“China tiene una idea clara de sus prioridades en América Latina”

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Entrevistamos a Wei Qiang, director general para América Latina del Departamento de Enlace Internacional del Partido Comunista de China (PCCh). Con él abordamos el actual contexto de las relaciones China-América Latina tras la aprobación de un nuevo documento de política para la región, pormenorizando en el papel del PCCh en el desarrollo de dicha relación.


Entrevista a Wei Qiang, director general para América Latina del Departamento de Enlace Internacional del Partido Comunista de China (PCCh)

China dio a conocer en noviembre pasado un nuevo documento de política para la región latinoamericana, ¿qué novedades destacaría?

            R: Me parece importante destacar en primer lugar, como factor incidente en el lanzamiento del nuevo documento de política china para Latinoamérica y el Caribe, las nuevas circunstancias que rodean hoy por hoy la empresa de la cooperación entre China y aquella región, o regiones, mejor dicho.

Una de esas circunstancias consiste en la llamada nueva normalidad económica china. Es decir, tras varias décadas de crecimiento a un ritmo espectacularmente vertiginoso—tasas cercanas o inclusive superiores al doble dígito–, la economía china desde hace cosa de un lustro ha entrado, inexorablemente, en virtud de las propias leyes inherentes del desarrollo, en un estadio nuevo, caracterizado primero por unas tasas de crecimiento medio-altas, estabilizadas alrededor del 6,5%, una cifra todavía nada despreciable, máxime cuando se tiene en cuenta el tamaño actual de la economía china, la segunda del mundo tras la estadounidense, pero claramente tendiente ya a la moderación, y luego por la necesidad de reemplazar los antiguos motores principales que jalaban el crecimiento—cuantiosas aunque no siempre costo-efectivas inversiones en activos fijos, manufacturación eminentemente orientada a la exportación, estímulo de la demanda interna a base de cualquier cantidad de productos cuya calidad, sin embargo, solía dejar bastante que desear para una población de creciente capacidad consumidora, etc., por unos motores de nuevo tipo, más aptos a la nueva normalidad, a saber, la innovación y la reforma estructural para mejorar la calidad de la oferta. En otras palabras, calidad por encima de la cantidad, eficiencia por encima de la velocidad, y racionalidad y sustentabilidad en lugar de cortoplacismos.

Simultáneamente, una mirada al panorama económico mundial hace ver que éste no se halla ni mucho menos en su mejor momento, con los efectos del colapso financiero de 2008 aún haciéndose sentir a lo largo y ancho del mercado global, con la baja del precio de casi todos los productos primarios, con la globalización enfrentándose con serios reveses, con una tras otra crisis—sea de los refugiados o del terrorismo— haciendo continuos estragos en múltiples latitudes del planeta…. El mundo está pasando por un periodo de tiempo aparentemente bien caótico y lleno de paradojas, clamando por  un sistema de gobernanza global más fuerte, más justo, más inclusivo.

Esto lo que implica, en los términos de la relación económico-comercial sino-latinoamericana, es que el modelo reinante en la primera década y pico del presente siglo, muy asentado sobre el trueque entre materias primas latinoamericanas y productos manufacturados chinos, no obstante el prolongado boom que ha contribuido a dar a un buen número de países de esa región y su razón de ser en el sentido de las ventajas comparativas bien puestas en juego, habría ido cayendo en una situación de poca sostenibilidad y se ve en la necesidad ineludible de subir peldaños, de pasar a un nivel más elevado y sofisticado.

            Y, en términos político-diplomáticos, esas nuevas circunstancias dan pie a una más estrecha colaboración sino-latinoamericana enfocada en mejorar la gobernanza global, trabajando ambas partes de la mano en un esfuerzo común por que la globalización y el libre comercio, en vez de pararse o malograrse a medio camino, continúen adelante, con renovada salud y bríos y en forma verdaderamente inclusiva, benéfica para todos y cada uno de los miembros de la comunidad internacional así como para todos y cada uno de los sectores sociales dentro de cada nación.

            A lo arriba mencionado habría que añadir otro nuevo factor, desde la perspectiva china, el de la nueva visión y liderazgo internacionales asumidos por el XVIII Comité Central del Partido Comunista de China, con Xi Jinping, presidente de la RPCh y secretario general del PCCh, firmemente posicionado como núcleo. Las ideas y conceptos de Xi acerca de la necesidad de construir, entre todos los actores internacionales, una comunidad del destino de la humanidad y el rol activo que debe jugar China en el proceso, conforme la nación oriental va adquiriendo más peso internacional en todo sentido, han ido ganando terreno y siendo objeto de una entusiasta bienvenida de parte de la comunidad internacional, América Latina incluida. Consciente del hecho de que jamás en la historia se le ve a la China tan próxima como hoy al centro del escenario mundial, de la indivisibilidad de este hecho de la apertura de China y su inserción internacional y de la responsabilidad internacional que consecuentemente recae sobre sus hombros, China se dispone a aportar a la comunidad internacional con mayor cantidad de bienes públicos y soluciones estilo chino. Las propuestas de Xi sobre la Franja y la Ruta, con miras a facilitar, alentar y mejor encauzar el esfuerzo mancomunado global por la reactivación económica mundial, así como la de 1+3+6, con miras a potenciar la cooperación entre China y América Latina y el Caribe en términos de su magnitud, amplitud y calidad, se inscriben en ese contexto y han sido favorablemente acogidas por nuestros socios de cooperación latinoamericanos y demás regiones.

            Todas estas nuevas circunstancias, factores, consideraciones y espíritu se pueden percibir con nitidez, pienso yo, en el documento, dándole al lector una idea clara de las prioridades actualizadas de la política china hacia América Latina.

            Ahora bien, dicho lo anterior, me parece igualmente importante destacar algunos de los principios constantes, “invariables”, por más que cambien las circunstancias internacionales o domésticas, principios que siempre han de regir las relaciones sino-latinoamericanas, como el de igualdad, es decir, siendo ambas partes por igual naciones en vías de desarrollo, China y las naciones latinoamericanas comparten el mismo anhelo de alcanzar la meta del desarrollo y de la modernización y, por lo tanto, su cooperación, a todas luces una cooperación Sur-Sur, nunca puede desviarse del principio de igualdad y beneficio recíproco. O el de independencia y respeto mutuo, sin que ninguna parte se arrope el derecho a intervenir en los asuntos internos de la otra, ni que pretenda perjudicar los intereses de terceras partes, principios a los que China siempre se apega con gran celo a la hora de llevar a cabo sus proyectos de cooperación con el exterior. O el de fomentar la cohesión, la unidad y la solidaridad entre todas las naciones en vías de desarrollo, el grupo de países del que forma parte integrante América Latina y que se constituye, nada menos, en el punto de apoyo fundamental y a largo plazo de la estrategia exterior china, siendo China misma la mayor nación en vías de desarrollo del mundo—y por largo tiempo. El hecho de que China haya abocado por y logrado, gracias al apoyo de sus socios latinoamericanos y del Caribe, el establecimiento del Foro de Cooperación China-CELAC, formalmente a partir del enero de 2015, como un nuevo mecanismo y plataforma para, más allá del mero nivel bilateral, expandir la cooperación hacia terrenos de concertación multilateral-regional, viene a testimoniar este designio de unidad colectiva.

            Así mismo, cabe destacar que, a pesar de la multitud de adversidades y, a veces, tumultos, por los que la región ha estado atravesando en el último par de años, la confianza que China abriga en el potencial y el porvenir de ella, al igaul que en el porvenir de la cooperación con ella, no ha cambiado ni va a cambiar.

            Estas constantes, pues, también pueden palparse de principio a fin en el documento.

¿Qué papel juega el diálogo interpartidario en el fomento de las relaciones de China con la región ALC?

            R: En esencia un papel de orientación y liderazgo políticos. Es de reconocimiento general que de los partidos políticos emanan importantes políticas del Estado y corrientes de la opinión pública, en la medida en que aquéllos son reflejo y representación de las voluntades populares, o deben serlo. Así pues, con un buen nivel de diálogo interpartidario, se pone a buen tono la disposición de pueblo a pueblo y, en consecuencia, de gobierno a gobierno, a desarrollar sus lazos de amistad y vínculos de cooperación. En el caso de China, siendo el PCCh el partido de gobierno por largo tiempo y teniendo el mismo una omnipresencia en la vida nacional como fuerza dirigente, el trabajo de enlace exterior que desarrolla el Partido forma parte de vital importancia, como es natural, de la relación exterior del Estado chino en su conjunto.

            Las relaciones de China con la región ALC vienen a probar a la perfección el papel relevante que desempeña el diálogo interpartidario en contribución al desarrollo de las relaciones interestatales. A lo largo de los tiempos, el PCCh ha venido cultivando lazos de amistad, de intercambio y de comprensión con un amplio espectro de partidos y fuerzas políticos de América Latina y el Caribe y, a través de los intercambios de ideas,  conceptos y experiencias en torno a la gestión y conducción políticas y tareas de gobierno, ambas partes se enriquecen y fortalecen mutuamente en la habilidad de responder a los desafíos de gobernabilidad y de construcción partidaria, llegándose a comprender mejor una con la otra y sirviendo como canal indispensable de comunicación y acercamiento entre el gobierno y la sociedad en general chinos con los latinoamericanos y caribeños.

            Y, para tales propósitos, se han adoptado, siempre con espíritu innovador, diversas modalidades operativas. Visitas mutuas de altos dirigentes políticos es una; viajes de estudios de grupos de jóvenes líderes, de mujeres, de dirigentes políticos de localidades, etc. es otra; y la celebración regular de seminarios teóricos, también. Y es para mí motivo de enorme satisfacción ver un nuevo avance creativo en lo que respecta a los mecanismos de diálogo interpartidario entre China y América Latina y el Caribe. Me refiero al establecimiento, a fines al año 2015, del Foro de Partidos Políticos China-CELAC, con su primera reunión celebrada en la misma fecha, cerrando el año 2015 con otra nota alta de la feliz marcha de relaciones sino-latinoamericanas y sino-caribeñas—recordemos que el mismo año se inauguró, en los términos de la diplomacia china, con la primera reunión a nivel de ministro de asuntos exteriores del Foro de Cooperación China-CELAC, del cual el Foro de Partidos Políticos China-CELAC viene a ser un sub-foro. Un ciclo, pues feliz y bien reflexivo del rol relevante, sinérgico y reforzador que juega el diálogo interpartidario dentro del universo de vinculación entre China y América Latina y el Caribe.

Sea cual fuere la modalidad, el último objetivo invariablemente apunta a que el PCCh y los partidos y fuerzas políticos extranjeros—en este caso latinoamericanos y caribeños— lleguemos a conocernos mejor, a hacernos amigos confiables y a contribuir conjuntamente a estrechar la cooperación entre nuestras naciones, todo eso con miras, en último análisis, a ser mejor servidor de nuestros pueblos y a aumentar el nivel de su bienestar.

            No estaría demás acotar, de mi parte, que los lazos interpartidarios llevan consigo, por su naturaleza y carácter peculiar, la evidente ventaja de un mayor grado de calor humano, de una relación muy de persona a persona además de institucional y, las más de las veces, de mayor durabilidad. Los gobiernos vienen y se van pero los partidos políticos permanecen, sean como gobernante o como oposición. Medida a la luz de semejante criterio, la vitalidad del diálogo interpartidario resulta, a mi modo de ver, todavía más valorable. Lo mismo cabe decir de su función social y de diplomacia pública.

¿Afectan y en qué medida las alternancias políticas en ALC a las relaciones de China con la región?

            Para eso están la bondad y utilidad del diálogo interpartidario, ¿verdad?. Cierto, generalmente se da por supuesto que los partidos políticos son entes ideológicos. Uno hasta se atravería a decir que la ideología es la savia vital, la razón de ser y de funcionar de un partido, de cualquier partido. Y las ideologías son lo más susceptibles a catalogarse como afines o disímiles unas con otras. En tal sentido, para ser franco, es de esperar y comprender que el PCCh se halle o se sienta ideológicamente más cercano con ciertos partidos latinoamericanos que con otros. Así y todo, es de destacar aquí los célebres cuatro principios regidores del trabajo de enlace internacional del PCCh, a saber: independencia, igualdad completa, respeto mutuo y no intervención en los asuntos internos de una parte por la otra. Las tendencias ideológicas, para nosotros, es meramente cuestión interna de un partido determinado y no debe ser barrera para que establezcamos y desarrollemos contactos e intercambios con partidos políticos extranjeros, los latinoamericanos entre ellos. De hecho, el PCCh desde los años 80 del siglo pasado ha venido desarrollando buenos, estrechos y sustanciales vínculos con un total de cerca de 90 partidos políticos de casi todos los países latinoamericanos y caribeños, ellos cubriendo un muy amplio espectro político-ideológico. A lo que voy: pienso que siempre y cuando uno y otro lado nos adhiramos a los mencionados cuatro principios, teniendo bien presentes los intereses comunes y trabajando de tal manera que nuestra relación se eleve por encima del factor ideológico, libre de los prejuicios, fundamentalismos de todo tipo o mentalidades anacrónicas, las alternancias políticas en ALC no deben ser motivo de mayores contratiempos a la cooperación normal entre China y el país o países en cuestión. Inconvenientes o contrariedades sí pueden ocurrir, qué duda cabe, pero generalmente no por alternancias políticas per se sino por niveles deficientes de comprensión y confianza, resarcibles, uno confía, más pronto que tarde mientras las partes sepan tratar los temas de buena fe y, repito, partiendo de los intereses comunes y del bien del país, a lo cual el PCCh, al igual que el gobierno chino, siempre está dispuesto.

¿Cree factible una asociación China-ALC? ¿Qué papel puede jugar en tal sentido el Foro China-CELAC?

            A la larga creo que sí y es precisamente en tal dirección en que van dirigidos muchos de los anhelos y esfuerzos compartidos por las comunidades del servicio exterior tanto de China como de importantes países ALC. El que se haya establecido, gracias al consenso y confianza mutua al más alto nivel entre China y países de tanto peso como el Brasil, México, Venezuela, el Ecuador, el Perú, Chile, la Argentina, el Uruguay, etc., asociaciones estratégicas de diversas categorías, lo demuestra. Estas asociaciones bilaterales y el reciente establecimiento del Foro China-CELAC constituyen concretos y sólidos pasos dados y clara manifestación de la voluntad política existente por ambos lados hacia esas metas. Uno no puede por menos de estar convencido de que conforme se vayan madurando cada vez más las condiciones necesarias, por ejemplo con el nivel de institucionalidad de CELAC consolidándose y el repunte económico de ambas partes más claramente perfilado, con la implementación idónea de las actuales iniciativas de cooperación consensuadas por los mandatarios de ambas partes, con la iniciativa Franja y Ruta extendiéndose y conectándose naturalmente con las estrategias de reindustrialización de los Estados latinoamericanos…, en fin, con el esfuerzo concertado de ambas partes, China y América Latina verán cuajada en realidad una asociación de cooperación que no tan sólo beneficie a las dos partes sino también al resto del mundo.

¿Cuáles son las prioridades del PCCh en la región?

            No siendo, obviamente, una enumeración exhaustiva ni muchísimo menos, se me ocurren las siguientes:

Establecer y mantener una fluida comunicación con los partidos y fuerzas políticos de la región acerca de las ideas y experiencias mutuas en todo lo relacionado con el tema de la gobernabilidad, para aprenderse unos de otros las mejores prácticas de la conducción política, siempre en función, claro está, de las realidades nacionales propias;

            Estrechar el diálogo y colaboración con los partidos y fuerzas políticos de la región en un esfuerzo mancomunado por mejorar el sistema de gobernanza global, de tal forma que la globalización continúe adelante por la senda de la inclusividad, la justicia y la prosperidad compartida;

            Solidaridad y apoyo mutuo en salvaguardia de los respectivos intereses nacionales vitales y de los intereses comunes del conjunto de las naciones en vías de desarrollo; y

            Laborar, por el canal del diálogo interpartidario, en la diplomacia pública a fin de ganarse el más alto grado posible de comprensión y apoyo de parte de la sociedad civil latinoamericana a la grande y promisoria empresa de la cooperación sino-latinoamericana.