Elecciones Taiwán 2020 (V): EEUU toma partido Xulio Ríos es director del Observatorio de la Política China. Autor, entre otros, de “Taiwán, el problema de China” (La Catarata, 2005).

In Análisis, Taiwán by Xulio Ríos

¿Felicitará públicamente Donald Trump al candidato que salga victorioso el 11 de enero correspondiendo a la llamada que Tsai Ing-wen le hizo para saludar su triunfo en 2016? Todo es posible. En un artículo de opinión publicado el 24 de diciembre en el periódico “The Hill“, con sede en Washington, Joseph Bosco, quien se desempeñó como encargado de asuntos relacionados con China (China Country Desk Officer) en la oficina del secretario de Defensa durante la Administración de George W. Bush, pedía el fin de la “ambigüedad estratégica” que rodea las garantías de seguridad de Estados Unidos a Taiwán e instaba abiertamente al presidente Donald Trump a emitir una declaración pública señalando que EE.UU. defenderá a Taiwán contra la agresión china y a transmitir ese mensaje en una llamada telefónica con el ganador de las elecciones presidenciales del próximo 11 de enero en Taiwán.

Taiwán es el 11º socio comercial más grande de EEUU, el más afín en la región en términos de valores y pieza clave de la estrategia del Indo-Pacífico, concebida para contener militarmente a China.  En un informe que detalla aquella estrategia dado a conocer en noviembre pasado, EEUU reafirma su apoyo a Taipéi para desarrollar una efectiva capacidad de disuasión y defensa, además de profundizar las relaciones bilaterales.

Asimismo, en el marco de la competición estratégica en las relaciones EEUU-China, Taiwán se ha convertido en un activo de gran valor para la parte estadounidense. Al respecto, entre los dos principales candidatos, Tsai quiere perseverar en el acercamiento a EEUU; por su parte, Han podría hacer gala de un criterio más realista, procurando mantener una mayor equidistancia.

La neutralidad de EEUU a propósito de Taiwán siempre ha sido formal. Taiwán ha recibido una atención destacada en todos los discursos de importantes figuras de la Administración Trump como el vicepresidente Mike Pence o el secretario de Estado Mike Pompeo. Este último advirtió que si China abandona su comportamiento “pacífico” en relación a la isla, EEUU revertería la decisión de poner fin a las relaciones oficiales con la República de China. Recientemente, un proyecto de ley propuesto en la Cámara de Representantes de Estados Unidos requiere que los directores del Instituto Americano en Taiwán (AIT, siglas en inglés), la entidad que representa los intereses de Washington a falta de embajada, reciban la confirmación por parte del Senado y se les otorgue el rango y el estatus de ambassador-at-large, el cual es similar al embajador volante o itinerante. El borrador de la “Ley del Enviado ante Taiwán”, fue promovido por el republicano de Ohio Steve Chabot y el demócrata de California Brad Sherman. Republicanos y demócratas comparten en gran medida el mismo discurso en relación a Taiwán, cuyo lobby goza de una importante influencia.

La política de apoyo de Donald Trump en relación a Taiwán se basa en ampliar las ventas de armas y aprobar legislación importante que enoje a Beijing. Recientemente, aprobó la venta de 66 cazas de combate F-16V, y no será la última. A lo largo de 2019, los buques de guerra de EEUU atravesaron el Estrecho en nueve ocasiones con el propósito de enviar una señal a China al tiempo que Beijing intensificaba su presión sobre Taiwán.

En el frente diplomático, a la vista de que solo 15 aliados reconocen a Taiwán (Tsai perdió siete en el transcurso de su mandato), Washington subió la apuesta. Figuras como Stephen Yates, ex consejero adjunto de seguridad nacional de EEUU, abogó porque el Secretario de Estado visite Taiwán cada vez que China le robe un aliado. Sin llegar a eso, recientemente y por primera vez, una delegación mixta EEUU-Taiwán visitó Santa Lucía para retener este aliado con la excusa de promover una delegación comercial conjunta. Esta y otras iniciativas similares se incluyen en la conocida como Ley Taipéi cuyo objetivo no es otro que ayudar a Taiwán a no perder ni uno más de sus 15 aliados y a apoyar su presencia internacional.

Taiwán, por otra parte, se ha erigido como el mayor beneficiario de la guerra comercial China-EEUU, según la UNCTAD, al igual que países como Vietnam o México. Y lo ha notado tanto en su comercio exterior como en sus inversiones. La repatriación de fondos de empresarios taiwaneses en China continental es un hecho. Según las últimas estadísticas del ministerio de Finanzas, hasta el día 20 de diciembre, la cantidad de solicitudes de repatriación ha sobrepasado los 1.500 millones de dólares, aunque hasta el momento, por motivos administrativos, han sido repatriados poco menos de la mitad mencionada. Esta disyuntiva también condiciona las visiones internas: para el PDP, la guerra comercial representa una oportunidad mientras que para el KMT de ahí no saldrán ganadores.

Hay cuatro escuelas de pensamiento en términos de política de EEUU a propósito de Taiwán: alinearse con la fórmula “un país dos sistemas”, mantener el statu quo basado en la Ley de Relaciones con Taiwán (1979), normalizar a China y Taiwán y utilizar otras denominaciones del tipo “un país, dos gobiernos”. Hasta ahora, mantener el statu quo es la dominante.

Para EEUU se trata de presentar a Taiwán como expresión de la refutación final del proyecto político del PCCh, en palabras de Steve Bannon, el ex estratega jefe de la Casa Blanca que ahora se ha unido al multimillonario chino fugitivo Guo Wengui para hostigar a Xi Jinping.  Bannon atribuye a Taiwán un papel vital para frustrar la búsqueda china del dominio global. Y no duda en calificar estas elecciones como “el más importante evento que tenemos ante nosotros”, situando a Taiwán en el contexto de un conflicto mayor entre China y Occidente.