La “diplomacia flexible” de Ma Ying-jeou

In Análisis, Taiwán by PSTBS12378sxedeOPCH

Antes de iniciar su viaje a Japón, Ma Ying-jeou, candidato del Kuomintang (KMT) a las presidenciales de marzo del año próximo en Taiwán, ha desvelado los ejes principales de su política exterior, que resumió en la intención de desarrollar lo que denominó como “diplomacia flexible” si finalmente, obtiene la victoria.

La visión internacional de Ma tiene en cuenta los siguientes presupuestos. En primer lugar, los ocho años de mandato de Chen Shui-bian se han traducido en un mayor aislamiento internacional de Taiwán, en buena medida debido al planteamiento de objetivos ilusorios, inalcanzables y que no tienen en cuenta la realidad actual. En segundo lugar, en relación a China continental, postula la vuelta al pragmatismo articulado en torno al “consenso de 1992” que cerró un primer ciclo de negociación bilateral culminado con el acuerdo, no respetado por el Partido Democrático Progresista (PDP), de la existencia de “una China”, si bien sosteniendo al respecto cada parte interpretaciones diferentes del concepto, que se vería reforzado ahora con la apertura de conversaciones de paz, recogiendo así el ofrecimiento realizado por Hu Jintao en el XVII Congreso del Partido Comunista de China (PCCh) pero anteponiendo como condición inexcusable la retirada de los misiles que apuntan a la isla. El tercer eje se refiere a Estados Unidos: Ma ambiciona restablecer la confianza con Washington, deteriorada, asegura, por el proyecto de convocatoria de referéndum para el ingreso en Naciones Unidas, que amenaza con alterar el statu quo con consecuencias difíciles de prever. En cuarto lugar, Japón será otra de sus prioridades, con el objetivo de firmar un acuerdo de libre cambio y formular una alianza estratégica que deje de mirar al pasado.

Ya en Japón, en una visita de tres días de duración, Ma ha multiplicado sus esfuerzos por desmentir cualquier hipotético desentendimiento con el archipiélago (con interesada frecuencia se ha recordado su participación en los años setenta en movilizaciones antijaponesas), invocando la necesidad de un mayor diálogo bilateral y comprensión mutua. Su programa ha incluido el contacto con figuras y actores relevantes de la política nipona, tendiendo puentes para hacer borrón y cuenta de los litigios históricos y apostando por la gestión de los intereses comunes (la estabilidad en el estrecho, el primero) y la marginación de las diferencias (en el caso de la titularidad de las islas Diaoyutai, por ejemplo, o por los derechos de pesca) que no deben afectar a la buena marcha de los intercambios económicos, comerciales y también culturales.

Ma ha defendido en Tokio la necesidad de promover unas relaciones diversificadas. En la universidad de Doshisha, en Kyoto, el líder del KMT prometió contribuir a la paz y la estabilidad en Asia, asegurando que no será un creador de problemas, en clara alusión a la controvertida política de Chen y el PDP.

La visita a Japón ha servido al candidato del KMT para reforzar su proyección internacional, su imagen de estadista y visibilizar una alternativa al callejón sin salida en que, según él mismo señaló, se encuentra Taiwán debido al intento de modificar el vigente statu quo que el KMT preservaría (ni unificación, ni independencia, ni uso de la fuerza), para evitar el riesgo de convertir el estrecho en un foco de conflicto. Ese pragmatismo, enfatizó, no implica renuncia alguna a preservar la mejor defensa y, al contrario, reivindicó la necesidad de seguir comprando armas para defenderse ante cualquier posible agresión.

La flexibilidad diplomática que propone el líder del KMT ambiciona un delicado equilibrio entre la no renuncia a una mayor visibilidad internacional de Taiwán, incluyendo una mayor participación en los organismos internacionales, pero sin que ello afecte a la normalidad de las relaciones bilaterales con el continente, lo que sugiere algún acuerdo previo con las autoridades de Beijing.

La visita de Ma se ha producido al mismo tiempo que, por primera vez, un destructor de misiles de la Armada china visita Japón para realizar intercambios militares. Fukuda, el nuevo primer ministro nipón, será más decidido a la hora de normalizar las relaciones con el continente y también más cuidadoso en el manejo de los contactos con Taipei.