Las tensiones sino-japonesas, un lastre para Asia: Especial del OPCh

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Las relaciones entre China y Japón viven un momento de especial complejidad. Lejos de moderarse las tensiones, cada día parece sumarse en la agenda un nuevo episodio de discrepancia que complica enormemente la posibilidad de recuperar la normalidad. Si en el plano bilateral, sus ecos alcanzan ya a lo económico de forma visible, también en el orden regional asistimos a un decantamiento de estrategias que hipoteca seriamente la viabilidad de algunos proyectos de integración en curso.

PREGUNTAS:

1.      ¿Es la rivalidad económica y estratégica la principal causa de los desencuentros entre China y Japón?

2.      ¿Es beneficiosa internamente dicha tensión para ambas partes?

3.      ¿Cree posible la reconducción de las relaciones tras el breve encuentro de Shinzo Abe y Xi Jinping en el cónclave del G20 de San Petersburgo?

Contamos con la colaboración de Eduardo Daniel Oviedo (Investigador Independiente del CONICET, Profesor Titular Ordinario de la Universidad Nacional de Rosario, Argentina) y Masashi Oki (Licenciado en Ciencia Política por la Chuo University Japón y analista colaborador del IGADI. Actualmente reside en Japón).

Texto:

RESPUESTAS DE EDUARDO DANIEL OVIEDO (Investigador Independiente del CONICET, Profesor Titular Ordinario de la Universidad Nacional de Rosario, Argentina)

1.      ¿Es la rivalidad económica y estratégica la principal causa de los desencuentros entre China y Japón?

 

El punto de partida de los desencuentros entre China y Japón debe buscarse en el último cuarto del siglo XIX. La rivalidad comenzó cuando Japón, estado vasallo del Imperio Chino, derrotó a su metrópolis en la primera guerra chino-japonesa (1894-1895). Esta humillación significó la destrucción de la filosofía política que sustentaba la legitimidad del emperador dentro del sistema sinocéntrico de poder, cuyo deterioro había comenzado con las Guerras del Opio. A partir de 1895, Japón expandirá su hegemonía en el Este Asiático de la mano de Gran Bretaña a costa de China, cuya máxima expresión será el ataque general a China en 1937 que dará inicio a la segunda guerra chino-japonesa, con los desastres y atrocidades cometidos por Japón hasta el final de la Segunda Guerra Mundial. Esta historia de desencuentros entre 1894 y 1945 creo odios y resentimientos en ambas sociedades civiles que se transmitieron de generación en generación hasta el presente. Ambos estados no han educado a sus poblaciones en la reconciliación, tal vez porque aun todavía no hay mutua aceptación por parte de los gobiernos de la verdad histórica, manteniendo sentimientos de odio y enemistad. Las rivalidades económicas y estratégicas actuales se posan sobre esta infraestructura de convivencia forzada, caracterizada por la responsabilidad histórica del Japón por los actos de lesa humanidad cometidos en China. Precisamente, la responsabilidad histórica es más profunda que la responsabilidad política y es la que trae mayores consecuencias, como se observa en la relación chino-japonesa.

 

 

2        ¿Es beneficiosa internamente dicha tensión para ambas partes?

 

La agenda chino-japonesa consta de crónicos y sensibles temas que perturban el normal desarrollo de la cooperación e inciden en la toma de decisiones de los gobiernos. Las recurrentes crisis de las islas Diaoyu o Senkaku, los boicots a productos japoneses en China y otras represalias o retorsiones adoptadas por los gobiernos hacen eclosionar los sentimientos antijaponeses en China y antichinos en Japón. Estos, a su vez, condicionan a ambos gobiernos y reduce su esfera de toma de decisión y acción políticas. Al mismo tiempo, estos temas suele ser manipulado por los gobiernos para alcanzar objetivos de política exterior, generándole a la contraparte problemas internos. En el contexto actual de crisis económica, sea estadounidense o europea, recrudece los nacionalismos, motivo para desviar la atención de la población de la problemática económica interna con temas de política exterior.

 

3        ¿Cree posible la reconducción de las relaciones tras el breve encuentro de Shinzo Abe y Xi Jinping en el cónclave del G20 de San Petersburgo?

 

Una reunión en la cumbre puede llevar a armonizar intereses, pero resulta difícil que una cuestión estructural pueda ser resuelta en este ámbito, especialmente entre países que acentúan el uso de la diplomacia bilateral. Sería importante que las partes coincidan en la visión del pasado y adopten la decisión de educar a las nuevas generaciones en la convivencia y el respeto. En tal sentido, no es de esperar que existan cambios relevantes a corto plazo, inclusive si las partes adoptan decisiones fundamentales. Además, si comparamos con la rivalidad franco-alemana en Europa, observamos que ambas naciones comenzaron a cooperar cuando asumieron que se habían transformado en potencias débiles, destruidas por la guerra, viviendo amenazadas por el conflicto Este-Oeste. Ese sentimiento de debilidad hoy no es visto en el Este Asiático, pues China es una potencia pujante -emergente como se la denomina hoy- y Japón está estancado, pero mantiene aún rol de gran potencia económica. Tampoco existe la amenaza que tuvieron Francia y Alemania después de la Segunda Guerra Mundial y que la llevaron a cooperar. Incluso, aunque la asimetría crece a favor de China, China y Japón han constituido una bi-hegemonía en la región desde que paulatinamente han ido reemplazando las funciones de las superpotencias tras la desintegración soviética. Precisamente, cuando el poder de las potencias es más o menos igual, la resolución de conflicto torna más difícil. En síntesis, la próxima reunión en el G-20 podrá resolver algunas cuestiones coyunturales, aunque las mismas están condicionadas por la historia. Es precisamente allí, donde las partes deben comenzar a trabajar para erradicar la tradicional enemistad y generar un clima de distensión que promueva verdaderas relaciones pacíficas, como lo han hecho Francia y Alemania; Argentina y Brasil; Estados Unidos y México y otros casos de relaciones antagónicas que superaron históricas conflictividades e ingresaron en fases de paz y cooperación.

 

RESPUESTAS DE MASASHI OKI (Licenciado en Ciencia Política por la Chuo University Japón y analista colaborador del IGADI. Actualmente reside en Japón).

1.      ¿Es la rivalidad económica y estratégica la principal causa de los desencuentros entre China y Japón?

La rivalidad económica no es la principal causa. Más bien los desencuentros entre China y Japón incomodan a los círculos económicos de ambos países. Económicamente, la relación entre China y Japón es muy importante. Vamos a ver los datos.

Exportaciones de Japón en 2012:

1. China (18,0%)

2. EEUU (17,5%)

3. Corea del Sur (7,7%)

4. Taiwán (5,7%)

5. Tailandia (5,4%)

 

Exportaciones de China en 2012:

1. EEUU (17,2%)

2. UE (16,3%)

3. Hong Kong (15,8%)

4. ASEAN (10,0%)

5. Japón (7,4%)

 

Importaciones de Japón en 2012:

1. China (21,2%)

2. EEUU (8,6%)

3. Australia (6,3%)

4. Arabia Saudita (6,1%)

5. EAU (4,9%)

 

Importaciones de China en 2012:

1. UE (11,7%)

2. ASEAN (10,8%)

3. Japón (9,8%)

4. Corea del Sur (9,3%)

5. EEUU (7,3%)

   Según los datos, en 2012, las exportaciones de Japón a China representaban el 18,0% y China es el cliente más importante para Japón, mientras que las exportaciones de China a Japón equivalen al 7,4% y Japón es el quinto cliente más importante para China. Acerca de las importaciones también puede apreciarse la dependencia mutua. Según los datos en 2012, las importaciones a Japón desde China representaron el 21,2%, mientras que las importaciones a China desde Japón el 9,8%.

   Para Japón, EEUU era tradicionalmente el cliente más importante, pero desde 2009 China ocupa el primer lugar en las exportaciones de Japón, a pesar de la tensión entre China y Japón que se recalentó últimamente por la disputa en torno a las Islas Senkaku/Diaoyu en 2010. Para China, Japón es aún un cliente importante, aunque la importancia de EEUU y UE subió recientemente.

   Los desencuentros entre China y Japón no comenzaron recientemente. Tras el Comunicado Conjunto del Gobierno de Japón y el Gobierno de la República Popular de China en 1972, China y Japón construyeron una buena relación. Japón contribuyó mucho al crecimiento económico de China a través de la Ayuda Oficial al Desarrollo, pero es verdad que ya existían entonces problemas como el del Santuario Yasukuni, los  libros de texto a propósito de la historia en Japón y las Islas Senkaku/Diaoyu.

   Sin embargo, superaban los desacuerdos políticos para facilitar el desarrollo económico de ambos países en esa época. Decían que la relación entre China y Japón de entonces era “Sei-rei Kei-netsu (“Zheng-leng Jing-re” en chino)”, que significa “Política fría y Economía caliente”. Es una expresión inventada por Hu Jintao, ex Presidente de la República Popular China. Aunque había campaña antijaponesa en China, los gobiernos de ambos países mantenían la “Relación Recíproca Estratégica”.

   En mi opinión, la principal causa de los desencuentros recientes entre China y Japón radica en las circunstancias internas de China. Se debe al aumento reciente de la insatisfacción del pueblo chino con el gobierno y con el Partido Comunista de China. Para desviar la atención, se está utilizando el sentimiento antijaponés del pueblo chino bajo el control del gobierno. En relación con el problema de las Islas Senkaku/Diaoyu, el gobierno chino tuvo éxito con el cambio de dirección de la insatisfacción, pero solo provisionalmente. Estoy seguro de que el pueblo chino se dará cuenta de la intención del gobierno y actuará con juicio. Observo que esta maniobra no funciona muy bien en 2013 por la falta de comunicación entre el gobierno chino y el Ejército Popular de Liberación.

2.      ¿Es beneficiosa internamente dicha tensión para ambas partes?

   Económicamente no, pero políticamente sí. Aunque no se recuperará pronto la relación entre China y Japón, volverán a la situación de “Sei-rei Kei-netsu (“Zheng-leng Jing-re” en chino)” en el futuro. Últimamente, se está estancando la economía china y la diferencia de nivel de vida entre regiones está aumentando en China. Para controlar la insatisfacción con el gobierno chino, continuará la tensión entre China y Japón. En este sentido, la tensión es beneficiosa para el gobierno chino.

   Desde un ángulo diferente, aunque China es un cliente muy importante para Japón y los círculos económicos de Japón quieren que se recupere la relación pronto, la tensión territorial es beneficiosa para aquellos que quieren reformar la política de defensa en Japón. El beneficiario es el movimiento que quiere fortalecer la seguridad y agrandar el papel de las Fuerzas Armadas de Autodefensa de Japón (FAAJ), y además, para reformar la Constitución, que sujetaba las actividades de las FAAJ. Si aumenta la preocupación por la seguridad entre el pueblo japonés, esto beneficia al gobierno japonés, que quiere reformar la defensa.

3.      ¿Cree posible la reconducción de las relaciones tras el breve encuentro de Shinzo Abe y Xi Jinping en el cónclave del G20 de San Petersburgo?

   Creo que es difícil moderar la tensión y celebrar la cumbre entre China y Japón inmediatamente, aunque hubo un encuentro de 5 minutos entre Xi Jinping y Shinzo Abe en la antesala del G20 de San Petersburgo. La principal discrepancia es el problema de las Islas Senkaku/Diaoyu. Para celebrar la cumbre, son necesarios avances, pero no hay lugar para transigencias en ambos países. Otra probabilidad es que aparquen este  problema, que lo dejen en suspenso, pero no presenta muchas ventajas para ambos países por el momento, aunque ambos desean recuperar la relación económica pronto.