China: los partidos y el sistema

In Análisis, Sistema políticoby PSTBS12378sxedeOPCH

El pasado 15 de noviembre, el gobierno chino dio a conocer la publicación de un nuevo libro blanco que lleva por titulo: “Sistema de partidos políticos de China”.

Según se desprende del mismo, el sistema de partidos aplicado en China es el de cooperación multipartidaria y consulta política bajo la dirección del Partido Comunista (PCCh), lo que le aleja tanto del tradicional sistema de partido único como del pluralismo existente en los países occidentales. Una vez más, nos recuerda que este modelo es una originalidad que se adapta a sus condiciones nacionales y fiel exponente de su política democrática. Despejando dudas, aclara también que la reforma de la estructura política en China consolidará y perfeccionará esta fórmula, vigente desde hace 58 años. Por lo tanto, a priori, nos hallamos ante una estación de llegada y no un punto de partida.

La primera observación que cabría hacer a la luz de este nuevo documento, que habrá que sumar al libro blanco sobre la Democracia, dado a conocer en 2005, es que China se reafirma en el numerus clausus, es decir, no habrá más que los ocho partidos democráticos actualmente legales (Comité Revolucionario del Kuomintang de China, Liga Democrática de China, Asociación de la Construcción Democrática de China, Asociación para la Promoción de la Democracia de China, Partido Democrático Campesino y Obrero de China, Zhigongdang de China, Sociedad Jiusan, Liga para la Democracia y la Autonomía de Taiwán), todos ellos fundados antes del triunfo de la Revolución y con muy baja afiliación. Cabe deducir, no obstante, a la vista del documento, que el escenario político se moverá, al menos, en dos planos. En primer lugar, dichos partidos y sus líderes probablemente gozarán en el inmediato futuro de una mayor visibilidad social, tanto interna como internacional, a fin de demostrar el nivel de pluralismo existente en China, una medida que cabe integrar en ese marco de potenciación de una cosmética democrática tendente a ser cada vez más homologable en lo superficial. En segundo lugar, en paralelo a la defensa del sistema vigente, se ha recordado la creciente presencia de personas independientes en organismos gubernamentales de diferentes niveles (entre ellos dos ministros, de Ciencia y Tecnología y Salud Pública), una política que, como señaló Hu Jintao en el pasado XVII Congreso, se activará en el futuro. A unos y a otros les seguirá vetada la presencia en uno de los pilares neurálgicos del sistema, el Ejército Popular de Liberación (EPL), en el que solo el PCCh podrá disponer de células organizadas. “El Ejército Popular de Liberación, bajo el liderazgo absoluto del PCCh, garantizará el sólido cumplimiento de las políticas y guías del partido en las fuerzas armadas”, declaró Guo Boxiong, vicepresidente de la Comisión Militar Central (CMC).

La cooperación, y no la rivalidad, es y seguirá siendo la clave de las relaciones entre estas fuerzas, y todas co-participarán en la gestión del sistema, asumiendo su condición de “inferioridad” frente al PCCh. El documento reconoce la existencia de diferentes clases y grupos sociales en el país, pero no deriva de ello que sus intereses puedan ser gestionados por fuerzas diferentes de las existentes en la actualidad y en pie de igualdad con el PCCh. Esa cooperación, y no la confrontación o la búsqueda de la alternancia en el poder, como signo de identidad del sistema político chino, es un mecanismo de integración de esa diversidad social, cada día más explícita en China en virtud de los cambios originados por casi tres décadas de reforma.

El reverso de la cooperación es la consulta, proceso que el PCCh se apresta a intensificar, institucionalizando canales de comunicación que puedan ir más allá de los meros gestos y rituales de escaso contenido que, hasta la fecha, han caracterizado buena parte del diálogo político con los llamados partidos democráticos y las personalidades independientes. Otro tanto podría decirse de la fiscalización mutua, donde los avances son más limitados aún, habida cuenta de la abismal asimetría que enfrenta al PCCh con los demás “partidos”.

La aparición de este documento, junto al libro de 2005 y algunas de las conclusiones del reciente XVII Congreso, son hechos que evidencian que el PCCh intenta un ejercicio de reflexión sobre su sistema político con el propósito no solo de contrarrestar las críticas del exterior, sino de introducir mayores dosis de democracia, que considera inevitables a futuro, aunque sin cuestionar la esencia del mismo modelo que ha servido, incluso, para administrar el mismo país en tiempos del maoísmo, tan alejdos de la realidad actual.

El inmenso cambio que ha experimentado China desde 1978 y las nuevas realidades económicas y sociales que pudieran plantear a corto plazo la exigencia de canales específicos de expresión en forma partidaria, podrían revertir la concepción actualmente existente de la estabilidad, garantía que constituye la razón de ser, la preocupación y el objetivo de la política desarrollada por el PCCh y que podría dar al traste con este nuevo balbuceo de intento de acomodo.