La “anexión” económica de Taiwán

In Análisis, Taiwán by PSTBS12378sxedeOPCH

China continental y Taiwán avanzan a gran velocidad hacia una cooperación económica integral. De la reunión mantenida por Hu Jintao, secretario general del PCCh, con Lien Chan, presidente honorario del KMT, en la cumbre de la APEC reunida en Singapur a mediados de noviembre, ha resaltado la conclusión de hacer del tema económico la prioridad en el avance de las relaciones bilaterales. El también presidente chino aseveró que el año entrante se iniciarán las negociaciones oficiales con Taiwán para la firma del Acuerdo Marco de Cooperación Económica (AMCE). En diciembre, en la reunión que celebrarán la ARATS y de la SEF en Taichung, en el centro de Taiwán, será el tema principal.  

En Taipei, la negociación y firma de este acuerdo se ha convertido en la máxima prioridad del gobierno con el objeto de normalizar las relaciones económicas bilaterales y evitar la marginación de la isla del proceso de integración económica regional. Taiwán ansía participar en la Comunidad de Asia oriental, propuesta recientemente por el primer ministro de Australia Kevin Rudd y por el primer ministro Hatoyama, cuya primera reunión preparatoria se celebrará el 3 de diciembre en Sydney. La obsesión taiwanesa con China es parte del interés por firmar acuerdos similares con EEUU (cuyas negociaciones se podrían retomar después de autorizar las importaciones de carne bovina), Japón, ANSEA, UE, Nueva Zelanda o Australia. El AMCE debe permitir que Taiwán (el 18º mayor país comercial, la 20ª mayor economía y el cuarto mayor país poseedor de divisas extranjeras del mundo) participe en las organizaciones internacionales y en la integración económica multilateral. 

Tanto interés es acogido en Beijing con no menor entusiasmo. En el curso del último año se han firmado varios acuerdos para blindar la cooperación bilateral, reforzada con donaciones financieras a raíz del tifón Morakot y misiones de compra como la última, protagonizada por empresas de Jiangsu (integrada por unas 3.000 personas y con adquisiciones por valor de 4.130 millones de US$). El último acuerdo firmado se refiere a la gestión y supervisión bancaria, que permitirá, entre otros, el establecimiento respectivo de sucursales bancarias. Por otra parte, China ha formalizado un ingente pedido de productos agrícolas a Taiwán (1.250 millones de US$ hasta finales de 2010). Las autoridades de Fujian, provincia situada enfrente de la isla, impulsarán una zona económica que servirá de plataforma de cooperación entre ambos lados del estrecho de Taiwán. China multiplica las ofertas a las empresas taiwanesas para que puedan ganar terreno en el continente, aumentando así su poder de atracción, una vez se reducen paulatinamente los impedimentos que restringían las relaciones y se activan los factores que facilitan la relación, desde la lengua a la cultura. 

Y es que el acercamiento también incluye otros campos. En el orden educativo, por ejemplo, el Ministerio de Educación estudia, no sin polémica, reconocer los diplomas emitidos por 41 universidades chinas, además de abrir las puertas de las universidades de Taiwán a los estudiantes del continente. Otros sugieren una alianza en la promoción de los Institutos Confucio para amentar su influencia cultural y tirar provecho de un mercado en auge (desde el primer Instituto Confucio abierto en Seúl en 2005 a hoy, se cuentan ya más de 250 en todo el mundo) que Beijing rentabiliza en exclusiva. En el turismo, ambas partes contarán con representaciones estables a cada lado. Ls restricciones a la labor de los medios de comunicación se relajan. La cooperación se extiende a la protección de los intereses de armadores y pescadores de ambas partes en la pesca costera y oceánica. También gana espacios en el ámbito diplomático, donde ambas partes respetan la tregua acordada. Los vuelos directos entre los dos lados, iniciados en 2008, han crecido a 270 por semana.  

¿Existe el peligro de que Taiwán sea literalmente anexionado por el continente? En la confianza de crear condiciones favorables para hacer progresos en los temas políticos más conflictivos, Ma prefiere dilatar el diálogo político. El acuerdo de paz, señalado como objetivo en 2005 por ambas partes, no figura en la agenda inmediata. La exigencia de la retirada de los misiles que apuntan a Taiwán no ha obtenido respuesta positiva. Tampoco es prioritaria una reunión con Hu.  

La falta de consenso interno en la isla y las reticencias sobre las consecuencias de una aproximación económica de este calado lastra el impulso de Ma. El abismo entre gobierno y oposición se agranda con dos visiones diametralmente opuestas. Las elecciones locales del 5 de diciembre, sin ser extrapolables, pueden dar una idea de la evolución política taiwanesa, aunque las próximas elecciones presidenciales (2012) serán determinantes.  

En Beijing no se tiene tan claro, como Ma parece tenerlo en Taipei, eso de que la economía es una cosa y la política, otra. Su frontera es muy frágil. Una aproximación precipitada puede restar posibilidades a Taipei en una hipotética negociación futura, pero el miedo a quedar fuera de juego (tanto por la aceleración de las dinámicas de integración económica regional como por las consecuencias de un acercamiento entre EEUU y China que puede restar trascendencia a Taiwán), parece ser más fuerte. La apuesta es arriesgada, pero no hay vuelta atrás.