1976-2006, Mao, ¿tres décadas de ausencia?

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El 9 de septiembre se cumplen 30 años de la muerte de Mao Zedong. Con tal motivo, hemos abierto un pequeño espacio para recoger las opiniones de especialistas en la transición china, acerca de tres cuestiones concretas.

 

1. ¿Cómo evalúa el papel de Mao en la China moderna?

 

2. ¿Considera que tiene vigencia el maoísmo en la China de hoy? De ser el caso, ¿en qué aspectos?

 

3. Mao y el futuro de China: ¿desembocará la reforma en una ruptura completa con el maoísmo?

 

Estas son las respuestas que hemos recibido de Mario Esteban Rodríguez, Francisco Javier Haro Navejas, Xulio Ríos, Manel Ollé y Yang Enrui.

Gracias a todos por la colaboración.

 

Mario Esteban Rodríguez

Centro de Estudios de Asia Oriental, Observatorio de Política Exterior Española, Fundación Alternativas.

 

1. ¿Cómo evalúa el papel de Mao en la China moderna?

 

Mao ejerció un papel determinante en la China moderna y su legado está lleno de luces y sombras. Entre las luces destaca su labor como líder del Partido Comunista Chino (PCC) durante la segunda guerra sino-japonesa y la guerra civil frente al Kuomintang. Sin embargo, a medida que iba envejeciendo la megalomanía y el fanatismo de Mao llevaron a la muerte a decenas de millones de chinos a través de campañas políticas tan trágicas como el Gran Salto Adelante y la Revolución Cultural. En cualquier caso, hay dos aspectos que deben subrayarse, independientemente de otras valoraciones. En primer lugar, el grueso de la población china le reconoce a Mao su protagonismo en la conversión de China en una potencia autónoma en la escena internacional tras más de un siglo de subordinación a potencias extranjeras. En segundo lugar, la evaluación oficial vigente del PCC sobre la labor de Mao, 70% positiva frente a un 30% negativa, es demasiado indulgente. La evaluación inversa sería más apropiada, ya que en los últimos 25 años de su vida, precisamente el periodo en el que acaparó más poder, sus decisiones sumieron a millones de personas en un sufrimiento indescriptible.

 

2. ¿Considera que tiene vigencia el maoísmo en la China de hoy? De ser el caso, ¿en qué aspectos?

 

Las agudas desigualdades sociales que sufre China han hecho que gane popularidad la dimensión igualitarista del maoísmo. En este sentido, el maoísmo y la figura de Mao como símbolo ha vuelto a calar entre las clases populares y entre intelectuales que abogan por un reforzamiento de las políticas sociales del régimen, descuidadas en las últimas décadas a favor del crecimiento macroeconómico.

 

3. Mao y el futuro de China: ¿desembocará la reforma en una ruptura completa con el maoísmo?

 

Las reformas ya hace tiempo que acabaron completamente con el maoísmo. Hace más de 25 años que el totalitarismo maoísta fue sustituido por un autoritarismo tecnocrático que ha rechazado uno por uno todos los pilares del pensamiento maoísta: preeminencia de la ideología, voluntarismo, igualitarismo, anti-intelectualismo y autosuficiencia. Es más, tras el viaje al sur de Deng Xiaoping en 1992 la cúpula del régimen ha quedado vetada a los nostálgicos del maoísmo.

Aunque actualmente no es probable, lo que sí puede llegar a suceder es que una profunda crisis económica derive en una crisis social que favorezca un giro populista de inspiración maoísta en China.

 

Francisco Javier Haro Navejas
El Colegio de México.

 

1. ¿Cómo evalúa el papel de Mao en la China moderna?

 

Durante siglos, China se ha debatido entre legalismo y confucianismo, pero no exactamente como fuerzas contrapuestas, mutuamente excluyentes. Han sido parte de un todo, más o menos orgánico, por ello se puede considerar que la aportación más profunda y duradera de Mao Zedong, aunque no permanente, a su entorno fue la rectificación sociopolítica de los nombres que realizó durante la década de los cincuenta y sobre la cual ya había realizado ensayos en los cuarenta en Yan’an. Rectificación que fue acompañado del funcionamiento, poco consistente, de un sistema judicial legalista en términos de su verticalidad y autoritarismo. La base de lo anterior ha sido institucional, por lo que la participación de Mao en la construcción (1949-1959), desmantelamiento (1966-1969), reorganización (1969-1976) de instituciones no debe considerarse como menor; de hecho, pese a las grandes transformaciones de las últimas décadas, la columna vertebral institucional sigue siendo lo que podríamos denominar el Estado maoísta.

 

2. ¿Considera que tiene vigencia el maoísmo en la China de hoy? De ser el caso, ¿en qué aspectos?

 

La presencia en China de Mao Zedong es y será permanente, aunque intermitente, dependerá de los siguientes factores, al menos entre los más importantes tenemos:

· Utilidad política que el grupo o grupos políticos dominantes encuentren a su figura.

· La permanencia y espacio que ocupe su figura dentro del sistema educativo, sobre todo en la transmisión del mito y de los hechos; lo cual, en buena medida, está en función de la primera variable señalada aquí.

· Es poco probable que las generaciones actuales en el poder y las que podrían tener acceso a él en por lo menos las dos próximas décadas, recurran de manera decidida al pensamiento maoísta para sustentar sus acciones.

· Pese a lo anterior, no se descarta en algún momento el surgimiento, tanto dentro como fuera del aparato de Estado, de grupos descontentos, pero sobre todo perjudicados materialmente por las políticas oficiales que de diferentes maneras se podrían enfrentar a las instituciones estatales.

 

3. Mao y el futuro de China: ¿desembocará la reforma en una ruptura completa con el maoísmo?

 

La tercera pregunta podría ser contestada mejor teniendo como apoyo otras dos preguntas: ¿Algún día desaparecerá la pintura de Mao que pende sobre el frontispicio de Tian’anmen? ¿Algún día desaparecerá el mausoleo de Mao que está sobre la Plaza de Tian’anmen? Depende de qué estemos hablando, pero la ruptura con el legado está en proceso; de hecho, solamente el maoísmo fue hegemónico en momentos específicos y siempre encontró resistencia de diferentes fuerzas a sus políticas. Ya en 1989 alguien manchó la pintura de Mao, seguramente en el futuro más o menos lejano alguien intentará inclusive quitarla; sin embargo, simplemente por racionalidad económica, ni pintura, pero sobre todo el mausoleo tal vez nunca desparezcan. Lo que es posible afirmar que la vía de la ruptura no tiene marcha atrás, aunque siempre habrá alguien que recurra a Mao para justificar o explicar sus acciones políticas. Lo más interesante, en términos de ruptura será un complejo, inconsistente y a veces poco claro, proceso social de desacralización ya iniciado de un Mao Zedong mítico. Desacralización que se ha observado y seguirá observando en la actitud de la gente en la calle y en diferentes manifestaciones artísticas, donde ha sobresalido la pintura, muchas veces poco ingeniosa por recurrir a lo trillado.

 

Xulio Ríos
Director del Observatorio de la Política China (Casa Asia-IGADI).

 

1. ¿Cómo evalúa el papel de Mao en la China moderna?

 

Sin duda es un referente esencial. Icono para unos, odiado por otros, su papel como líder revolucionario parece incuestionable. Como se acostumbra a escuchar en China, sin Mao no habría Nueva China. No obstante, su papel como dirigente político en el poder ha estado salpicado de numerosas tragedias que han deparado elevadísimos costes a la sociedad china. Solo la peculiar idiosincrasia oriental puede explicar que habiéndole derrotado políticamente, sus sucesores, muchos de ellos víctimas de la asfixiante atmósfera del maoísmo, empezando por el propio Deng, no se hayan aplicado a la destrucción de la figura y, por el contrario, hayan optado por mitificarle, si cabe, un poco más, aunque vaciándole de contenido en los aspectos esenciales de su discurso.

 

2. ¿Considera que tiene vigencia el maoísmo en la China de hoy? De ser el caso, ¿en qué aspectos?

 

El maoísmo subsiste en China no con sus trazos más superficiales y visibles, sino en todo aquello que en el sistema hay de componente autoritario e incluso nacionalista. En lo económico, su ausencia es bien notoria. En lo social, el actual ansia de igualdad y justicia de amplios sectores de la sociedad china es acogida por la dirección política no con cantos al igualitarismo maoísta sino a la armonía confuciana, aunque se formulen desde lugares como Yannan, asociados a la epopeya revolucionaria maoísta. Por el contrario, en lo político, el tándem PCCh-EPL sigue constituyendo la columna vertebral del sistema reduciendo todo lo demás a una institucionalidad ficticia que puede disolverse como un azucarillo de ser necesario y no parece que, a corto plazo, ese esquema pretenda sustituirse por otro, a pesar de las reiteradas invocaciones al estado de derecho o la separación Estado-Partido. Es más, se diría que algunas decisiones recientes apuntan a un reforzamiento claro de la presencia del PCCh en todos los órdenes de la vida china.

 

3. Mao y el futuro de China: ¿desembocará la reforma en una ruptura completa con el maoísmo?

 

Es difícil aventurar el horizonte de la reforma. Si desemboca en una evolución a la taiwanesa, la recuperación de la memoria histórica alentaría una clara ruptura, muy necesaria para imaginar una mínima normalización social. Por el contrario, si la reforma sigue conduciéndose por la vía autoritaria, la ruptura podría no llegar, ya que en Mao reside buena parte de la legitimidad histórica de los actuales gobernantes. No obstante, si cabría esperar que su figura se vaya empequeñeciendo con el paso del tiempo y las nuevas incorporaciones al olimpo chino. Primero Deng, con su teoría del socialismo con peculiaridades chinas. Ahora Jiang Zemin, con su teoría de la triple representación. En cualquier caso, una ruptura con el maoísmo significaría el fin de la reforma y el inicio de otro tiempo político. Ciertamente, hoy por hoy, esa transición no está en la agenda.

 

Manel Ollé
Universitat Pompeu Fabra.

 

1. ¿Cómo evalúa el papel de Mao en la China moderna?

 

La desmaoización política de las últimas décadas ha conseguido paradójicamente que la figura simbólica de Mao Zedong, desprovista de carga política efectiva sobre el curso actual de los acontecimientos, se convierta en emblema legitimador y garante de continuidad del monopolio del poder del Partido comunista. Actualmente desde el discurso dominante se potencia la proyección social del Mao de antes de 1949, como un estratega hábil y sabio, como un héroe fundador: así por ejemplo, la CCTV, la cadena central televisiva china, emite series de ficción sobre la larga marcha y sobre diversas hazañas bélicas del joven Mao…Mao es un referente histórico de primer orden: lejano, mitificado, legendario…

 

2. ¿Considera que tiene vigencia el maoísmo en la China de hoy? De ser el caso, ¿en qué aspectos?

 

El maoísmo como marco doctrinal o estilo político no tiene cabida alguna en la China actual: Mao es ciertamente patrimonio histórico intocable según el discurso oficial, pero como un icono mitificado y perdurable en la medida que es mudo retrato ausente del presente, proyectado a la estratosfera del debate en política económica, que se reduce a la controversia entre liberales y nueva izquierda, es decir entre los que ponen el énfasis en dejar que la competencia y el libre mercado actúe de locomotora del crecimiento chino sin poner trabas ni cortapisas y aquellos que querrían que el desarrollismo contemple correctivos de reequilibrio y de incorporación al consumo de los centenares de millones de campesinos que quedan al margen del proceso de crecimiento y enriquecimiento de la china urbana y costera.

 

3. Mao y el futuro de China: ¿desembocará la reforma en una ruptura completa con el maoísmo?

Predecir el futuro de China es cosa harto arriesgada: hablar de ruptura con el maoísmo solo puede hoy significar la desaparición del monopolio del poder del PCCh, cosa que a corto plazo no parece probable, a no ser que el escenario económico entre en crisis profunda. A medio y largo plazo, es probable que el dinamismo de la sociedad china y la necesidad de articular un marco político común con Hong Kong y Taiwán vayan introduciendo lentamente rasgos de transformación política.

 

Enrique E. Yang
Colaborador del Observatorio de la Política China.

 

1. ¿Cómo evalúa el papel de Mao en la China moderna?

 

Mao, el revolucionario obstinado en lo que cree poder atinar, se arrojaba con coraje y triunfaba en su empresa. Mao, el hombre fuerte ufano de su gloria, abusaba del poder omnímodo y fracasó en aventuras económicas o políticas, ocasionando la muerte de millones y millones de personas en tiempo de paz. Decía oponerse al mando de la sola voz de una persona, y no toleraba voces ajenas a la suya, haciendo la vida imposible a quienes le criticaban. Conocía sus propios errores, y no los corregía. Treinta años son pocos para ver desaparecida su presencia. Como espectro, esta sigue ubicua allá donde están los chinos. Se aprecia en el comportamiento hasta de los dueños chinos de pequeños negocios en Madrid, que ignoran el significado de la palabra descanso; en la virulencia con que se pelean, en puro estilo maoísta, los grupitos de exilados que dicen aspirar a una misma democracia; y, por supuesto, en el talante de las autoridades, caracterizado por el rechazo habitual a las críticas y en la arbitrariedad aplicada a la hora de imputar y sentenciar.

 

2. ¿Considera que tiene vigencia el maoísmo en la China de hoy? De ser el caso, ¿en qué aspectos?

 

Un “desarrollo científico” para una “sociedad armónica”, listón bien perfilado de la reforma hacia donde, con arrojo, se dirigen los dirigentes actuales, viene de una concienzuda reflexión, aún no cerrada, de lo que ha ocurrido en China desde la revolución gloriosa de Mao hasta ahora, tramo importante del curso asiduo de casi dos siglos que ha llevado la nación china buscando la modernización. Repasando las lecciones vividas, la gente va comprendiendo que la reforma actual, pantanosa y arriesgada, no habría hecho falta si la modernización no se hubiese desencaminado de cuando en cuando, secuela de tantas guerras y revoluciones, y en especial de tantas “revoluciones posteriores” de Mao. Los continuadores actuales del camino iniciado por Mao tienen encima, en primer lugar, un compromiso enorme y apremiante para salir de algunos atolladeros y completar lo mucho que queda por hacer para cumplir con el objetivo que inspiró la revolución: ofrecer al pueblo una China próspera y democrática. No ha sido posible cumplir esa misión en los tan sólo treinta años transcurridos tras su fallecimiento, máxime cuando ésta se ha visto agravada con los problemas añadidos en tiempos y que podrían haberse evitado. Proliferan comentarios sobre un Mao demonizado o deificado. Los prejuicios impiden valorar en público lo que realmente él era, pero un juicio objetivo existe, y va pesando en la opinión pública, guste o no a los dirigentes.

 

3. Mao y el futuro de China: ¿desembocará la reforma en una ruptura completa con el maoísmo?

 

Hace más de un cuarto de siglo que empezó la ruptura con Mao. Su herencia, arraigada en la cultura política tradicional china, viene remitiendo y será relegada al olvido con un cambio radical a medida que el gobierno vaya adoptando una nueva razón de ser y una nueva manera de proceder. La perspectiva parece ser más posible que imposible. Pero ¿una ruptura declarada con Mao? Ni hablar.