Observatorio de Política China https://politica-china.org Observatorio de Política China Fri, 10 Jul 2020 07:22:34 +0000 es hourly 1 https://wordpress.org/?v=5.4.2 Consejero de Estado chino hace tres sugerencias para llevar relaciones sino-estadounidenses de vuelta a camino correcto https://politica-china.org/areas/politica-exterior/consejero-de-estado-chino-hace-tres-sugerencias-para-llevar-relaciones-sino-estadounidenses-de-vuelta-a-camino-correcto?utm_source=rss&utm_medium=rss&utm_campaign=consejero-de-estado-chino-hace-tres-sugerencias-para-llevar-relaciones-sino-estadounidenses-de-vuelta-a-camino-correcto Fri, 10 Jul 2020 07:22:34 +0000 https://politica-china.org/?p=26658 Durante su discurso de hoy jueves en el Foro de Medios de Comunicación y Grupos de Estudio China-EE. UU., el consejero de Estado y ministro de Relaciones Exteriores de China, Wang Yi, hizo tres sugerencias para llevar las relaciones sino-estadounidenses de vuelta al camino correcto.

“En primer lugar, activar y abrir todos los canales de diálogo”, recomendó Wang.

Solo la comunicación puede disipar las falsedades, y solo el diálogo puede evitar cálculos erróneos, señaló el funcionario, y reafirmó que la puerta del diálogo de China permanece abierta.

Siempre que Estados Unidos esté listo, China puede restaurar y reiniciar los mecanismos de diálogo en todos los niveles y en todas las áreas. Todos los problemas pueden ser puestos sobre la mesa, y todas las diferencias pueden ser abordadas adecuadamente a través del diálogo, manifestó el canciller.

En tanto, siempre que Estados Unidos no establezca restricciones, China también está lista para promover intercambios e interacciones entre departamentos gubernamentales, localidades y sectores sociales, con el fin de permitir que los dos pueblos se conozcan y se comprendan más, detalló Wang.

“Segundo, revisar y acordar en las listas de interacciones”, sugirió Wang.

Dada la interconexión y la complejidad de los problemas, es útil que ambas partes se sienten juntas, los estudien con detenimiento y elaboren listas sobre áreas de cooperación, diálogo y cuestiones que necesitan una gestión adecuada, explicó el alto funcionario.

“Tercero, enfocarse y cooperar en la respuesta frente a COVID-19”, indicó Wang.

Al señalar que la cooperación ante el virus debería ser la principal prioridad, Wang expresó que China está dispuesta a compartir con el país norteamericano la información sobre la prevención y contención de COVID-19, así como sus experiencias de respuesta.

“También estamos listos para llevar a cabo intercambios más estrechos con Estados Unidos sobre diagnósticos y terapias, vacunas y recuperación económica”, refirió Wang.

Estados Unidos, por su parte, debería detener inmediatamente sus actos de politización y estigmatización, exhortó Wang, y agregó que debería trabajar con China para promover una respuesta global con el fin de salvar más vidas y cumplir con la responsabilidad internacional como dos países importantes.

Las relaciones China-EE. UU. se enfrentan al desafío más severo desde el establecimiento de lazos diplomáticos, destacó Wang, y agregó que algunos en Estados Unidos con prejuicios ideológicos están recurriendo a todos los medios posibles para presentar a China como un adversario, e incluso como un enemigo.

China y Estados Unidos no deben buscar remodelarse entre sí. Por el contrario, deben trabajar juntos para encontrar formas de coexistencia pacífica entre los diferentes sistemas y civilizaciones, enfatizó.

“China no replica ningún modelo de otro país, ni exporta el suyo propio a otros”, dijo Wang.

Wang enfatizó que China nunca ha intentado desafiar o reemplazar a Estados Unidos, o tener una plena confrontación.

China ha mantenido una política altamente estable y consistente hacia Estados Unidos, y está dispuesta a hacer crecer las relaciones bilaterales con buena voluntad y sinceridad. Sin embargo, para lograr ese objetivo, las dos partes deben trabajar en la misma dirección, respetar el derecho internacional y las normas internacionales, y participar en un diálogo y consultas igualitarias, manifestó.

“China tiene todo el derecho a defender su soberanía, seguridad e intereses de desarrollo, salvaguardar los logros que el pueblo chino ha logrado a través del arduo trabajo, y rechazar cualquier intimidación e injusticia impuesta”, destacó.

Al recordar las décadas pasadas desde el establecimiento de las relaciones diplomáticas, Wang dijo que China y Estados Unidos han aprovechado al máximo su complementariedad y que sus intereses se han vuelto altamente integrados.

Las dos partes deben construir sobre los logros pasados, mantenerse al día con los tiempos y mantenerse comprometidos con el diálogo y la cooperación, concluyó Wang.

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El rol de Estados Unidos en la cuestión de Taiwán. Evolución histórica y situación durante la presidencia de Donald Trump https://politica-china.org/areas/taiwan/el-rol-de-estados-unidos-en-la-cuestion-de-taiwan-evolucion-historica-y-situacion-durante-la-presidencia-de-donald-trump?utm_source=rss&utm_medium=rss&utm_campaign=el-rol-de-estados-unidos-en-la-cuestion-de-taiwan-evolucion-historica-y-situacion-durante-la-presidencia-de-donald-trump Tue, 07 Jul 2020 07:26:21 +0000 https://politica-china.org/?p=26655 El interés de Estados Unidos por la isla de Taiwán se remonta a la Guerra de Corea (1950-53). Este conflicto bélico, en el que Mao Zedong apoyó a los revolucionarios norcoreanos de Kim Il-Sung en su enfrentamiento con las tropas surcoreanas y sus aliados estadounidenses, provocó que Washington incluyera a Taiwán dentro del área de seguridad de la región, una hecho clave en el devenir de la isla.

La importancia de la Guerra de Corea

En 1950 la postura estadounidense era cristalina, como así manifestaron el presidente Harry S. Truman el 5 de enero “el gobierno de Estados Unidos no proporcionará ayuda o asesoramiento militar a las fuerzas chinas de Formosa” y el documento NSC-48/2 elaborado por el Consejo de Seguridad Nacional del 30 de diciembre de 1949 “la importancia estratégica de Formosa no justifica una actuación militar abierta”.

El conflicto en la península coreana actuó, por tanto, de salvavidas para el Kuomintang, al ser inminente un avance comunista sobre la isla. Mao cometió un error de cálculo al apoyar el avance norcoreano sobre la República de Corea (Corea del Sur), considerando erróneamente que Estados Unidos mantendría su discurso oficial sobre Taiwán a pesar de la Guerra de Corea.

La maniobra de EE.UU. en apoyo de Taiwán supuso la ruptura con China, reconociendo a la República de China (Taiwán) como la única legítima y permitiendo que ocuparan un asiento en la Asamblea General de las Naciones Unidas. Desde entonces las autoridades taiwanesas contaron con el respaldo diplomático y militar estadounidense para establecer un gobierno autocrático independiente en Taiwán, ya que la isla, como antaño, se encuentra en una posición muy atractiva a nivel geoestratégico.

Washington firmó con Taipéi un tratado de defensa mutua y se comprometió a defender las islas Jinmen y Mazu después de la invasión china de las islas Dazhen en 1955. Dos años después instaló misiles Matador y empezó a un construir una base militar en Taichung, sirviendo para el aterrizaje y despegue de los bombarderos B-52.

Podríamos hablar de una especie de guerra fría asiática, ya que ninguna de las partes quiso ir más allá e incluso Estados Unidos impidió un ataque nacionalista sobre el continente en 1962. Durante dos décadas las distintas fuerzas en disputa se limitaron a tantear sus posibilidades aplicando una guerra psicológica que no se materializó en una amenaza real de conflicto bélico por no interesar a ninguno de los tres actores. 

China ingresa en la ONU

Existe una fecha que cambiará el curso de los acontecimientos: el 25 de octubre de 1971. Después de una votación en las Naciones Unidas se acordó que la República Popular China ocuparía el asiento de la República de China. Esta situación, sorprendente a todas luces, estuvo motivada por el deterioro de las relaciones entre China y la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), llegando a las puertas de un conflicto armado en 1969, lo que llevó a Mao a aplicar el famoso dicho “el enemigo de mi enemigo es mi amigo”: China buscó un acercamiento a Washington, rompiendo así el aislacionismo que caracterizaba al gigante asiático con países que no fueran de la órbita comunista.

Este acercamiento se tradujo en el ingreso de China en la Organización de las Naciones Unidas (ONU), la visita de Nixon a Beijing en 1972 y en el establecimiento de relaciones diplomáticas con Estados Unidos en 1979. En este sentido Estados Unidos optó por una decisión pragmática, al igual que hizo la ONU: sumarse al principio de una sola China, aunque manteniendo de facto relaciones diplomáticas con Taiwán hasta la actualidad.

De la diplomacia del ping-pong a la asociación estratégica

Pero para llegar a este punto fue necesario que las dos partes activaran la maquinaria diplomática. China, interesada en establecer relaciones con Estados Unidos, envió una carta usando de intermediario al embajador de Pakistán al consejero de Seguridad Nacional, Henry Kissinger, en el que mostraban su interés por recibir a un representante de Nixon en Beijing para hablar de la cuestión de Taiwán (Kissinger entendió que el mensaje iba más allá, por lo que aceptaron la invitación). A su vez, China invitó al equipo de tenis de mesa (ping-pong) estadounidense que se encontraba en Japón, haciendo Washington lo propio al año siguiente. Estos fueron los primeros contactos reales entre dos estados que hasta entonces eran polos opuestos, en lo que desde entonces fue conocido como diplomacia del ping-pong.

Con el derrumbe de la URSS el 25 de diciembre de 1991 y el  del mundo comunista tras la caída del Muro de Berlín (9 de noviembre de 1989), China se situó como una potencia emergente dentro del nuevo mundo unipolar bajo la hegemonía estadounidense. La década de 1990 fue productiva a nivel comercial en las relaciones bilaterales salvo disputas esporádicas, y condujeron a una serie de esfuerzos por parte de Beijing para ingresar en la Organización Mundial del Comercio (OMC), organismo que regula el comercio y fija el marco para la negociación de acuerdos comerciales, buscando con ello ingresar en la economía mundial. Pese a que las condiciones fueron duras y se precisaron grandes esfuerzos, renunciado a una soberanía total al formar parte de un organismo supranacional, el hecho de quedar aislados, dadas las dimensiones del gigante asiático, no era beneficioso para ninguna de las partes, por lo que el 17 de septiembre de 2001, seis días después del atentado más grave que ha sufrido Estados Unidos en su historia, el 11-S, China ingresó como miembro de la OMC con el apoyo estadounidense. Nunca en la historia China había estado tan integrada con el resto del mundo, poniendo fin a dos milenios de aislacionismo.

La situación de asociación estratégica, que se remontaba a los primeros contactos formales entre ambos países, teniendo como punto cumbre la visita de Nixon a China en 1972, se prolongó durante las dos décadas siguientes al, como he dicho anteriormente, existir beneficio económico y recibió esta denominación durante el gobierno de Bill Clinton.

A mediados de la década de 1990 la situación empeoró al estallar una nueva crisis de Taiwán, con motivo de los, a ojos de Beijing, excesos verbales independentistas del presidente Lee Teng-hui. Esta situación condujo a que China lanzara una serie de misiles sobre el espacio aéreo taiwanés, a modo de aviso, y sobre el estrecho, así como la movilización de tropas en la provincia de Fujian (lo que provocó una movilización estadounidense en el estrecho). La situación se repitió a inicios de 1996, a escasos días de las primeras elecciones presidenciales libres y democráticas de la historia de la isla. Washington volvió a mostrar fuerza enviando su flota a Taiwán y Lee obtuvo la victoria.

Competencia estratégica durante los gobiernos de Bush y Obama

El cambio llegó con el ascenso al poder de George W. Bush, quien tildó las relaciones con China como “competencia estratégica”. Se produjo un incidente con un avión espía estadounidense que sobrevolaba territorio chino y al ser interceptado aterrizó de emergencia en la isla de Hainan, siendo su tripulación detenida hasta que Washington pidiera disculpas. El 11-S supuso el punto de inflexión en esta situación de creciente hostilidad, normalizando las relaciones en beneficio estadounidense: tras el atentado reorientaron su política exterior hacia Oriente Medio, situando como único país asiático vinculado al eje del mal (expresión de George W. Bush) a la República Popular Democrática de Corea (Corea del Norte).

La política exterior de Barack Obama durante sus ocho años de mandato (2008-2016), más allá de haber mantenido el intervencionismo político y militar de George W. Bush, ha tenido como uno de sus ejes principales el continente asiático. Es en Asia donde Estados Unidos se disputa su papel de primera potencia mundial, de potencia hegemónica, con China. La estrategia de intentar contener a Beijing (práctica ya realizada en décadas pasadas) forjando alianzas con distintos países, en especial del sudeste asiático, tiene en la isla de Taiwán uno de sus centros más relevantes a nivel geoestratégico, así como simbólico (evitar que China recupere un territorio reclamado desde hace prácticamente setenta años es una muestra de fuerza estadounidense). Esta estrategia fue conocida como Pivot to Asia y tuvo como una de sus caras visibles a la por aquel entonces secretaria de Estado, Hillary Clinton. También es reseñable que durante el mandato de Obama tuvo lugar la denominada revolución de los paraguas en Hong Kong, en el año 2014, lo que por algunos fue considerado un intento más de revolución de color impulsado desde Estados Unidos para, en el caso chino, desestabilizar al régimen provocando y avivando problemas internos. 

La Administración Trump

Las elecciones presidenciales que se celebraron el 8 de noviembre de 2016 supusieron un cambio de rumbo para la política exterior estadounidense. El empresario multimillonario Donald J. Trump, que durante toda la campaña fue el blanco de las críticas de los demócratas y los republicanos, obtuvo la victoria sobre su rival, Hillary Clinton.

Desde un primer momento generó cierta incertidumbre en lo relativo a la política exterior ya que su su discurso durante la campaña electoral suponía una ruptura con la política exterior que había seguido Estados Unidos en las últimas décadas, consistente en intervencionismo militar e injerencias internas en otros Estados para expandir la democracia alrededor del mundo, en un papel prácticamente mesiánico. En ese sentido Trump manifestó su rechazo al desembolso millonario y la pérdida de vidas en diversas guerras innecesarias en las que su país asumió el papel de Policía del Mundo. Su retórica, con ciertos tintes aislacionistas, priorizaba la política doméstica.

Su presidencia comenzó con una acción que destaca por su simbolismo: el presidente estadounidense hizo público que había conversado telefónicamente con la presidenta taiwanesa, Tsai Ing-wen, situación que no se producía desde la ruptura de las relaciones diplomáticas entre ambos países en 1979. Esta acción, que coincidía con los primeros pasos de sus respectivos mandatos electorales, probablemente tuvo la intención de marcar perfil de cara a los enfrentamientos, velados y no tan velados, que se han producido posteriormente con China. Taiwán es una pieza clave y así se lo hizo saber Trump a su homólogo Xi Jinping.

Desde el comienzo de su mandato el presidente estadounidense situó a China como el gran enemigo, forzando una situación que por la retórica empleada y las acciones recuerda a la Guerra Fría. La situación de guerra económica y los intentos por avivar los conflictos internos de China permiten que Taiwán siga como un elemento clave en el tablero geopolítico. Peticiones como las que tuvieron lugar el pasado mayo, con Estados Unidos afirmando que Taiwán debería tener representación en la ONU y en la Organización Mundial de la Salud, nos recuerdan que pese a que actualmente el foco se encuentre en Hong Kong y Xinjiang la cuestión de Taiwán seguirá siendo un recurso de gran valor para Estados Unidos.

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China newly passed National Security Law of Hong Kong: a breakdown of worries https://politica-china.org/areas/autonomias/china-newly-passed-national-security-law-of-hong-kong-a-breakdown-of-worries?utm_source=rss&utm_medium=rss&utm_campaign=china-newly-passed-national-security-law-of-hong-kong-a-breakdown-of-worries Mon, 06 Jul 2020 08:11:26 +0000 https://politica-china.org/?p=26652 The National Security Law of Hong Kong, the object of much international debate, was formally adopted by the Standing Committee of China’s National People’s Congress on June ‪30 2020, and became efective at 23:00 the same day.

According to a survey by the Hong Kong Press-Association, 98% of Hong Kong’s journalists feared that the national security law would damage the freedom of the press. The new legislation, however, is targeted at the small minority of people who engage in subversion, secession, terrorism or foreign interference in Hong Kong affairs, or who collude with foreign powers to China’s detriment. The broad mass of people are unaffected, and their rights are guaranteed. Indeed, under the Basic Law (Hong Kong’s mini-constitution), the ICCPR applies in Hong Kong (Art.39), and has been domesticated through the Hong Kong Bill of Rights Ordinance. This, in practice, means that all the basic human rights of Hong Kong people, including such things as the rights of expression and of the press, of praceful assembly, and of association, are all constitutionally protected, although, as the ICCPR recognises, they are all subject to legal restrictions on the grounds of national security (or ublic order). The HKJA should be welcoming the return of stability to Hong Kong, as this will enable “one country, two systems”, from which it has greatly benefited, to survive, by hopefully bringing to an end the era of lawlessness which has devastated Hong Kong over the past year.

China’s national criminal law provides that anyone who “colludes with foreign states in plotting to harm the motherland’s sovereignty, territorial integrity and security” commits an offence, as also does someone who “organises, plots, or acts to split the country or undermine national unification”.

In its ordinary sense, someone who works with, conspires with, or assists others, usually in a secretive or illegal way, may be said to have colluded with others.

The newly adopted mechanism for the appointment of judges has no implications for judicial independence, as cases will continue to be decided on their merits by professional judges, who will act “independently, free from any interference” (in the words of the Basic Law, Hong Kong’s mini-constitution). What is envisaged is that, having consulted the Chief Justice as to who has the requisite criminal experience, the Chief Executive will appoint a panel of highly competent judges, who will then try the cases, most likely,on rotation. This is by no means uncommon, and there are also, for example, specialist judges who handle judicial review cases, family law cases, and admiralty cases. Once the judges try the cases, they will do so without fear or favour, in accordance with their judicial oaths, and defendants will enjoy all the usual fair trial protections, and will only be liable to conviction if the case against them has been proved beyond reasonable doubt.

Under the national security law, Hong Kong will now be required to establish a national security commission, which will be chaired by the Chief Executive, and comprise local security chiefs, together with a national security adviser, appointed by the central authorities. As in Macao (China’s only other special administrative region), where a national security commission was established in 2018, the commission will be responsible for helping the government to organize and coordinate its work in upholding national sovereignty, security and the development of national interests, including the promotion of better supervision of schools and other organizations on matters concerning national security, and ensuring better levels of public awareness. The commission has worked well in Macao, and there is no reason to suppose that it will not also work well in Hong Kong.

As for BNO “British National (Overseas) passport” holders, the UK Government has announced that it now plans to provide them with a “path to citizenship”, which has surprised many people. After all, paragraph 1 of the Sino-British Joint Declaration of 1984, stated that “China has decided to resume the exercise of sovereignty over Hong Kong”, while Paragraph 2 stated that “the UK will restore Hong Kong to China”, and two memoranda were attached to the Joint Declaration. The British Memorandum stated categorically that “all persons who are BDTCs (British Dependent Territories Citizens) will cease to be BDTCs with effect from 1 July 1997”. It then stated that although these people would be eligible to retain an appropriate status (meaning the use of BNO passports provided by the UK), it did not confer the right of abode in the UK. To suddenly change that status would appear to run counter to what was in the British Memorandum, and the suggestion is, therefore, unfortunate to say the least.

However, it is not expected that many people will wish to avail themselves of the proposal, or relocate to the UK. After all, what is being suggested is only a “path to citizenship”, which is well short of actual citizenship. . If the UK was serious, it could have offered the BNO passport holders immediate citizenship, but it has not done so. This, thyerefore, smacks of tokenism, designed to give the impression that something is being done, thereby keeping the UK’s China basshers happy, Many of the BNO passport holders are, moreover, of quite advanced in years, and it is well known that they do not want to relocate at this late stage of their lives. It is basically a political strategy to try to put pressure on China, but it will be futile, as the days when China could be coereced into acting against its best interests have long since gone..

With the prevalence of violent secessionist and subversive activity since last June, conducted by terror-style tactics, resulting in deaths, injuries and destruction on a vast scale, and with the prospect of this resuming at any time (the police have seized large quantities of explosives, assault rifles, hand guns and bomb-making equipment, all ready for use), the need for national security legislation is urgent. As the business world has recognised (the law has been welcomed by, for example,  HSBC, Jardine Matheson, Swire Pacific, Standard Chartered, and leading hoteliers, like the Marriott Group), this vital legislation will help t6o restore stability in Hong Kong. Once peacey returns, businesses will again be able to make profits, develop their potential, and start creating jobs.

The new national security law will help Hong Kong to protect its cherished “one country, two systems” paradigm from those who wish it ill, and to return once more to winning ways .

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China aprueba Ley de seguridad nacional en RAEHK: un desglose de preocupaciones https://politica-china.org/areas/autonomias/china-aprueba-ley-de-seguridad-nacional-en-raehk-un-desglose-de-preocupaciones?utm_source=rss&utm_medium=rss&utm_campaign=china-aprueba-ley-de-seguridad-nacional-en-raehk-un-desglose-de-preocupaciones Mon, 06 Jul 2020 08:05:22 +0000 https://politica-china.org/?p=26648 La Ley para la salvaguardia de seguridad nacional en la Región Administrativa Especial de Hong Kong, objeto de muchos debates internacionales, fue adoptada formalmente por el Comité Permanente de la Asamblea Popular Nacional de China el 30 de junio de 2020, y entró en vigencia a las 23:00 horas del mismo día.

Según una encuesta realizada por la Asociación de la Prensa de Hong Kong (APHK), el 98% de los periodistas de Hong Kong temían que la ley de seguridad nacional perjudicara la libertad de prensa. Sin embargo, la nueva legislación está dirigida a la pequeña minoría de personas que se dedican a la subversión, la secesión, el terrorismo o la interferencia extranjera en los asuntos de Hong Kong, o los que conspiran con potencias extranjeras en detrimento de China. La gran masa de personas no se ve afectada y sus derechos están garantizados.

De hecho, bajo la Ley Básica (mini-constitución de Hong Kong), el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos (PIDCP) se aplica en Hong Kong ( según Art. 39 de la Ley Básica) y ha sido domesticado a través del Proyecto de la Ordenanza para garantizar los Derechos en Hong Kong. Esto, en la práctica, significa que todos los derechos humanos básicos del pueblo de Hong Kong, incluidos los derechos de expresión y de prensa, de reunión pacífica y de asociación, están constitucionalmente protegidos, aunque, como reconoce el PIDCP,  todos están sujetos a restricciones legales por razones de seguridad nacional (u orden público).

La  APHK debería dar la bienvenida al regreso  de Hong Kong a la estabilidad, ya que esto permitirá que “un país, dos sistemas”, del que se ha beneficiado enormemente, sobreviva, con la esperanza de poner fin a la era de la anarquía que ha devastado a Hong Kong en el último año.

La ley penal nacional de China establece que cualquier persona que “conspire con Estados extranjeros para dañar la soberanía, la integridad territorial y la seguridad de la patria” comete un delito, como también lo hace alguien que “organiza, conspira o actúa para dividir el país o socavar la unificación nacional “.

En término general, se puede decir que alguien que trabaja, conspira o ayuda a otros, generalmente de manera secreta o ilegal, se ha coludido con otros.

El mecanismo recien adoptado para el nombramiento de jueces no tiene implicaciones para la independencia judicial, ya que los jueces profesionales seguirán decidiendo conforme los méritos que tienen,  y actuarán “independientemente, sin interferencias” (en palabras de la Ley Básica, Mini-constitución de Hong Kong). Lo que se prevé es que, después de consultar con el Presidente del Tribunal Supremo sobre quién tiene la experiencia penal requerida, el Jefe Ejecutivo designará un panel de jueces altamente competentes, que luego juzgarán los casos, muy probablemente, por rotación. Esto es frecuente, y también hay, por ejemplo, jueces especializados que manejan casos de revisión judicial, casos de derecho de familia y casos de asuntos marítimos. Una vez que los jueces juzguen los casos, lo harán sin temor o favor, de acuerdo con sus juramentos judiciales, y los acusados ​​disfrutarán de todas las protecciones de juicio justo habituales, y solo serán susceptibles de condena si el caso en su contra se ha demostrado más allá de duda razonable.

Según la Ley de seguridad nacional, ahora se requerrá que Hong Kong establezca una comisión de seguridad nacional, que estará presidida por el Jefe Ejecutivo, y estará compuesta por jefes de seguridad locales, junto con un asesor de seguridad nacional, designado por las autoridades centrales. Al igual que en Macao (la única otra región administrativa especial de China), donde se estableció una comisión de seguridad nacional en 2018, la comisión es responsable de ayudar al gobierno a organizar y coordinar su trabajo para defender la soberanía nacional, la seguridad y el desarrollo de los intereses nacionales, incluida la promoción de una mejor supervisión de las escuelas y otras organizaciones en asuntos relacionados con la seguridad nacional, y garantizar mejores niveles de conciencia pública. La comisión ha funcionado bien en Macao, y no hay razón por la cual  se supone que no funcione bien en Hong Kong.

En cuanto a los titulares de British National (Overseas) Passport (BNO), Pasaporte Nacional Británico (de ultramar), el Gobierno del Reino Unido ha anunciado que ahora planea proporcionarles un “camino hacia la ciudadanía”, lo que ha sorprendido a muchas personas. Después de todo, el párrafo 1 de la Declaración Conjunta Chino-Británica de 1984, declaró que “China ha decidido reanudar el ejercicio de la soberanía sobre Hong Kong”, mientras que el párrafo 2 declaró que “el Reino Unido devolverá Hong Kong a China”, y dos memorandos se adjuntaron a la Declaración Conjunta. El Memorándum británico declaró categóricamente que “todas las personas que son ciudadanos de territorios dependientes británicos (CTDB) dejarán de ser CTDB a partir del 1 de julio de 1997”.  También declaró que, aunque estas personas serían elegibles para mantener un estado apropiado (es decir, el uso de pasaportes BNO proporcionados por el Reino Unido), no se confiere el derecho de residencia en el Reino Unido. Cambiar repentinamente ese status parecería ir en contra de lo que estaba en el Memorando Británico, y esta sugerencia es, por lo tanto, desafortunada por decir al menos.

Sin embargo, no se espera que muchas personas deseen aprovechar la propuesta o trasladarse al Reino Unido. Después de todo, lo que se sugiere es solo un “camino hacia la ciudadanía”, que está muy lejos de la ciudadanía real. Si el Reino Unido hablara en serio, podría haber ofrecido a los titulares de pasaportes BNO la ciudadanía inmediata, pero no lo ha hecho. Esto, por lo tanto, huele a tokenismo, diseñado para dar la impresión de que se está haciendo algo, manteniendo felices a los bajistas de China en el Reino Unido.

Además, muchos de los titulares de pasaportes BNO tienen bastante avanzados años de edad, y es bien sabido que no quieren reubicarse en esta etapa tardía de sus vidas. Básicamente se trata de una estrategia política con el fin de presionar a China, pero será inútil, ya que los días en que China podría ser forzada para actuar en contra de sus mejores intereses han pasado mucho tiempo.

Con el predominio de actividades violentas secesionistas y subversivas desde junio del año pasado, conducidas por tácticas de estilo terrorista,  resultando en muertes, heridas y destrucción a gran escala, y con la perspectiva de que esto se reanude en cualquier momento (la policía ha incautado grandes cantidades de explosivos, rifles de asalto, pistolas manuales y equipo para fabricar bombas, todo listo para usar), la necesidad de una legislación de seguridad nacional es urgente.

Como el mundo de los negocios ha reconocido (la ley ha sido bien recibida, por ejemplo, por HSBC, Jardine Matheson, Swire Pacific, Standard Chartered y hoteleros líderes, como el Grupo Marriott), esta legislación vital ayudará a restablecer la estabilidad en Hong Kong. Una vez que la paz regrese, las empresas podrán volver a obtener ganancias, desarrollar su potencial y comenzar a crear empleos.

La nueva ley de seguridad nacional ayudará a Hong Kong a proteger su querido paradigma de “un país, dos sistemas” de aquellos que lo deseen mal, y a volver una vez más a formas ganadoras.

 

 

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¿Qué es lo que está en juego en Hong Kong con la nueva Ley de Seguridad Nacional? https://politica-china.org/areas/autonomias/que-es-lo-que-esta-en-juego-en-hong-kong-con-la-nueva-ley-de-seguridad-nacional?utm_source=rss&utm_medium=rss&utm_campaign=que-es-lo-que-esta-en-juego-en-hong-kong-con-la-nueva-ley-de-seguridad-nacional Fri, 03 Jul 2020 15:34:31 +0000 https://politica-china.org/?p=26645 “Soy un señor que quiere comprenderlo todo en general, es el espíritu de la ilustración el que al final está en juego” – Rafael Poch-

 El profesor Sean Golden, en su recién artículo publicado en el Anuario Internacional CIDOB, señalaba con mucha astucia el gran problema que destapa el asunto de Hong Kong: la viabilidad del actual sistema de gobierno chino que tiene que hacer malabares para gobernar a su periferia – Xinjiang, Tibet y Hong Kong-. Golden comenta que “la habilidad china para aplicar políticas de “preservación de estabilidad” en Xinjiang evidencia el abismo entre gobernar un territorio continental con métodos desarrollados para una revolución leninista, y gobernar una sociedad compleja y modernizada en Hong Kong mediante “características socialistas”.

Más allá de la intervención de fuerzas extranjeras en Hong Kong a través de organizaciones de la sociedad civil hongkonesa, considero que China se encuentra ante una gran contradicción difícil de resolver. Por un lado, el estado fuerte chino, fruto de la revolución, tiene serias dificultades para responder a la histórica diversidad cultural y política que existe en su periferia -el lector debería recordar que China solía ser un imperio multi-étnico-. Por otro lado, una posible profunda descentralización del estado para lidiar con demandas que implicarían un nivel más amplio de pluralidad política podría suponer la fragmentación del estado, contribuyendo así a su desintegración y quizás a la victoria del “fin de la historia” de Fukuyama. Esta contradicción que revelan las protestas de Hong Kong pone en peligro la supervivencia del Partido Comunista chino (PCCh) y su proyecto político que se inició a principios del siglo XX. Este es el auténtico drama que el estado chino está sufriendo en Hong Kong.

Por supuesto, a esta contradicción que existe en el seno del estado chino, hay que añadir la continua guerra de clases que existe a nivel internacional entre el mundo liberal y China. Como sostiene el profesor Van der Pijl, “todos los estados contendientes del pasado – Prusia, la Francia napoleónica, la Unión Soviética y Japón-, en algún momento, se han encontrado ante una coyuntura en la que la presión externa que emana del mundo liberal combina demandas promovidas por las fuerzas capitalistas liberales para desposeer a la clase dirigente estatal. Estas demandas se articulan a través del capital internacional que busca acceso a nuevos mercados y a un impulso de derechos de la propiedad que se construye a través de la narrativa liberal de los derechos humanos”. En lo domestico, también existe otra lucha de clases entre el PCCh y sus enemigos políticos de la élite china y una clase obrera que ha sufrido las graves consecuencias del neoliberalismo hongkonés. Por añadidura, el actual capitalismo en decadencia desestabiliza aún más todos estos procesos sociales, creando así una gran incertidumbre política y económica.

Por esta razón, las grandes potencias occidentales a través de sus aparatos mediáticos azotan a China utilizando el filón de esa gran contradicción que afecta la línea de flotación del sistema de gobernanza chino. A pesar de su exitoso auge geopolítico, en lo doméstico, China se encuentra entre la espada y la pared. En otras palabras, lo que sucede en Hong Kong pone en evidencia uno de los rompecabezas históricos que el PCCh aún no ha resuelto con total éxito desde 1949. La revolución china y la subsecuente creación de un estado revolucionario en un contexto de competición geopolítica antiimperialista forzó a al PCCh a limitar la diversidad interna que existía en el país. En contra de lo que sostiene la historiografía liberal, esto no fue resultado de la tiranía de Mao Zedong, sino más bien de las fuerzas estructurales del mismo desarrollo que constriñeron las posibilidades del nuevo estado revolucionario chino. Es importante destacar que este proceso es muy característico de los estados en desarrollo tardío que se encuentran ante la necesidad de desarrollar sus fuerzas productivas para no verse engullidos por el mundo imperial liberal. Ante esa tesitura, la pluralidad cultural y política se vio afectada por las necesidades del desarrollo económico bajo una doctrina leninista.

Las protestas de Hong Kong confrontan al PCCh con una gran contradicción que parecía haberse diluido con la formula de “un país, dos sistemas”. Los fantasmas del pasado regresan. Así pues, en este contexto tan complejo, la “Ley de Seguridad Nacional” no solo hay que entenderla como una respuesta para evitar que potencias extranjeras financien dudosas ONGs “democráticas” que ponen en peligro la soberanía nacional, sino también como un intento de suturar una contradicción que puede acabar sobrepasando el poder del PCCh. Como sostiene el profesor Sulmaan Wasif Khan, la gran estrategia política china ha estado influenciada por los fantasmas del caos interno que sufrió la República de China entre 1911 y 1949. El PCCh quiere evitar a toda costa que esos fantasmas destruyan todo lo conseguido. El dilema reside en que tanto el repliegue hacia adentro para fortalecer el estado chino en un contexto de lucha geopolítica, como una posible distensión que permita un nivel más amplio de pluralidad política, pueden llevar al PCCh al mismo punto de no retorno. Así pues, lo que algunos describen como una simple batalla entre “democracia y tiranía”, es en realidad una batalla más profunda entre un estado contendiente que busca su supervivencia y un mundo liberal que ha abandonado toda idea de integrar a China en la economía capitalista desde una posición de subalternidad.

Hoy más que nunca necesitamos análisis que nos ayuden a entender a China. Esto no significa legitimar las políticas de nuestro objeto de estudio. Esto significa mantener el “espíritu de la ilustración”, porque como dice Rafael Poch, “al final es lo que está en juego”.

 

 

 

 

 

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Taiwán y Somalilandia establecerán oficinas representativas: Canciller https://politica-china.org/areas/taiwan/taiwan-y-somalilandia-estableceran-oficinas-representativas-canciller?utm_source=rss&utm_medium=rss&utm_campaign=taiwan-y-somalilandia-estableceran-oficinas-representativas-canciller Wed, 01 Jul 2020 15:07:20 +0000 https://politica-china.org/?p=26641 Taipéi, julio 1 (CNA) Taiwán y Somalilandia, un Estado autoproclamado independiente en África Oriental, han firmado un acuerdo para establecer oficinas representativas en el territorio del otro, anunció el canciller Joseph Wu en una rueda de prensa del miércoles 1.

El acuerdo fue suscrito en la Casa de Huésped de Taipéi por Wu y su homólogo del país africano, H.E Yasin Hagi Mohamoud, el 26 de febrero, cuando Mohamoud realizó una visita a Taiwán encabezando una delegación.

Mohamoud también se reunió con la presidenta Tsai Ing-wen en el Palacio Presidencial durante su visita.

El anuncio de Wu se produjo tras lo reportado por el diario local del país africano “Somaliland Chronicle” que citó fuentes al decir que el presidente de Somalilandia, Musa Abdi, había asignado a un representante a Taiwán.

Somalilandia no es reconocido como un Estado por la comunidad internacional ni tiene lazos diplomáticos oficiales con otros países. Su territorio reclamado en el noroeste de Somalia es hogar para unos 3,9 millones de residentes.

Según Wu, Taiwán ha empezado a cooperar con Somalilandia en materia de seguridad marítima, medicina y educación desde el 2009, y ambas partes han entrado en negociaciones sobre cómo facilitar las relaciones bilaterales y el establecimiento de oficinas representativas desde finales del año pasado.

El personal taiwanés ha estado en Somalilandia desde el 6 de febrero para establecer la Oficina Representativa de Taiwán, pero la fecha para la inauguración de la misma aún está en negociaciones, señaló Wu.

Una vez que las oficinas representativas se establezcan, Taiwán y Somalilandia cooperarán en ámbitos como agricultura, minería, pesca, energía, salud pública, educación e información tecnológica, agregó Wu.

Somalilandia cuenta con recursos ricos de pesca y minería, destacó Wu, y añadió que el establecimiento de las oficinas representativas podrá ayudar a fortalecer una relación mutuamente beneficiosa entre ambos lados.

Según Wu, desde que Somalilandia autoproclamó su independencia en 1991, ha realizado tres veces elecciones presidenciales. “Ese país africano no sólo tiene una situación política estable, sino que también sigue profundizando su democracia”, concluyó Wu.

(Por Yu Kai-hsiang, Chen Yun-yu y Julio Yang)
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Tren Yiwu-Madrid abre canal verde para transporte de materiales médicos https://politica-china.org/areas/politica-exterior/tren-yiwu-madrid-abre-canal-verde-para-transporte-de-materiales-medicos?utm_source=rss&utm_medium=rss&utm_campaign=tren-yiwu-madrid-abre-canal-verde-para-transporte-de-materiales-medicos Wed, 01 Jul 2020 15:04:30 +0000 https://politica-china.org/?p=26638 MADRID, 30 jun (Xinhua) — Desde el estallido de la pandemia del COVID-19, los trenes entre China y Europa han abierto un “canal verde” para el transporte de materiales médicos y materias primas en virtud de sus ventajas únicas.

Así lo señaló el embajador de China en España, Wu Haitao, en una entrevista con Xinhua, en momentos en que han llegado esta semana a Madrid, mascarillas y trajes de protección, así como otros materiales médicos en trenes Yixinou.

El embajador destacó que los trenes China-Europa, como enviado del transporte de la “Franja y la Ruta” han mantenido una operación estable y se han convertido en un importante enlace que conecta China, Europa y otros países durante la epidemia.

También desempeñaron un papel activo e importante en la estabilización de las cadenas internacionales de suministro y de producción, y en el mantenimiento de los intercambios económicos y comerciales entre los países.

Los materiales médicos adquiridos por el gobierno español calculados en más de 250 toneladas han llegado en los últimos tres días a Madrid, por esta ruta comercial ferroviaria del tren de carga Yiwu-Madrid que recorre 13.052 kilómetros de distancia a lo largo de 8 países como China, Kazajistán, Rusia, Bielorrusia, Polonia, Alemania, Francia y España, para convertirse en la línea férrea más larga del mundo.

Según dijo a Xinhua el director gerente de la filial de la empresa operativa del tren Yiwu-Madrid en España, Carlos Santana, de hecho, durante los últimos meses no han terminado de llegar a Madrid materiales médicos desde Yiwu, centro de distribución de productos básicos más grande del mundo, y ubicado en la provincia oriental china de Zhejiang.

Destacó que el transporte de mercancías por ferrocarril se ha erigido como una alternativa fiable y confiable en los meses de confinamiento y pandemia para importar material sanitario desde China.

China exporta cada vez más productos tecnológicos con cierto valor añadido, como relojes con pulsómetro, complementos bluetooth o electrodomésticos, pero también piezas de repuesto de automóviles, productos eléctricos y, en general, bienes de temporada, como el material sanitario, añadió Santana.

Hasta el 31 de mayo, los trenes China-Europa que salen de Yi Wu suman ya 200, con 16672 vagones estándar, con volúmenes que representan un aumento de 72 por ciento respecto al mismo período del año pasado, según las estadísticas distribuidas por la empresa operativa del tren Yixinou.

Por su parte, el director de Observatorio de Política de China con sede en Galicia, España, Xulio Ríos, dijo a Xinhua que los trenes de carga que unen China y Europa se han convertido en el símbolo de la satisfacción de los intereses mutuos.

“En la UE, España debiera desempeñar un papel constructivo, apostando también por la promoción de la cooperación con China. Tal actitud responde no solo a sus intereses inmediatos sino igualmente a las exigencias del mundo pos-pandemia,”subrayó Ríos.

China es el principal socio comercial y económico de España en Asia, así como el primer destino de las exportaciones españolas en la región. China es también en la actualidad el mayor socio comercial de España fuera de la UE y España, el sexto mayor socio comercial de China dentro del bloque comunitario.

Según las estadísticas oficiales, unas 15.000 empresas españolas exportan a China y unas 600 más están implantadas en el país asiático en sectores como la energía, automoción, servicios financieros, tecnología industrial, agroalimentario y bienes de consumo.

China es el séptimo mayor inversor en España, y 150 compañías chinas se han establecido en distintas ciudades españolas y que han creado 15.000 puestos de trabajo, según los datos del Instituto de Comercio Exterior del Gobierno español.

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Máximo órgano legislativo de China adopta ley sobre salvaguardar seguridad nacional en Hong Kong y la incluye en anexo de Ley Básica https://politica-china.org/areas/autonomias/maximo-organo-legislativo-de-china-adopta-ley-sobre-salvaguardar-seguridad-nacional-en-hong-kong-y-la-incluye-en-anexo-de-ley-basica?utm_source=rss&utm_medium=rss&utm_campaign=maximo-organo-legislativo-de-china-adopta-ley-sobre-salvaguardar-seguridad-nacional-en-hong-kong-y-la-incluye-en-anexo-de-ley-basica Wed, 01 Jul 2020 07:57:24 +0000 https://politica-china.org/?p=26635 BEIJING, 30 jun (Xinhua) — Los legisladores chinos votaron hoy martes a favor de la aprobación de la Ley de la República Popular China sobre salvaguardar la seguridad nacional en la Región Administrativa Especial de Hong Kong (RAEHK).

La ley fue aprobada en la 20ª sesión del Comité Permanente de la XIII Asamblea Popular Nacional (APN), el máximo órgano legislativo del país.

El Comité Permanente de la APN también adoptó la decisión de incluir la ley en el Anexo III de la Ley Básica de la RAEHK.

El presidente Xi Jinping firmó una orden presidencial para promulgar la ley, que entrará en vigor a partir de la fecha de la promulgación.

La ley, formulada a partir de una decisión de la APN sobre el establecimiento y el mejoramiento del sistema legal y de los mecanismos de aplicación para la RAEHK con el fin de salvaguardar la seguridad nacional, tiene 66 artículos en seis capítulos y es una ley integral con contenidos de ley sustantiva, derecho procesal y ley orgánica.

La ley define claramente los deberes y los organismos gubernamentales de la RAEHK para salvaguardar la seguridad nacional; las cuatro categorías de delitos — secesión, subversión, actividades terroristas y colusión con un país extranjero o elementos externos para poner en peligro la seguridad nacional — y sus sanciones correspondientes; la jurisdicción, la ley aplicable y el procedimiento; la oficina del Gobierno Popular Central para salvaguardar la seguridad nacional en la RAEHK, entre otros contenidos.

De esta forma, establece el sistema legal y los mecanismos de aplicación para la RAEHK con el fin de salvaguardar la seguridad nacional.

Después de la adopción de la ley, el Comité Permanente de la APN, de acuerdo con los requisitos de la decisión de la APN, consultó a su Comité de Ley Básica de la RAEHK y al gobierno de la RAEHK, y adoptó la decisión este martes en la tarde de incluir la ley en el Anexo III de la Ley Básica de la RAEHK.

La decisión adoptada recientemente estipula que la ley se aplicará en la RAEHK mediante promulgación por parte de la región.

La ley es un hito en la defensa y mejoramiento del marco institucional de “un país con dos sistemas” bajo nuevas circunstancias. Salvaguardará efectivamente la seguridad nacional y la paz duradera, la estabilidad y la prosperidad en Hong Kong, y garantizará el desarrollo estable y sostenido de la causa de “un país con dos sistemas” en Hong Kong.

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Descubren nuevo coronavirus en Barcelona en muestra de marzo de 2019, según investigador español https://politica-china.org/areas/sociedad/descubren-nuevo-coronavirus-en-barcelona-en-muestra-de-marzo-de-2019-segun-investigador-espanol?utm_source=rss&utm_medium=rss&utm_campaign=descubren-nuevo-coronavirus-en-barcelona-en-muestra-de-marzo-de-2019-segun-investigador-espanol Wed, 01 Jul 2020 07:04:34 +0000 https://politica-china.org/?p=26631 MADRID, 30 jun (Xinhua) — Una muestra de aguas residuales recolectadas el 12 de marzo de 2019 en Barcelona, España, resultó “claramente positiva” en el análisis para detectar la presencia del nuevo coronavirus, confirmó a Xinhua Albert Bosch, catedrático de microbiología de la Universidad de Barcelona (UB).

En una entrevista exclusiva con Xinhua, el también presidente de la Sociedad Española de Virología destacó que el descubrimiento de la presencia del virus causante de la COVID-19 indica que “en aquel momento circulaba de forma inadvertida”.

“Era un virus que no se buscaba y se desconocía. Coincide también con un período de infecciones respiratorias”, relató Bosch.

La detección puso en evidencia la presencia del SARS-CoV-2 en el país europeo en marzo del año pasado, más de 11 meses antes de que se diese a conocer oficialmente el primer caso de COVID-19 registrado en España el 25 de febrero de 2020.

De acuerdo con la información difundida por la UB, los investigadores analizaron inicialmente muestras semanales obtenidas en dos plantas de tratamiento de aguas residuales de Barcelona entre enero y marzo de este año.

Las investigaciones iniciales detectan que el nuevo coronavirus llevaba presente en las aguas residuales de Barcelona desde el 15 de enero, y confirmaron la presencia creciente del nuevo coronavirus, coincidiendo claramente con la evolución de los casos de COVID-19 en la población.

“Las aguas residuales son una buena muestra para poder detectar si hay circulación del virus entre la población. Lo hemos hecho para otros virus anteriormente y, por eso, buscamos el SARS-CoV-2 en aguas residuales”, explicó Bosch.

El resultado alentó a los investigadores a analizar las muestras de aguas residuales congeladas en fechas anteriores entre enero de 2018 y diciembre de 2019.

“Empezamos a buscar muestras en nuestros congeladores, lo que quedaba de estudios anteriores, buscando otros virus… Las hemos reanalizado también desde enero de 2018, no todos los meses, porque ya no nos quedaban, sino de algunos meses concretos”, aclaró el especialista.

Según Bosch, las muestras siempre dieron negativas, excepto una del 12 de marzo de 2019, que fue “claramente positiva”.

Sin embargo, reconoció que no sabe “si hemos detectado es el virus exacto, como el que tenemos ahora, o un virus un poco distinto, pero que también pertenece a este virus”.

Al ser preguntado por la posibilidad de realizar más pruebas para confirmar el resultado, Bosch anotó que el gran problema es que “en cada una de las muestras que analizamos quedaba una cantidad u otra”, y que “de algunos meses ya no quedaba nada”.

De acuerdo con las cifras más recientes de la Organización Mundial de la Salud (OMS), el número total de contagiados por la COVID-19 en todo el mundo ascendió a 10.021.401 y el total de muertos a 499.913.Fin

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El nuevo enemigo chino https://politica-china.org/areas/politica-exterior/el-nuevo-enemigo-chino?utm_source=rss&utm_medium=rss&utm_campaign=el-nuevo-enemigo-chino Tue, 30 Jun 2020 08:28:04 +0000 https://politica-china.org/?p=26628 En los últimos siglos, desde el emperador Qianlong en adelante, entrada la segunda mitad del siglo XVIII, las relaciones entre China y Occidente no han sido nada fáciles. Con las cañoneras en una mano y el comercio ilegal del opio en la otra, los daños infligidos a China por algunas potencias occidentales no fueron cosa menor. A su descuartizamiento se sumó Japón y en el siglo que va desde las Guerras del Opio hasta el triunfo de la Revolución maoísta, el desmoronamiento del imperio, la desmembración de su territorio a manos extranjeras y la interminable secuencia de guerras civiles dejaron un país exhausto. Siendo así, no es extraño que las autoridades chinas lo tengan bien presente.

En el proceso histórico iniciado a partir de 1949, en el afán de superación de las inmensas taras legadas por tan complejo pasado ha estado siempre presente la idea no solo de modernizar el país y librarse del subdesarrollo sino también de recuperar la posición central ostentada durante siglos, es decir, igualar y hasta superar a Occidente en virtud de sus propias dimensiones. En buena medida, el dramático Gran Salto Adelante respondía parcialmente a ese doble propósito, en la seguridad de que se podían dar zancadas más largas, incluso mayores que las del otro Occidente “amigo” representado entonces por la URSS.

En el proyecto político del PCCh siempre ha destacado una peculiar impronta nacionalista; incluso antes del triunfo de la Revolución, cuando Mao impuso finalmente su criterio en el curso de la Larga Marcha poniendo coto a la influencia del dogma soviético en buena medida predominante hasta la marginación de los “28 bolcheviques” liderados por Wang Ming. El maoísmo exploró caminos propios; el denguismo siguió la misma senda tratando de enmendar los errores y convirtiendo en rodeo el atajo que Mao intentó infructuosamente. Por fin, el xiísmo teoriza y fija etapas para completar tan largo proceso, lo que llama sueño chino, expresión última de la revitalización del país.

En tiempos recientes, pese a incidentes graves como el bombardeo de la embajada china en Belgrado en mayo de 1999 -que fue cualquier cosa menos casual como se dijo entonces-, Jiang Zemin (1989-2002) contemporizó cuanto pudo con EEUU y los países de Occidente con una premisa principal: lograr el ingreso en la Organización Mundial del Comercio, culminado en 2001 tras largas negociaciones. Este paso, de enormes consecuencias a escala global, abrió una importante incógnita en su proceso interno: ¿significaría el temido abrazo definitivo al capitalismo dominante dejando de persistir en la búsqueda de una evolución a su medida?

Durante el mandato de Hu Jintao (2002-2012), el PCCh dejó claro que no tenía la voluntad de evolucionar hacia una convergencia con el modelo occidental, ya fuera en lo político (rechazo de los “valores universales”) o en lo económico (el suyo sería un mercado gobernado con irrenunciable presencia de un fuerte sector público); tampoco su disposición a embarcarse en las redes de dependencia lideradas por EEUU y bajo su auspicio, ni siquiera bajo la fórmula de un G2. Esa reafirmación y la realidad de China convertida en segunda potencia económica mundial en 2010 cambiaron el tono en Occidente. Tras lustros de cooperación en numerosos campos, Washington abrió camino a la contención, transformándose en abierta confrontación bajo el mandato de Donald Trump.

¿Nacionalismo exacerbado?

La esencia de las acusaciones dirigidas a China apunta a descalificar un nacionalismo calificado de exacerbado que resultaría agravado internamente por una recidiva de signo socializante que el PCCh califica de simple “fidelidad a la misión fundacional”; y externamente, por el despliegue de una “política agresiva” cuya evidencia más plausible serían la actitud en las disputas territoriales en el Mar de China meridional o el expansionismo a cuenta del proyecto de la revitalización de las rutas de la seda. Habría, por tanto, un empoderamiento beligerante, con un primer escenario en la recuperación del control absoluto de territorios como Hong Kong, Macao y Taiwán, últimas expresiones de su decadencia histórica, y su traslación global a través del socavamiento del orden internacional de posguerra. ¿Es tanto así o es que esa emergencia que empequeñece a Occidente incomoda e irrita?

Es evidente que la guerra comercial desatada por la Casa Blanca no es sino una manifestación más de la Estrategia Nacional de Seguridad adoptada a finales de 2017 que señala a China como principal enemigo a batir por su capacidad para cuestionar la supremacía global estadounidense. Fue un primer y serio aviso de las consecuencias que le podrían aguardar de persistir en su empeño. Obviamente, no se trata del déficit comercial (que EEUU tiene con gran parte de las economías de todo el mundo) sino de presionar para quebrar las vigas estructurales que aportan solidez –y soberanía- al marco económico chino y que lo hacen distinto y no homologable con el modelo liberal imperante.

Atención aparte merece la pugna tecnológica simbolizada en los ataques a Huawei en nombre de la seguridad nacional. No se trata aquí tampoco de asegurar la propiedad intelectual o evitar la piratería sino de hacer descarrilar el avance tecnológico chino en áreas clave para el futuro. Se especuló con que las limitaciones derivadas del modelo político chino serían una traba insuperable para garantizar una innovación eficiente. Pero no resultó así. Desarrollando enormes inversiones y políticas ambiciosas durante muchos años, China está logrando eclipsar a las economías más avanzadas de Occidente, recuperando la también posición tradicional en este campo, ampliamente inventariada por Joseph Needham.

El fondo del problema nos remite al derecho o no de China –o de cualquier otro país- a trazar sus ejes sistémicos con plena capacidad de decisión, rechazando o aceptando total o parcialmente las experiencias ajenas. El acercamiento a la experiencia soviética no resultó exitoso y el PCCh cambió el rumbo antes incluso de la perestroika. El acercamiento a la experiencia liberal siempre se llevó a cabo insistiendo en su adecuación a la realidad china y a sus intereses nacionales, apostando por un modelo de desarrollo híbrido cuyo control descansaba no en el condicionalismo de las instancias internacionales como el FMI o el BM (a quien se escuchaba pero no obedecía a ciegas) sino en el propio PCCh. Se aceptó el mercado y se desarrolló la propiedad privada pero al igual que en el pasado hicieron los mandarines como expresión de un alargado poder burocrático, hoy representado por el PCCh, se arbitran los medios necesarios para impedir la conformación de las nuevas clases empresariales como un poder desafiante y hostil, al tiempo que una lucha activa contra la corrupción contribuye a evitar su gangrena a merced de intereses privados.

Muchas de las invectivas actuales contra China se esfumarían por arte de magia si el PCCh accediera a la homologación reclamada por un Occidente que, tras el fin de la guerra fría, alardea de un sistema político y económico modélico y el único satisfactorio a pesar de sus retrocesos y contradicciones. Para todas ellas habría sordina en las dosis precisas, como la sigue habiendo para tantos aliados “incómodos” cuyos sistemas sociales y políticos adolecen de severas taras que se encaran con paciencia y ninguna presión.

La resistencia china, es decir, el empeño en establecer un modelo en todos los órdenes adaptado a sus singularidades nacionales y en base a las premisas que soberanamente decidan, incluyendo entre ellas la búsqueda de un determinado tipo de socialismo, sirve de argumento para ensayar la resurrección de una nueva guerra fría. La Administración Trump, a la que internamente le funcionó a las mil maravillas la polarización social como estrategia electoral, ambiciona trasladarla al ámbito global señalando a China como el gran enemigo, el socio desagradecido que puede poner en peligro el modo de vida americano, el America First. Y cualquier excusa vale para ello: desde la tradicional relacionada con la violación de los derechos humanos a la novedosa “trampa de deuda” supuestamente tejida con aquellos países que osan identificar a China como un socio cooperativo para impulsar un crecimiento que la ayuda occidental, a la postre y década tras década, parecía confirmar el subdesarrollo como una forma de dominio.

¿Es China antioccidental?

En el transcurso del siglo XX, tanto el proyecto liberal como el de inspiración soviética incorporaron un claro compromiso ecuménico. El modelo chino actual ni es universal ni aspira a serlo. China quiere preservar su modelo porque le provee de la soberanía necesaria, pero el hecho de que plasme una alternativa diferenciada no significa necesariamente que ambicione expandirla por todo el mundo. Al contrario, reiteradamente, no deja de insistir en que cada país debe encontrar su propio camino de desarrollo. Indudablemente, otros países pueden encontrar en China algunas experiencias que le pueden servir de inspiración. No obstante, a diferencia de un Occidente que no duda incluso en recurrir a la guerra para imponer su modelo, China descarta cualquier pretensión en similar sentido. A tal efecto, debiéramos tener también presente que el chino es un proceso inacabado y su balance final no está escrito. Se trata de un modelo en construcción.

Otra cosa es que China requiera expandir y estructurar su presencia en todo el mundo porque su economía se ha vuelto interdependiente, circunstancia que representa una ruptura histórica de gran alcance y que le obliga a prestar cada vez más atención a lo exterior. Esto explica su apuesta por la globalización, de la que ha conseguido beneficiarse ampliamente, y también su proyecto de revitalización de las rutas de la seda, una forma de sortear la dependencia de los mercados euroestadounidenses. Sus inversiones en infraestructuras y en conectividad responden a esa necesidad significando como esencia de su proyección la economía y no la defensa. El tan reiteradamente calificado como malévolo “collar de perlas” que China construye como una red logística de puertos en zonas estratégicas clave se contrapone a las casi 800 bases militares que EEUU tiene en todo el mundo.

Si sus pretensiones a una justa y mayor representación en la gobernanza global se ven boicoteadas abiertamente, es natural que impulse mecanismos propios y se afane por consolidarlos. Probablemente, si la conducta occidental fuera otra que el rechazo, la negociación podría abrirle el hueco que se ha ganado a pulso. Pero hasta ahora, lo que ha demostrado Occidente es que no se aviene a ceder poder y menos cuando ello lleva aparejado el ejercicio de una responsabilidad con una visión diferente, a priori ni mejor ni peor, pero distinta. La pregonada democracia no alcanza a esos extremos. Así las cosas, no es un desafío que China cree el Banco Asiático de Inversión en Infraestructuras o el Nuevo Banco de Desarrollo de los BRICS. Además de tener pleno derecho, es que se le ha empujado a ello.

Pero China debe inspirar confianza. Y hay zonas ambiguas y oscuras. Sin  duda, en su modelo político, los déficits en materia de libertades se han cronificado y no lo hacen atractivo ni siquiera para unas izquierdas que en Occidente no acaban de salir de su asombro y perplejidad. En la cultura política occidental, del signo que fuere, hoy día no hay mucha cabida para un modelo de orientación socialista que desprecie este factor o que institucionalice la vigilancia masiva de la población sin la más mínima cortapisa. Y en este contexto de agravamiento de las tensiones geopolíticas, las esperanzas de profundización democrática parecen remar en dirección contraria.

Los pequeños estados ribereños con quien China tiene disputas de soberanía en los mares contiguos dan la espalda a la estrategia de simple ocupación por la vía de los hechos consumados y basada en el despliegue de unas fuerzas claramente asimétricas. China necesita asegurar sus rutas comerciales marítimas, las mismas por las que llegó la política de agresión siglos atrás. Pero su código de conducta, blandido como solución, no avanza y ello sirve de argumento a muchas capitales para demandar la presencia de la US Navy, a pesar de encontrarse a miles de kilómetros de las costas estadounidenses. Si a resultas de su experiencia y trayectoria histórica, China no estaría vocacionalmente comprometida con el ejercicio de una hegemonía de estilo occidental, su actual realidad interdependiente determina un nuevo contexto en el cual resulta de especial importancia inspirar garantía a terceros.

La creciente presencia china en África o América Latina es descalificada y vista con desconfianza, expresión de una estrategia amenazante; sin embargo, el problema real es que su creciente influencia sí amenaza el señoreo de las viejas potencias coloniales y sus grandes empresas, que siguen saqueando a placer. Sin duda, China puede cometer errores en el trazado de sus proyectos internacionales, como los ha cometido internamente, pero aprende rápido.  Que EEUU salga en defensa de los países en desarrollo para denunciar las “trampas de deuda” de China es sintomático de su desencajamiento y a la vista de los daños causados por la trampa neoliberal, esa sí bien conocida, un ejercicio de cinismo sin parangón.

El proyecto político del PCCh apunta a emancipar a China de sus más recientes hipotecas históricas. La actual espiral de confrontación deja entrever que a algunos países occidentales, encabezados por EEUU, les preocupa que China tenga éxito, en primer lugar, porque dadas sus dimensiones e impactos, podría suponer la transformación de la hegemonía global que ha caracterizado el mundo en los dos últimos siglos; en segundo lugar, porque supone una recidiva en un discurso alternativo justamente cuando tan feliz se creía tras la caída del muro de Berlín, como si el liberalismo hubiera dado respuesta a todos los problemas de la humanidad. ¿Tiene China que organizarse como dice EEUU en torno a la democracia liberal y la libre empresa o puede establecer un modelo diferente y exigir que se respete su opción? Es a la sociedad china a quien corresponde decidir su futuro, resolviendo las contradicciones que pudieran existir.

China tiene por delante una importante agenda interna. A pesar de lo exitoso de los números absolutos, recuérdese que su desarrollo humano, por ejemplo, está lejos de representar un valor presumible. Por fortuna, se están dando pasos en esa dirección. Valga de muestra en tal sentido el compromiso con la erradicación de la pobreza absoluta en el país o la construcción de una sociedad modestamente acomodada, objetivos persistentes incluso en el duro contexto de la gestión de los efectos de la epidemia del nuevo coronavirus.

Las fuentes de inestabilidad, desde las profundas desigualdades a los desequilibrios territoriales, desde las carencias democráticas a las complejidades asociadas a la reunificación, ponen de manifiesto retos de grueso calibre. Ignoramos si el actual enfoque del liderazgo chino, que apuesta por la centralización o el resurgir de prácticas de liderazgo que creíamos descartadas para siempre, supondrá el mejor camino para resolver dichos déficits. En cualquier caso, su superación no será cosa de hoy para mañana. Mientras tanto, la presión externa irá en aumento y esto dificultará cualquier evolución liberalizadora interna; es más, servirá de justificación para endurecer el blindaje con el argumento de la estabilidad y la seguridad nacional.

¿Gobernar con China o contra China?

Llegó el momento de trasladar el peso de lo económico a la gobernanza global. Pero a China no le será fácil. Se aprecia con claridad en la situación de la OMC, por cuyo ingreso tanto se esforzó en el pasado. El anuncio de dimisión del director general Roberto Azevedo da cuenta de su colapso. Trump amenaza con abandonar la OMS porque “se ha rendido a la influencia china”. Y abandonó la UNESCO, se desvinculó del acuerdo con Irán o del Acuerdo de París. También del Tratado de Cielos Abiertos. Pero es China quien no respeta las reglas y quien desestabiliza el orden internacional… Era, no obstante, perfectamente válido cuando beneficiaba y estaba a su servicio, cuando pensábamos que actuaría como atadura cuando no como carcoma en el sistema chino. No funcionó. Si China revienta las costuras del viejo orden es por el escaso esfuerzo en hacerle un hueco.

El intento de llevar a China a una guerra fría bis es del máximo interés para EEUU, que confía en repetir la jugada con éxito. Pero es evidente que China no es la URSS, y menos la URSS del tiempo del estancamiento que intentó desencallar la perestroika. No es una superpotencia militar pero si económica, con un nivel tecnológico creciente y, como señalé anteriormente, carente de vocación mesiánica. Por el contrario, la economía de EEUU está en declive, su tejido industrial a la baja, el poder tecnológico seguido de cerca y un imperio a la larga insostenible como ya se sugirió en la factura a pagar por los países de la OTAN o el compromiso de financiación de las bases en determinados países. Las invocaciones al desacoplamiento tienen dudoso recorrido a la vista de la competitividad de costes entre las economías desarrolladas de Occidente y China y habrá resistencia en sus propias empresas a las que debería subvencionar ampliamente. Es la trampa del beneficio que hace insostenible la ecuación.

Por otra parte, no parece que la evolución internacional apunte al resurgir de una nueva bipolaridad. Por el contrario, ni siquiera la multipolaridad se antoja realista. La fragmentación y la reorganización regional y mundial que acompañará el proceso de revisión de la globalización tras la pandemia de la Covid-19 pueden cuajar en un formato multicéntrico e inestable, con un sistema multilateral en peligro. Por lo demás, si bien China no está en condiciones ni parece interesada en suplantar el modelo de hegemonía de EEUU, tampoco parece estar preparada para encarar el nuevo tipo de liderazgo que exige el complicado momento que atraviesa la sociedad internacional. El mundo no precisa una versión asiática del hegemonismo estadounidense, claramente fracasado ante la irrupción de grandes desafíos vitales como el cambio climático.

EEUU aun dispone de mucho poder e influencia. Sus capacidades en la lucha ideológica contrastan con lo rudimentario del arsenal chino. No obstante, el sustento material decrece a un ritmo que en el próximo lustro podría acelerarse si China es capaz de lidiar con la red de amenazas y presiones que le circundarán cada vez más con mayor intensidad. La des-sino-mundialización o las trabas al desarrollo tecnológico de las empresas chinas difícilmente colapsarán su modelo. El sorpasso se antoja inevitable, tal como pronostican los más importantes organismos internacionales. La situación originada por la pandemia podría acelerarlo.

Occidente, al igual que China, tiene pleno derecho a defender su modelo y a ambos incumbiría la responsabilidad de cooperar y competir de forma pacífica, interactuando eclécticamente en cuanto soberanamente cada país decidiera. Ni por el pasado ni por el presente estamos en condiciones de impartir doctrina ni dar lecciones. Y la insistencia en este extremo no dejaría otro camino a China que prepararse para lo peor.

La China del emperador Qianlong murió de éxito. No es descartable que al Occidente liberal, exultante tras la caída del muro de Berlín, le ocurra lo mismo. Dice Sun Tzi en el Arte de la Guerra que “un ejército victorioso gana primero y entabla la batalla después; un ejército derrotado lucha primero e intenta obtener la victoria después”.  A buenos entendedores, sobran palabras.

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