“Los 60 años de la China Popular tienen sus claves” JULIO A. DÍAZ VÁZQUEZ

In Entrevistas by PSTBS12378sxedeOPCH

El pasado mes de septiembre, en vísperas de cumplirse el 1 de octubre del 2009, los 60 años de la proclamación de República Popular China (RPCh), un representante de una entidad oficial china, en La Habana, hizo llegar un cuestionario de nueve preguntas relacionadas con aspectos económicos, sociales y políticos, acerca de las experiencias en las seis décadas de existencia de la Nueva China. Además, recabó valoraciones personales, de investigadores, profesores y otros especialistas que, de forma oral o por escrito, respondieron o emitieron criterios sobre el contenido del mismo.

 

A continuación, se incluyen las opiniones y consideraciones que, en relación con las interrogantes de la encuesta, redactó el Dr. Julio A. Díaz Vázquez, Profesor Titular, en el Centro de Investigaciones de Economía Internacional, de la Universidad de La Habana.


 

1. Los retos que enfrenta el PCCh en la nueva etapa histórica

 

Al acercarse el cierre del primer e inicios del segundo decenio del siglo XXI, el Partido Comunista de China (PCCh), en los ámbitos económico, social y político tiene ante sí, múltiples y retadoras tareas por resolver. En primer lugar, remontar las secuelas de la crisis por las que atraviesa la economía internacional. Si bien el país no recibió los impactos directos producidos por la hecatombe financiera generada por las acciones subprime, sí quedó expuesto a la contracción de la demanda en los principales centros del comercio del país: Unión Europea (UE), Estados Unidos y Japón. Las expor-impor que, han constituido uno de los pilares del ascenso-desarrollo en los pasados 30 años, sufrieron un rudo golpe al descender como promedio, por encima del 15-20%.

Sin embargo, la crisis económica internacional es a la vez desafío y oportunidad para China. El necesario reacomodo de la economía, impulsará el diseño de una estructura económica más racional, donde encuentren un equilibrio sostenido el balance: inversiones-exportaciones-consumo. El desarrollo de las capacidades intrínsecas contenidas en el emporio emergente más grande del planeta, disponer de fuerza de trabajo –incluido el potencial calificado -, y reservas de divisas, son sólidas bases para hacer del incremento del mercado interno base del desarrollo económico. Pero, por largos años, el país deberá realizar grandes inversiones, indispensables para levantar la infraestructura que sustente el auge económico-social.

De importancia vital resulta modernizar la base energética, en particular, la extracción y empleo del carbón en la generación de electricidad. La diversificación – átomo-eléctrica, hidroeléctricas, eólicas, fotovoltaica, etc. – junto con la reducción a los estándares internacionales del consumo energía, por unidad producida, resulta tarea central en todo el proceso de reacomodo industrial que la modernización exige. Sin olvidar que el país debe acometer de modo agresivo, el transformar las manufacturas de Hecho en China en Creado en China. Este saldo solo podrá lograrse con la difusión masiva de la innovación tecnológica, y con el desarrollo de una avanzada red científico-técnica; lo que conlleva la realización de grandes desembolsos en I+D.

En lo social, urge atender el cerrar la brecha en la diferenciación entre los ingresos de las zonas rurales y las urbanas, así como entre regiones del territorio nacional. Aunque, en este orden se aplican ambiciosos programas, no se trata solo de limar desigualdades; lo más importante es darle formas y contenidos de largo aliento a las medidas en proceso de ejecución que conduzcan, al final, a un modelo de bienestar acorde con el acervo histórico-cultural del país. Constituye un axioma; China no puede reproducir el modelo de consumo occidental. Este problema no solo incumbe al país; es, también, de trascendencia universal.

Garantizar el éxito de la estrategia económica basada en el incremento continuo de las Fuerzas Productivas y del Producto Interno Bruto (PIB), desarrollo equilibrado de la estructura económica nacional, plantea crear una red de seguridad social que brinde protección universal a toda la población. Sin embargo, pasar a un modelo que priorice el gasto interno, implica que los ahorros que la población retiene para gastos en sanidad y enseñanza, queden, en su mayoría, liberados para el consumo. Indicador que en China resulta algo más del 40% del ingreso en relación con el 60-70% en otros países. En los últimos años, el salario bruto de la nación fue de cerca del 12% del PBI, que contrasta con el 50-60% de los países desarrollados y el 40% a nivel mundial.

La clave del aumento de la demanda interna pasa por la creación de un nuevo agro; proyecto lanzado en el 2005 que comprende implementar medidas integrales en el desarrollo económico-social de las zonas rurales, las que representan casi dos tercios de la población del país. Esto precisa de medidas y recursos concretos para elevar sus condiciones de vida; esencialmente, en salud y educación. Este objetivo requiere una ambiciosa reforma del sistema sanitario que proporcionará servicios médicos efectivos, convenientes y asequibles al 100% de la población para 2020. En el 2009-2011 el programa llegará al 30% de la población. El proyecto ofrecerá acceso universal al seguro de salud básico, iniciar el suministro esencial de medicinas, mejores centros de atención primaria y la reforma piloto de los hospitales estatales.

La cuestión medio-ambiental demanda, en lo adelante, especial atención. China es puntera en la emisión de gases generadores del efecto invernadero. Aunque, los per cápita resultan ínfimos respecto a las economía industriales; además, no tiene responsabilidad histórica por los desafueros que generó el desarrollo del capitalismo en los grandes centros hegemónicos mundiales.

Sin embargo, los desequilibrios ecológicos creados por el propio auge renovador que experimenta el país, se reflejan de modo negativo en variados campos: contaminación del agua en ríos y fuentes subterráneas, atmósfera, lluvias ácidas, deforestación, degradación de los suelos, aumentos de enfermedades respiratorias, etc. que, en última instancia, afectan la vida cientos de millones de personas y que reclaman ser detenidos y revertidos.

Por último, para lograr las anteriores metas con eficiencia y costos sociales mínimos, es requisito sine qua non la estabilidad en el orden interno. Ello, hace indispensable prestar especial cuidado a las relaciones interétnicas. Encarar la igualdad, respeto a las tradiciones, ejercicio de los derechos civiles, participación político-social, entre otros, son aspectos a tener en cuenta en las relaciones que, consagradas en los preceptos constitucionales, no se agotan solo con los éxitos en las transformaciones económico-sociales habidas en las comunidades de las 56 étnias que comparten el vasto territorio nacional.

 

2. Las renovaciones de las teorías y los cambios de pensamientos de gobernar de los dirigentes de la nueva generación.

 

Al pasar revista al liderazgo político, en los últimos treinta años, es verificable la constancia en experimentar con variantes innovadoras en la teoría y políticas económico-sociales. Incorporar el mercado al desempeño de la economía pasó por el ensayo en las Zonas Económica Especiales (ZEE), descentralizar la administración, explorar en los escalones inferiores vías de elección directas por las masas, introducir consultas públicas, impulsar las alianzas regionales para la cooperación económica, aplicar nuevos métodos en el modo de hacer política del Partido, han hecho del país un inmenso laboratorio social. Es predecible que, con el tiempo, este quehacer cristalizará en un muy específico modelo económico-político-social en China.

Es significativo que, en política, la experiencia restauradora económico-social en China, se comprueba que la teoría leninista del partido sugiere algo así como adecuaciones puntuales, al implementar, en el futuro próximo, la aplicación consecuente de la triple representatividad. Esta categoría integra al PCCh a obreros, campesinos, intelectuales, otros representantes de las capas sociales y a los nuevos hombres dinámicos. De dirigir la Revolución por la conquista del poder político, la edificación socialista y la modernización, con su corolario modificador, convirtió al Partido en otro que conduce al pueblo para asumir ese poder, y además acumula larga práctica y tiempo en su ejercicio.

El Partido pasó de la circunstancia de guiar al país bajo el bloqueo exterior y un modelo económico de planificación centralizada a un Partido que pilota los objetivos sociales en las condiciones de la apertura al exterior, e introduce una economía socialista de mercado. Hoy, la triple representatividad se erige en plataforma de acción de la organización partidista, en fuente de estímulo para desarrollar las fuerzas productivas, el progreso científico-tecnológico y el bienestar de la población para llevar adelante la causa del socialismo con particularidades chinas.

Este socialismo con características chinas ha servido para fundamentar la gradual asimilación de las palancas monetario-mercantiles y, en especial, el papel del mercado en la economía. Igual, no debe ignorarse que la concepción de China de la soberanía nacional y el poder del Estado echaron raíces cuando el país sufría las invasiones e intervenciones extranjeras; ideas que ahora está proyectando hacia el exterior como visión china de soberanía. Línea que con pragmatismo creador transcurre dentro de las propias reglas de la economía-mundo globalizado.

Finalmente, en este innovador bregar, los dirigentes de la tercera generación han asumido la transformación del modelo de desarrollo que, constituye lugar cimero de una nueva etapa, en la que el mayor énfasis recae en la conquista y difusión de la tecnología, cuidado ambiental, así como la armonía social. Ahora se trata de asegurar un reequilibrio donde el hombre esté en el centro de la actividad económico-social, eludiendo crecer a toda costa y costo. En otras palabras, es el tiempo de armonizar los procesos internos estimulando la calidad global y sectorial que contribuya a superar las enormes inconsistencias que aún están presentes en la explosiva emergencia del dragón chino.

 

3. Los cambios de la composición de los militantes. La capacidad de mover y organizar del PCCh.

 

El marxismo es resultado del desarrollo cultural de Europa Occidental; su trasplante a China dio lugar a una apropiación herética en una sociedad eminentemente agraria. La ideología de la clase obrera guió la lucha revolucionaria en una sociedad campesina. El mérito de hacer que el campo cercara a la ciudad correspondió por entero a Mao Zedong. Con casi nueve decenios de fundado el PCCh hoy agrupa a más de 76 millones de militantes. En números aproximados, de ese total, el 12% son obreros; 29% funcionarios gubernamentales, personal administrativo de las empresas e instituciones de propiedad estatal y técnicos; 32% campesinos y el 27% soldados, estudiantes y jubilados.

Por otra parte, socialmente la triple representatividad reconoce el derecho al ingreso al Partido, a los millones de habitantes que, se estiman, por algunos especialistas en 150-180, y por otros, en más 240 millones, que califican como clase media en China; y donde la escala de los nuevos hombres dinámicos forman parte importante, constituye un hecho muy particular de la experiencia revolucionaria en China. Quizás, no falte razón a los observadores que, valoran esta situación, en correspondencia con la presencia simbólica de las clases en las estrellas de la bandera nacional.

Es oportuno recordar el carácter — en el caso de un país de bajo desarrollo económico o eminentemente campesino como era China–, creativo el hecho que se erigiera en instrumento fundamental un Partido para dirigir las tareas de las transformaciones económico-sociales que, debió resolver antes la revolución burguesa. El papel de la burguesía nacional y la hegemonía del proletariado fueron asumidos por la ideología de un partido obrero. Cuestión, bueno es recordarlo, no prevista por la teoría clásica socialista; y que el PCCh ha venido cumpliendo, en su sentido más integral.

Parece que hay mucho de buen sentido, en lo que con fuerza se ha dicho, en el caso de experiencia modernizadora de China, no solo mutaron las estructuras básicas del modelo económico centralizado, si no también, el intentado establecer por Mao. Hechos que vienen a confirmar en la realidad que, el modelo económico socialista, que posibilitó administrar con éxitos la pobreza resultó incapaz de de generar y distribuir riqueza; sin dejar en el tintero que la herencia autoritaria arrastra en China un legado histórico de más de dos mil años.

Por último, la capacidad para movilizar, así como el saber adaptarse a las cambiantes situaciones sociales atesorado por el PCCh, resultan un garante político sin parangón en los anales de la nación. El Partido ha conducido con éxito un crecimiento y desarrollo económico nunca visto en la economía mundial, una apertura externa sin referentes en el pasado, ritmos de bienestar más abarcadores para la gran masa de la población – sin vaticinios exactos – y una mayor libertad e independencia ciudadana.

Es de esperar que, con la misma sabiduría y acierto, el PCCh lleve a feliz término la entrada de China en la sociedad globalizada y con lucidez propia absorba el acervo técnico-cultural-institucional mundial, sin perder la ancestral fisonomía de su muy especial cultura. El siglo XXI verificará en lo concreto si está ante una amenaza o un desafío social sin precedentes en su milenaria historia.

 

4. La corrupción y las medidas tomadas en la lucha contra corrupción.

 

Sin dudas, enjuiciar en un corto espacio el fenómeno de la corrupción en China, resulta sumamente complejo. Ante todo, cuenta la herencia milenaria y las repercusiones sociales que, a través de la historia, presentan las conductas corruptoras en el país. Es de lamentar que los avances económico-sociales en los últimos treinta años hayan venido acompañados de una corruptela que, en la praxis diaria, toca todas las esferas de la sociedad, incluyendo la política.

Entre las manifestaciones viciosas más evidentes cuentan, entre otras, el comercio de influencias, las malversaciones, la participación en redes de tráfico ilícito, el nepotismo, la evasión de impuestos, las construcciones ilegales, el despojo fraudulento de tierras, la desviación de fondos del presupuesto, el establecimiento de negocios espurios, etc. Aunque los castigos para estas y otras infracciones son duras – incluida la pena de muerte – su proliferación ha dado lugar a que las instancias políticas y gubernamentales hayan puesto en práctica variados mecanismos administrativos de verificación, así como severas medidas de control, seguridad e intensifican su persecución.

Sin embargo, si bien no puede desconocerse la atención que el PCCh le viene prestando al combate de las manifestaciones corruptoras en el país, el acontecer diario muestra que, para poner freno a este flagelo social, no bastan las medidas represivas por extremas que estas sean. Por ello, se impone acompañar a las regulaciones, controles y castigos existentes para prevenir la corrupción, con la instauración de un orden legal basado en una sociedad de derecho, así como instrumentar formas de transparencia social que hagan más verificable el comportamiento social.

Finalmente, instaurar una sociedad en que el derecho ciudadano llegue por igual a todos los habitantes del país, es una tarea que requiere creatividad en la integración de las peculiaridades nacionales, la asimilación positiva del acervo internacional, así como una cultura ciudadana del respeto por la legalidad socialista. Con pesar hay que reconocer que, en este terreno el socialismo conocido, no acumula una experiencia orgánica legal e institucional de signo positivo. El PCCh, en la batalla por vencer el cáncer social de la corrupción, enfrenta un desafío que mucho puede aportar a la praxis del socialismo. Sin desconocer que, es una necesidad actual e histórica, por lo mucho que puede contribuir al fomento de la inestabilidad en la sociedad.

 

5. El pensamiento, el estilo y los éxitos de relaciones exteriores.

 

Al pasar revista al desempeño habido en las relaciones exteriores de China, desde inicio de la década de 1980, con fuerza parece convalidar el axioma: la política exterior es imagen o continuación de la interior. Así, la política modernizadora también encontró resonancia en los nexos externos del país. Esta concertación ha tenido el objetivo preciso de hacer de la participación en las relaciones internacionales factor que, sirviera a los avances económicos, y al bienestar de la nación. China ha venido propugnando y contribuye con vigor a la creación de un clima de paz apoyado en un sólido triángulo: renovación económica, estabilidad político-social y desarrollo equilibrado en todos los órdenes.

En la reestructuración de la política exterior de China han predominado fuertes elementos de continuidad. Aquí es pertinente destacar, entre otros, la preservación de la seguridad nacional; y la no aceptación de toda expresión de de hegemonismo. Ha ratificado su apego a cinco principios básicos: respeto a la integridad territorial y soberanía de los estados, oposición al empleo o amenaza de la fuerza, rechazo a injerencia en los asuntos internos, equidad unida al mutuo beneficio, y coexistencia pacífica.

Es digno señalar que, al mismo tiempo que avanzaba, en el despliegue renovador que trajo la política económica iniciada en firme a partir de 1979, fueron cambiando los derroteros y posturas por las que habían transitado los vínculos internacionales del país. De forma gradual China, con éxitos evidentes, se fue imbricando en la corriente de la economía global; le imprimió un toque de sobriedad y discreción a las relaciones exteriores, y a la vez, extendió e incorporó estos contactos como sostén e impulso para, en el orden interno, afianzar las Cuatro Modernizaciones (agricultura, industria, ciencia y defensa) y reformar los mecanismos de gestión y dirección de la economía.

Cuando trasladamos este prisma al protagonismo del país a la activa política de cooperación en las organizaciones internacionales los resultados son, por igual, de considerables logros. Al reintegrarse a la Organización de Naciones Unidas en 1971, extendió su presencia en todo el Sistema de Órganos y Organizaciones creadas en los marcos de la Institución, incluida la participación en las misiones de paz. Hoy esta presente en los más diversos foros regionales y mundiales. En estos espacios ha abogado, entre otras cuestiones de interés, por la instrumentación de un sistema multilateral de comercio sano y justo que no discrimine a los países menos desarrollados.

China ha venido respaldando los esfuerzos por liberalizar el comercio, destrabar la Ronda iniciada – aún inconclusa – en Doha, hacer más transparente las normativas del comercio internacional, acordar una plataforma común arancelaria, así como promueve acuerdos para adoptar reglas anticorrupción por parte de los Estados y en las corporaciones comerciales, como forma de contribuir a proteger el comercio. En las más diversas palestras ha reclamado una flexibilización en las condiciones exigidas a los Estados con altas deudas. Asimismo, ha unido su voz al reclamo de que las naciones ricas reduzcan y condonen el endeudamiento de los países menos desarrollados, además, de otorgar más ayuda oficial sin imposiciones onerosas.

Parece útil recordar que, la evolución incierta que ofrece el reclamo de un consenso internacional que paute un orden comercial multilateral estable, fluido, equilibrado y más equitativo, sobre todo, para los países en desarrollo, avalan los impulsos en la política económica exterior de China encaminados a la búsqueda de Acuerdos de Libre Comercio (ALC) con países, así como asociaciones de integración regionales, en las diversas latitudes del planeta.

No puede pasarse por alto que, dentro de la colaboración Sur-Sur, dada en el llamado Grupo de los 77, China ha reiterado su patrocinio para eliminar la enorme brecha que crece entre los pocos Estados, detentores de más de las tres cuartas partes de las riquezas mundiales y los llamados subdesarrollados. En ocasiones se utiliza el término Grupo de los 77 y China; empleado para remarcar su integración al Foro. Las valoraciones apuntan a destacar su actividad constructiva en seno de las reuniones, así como el evaluar de positivo su papel, en el apoyo a las iniciativas debatidas o lanzadas en esta rueda. Aunque no faltan opiniones que, señalan su limitado protagonismo, en aquellas cuestiones que arrojen incertidumbres sobre la prioridad en las relaciones geo-estratégicas con los centros de la economía mundial.

En buena traducción, puede resumirse que, China, con resolución practica una política exterior asentada en la cooperación independiente, de reciprocidad y respeto entre los Estados basada en las ganancias compartidas y el beneficio mutuo, de paz, opuesta al hegemonismo, de salvaguardar la estabilidad internacional, y la multilateralidad mundial, defender con decisión la soberanía nacional y la integridad territorial.

 

5. Los logros de la reforma económica y el proceso de la reforma política.

 

Los saldos de la Reforma y Apertura inaugurada oficialmente en la III Sesión Plenaria del XI Comité Central del PCCh (18-22/12/1978), mediante la aprobación de las Cuatro Modernizaciones, en los treinta años transcurridos arrojan resultados espectaculares en la mejoría del nivel de vida de la población. No menos de 400 millones de habitantes han recibido el impacto directo en el bienestar personal, gracias al soberbio crecimiento económico logrado por el país; quedaron en el pasado las recurrentes hambrunas. De no menor importancia resulta la ampliación de los marcos en las libertades individuales de la población; nunca como ahora, el pueblo chino pudo disfrutar de tantas oportunidades para desplegar todas sus capacidades creativas.

Sin embargo, queda pendiente la tarea de emprender, siguiendo el curso ya probado de la gradualidad, la Quinta Modernización: reformas de hondo calado político. Tarea que, a partir del 2012, en el próximo futuro deberá acometer a fondo la cuarta generación de líderes – nacidos en la constituida RPCh -, y que heredan el legado trazado por Deng Xiaoping, pero sin sus presillas. El PCCh tiene que acometer una obra para la cual el socialismo conocido no dejó herencia positiva aprovechable. En otras palabras, se trata de la conformación de un modelo político que, sobre todo, responda a las apremiantes y cambiantes situaciones económico-sociales; y además, entre sus componentes esenciales, integre el acervo milenario de la cultura nativa.

La toma del cielo por asalto que ejemplificaron los bolcheviques, en la Rusia zarista, alumbró por corto tiempo el poder de los soviets, forma de democracia directa y popular que, circunstancias adversas históricas truncaron. Igualmente, del legado bolchevique, estuvo ausente instaurar un mecanismo institucionalizado en lo tocante a la sucesión en las estructuras y formas del poder político. Por el momento, esta situación en China se ha resuelto, dentro del espíritu renovador, al limitar a dos mandatos, como máximo, los más altos cargos dentro de la jerarquía del Partido y el Estado, así como fijar un límite de edad para desempeñar puestos en la dirección estatal.

En el camino por retomar el espíritu y práctica de democracia directa que encerraron los soviets, la instrumentación de mecanismos que reflejen más cabalmente los intereses de las grandes mayorías de la población, así como posibiliten su participación en los problemas que incumben, por su orden, a todos los niveles de la sociedad, el PCCh, desarrolla en las cuestiones sociales y políticas interesantes experimentos que, en mucho contribuirán, a dar formas a las futuras estructuras estatales y del Partido.

Así, entre otros vale citar, en el caso de PCCh, la elección del consejo Municipal del Partido (distrito de Pingchang, provincia de Sichuan), mediante elecciones competitivas. En la metodología vigente, cada escalón elige a los dirigentes del estrato inferior: el Partido a nivel nacional escoge a los Secretarios de Provincias; estos nombran a los de las Prefecturas; que a su vez, nominan a los de los Distritos; y este nivel designa a los de los Municipios; que finalmente, selecciona a los lideres de los Poblados y Aldeas. Es alentador que, el PCCh, pusiera en práctica métodos participativos para la elección de los participantes en el XVII Congreso del Partido. Son los primeros pasos, pero, su importancia radica en poner de manifiesto la voluntad de hacer del Partido, un gigantesco laboratorio para explorar variantes democratizadoras.

Por otra parte, en el orden de gobierno no faltan las propuestas de lo que se ha dado en llamar la democracia en cascada o incremental. El proceso de elecciones libres comenzaría por lo escalones más bajos (aldeas), después en los sucesivos niveles superiores administrativos: municipios, distritos, prefecturas, y provincias, para finalmente, llegar al gobierno central. Desde 1998, a partir de la promulgación de la Ley Orgánica de los Consejos Municipales, vienen implementándose la elección a este nivel. Una pequeña villa (Bayun, provincia de Sichuan) se convirtió en la primera al elegir directamente a sus dirigentes.

Sobre este experimento puede decirse que aún no ha desplegado todas sus posibilidades. Igualmente, variadas son las críticas y lados débiles que en la práctica presenta su impacto en la vida de la población local. Lo limitado de los recursos disponibles, la ausencia de verdadera competición entre los candidatos, etc. Sin embargo, a ese nivel se ventilan cuestiones como la planificación familiar, la tributación y adquisición de terrenos, etc.; también de signo positivo han manifestado ventajas en el combate a la corrupción y en la mejoría de los servicios públicos; los gastos en estos menesteres aumentaron, y disminuido los dedicados a los honorarios de los funcionarios y jefes locales.

Sin embargo, el escollo más relevante en este intento democratizador radica en las estructuras paralelas, a todo los niveles, del PCCh. Los comités locales electos responden a una doble subordinación; a los electores y al Partido. Los pasos iniciales en la introducción de variantes de mayor democracia intrapartidaria en las distintas instancias del Partido, parecen sugerir una vía de muchas potencialidades, pues abren posibilidades para una reforma incremental en las estructuras partidarias. Con ello, el Partido, desde abajo proyectaría, hacia los escalones superiores la competición o elecciones para los respectivos cargos. Este proceso democrático imbricaría la participación de más de 76 millones de militantes.

Tampoco faltan las propuestas que defienden tomar como base de la reforma política, los problemas sociales reales, es decir, superar por esta vía, la aceptación de principios universales u occidentales, abstractos. Abogan por los procedimientos que prioricen el fortalecimiento del Estado de Derecho. Dicho de otro modo, la base de la democracia consiste en los funcionarios por lo que se vota. En tanto, el poder del estado de derecho radica en los no elegidos, es decir, servidores públicos independientes, jueces, auditores, etc.; extraídos de los exámenes y la supervisión de su trabajo como legos del pueblo. Así, la democracia se conforma a partir de la mayoría; y el Estado de Derecho toma como principio rector la meritocracia. Hay, es este enfoque, mucho del legado cultural que en el devenir de su historia acumuló China.

De interés resulta el llamado experimento participativo del Municipio Especial (de subordinación central) de Chongqing. En este caso se entrelazan el fortalecimiento del Estado de Derecho y las consultas a la población sobre las cuestiones medulares que afectan a la comunidad. Aquí, el quid del asunto se encuentra en dos componentes esenciales: libertad de información y regulación de la redición de cuentas. Todas las decisiones que tocan temas de importancia comunitaria están sujetas a las audiencias públicas por las vías: personales, por televisión e Internet. Entre las materias objeto examen, entre otras, cuentan: resarcir la expropiación de tierras, niveles salariales, fijación de precios a los servicios públicos: agua, electricidad, gas, educación, salud, puentes, carreteras, transporte, alcantarillado, desecho de residuos, etc.

Un ensayo, en escala más pequeña del método participativo, se realizó en el Municipio de Zeguo (provincia de Zhejiang), a través de la introducción de encuestas participativas para facilitar la toma de decisiones sobre asuntos del presupuesto local. En este caso, la selección de los que tomaron parte en las deliberaciones se realizó al azar; posteriormente, expertos intercambiaron con los elegidos, antes de someter a votación los proyectos en cuestión. Las variantes sugeridas se someten a la Asamblea Popular del Poder Local. De esta experiencia se ha dicho que mostró en la práctica dos valores esenciales de democracia: la igualdad política y la deliberación.

Este botón de muestra nos dice que, en China, a contrapelo de las especulaciones y diatribas que, con persistencia, oponen la institucionalización del mercado al centralismo político, ignoran conscientemente que es el propio PCCh, su más acervo crítico, y a la vez, emprende la búsqueda de alternativas idóneas que respondan a formas de ejercer la democracia sin exclusiones. El trasfondo de esas opiniones radica en no haber seguido China la exaltación de la democracia liberal. Un observador honrado tendría que reconocer que en el país, junto a los éxitos de la reforma y apertura, se han producido cambios de significación en la esfera política.

 

6. La capacidad y el nivel de tomar colectivamente las medidas.

 

Es palpable en lo que acontece en el orden económico-social-político en China que, los tiempos en los que los fundadores del Estado, tomaban decisiones en solitario han quedado relegados a la historia. Varios son los síntomas que avalan esta opinión. En primer lugar, dos de los factores que dan validez a esta aseveración lo constituyen la preparación profesional, en general de la militancia, y en particular, de la dirección Política; y la juventud de los cuadros centros, tanto en el Gobierno como en el Partido.

Otro factor a considerar incluye el apoyo que, de manera significativa, cada vez más, en cuantía y calidad representa la red de think-tank del país, en la asesoría en cuestiones de política interna e internacional a las instancias del Gobierno y el Partido. A lo que se suma la incorporación de los sondeos de opinión pública, encuestas, ensayos pilotos, así como los canales electrónicos, prensa escrita, publicaciones especializadas, televisión, etc. Esto es posible, ante todo, por el propio desarrollo económico-social que China ha vivido en los últimos treinta años, así como el propio nivel educativo-cultural de la población.

A modo de ejemplos, en cuanto a la amplitud que abarca la toma de decisiones mediante el consenso colectivo, está el papel relevante que la Asamblea Nacional Popular (ANP) ha ido ganando en el ordenamiento legal e institucional del país. Se destaca no solo el activismo que desarrolla, si no también, los cambios habidos en su funcionamiento, al mantener de modo permanente y rotando a sus integrantes en el análisis de todos aquellos asuntos que se debaten en su seno. Asimismo, se eleva en calidad y extensión la participación de la Conferencia Consultiva Política del Pueblo China (CCPPCh), en el debate de los más importantes problemas que involucran el desempeño económico-social-político de la sociedad china en la actualidad.

En resumen, en China, el influjo modernizador transcurrido entre 1979-2008, han alterado de manera abrumadora el espectro económico, social y político, y en este remolino de transformaciones no han quedado relegadas las cuestiones del gobernar implementando, en unos casos, el experimento en la búsqueda de opciones políticas más democráticas, en otros, fortaleciendo y haciendo más ágil el aparato estatal, incluida la introducción de mecanismos colectivos en la toma de decisiones.

 

7. ¿Si tienen algunas dudas o críticas sobre PCCh?

 

Como toda obra humana el quehacer del PCCh acumula acierto y errores. Sin embargo, aquí vale recodar lo que se dice del sol; los agradecidos hablan de la luz; los desagradecidos de las manchas. Entonces, más que crítica, se trata de citar alguna que otra observación puntual, acerca de temas relevantes. El Partido, conquistó para China un lugar, cada día más relevante en la arena internacional, a tal punto que, hoy ya no es posible, resolver incidente mundial alguno sin la participación del país.

En lo orden interno logró la unificación continental del territorio nacional. Queda pendiente la reunificación completa de la nación con la solución del diferendo de Taiwán. Es un axioma, desde los días lejanos del Arte de la Guerra, de Sun Tsu, las confrontaciones armadas constituyen un fracaso de la estrategia. Es previsible y deseable que por los senderos del tendido de puentes, en todos los órdenes: económico, social y político, las dos partes de una misma cultura, separadas por un estrecho mar, encuentren el cruce de caminos que las una en lo que son, una sola nación.

De especial relevancia resulta armonizar las relaciones entre la familia de pueblos representados en la multiplicidad de étnias cobijadas en el territorio nacional. El malestar que, en unos casos, vienen de pasadas injusticias, abandonos, políticas que no contribuyeron a unir, así como desconocieron legítimos derechos; o son producto de la manipulación exterior, reclaman soluciones, que pasan por la institucionalización – contenida en su base en la Constitución -, diferenciada según número, territorio, cultura, estatus y nivel económico-social alcanzado, para cortar en su raíz, fuentes de malestar que introducen elementos de inestabilidad social.

Por último, es mérito indiscutido del PCCh haber hecho realidad la aseveración lanzada el 1 de octubre del 1949: China se ha puesto de pie. Pasados casi dos siglos, se encamina, en el curso de la primera mitad del siglo XXI, a ser el País del Centro. Con el mérito adicional de lograr que, esos objetivos se alcancen, dentro de las normas y comportamientos que la economía mundial globalizada impone.

 

8. ¿Qué imagen ha dejado al exterior el PCCh?

 

El reflejo o imagen que el PCCh proyecta hacia el exterior puede ser valorada en un espectro variopinto y abarcador. Sin dudas, pesa la campaña ideológica del capital internacional, así como de sus centros hegemónicos, empeñados en teñir con tintes oscuros todo lo que acontece en el país. Elemento que viene calzado por el dominio de los medios masivos de comunicación – prensa, televisión, radio, cine, etc. -, sin contar la existencia redes de think-tank encargados de elaborar pretendidos estudios científicos que, distorsionan la realidad de lo que acontece en China. Sin desconocer, que ciertamente, también se realizan análisis serios y de indudable valor, por sus caracteres honestos y objetivos.

Por otra parte, la apertura experimentada en las proyecciones externas del PCCh, muestran marcadas diferencias. Durante largo tiempo sólo reconoció y entabló intercambios con las corrientes políticas de izquierda. Sin embargo, de modo progresivo, pero perseverante, incorporó una orientación más abarcadora y de realpolitik. Así, hoy día tiene establecidas relaciones con cientos de entidades políticas situadas en las diversas latitudes del planeta, con las características de incluir Partidos que gobiernan o forman parte de las fuerzas opositoras.

En fin, el PCCh, en la imagen internacional encuentra valoraciones dispares. Aquí, destacan aquellas interesadas en ver a China ingresar en el carro de la democracia liberal, a calco y semejanza de las acuñadas en Occidente. En otro terreno más abierto, progresista y renovador están los que aprecian el papel desempeñado por el Partido, en la creación de una Nueva China, así como positivamente valoran su creciente papel de equilibrio político en la geoestrategia mundial.

La Habana, 25 de septiembre del 2009.