Especial OPCh: 20 años de la crisis de Tiananmen

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El próximo 4 de junio se cumplen 20 años de la tragedia de Tiananmen. Desde entonces, frente a los agoreros de la involución, China ha acelerado su proceso de modernización y apertura, combinando el impulso a su inserción en el sistema económico y político global con una nada disimulada inflexibilidad a la hora de aceptar las exigencias internacionales de reforma de su sistema político.

 

Frente a la negativa del gobierno y del PCCh a abordar la revisión de lo acontecido, dentro y fuera de China persisten los reclamos a una nueva lectura de hechos y condenas, persistiendo en tanto algunas de las sanciones que entonces le fueron impuestas a Beijing.

 

Invitamos a nuestros colaboradores a responder a las siguientes cuestiones: :

 

1. ¿Cómo denominar el movimiento del 4 de junio de 1989: pro-democracia, sedición contrarrevolucionaria o corrector del sistema? ?

 

 

2. ¿Cree que, por poco efectivas, ha llegado el momento de levantar las sanciones que aún penden sobre China por causa de la represión ejercida contra aquel movimiento o deben mantenerse?

 

3. ¿Considera posible que pueda producirse a corto plazo una revisión oficial de lo acaecido el 4 de junio?

 

     

Han colaborado en este especial: Dr. Jorge E. Malena (Coordinador Académico, “Estudios sobre China Contemporánea”, Universidad del Salvador-Argentina); Seán Golden (Director Institut d’Estudis Internacionals i Interculturals, Institute for International & Intercultural Studies, Universitat Autonoma de Barcelona); Julio A. Díaz Vázquez Profesor Titular, Centro de Investigaciones de la Economía Internacional, Universidad de La Habana); Augusto Soto (Consultor y profesor en ESADE).

 

RESPUESTAS del Dr. Jorge E. Malena (Coordinador Académico, “Estudios sobre China Contemporánea”, Universidad del Salvador-Argentina);

 

1. ¿Cómo denominar el movimiento del 4 de junio de 1989: pro-democracia, sedición contrarrevolucionaria o corrector del sistema?

    

 

Desde un punto de vista académico y a los efectos de contar con una denominación que facilite la definición de ese fenómeno, considero -si tenemos en cuenta las características de aquel proceso- que lo más acertado sería “movimiento de reforma política”.

 

No considero que sea preciso denominarlo “Movimiento pro-democacia” pues el mismo no buscó por sobre todo el establecimiento de un sistema democrático, sino peticionar una serie de reformas políticas en el marco del sistema vigente en aquel momento.

 

Tampoco considero que debería ser definido como “sedición contrarrevolucionaria”, dado que en la mayoría de los participantes de ese proceso no imperaba la idea de hacer colapsar al sistema político existente.

 

El concepto “movimiento corrector del sistema” se acerca más a lo que ut supra expresé como lo más adecuado, si bien la palabra “reformista” me parece más descriptiva que el término “corrector”.

 

2. ¿Cree que, por poco efectivas, ha llegado el momento de levantar las sanciones que aún penden sobre China por causa de la represión ejercida contra aquel movimiento o deben mantenerse?

    

 

Si no me equivoco, las principales sanciones que siguen pendientes son aquellas vinculadas a la transferencia de tecnología dual y ventas de armamentos, todo lo cual ya ha sido en gran medida dejado atrás de facto.

 

3. ¿Considera posible que pueda producirse a corto plazo una revisión oficial de lo acaecido el 4 de junio?

    

 

No lo percibo posible, habida cuenta que parte considerable de los más altos rangos del PCCh piensan que la reacción gubernamental fue necesaria, a la vez que hizo posible restablecer la estabilidad socio-política que brindó el contexto favorable para el ulterior despegue económico.

 

RESPUESTAS de Seán Golden (Director Institut d’Estudis Internacionals i Interculturals, Institute for International & Intercultural Studies, Universitat Autonoma de Barcelona):

 

1. ¿Cómo denominar el movimiento del 4 de junio de 1989: pro-democracia, sedición contrarrevolucionaria o corrector del sistema?

    

 

De estas tres opciones de denominación, creo que ‘corrector del sistema’ se aproxima mejor a la realidad de aquel momento. No hubo un solo ni un unificado ‘movimiento de 4 de junio de 1989’. Convergieron varios tipos de descontento y varios tipos de reivindicaciones, representando varios sectores de la sociedad china. Hubo un descontento estudiantil con sus condiciones de vida, por un lado, y unos mejores conocimientos del mundo exterior y de las condiciones de vida del mundo exterior que promovieron una ‘revolución de expectativas crecientes’, por otro. Las clases sociales con sueldos fijos, que no se habían visto beneficiadas por los frutos de las reformas económicas por culpa de la inflación, los trabajadores que se habían visto perjudicados por las reformas por la perdida de su ‘bol de arroz de hierro’ (trabajo vitalicio), los sectores de la sociedad urbana que no se había visto tan beneficiado en aquel momento como sí que se habían visto beneficiados algunos sectores de la población rural, los intelectuales que quisieron resucitar el histórico e iconoclasta ‘Movimiento del 4 de mayo (de 1919)’, estos y muchos sectores más reivindicaron en aquel momento políticas y soluciones contrapuestas y contradictorias. Desde luego que no fue un movimiento de ‘sedición contrarrevolucionaria’; pero tampoco no creo que fue un movimiento ‘pro-democracia’. La parte estudiantil de la ‘Primavera de Beijing’ de 1989 no se organizó de una manera especialmente democrática y los líderes estudiantiles que se escaparon al extranjero tampoco mostraron posteriormente una clara visión del funcionamiento democrático. Creo que la sociedad reclamaba reajustes, no un gran cambio político. Creo que las reformas habían provocado desajustes importantes, por un lado, y que habían despertado expectativas irrealizables, por el otro. En este sentido, y posteriormente, tantos los manifestantes como los gobernantes tuvieron que reflejar profundamente sobre las causas de los movimientos sociales y sobre la naturaleza de unas reformas capaces de provocar el descontento social entre tantas capas de la sociedad. Creo que los ajustes en las políticas de reforma y de apertura llevados a cabo a lo largo de los años 90 y de la presente década, además de los escritos y análisis del evento que muchos de sus propios participantes hacen hoy en día, justifican la denominación de ‘corrector del sistema’. “.

 

2. ¿Cree que, por poco efectivas, ha llegado el momento de levantar las sanciones que aún penden sobre China por causa de la represión ejercida contra aquel movimiento o deben mantenerse?

    

 

Creo que deben ser levantados las sanciones. No tiene ningún sentido hoy en día dar el mismo trato a la República Popular que se da a los estados ‘fallidos’ o ‘canalla’ que amenazan la estabilidad del orden mundial. En la actualidad, China es un factor estabilizador. Le cuesta asumir el papel de ‘superpotencia’ en el sentido geopolítico del término. Tanto la ONU, como la UE, como los EEUU exigen a China que asume un peso en la gobernanza del orden mundial igual a su peso económico en el comercio mundial. Para dar este paso, China debe renunciar algunos de sus paradigmas más básicos de la ‘coexistencia pacífica’ definidos por Mao Zedong y anunciados por Zhou Enlai en la famosa conferencia de Bandung. Es decir, aceptar que puede haber circunstancias que justifican una intervención en los asuntos internos de países soberanos. Poco a poco, como en el caso de Corea de Norte y de Darfur, China empieza a asumir este nuevo papel. Además, las sanciones impuestos no tienen más que un valor simbólico en realidad. Hierren las sensibilidades de un país que trata de demostrar que es tan soberano como todos aquellos poderes imperialistas que violaron –en nombre de su propia soberanía—la soberanía china a lo largo del ‘siglo de humillaciones’. Es decir, que China busca un trato de igual a igual con las otras potencias. La posibilidad de imponer sanciones, aunque no sirven de nada en la práctica, se percibe desde allí como una continuación de la falta de respeto que caracterizó el pasado colonialista.

 

3. ¿Considera posible que pueda producirse a corto plazo una revisión oficial de lo acaecido el 4 de junio?

    

 

A corto plazo no creo que una revisión oficial de lo acaecido el 4 de junio sea posible, pero a medio o largo plazo creo que es inevitable. Para la población china el veredicto oficial no refleja la realidad de lo que pasó. Como siempre pasa cuando un gobierno insiste en legislar algo en el cual la población no cree, queda desprestigiado el gobierno (y hasta cierto punto, el mismo concepto de la ley, como pasó con la ‘Prohibición’ en los EEUU o como pasa con el narcotráfico hoy en día). La reciente publicación del Diario de Zhao Ziyang podría dar un impulso a la rehabilitación de los participantes en la ‘Primavera de Beijing’ pero sería contraproducente intentar forzar la máquina. La revisión oficial llegará en su momento.

 

  RESPUESTAS de Julio A. Díaz Vázquez (Profesor Titular, Centro de Investigaciones de la Economía Internacional, Universidad de La Habana).

 

1. ¿Cómo denominar el movimiento del 4 de junio de 1989: pro-democracia, sedición contrarrevolucionaria o corrector del sistema?

    

 

Evaluar en todos sus perfiles, pasado 20 años de los trágicos sucesos ocurridos en los alrededores de la Plaza de Tiananmen, el 4 de junio de 1989, aún es tarea donde prima más lo especulativo que la objetividad. No se puede desconocer que los calificativos que se aplican están matizados por el prisma del observador; y no pueden separase de los intereses que, entre bambalinas, mueven todo aquello que circula y se desea amplificar, generalmente lo negativo, en la prensa internacional sobre China. De lo que hay constancia documentada es que, el factor subjetivo desencadenante, fue la muerte de Hu Yaobang. El detonante fáctico, la coincidencia de las secuelas de las reformas en curso: inflación, subida de precios, disloques en la vida de millones de chinos por los rompimientos provocados por el giro económico-social en que entró el país, corrupción, etc.

 

Situar las demostraciones iniciales espontáneas o las sucedidas con posterioridad dentro de fines de más vuelo, dentro de un movimiento pro-democracia corresponde a construcciones a priori; no hay antecedentes previos, al menos, de la existencia de organización alguna en capas o sectores organizados, estudiantiles, intelectuales u obreros reivindicativa de repercusión social. Calificar lo acontecido de sedición contrarrevolucionaria lo avala la lógica de la mecánica gubernamental de defensa de la estabilidad, siempre defendida para llevar adelante las necesarias reformas – que nadie cuestiona -; tampoco debe ignorar la existencia de alas dentro del Partido-Gobierno favorables-contrarias a los cambios. Más alejado de la realidad sería valorar los aciagos hechos acaecidos como detonantes correctores del sistema.

 

2. ¿Cree que, por poco efectivas, ha llegado el momento de levantar las sanciones que aún penden sobre China por causa de la represión ejercida contra aquel movimiento o deben mantenerse?

    

 

Las sanciones que se derivaron de aquellos nefastos sucesos, si son mantenidas algunas de ellas, solo obedecen a los vaivenes coyunturales y de los intereses geoestratégicos en que hay que situar las relaciones de China con los principales centros del poder mundiales. Una ojeada a las posturas de la Unión Europea (UE), Estados Unidos y Japón, dan un abultado fundamento a este proceder. Por ejemplo, tomando el tema de las restricciones a las ventas de armas o tecnologías, convenientemente disfrazadas bajo el rubro de uso múltiple, hay  tela por donde cortar.

 

Tampoco, faltan las posturas matizadas por intereses encontrados – con los de Estados Unidos – como puede ser la seguida por Francia liberando la venta y fabricación en China de partes para los aviones civiles Air-Bus, tecnologías para plantas nucleares o abogando por la eliminación de las restricciones sobre las ventas de material militar en contexto de la UE. En otras palabras, como en otras esferas en este terreno también, en el caso chino, esta presente el doble rasero aplicado en todo lo que contribuya a frenar el desarrollo pacífico de China, en sus objetivos de volver a ser país del centro.

 

3. ¿Considera posible que pueda producirse a corto plazo una revisión oficial de lo acaecido el 4 de junio?

    

 

Conociendo el proceder de esta milenaria cultura asiática, no es previsible que en el corto o mediano plazo salgan a luz materiales que despejen, o se manifieste interés por el Partido-Gobierno en ventilar todos los intríngulis de lo eventos que llevaron a los infaustos sucesos de Tiananmen. La propia historia reciente de China lo prueba.

 

Todavía esta pendiente una evaluación objetiva de las secuelas dejadas por la política del Gran Salto Adelante (1958-1961). Más reciente, a treinta años del inicio de la  Gran Revolución Cultural Proletaria (1966-1976) todavía esperamos por la desclasificación de documentos o una valoración integral de aquella locura colectiva.

 

RESPUESTAS de Augusto Soto (Consultor y profesor en ESADE):

 

1. ¿Cómo denominar el movimiento del 4 de junio de 1989: pro-democracia, sedición contrarrevolucionaria o corrector del sistema?

    

 

Excepcionalmente hoy encabezaré con un homenaje. Recuerdo a los caídos en la noche del 3, en la madrugada del 4 y en las largas horas siguientes. Fui testigo del movimiento estudiantil y cívico del mes y medio previo hasta el desencadenamiento de la carnicería en la intersección de Muxidí, a siete kilómetros de la plaza de Tiananmen. Allí, al servicio de la agencia Efe, en una Avenida de la Gran Paz irreconocible hoy, presencié actos despreciables y heroicos. El arrojo y el desprendimiento los encarnó el laobaixing (“los cien apellidos”, el pueblo). También hubo generosidad en algunos militares que se abrían paso hacia Tiananmen en la imponente máquina de triturar que era el convoy Oeste en dirección Este. Quienes desertaron se arriesgaron al linchamiento popular. También rescato al civil desarmado enfrentando a la columna de tanques en el otro extremo de esa misma Avenida de la Gran Paz, dos días después. Captado desde el Hotel Pekín, central improvisada de la prensa internacional, las imágenes le muestran deteniendo a la columna de tanques, solo, armado de justa indignación. Esa acción es un aporte de China a la dignidad humana y uno de los poderosos símbolos de paz de la historia contemporánea y mundial. Su memoria no debe perderse porque a la vez refleja la dimensión quijotesca del aplastado movimiento de esa primavera fallida.

 

A las preguntas: 

 

a) Aprecio que fue un movimiento pro-democrático en la mejor tradición del siglo XX chino. Esto es, dinámico, creativo e inmaduro. Fue un yundong (un movimiento), nada más que eso. Ni de esas semanas ni de de los meses previos que le hacen de sustrato intelectual surgió una tendencia clara, un partido o una alternativa de Gobierno. Claro que al final la eclosión social urbana que se generó fue desarticulada por la fuerza.

 

En la última semana previa a la entrada de los tanques el apoyo cívico en Pekín dependió demasiado de las señales de control del poder emitidas por la victoriosa facción dura del Partido. Las masas en la plaza y en la calle captaron perfectamente que se había afianzado una dirección del Partido y se replegaron. Ni la colocación de la famosa Diosa de la democracia en Tiananmen, en la última semana de mayo, logró devolver a la calle el gigantesco despliegue masivo de las semanas previas. Otra cosa fue el regreso de la marea ciudadana para oponerse a los tanques en la noche del 3 y la madrugada del 4 de junio. Aunque, tampoco fue una marea de millones de personas como la congregada en gran parte de mayo.

 

b) Cabe considerársele, de igual manera, como un movimiento corrector del sistema que abogaba por detener la corrupción, denunciar y ampliar los espacios de expresión cívica. Había una cierta analogía con la perestroika gorbachoviana (reforma sin derribar el sistema) dentro de un contexto de toumingdu (la transparencia china equivalente a la glasnost de aquella época). Es muy elocuente y representativa del afán corrector la simpatía de los estudiantes chinos hacia Gorbachov, quien en medio de las protestas visitó Pekín en la cumbre chino-soviética de mayo. Los estudiantes insistieron en entrevistarse con él.

 

c) También es cierto que fue un movimiento iconoclasta (recuérdese la acción del mediático y mercurial dirigente Wuerkaixi), o los desenfadados llamados al martirio de la líder Chai Ling. En fin, en el derroche de imaginación destilado esos días en Pekín resaltó la diosa de la democracia. Mucho de lo que se vio allí daba la sensación de un Woodstock con efecto retardado. No en vano recuérdese que en esos momentos era proverbial el soft power norteamericano en las tres principales urbes del país.

 

d) No fue una sedición contrarrevolucionaria porque, en un balance de sus distintas corrientes internas, no pretendía derribar al sistema. Es cierto que los manifestantes se lograron coordinar espléndidamente. También lo es que una minoría vistosa (que no era estudiantil) llamó a inicios de junio, debajo del retrato de Mao que mira hacia Tiananmen, a derrocar a los líderes. Es más, en la segunda mitad de mayo el retrato de Mao fue impactado por botes de pintura lanzados por tres manifestantes llegados de provincia. Retrospectivamente el movimiento además ocurrió pocos meses antes de la caída del Muro de Berlín. Pero leerlo como “sedición contrarrevolucionaria” es posible sólo en el lente de la gerontocracia que decidió la entrada de los tanques.

 

e) Esa visión de “contrarrevolución” tiene probablemente que ver con los recuerdos del pasado de esa gerontocracia (con la excepción del entonces primer ministro Li Peng, que era una generación más joven, pero que también había vivido la Revolución Cultural) que decidió el fin del movimiento.

 

 

 

2. ¿Cree que, por poco efectivas, ha llegado el momento de levantar las sanciones que aún penden sobre China por causa de la represión ejercida contra aquel movimiento o deben mantenerse?

    

 

a) Hay que levantar las sanciones, sin duda. Debemos comerciar con China como con otros países. Durante la vigencia del embargo (estos últimos veinte años) China ha dado muestras de gran responsabilidad como el país-continente que es. Aunque éste no es precisamente el tema, porque si bien en el terreno de los derechos humanos Occidente sigue siendo un modelo sui generis puertas adentro, no somos jueces imparciales en el mundo. En relaciones internacionales no hay potencia ni país que lo sea.

 

b) Ahora bien, por supuesto, hablando del embargo de armas, podemos mantenerlo. Con todo, por decoro deberíamos justificarlo de otra manera e informar a nuestras opiniones públicas que la decisión obedece a razones políticas. Hay muchos países a los que llegan armas occidentales (hay poca preocupación por seguir su rastro una vez vendidas) donde matan a mucha más gente que en esos días del 3 y del 4. Pero sobre todo, hay que recordar que Pekín, sin nuestras armas, dispone de instrumentos policiales y medios militares para imponer el orden que desee y cuando desee. Como hace veinte años. Esa es la realidad.

 

c) Añadidamente hay otra dimensión. Es la constituida por los medios electrónicos, digitales y de software que Occidente le proporciona a China y que no se pueden menospreciar. Estos artilugios poseen uso dual (civil y policial-militar). Lo que es más paradójico de la preocupación de la continuación del tradicional embargo de armas a Pekín es la escasa mención de estas tecnologías. Especialmente porque China cuenta con especialistas para refinarlas, adaptarlas, inspirarse en ellas y convertirlas en punteras.

 

d) Y esta dimensión dual es la que engrosa uno de los pilares de las FF AA chinas. Esto es, el combate electrónico, los hackers y las operaciones preventivas que pueden desactivar a segmentos importantes de cualquier establishment militar enemigo. O sea que desde Tiananmen nos hemos autoimpuesto un dilema equivocado prohibiendo unas armas tradicionales (por motivos humanitarios) y permitiendo otras tecnologías que calladamente engrosan el poder chino.

 

3. ¿Considera posible que pueda producirse a corto plazo una revisión oficial de lo acaecido el 4 de junio?

    

 

a) Es muy improbable a corto plazo. Quizás en una generación. Generalmente (y también universalmente) en todos los casos de represiones y violaciones a los derechos humanos las revisiones oficiales o los juicios se producen cuando el bando responsable ha perdido el poder o parte de él, o cuando los responsables principales han muerto. O cuando interviene un poder externo (en el caso chino esta última probabilidad es remota).

 

b) Además, en este caso hay una cadena de responsabilidades y co-responsabilidades demasiado cercana en el tiempo. Aún están vivos altos dirigentes del Partido que en distintos niveles ocupaban cargos en 1989. ¿Tienen interés en inculparse entre ellos o en salpicarse con un asunto que no es urgente, ni les importa, ni que a todas luces parece concernir a la gran masa de ciudadanos, especialmente a los pekineses? No.

 

c) También cabe considerar que en el pasado se han producido revisiones oficiales del pretérito. No han sido evaluaciones de un tribunal, sino que dictámenes políticos. Se han relacionado con ajustes de cuentas o con la necesidad de que la nueva reapreciación del pretérito implique un desbloqueo a las políticas del presente que se pretende impulsar. Esta ambivalencia la practicó el denguismo en relación con la Revolución Cultural, de la que se pretendía alejar. Pero hoy la analogía no funciona.

 

d) Claro que las dimensiones de las pérdidas humanas ocurridas en las décadas previas atribuibles al poder, comparadas con Tiananmen, esconden una tragedia dentro de una tragedia. El derramamiento de sangre de 1989 es muy minúsculo para la escala de lo que los ciudadanos chinos han digerido en sesenta años. Y en la percepción general la represión de Tiananmen sirvió para mantener la estabilidad y para evitar el derramamiento de más sangre. En síntesis, salvar la unidad, que es un bien preciado desde tiempos inmemoriales. Es una justificación terrible para nuestros oídos, pero no es irreal en China.

 

e) Conviene recordar que Tiananmen es un tema urbano que hace veinte años concernió a decenas de ciudades y a acotados focos rurales con espíritu de ciudad. No fue ni ha sido un tema en el campo. Y hoy, en las ciudades el interés ciudadano por este aniversario es indolencia, olvido. En esta generación, por lo menos, el recuerdo ha quedado reducido a ciertas élites.

 

f) Por supuesto, esta indiferencia ha sido alentada por la desmemoria oficial. De manera que la juventud universitaria china sabe poco de esa generación de 1989. Muchas veces, en las pausas de clase, los estudiantes chinos de intercambio en Occidente nos preguntan los detalles de ese movimiento que aún nos conmueve.