Xi Jinping y el PCCh: ¿A la sexta va la vencida? Xulio Ríos es el director del Observatorio de la Política China

In Análisis, Sistema político by Xulio Ríos

La sexta sesión plenaria del Comité Central del Partido Comunista (PCCh) que se inicia el próximo lunes 8 de noviembre transcurrirá en un contexto bien complejo para China. En efecto, el repunte de la pandemia en algunas provincias del país y las dificultades –incluida la energética- de la economía sugiere un escenario de tensión con el que deberán lidiar las autoridades en los próximos meses. Por otra parte, el agravamiento de las crisis con Taiwán y las principales potencias occidentales introducen factores de inestabilidad que lejos de aminorar se enquistan y se propagan. Cualquier esperanza de vuelta a la normalidad con EEUU se ha disipado. Y ello a pesar del notable aumento de las compras de gas licuado, de las relaciones comerciales, de la inversión estadounidense y hasta de la tenencia de bonos del Tesoro, circunstancias que acentúan la interdependencia mutua.

La sexta sesión plenaria no podrá ignorar estas tendencias y flotarán en el ambiente de esta sesión, aunque al respecto no se esperan decisiones sorprendentes. Tampoco cuestionamientos de la línea política general, por más que se haya intentado ahondar en diferencias a propósito de confrontar el mercado con la prosperidad común o el toque de atención a algunas empresas, sectores o monopolios, ya hablemos de Evergrande o de las tecnológicas. Sea cual fuere la percepción, es evidente que China (y también los países desarrollados de Occidente deberían imitarla en esto) necesita con urgencia reducir desigualdades, ampliar la clase media, significar la primacía del bien común y revertir seriamente las taras estructurales de su sistema económico y social.

No parece que esta delicada coyuntura debilite el liderazgo de Xi Jinping. Tanto podríamos argumentar que es resultado de sus políticas como que sus políticas han contribuido a amortiguar los daños y perseverar en el rumbo trazado de la reforma china.

Tercera resolución y seguridad política

En cuanto al PCCh propiamente dicho, la sexta sesión plenaria tiene en su agenda una nueva resolución sobre su historia. Será la principal seña de identidad de este encuentro y supondrá la culminación de los actos ligados al centenario del Partido (1921-2021). Es el tercer documento de este tipo desde la fundación del PCCh e incluirá una nueva narrativa sobre temas clave del liderazgo y de los principales eventos referidos al PCCh, incluyendo no solo el balance del denguismo (1978-2012) como una revisitación del maoísmo (1935-1978).

Las dos resoluciones anteriores sobre la historia son obra de Mao Zedong y Deng Xiaoping. La primera, en 1945, entronizó el pensamiento de Mao como guía ideológica. El segundo, que se llevó a cabo en 1981 tras la Revolución Cultural, reconoció el liderazgo de Deng y ajustó cuentas con el maoísmo diferenciando aciertos (70 por ciento) y errores (30 por ciento). El nuevo documento destacará el rol de Xi, enaltecerá su posición central e instituirá su “pensamiento” como orientación del Partido para lograr la transformación de China en “un gran país socialista moderno” para 2049 – el centenario de la República Popular China – y sentenciar así su legitimidad y su lugar en la historia.

Al pleno, Xi llega con los deberes hechos. En las últimas semanas se han producido numerosos nombramientos en las jefaturas provinciales del Partido que anuncian cambios de mayor alcance de cara al decisivo XX Congreso, a celebrar en el otoño próximo, acreditándose la derrota de cualquier intento de cortocircuitar sus planes. Sin sucesor a la vista, el poso de este pleno nos debe indicar con claridad su rumbo hacia un tercer mandato a la espera de los nombramientos que le sigan en instituciones clave del Partido, del Estado y del ejército, así como la maraña de relevos que espera en el Comité Permanente del Buró Político, la cima del poder chino.

En vísperas de las celebraciones del Día Nacional de China, el PCCh expulsó al ex viceministro de Seguridad Pública, Sun Lijun, por graves delitos políticos que dejan entrever la implicación en una conspiración. Estaba siendo investigado desde el año pasado. En paralelo, fue sometido a investigación el ex ministro de Justicia y ex jefe de la Oficina de Seguridad Pública, Fu Zhenghua. Fu es el cuarto ex viceministro de Seguridad Pública detenido por la Comisión Central de Disciplina en los últimos años. En 2016, Li Dongsheng, ex subjefe de la policía nacional y aliado del ex zar de la seguridad Zhou Yongkang, fue encarcelado durante 15 años por cargos de corrupción. El año pasado, el antiguo jefe de la Interpol, Meng Hongwei, fue condenado a 13 años y medio de cárcel por corrupción. Otro caído importante fue Peng Bo, subdirector de la administración del ciberespacio.

En medio de rumores de conjura contra Xi, nuevamente se ha señalado a dirigentes retirados, en especial al clan de Jiang Zemin y Zeng Qinghong, como artífices de una operación para socavar el poder del secretario general y evitar una continuidad que sacrifica las reglas instituidas por Deng, entre ellas la de no más de dos mandatos. El ámbito de proyección de mayor enjundia es el departamento de asuntos jurídicos y políticos del Comité Central, sobre el que recae nada menos que la supervisión de toda la seguridad en China. Zhao Kezhi, con vínculos con Xi y Hu Jintao, ha impulsado una estrategia de cerco sobre todos aquellos cuadros vinculados al “antiguo régimen” (afectando a estructuras civiles y militares), cayendo una ficha tras otra en una lucha soterrada que ha permitido afianzar la seguridad política de Xi Jinping y la consolidación de su poder en el Partido.

En otro plano, Xi ha debido lidiar con la resistencia del primer ministro Li Keqiang o las fricciones con su ex aliado, el vicepresidente Wang Qishan (con caídas de protegidos como Chen Feng o Dong Hong). En medio, las reticencias al giro a la izquierda que propicia Xi como también el tono de los mecanismos regulatorios imperativos que deben ajustar el proceder de los grandes grupos empresariales y las pugnas entre las facciones financieras (un sector con fuertes intereses de Wang así como del ex vicepresidente Zeng Qinghong). Por otra parte, el eco de las visiones más críticas, representadas por ejemplo, en el libro de Xu Zhangrun, Alerta Viral, con invectivas hipercríticas sobre lo que califica de errores estratégicos y de apreciación de Xi en numerosos campos, será ignorado al completo. Por la izquierda, los neomaoístas pueden alegrarse de la reciente puesta en libertad de Wu Lijie pero sin margen de esperanza de concesiones más allá.

En suma, a un año vista del XX Congreso del PCCh, esta sesión plenaria abre la espita de la definitiva cuenta atrás para anclar más sólidamente aun el poder de Xi Jinping, afianzar el rumbo de su “nueva era” y establecer el xiísmo como el trazo ideológico asociado a la China del siglo XXI.