: geopolítica y pragmatismo

14/03/2017 Kenia María Ramírez Meda, Profesora/investigadora de tiempo completo en la Licenciatura en Relaciones Internacionales en la Universidad Autónoma de Baja California, Facultad de Ciencias Sociales y Políticas, Mexicali, México.

El presente trabajo tiene como objetivo evidenciar los principios que guían la cooperación energética entre Rusia y China, específicamente aquella que tiene que ver con el gas natural y el petróleo. Se afirma que, los principios que guían a ambos están marcados por dos importantes vertientes que son; el pragmatismo y la geopolítica.  En el primer apartado se desarrollan ambos enfoques teóricos para determinar porque  son tan importantes en la toma de decisiones en cuanto al mercado energético  se refiere, posteriormente se realiza un recuento de las acciones y mecanismos que Rusia y China han utilizado para reafirmar su cooperación energética enfatizando las motivaciones geopolíticas y el pragmatismo. Se concluye que para ambos países, la concepción de su cooperación energética no puede ir disociada de los temas geopolíticos  puesto que, para ambos el gas natural y el petróleo  representan una importante herramienta de poder con la que obtienen capacidad de negociación. Por otro lado gracias a sus políticas exteriores de tipo pragmático consolidan el establecimiento de una alianza estratégica conjunta que les permite potenciar de manera más óptima el ejercicio de sus recursos de poder.

El sector ferroviario y la iniciativa OBOR, mecanismo transcontinental estratégico para el posicionamiento geoeconómico de China en Europa y Asia.

14/03/2017 Raquel León, Juan Carlos Tello Prior y Samantha Montiel, Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (México)

El presente trabajo se enfoca a la importancia que tiene la conjugación de dos factores importantes para China: por un lado, su liderazgo en el sector ferroviario, y por otro, el impulso a la iniciativa One Belt, One Road (OBOR), como elementos que coadyuvan al posicionamiento geopolítico de China a nivel transcontinental. Por lo tanto, este trabajo pretende medir los alcances de este observable a través de la conjugación de elementos de Relaciones Internacionales y Negocios Internacionales vía la importancia de la política comercial de la República Popular China.

Uma Faixa, Uma Rota: visão e ações da estratégia chinesa

14/03/2017 Anabela Rodrigues Santiago, Mestre em Estudos Chineses, especialização em Economia e Negócios da China, pela Universidade de Aveiro. Licenciada em Línguas e Relações Empresariais pela Universidade de Aveiro.

A República Popular da China, no seguimento das suas políticas diplomáticas, e com o objetivo de manter um crescimento sustentado da sua economia, encetou em 2013 uma estratégia denominada “One Belt, One Road”, ou em português, “Uma Faixa, Uma Rota”, conhecida ainda como a Nova Rota da Seda. Essa estratégia está atualmente inserida no 13º Plano Quinquenal do Partido Comunista Chinês que assenta ele próprio em dois conceitos-chave (crescimento sustentado e equidade social) e traça metas muito ambiciosas no que toca à criação de infraestruturas para o comércio livre e para a interconetividade entre os povos. Este artigo pretende esclarecer em que consiste essa estratégia, quais os seus objetivos principais e o que está a ser feito para os atingir em termos políticos, económicos e sociais. Pretende-se também dar a conhecer qual o possível impacto dessa estratégia a nível externo, para a Europa, para os EUA e continente africano, num mundo cada vez mais globalizado.


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