China, 30 años de Reforma y Apertura

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Del 18 al 22 de diciembre de 1978 se celebró una sesión plenaria crucial del Comité Central del Partido Comunista de China (PCCh) que puso rumbo al país en otra dirección, dando inicio a la gaige-kaifang. Desde entonces, han pasado tres décadas y China y el mundo han experimentado profundas mutaciones. 

1. Qué aspecto o aspectos destacaría de la transformación vivida por China en los últimos treinta años? 2. Puede la actual crisis económica y financiera mundial condicionar la política de reforma y apertura o, incluso, torcer su rumbo? 3. Una vez cumplido el objetivo de la modernización y el desarrollo, ¿considera que China será un país democrático y cooperador con la comunidad internacional?  

Han colaborado: Enrique Posada Cano (Observatorio Virtual de Asia-Pacífico, Colombia); Julio A. Díaz Vázquez (Profesor Titular, Centro de Investigaciones de Economía Internacional, Universidad de La Habana); Augusto Soto (consultor y profesor en ESADE). 

Respuestas de Enrique Posada Cano (Observatorio Virtual de Asia-Pacífico, Colombia): 

1. Qué aspecto o aspectos destacaría de la transformación vivida por China en los últimos treinta años? 

Primero. No me sorprenden las cifras astronómicas que tan frecuentemente se citan al hablar del crecimiento y el desarrollo de China. Me sorprende sí la velocidad -30 años apenas- con la cual se ha producido ese fenómeno.  En solamente tres décadas, China pasó de ser un país tercermundista, aislado y bloqueado, con varios cientos de millones de sus habitantes en el límite de la pobreza absoluta y regiones como el noroeste en profunda depresión, a ser una potencia de primer orden en aspectos como el comercio exterior y las reservas internacionales; y de segundo orden, pero de todos modos potencia, en aspectos como los desarrollos científicos y tecnológicos.    

Segundo. Un hecho relevante como pocos en este balance de treinta años de reforma y apertura es la cuadruplicación del ingreso per cápita de los chinos. Quedan todavía unas cuantas decenas de millones de chinos en el límite de la pobreza absoluta, pero la gran mayoría ha conseguido en este período un modus vivendi si no holgado al menos digno.

 Y tercero.  Al dispararse desde una situación de encierro y bloqueo hacia una apertura de las más audaces registradas en la historia por cualesquier países del mundo en circunstancias similares,  China ha logrado una inserción, más que real, sorprendente, en la economía global.  

2. Puede la actual crisis económica y financiera mundial condicionar la política de reforma y apertura o, incluso, torcer su rumbo? 

Por el contrario, esta crisis es una demostración más, para China y para el resto del mundo, de que la política de reforma y apertura al exterior del gigante asiático fue y sigue siendo necesaria, y que en ausencia de ella,  el impacto económico y social de la crisis financiera mundial sobre la misma nación china sería hoy por hoy desastroso.

China, de modo diferente a otras naciones comprometidas actualmente en procesos reformistas de su economía, cuenta con un componente estatal de la industria y el comercio, que es el sector dirigente de la economía y que, en consecuencia, puede generar políticas que morigeran el impacto de la crisis sobre la población de menores ingresos.  En esto consisten la armonía social y el desarrollo científico en que el Partido Comunista y el gobierno de China están empeñados.

 3. Una vez cumplido el objetivo de la modernización y el desarrollo, ¿considera que China será un país democrático y cooperador con la comunidad internacional?  

Desglosemos su pregunta en los dos aspectos que la integran y analicemos cada uno de ellos por separado.  ¿Que si será China un ‘país democrático’  una vez cumplido ese objetivo?  Habría que ver, en primer lugar, lo que para los chinos en general significa democracia, no para unos cuantos disidentes, sino para la mayoría del pueblo.  ¿Puede significar lo mismo para ellos que para los estadounidenses, los franceses, los latinoamericanos?  Si hay distancias insalvables entre lo que el concepto de democracia implica para un norteamericano y lo que significa para un hindú o un colombiano –valga esto como ejemplo- ¿qué separación no se producirá entre dos conciencias tan alejadas entre sí como la china,  de tradición histórica confuciana, y la francesa,  de cuyas raíces culturales e institucionales hablan nombres tales como Voltaire, Napoleón, Sartre, De Gaulle cuando traemos a nuestras mentes la noción DEMOCRACIA?  Nada que hacer.  Cada vez que se le pide  a China apertura democrática, tenemos que aterrizar este principio dentro de un contexto cultural a fin de saber de qué cosa estamos hablando.

Es indudable que en China se viene  operando un proceso democrático, un desarrollo político que a veces aparece como algo casi invisible, pero no hay tal, “no hay peor ciego que quien no quiere ver”, ese proceso posee su propia dinámica, obedece a características intrínsecas del sujeto que lo impulsa.  Como no es igual hablar de economía que de política, también es incomprensible querer colocar en el mismo plano, con el mismo ritmo e iguales características, las reformas económicas que el desarrollo de los cambios políticos en el contexto del gigante asiático.  

Yo, luego de observar a China durante los últimos cuarenta años -la mitad de ese tiempo como testigo presencial-, he concluido que no hay en estas tres décadas de reformas y apertura nada más sorprendente e importante que los cambios operados en la fisonomía espiritual de los chinos. Pongámoslo en esos términos y veamos si eso tiene que ver algo, mucho o nada con el progreso de la democracia en China.

Pero si lo que se le exige a China es copiar de una vez y a rajatabla las instituciones occidentales  como lo hizo Japón a partir de la Reforma Meiji, esta es una sonata o mejor, una cantinela muy distinta que los chinos no están dispuestos a entonar. Y eso que los japoneses tampoco se limitaron a copiar: vinieron a Occidente, estudiaron sus instituciones y adaptaron a su realidad lo que les era útil. Desecharon lo demás.

Para responder a la segunda parte de la pregunta, creo que sí: China será cada vez más cooperador con la comunidad internacional.  Lo ha demostrado desde el comienzo y lo está demostrando en el momento presente, con motivo de la crisis financiera mundial.  A veces olvidamos que China dejó atrás su pasado de ‘revolución cultural’. La manera como viene actuando desde comienzos de los años 80 demuestra fehacientemente que para su propio crecimiento y desarrollo, lo que más conviene a China es un mundo estable, multipolar, pluralista.

Respuestas de Julio A. Díaz Vázquez (Profesor Titular, Centro de Investigaciones de Economía Internacional, Universidad de La Habana).

1. ¿Qué aspecto o aspectos destacaría de la transformación vivida por China en los últimos treinta años?

 Puede afirmarse, sin lugar a dudas, que las transformaciones ocurridas en la sociedad china, entre 1978 y el 2008, van más allá de lo que pudieron imaginar los iniciadores de la política de “Reforma y Apertura”, cuyo líder indiscutido fue Deng Xiaoping. Ante todo, sin orden de prelación, destacaríamos, llevar a China al sendero que la está conduciendo a recuperar el lugar cimero que ocupó en la economía mundial, hasta finales del siglo XVIII. Doscientos años más tarde, Mao Zedong, al proclamar, el 1 de octubre de 1949, el advenimiento de la “República Popular China” (RPCh), y “poner de pié a la Nueva China”, sentó las bases para que los inicios de la centuria asistan a la irrupción de la nación como potencia económica mundial, cuyo peso en la geopolítica global irradiará a lo largo de siglo XXI. Parece que no es objetivo ni exacto englobar a China dentro de los llamados países “emergentes”; es algo más que eso, es volver a ser: “el país del centro”. Tampoco, entre otros aspectos, puede pasarse por alto que los enormes cambios sociales operados en país, resultan colosales. Con independencia de lo mucho que en ámbito  social queda por superar, liberarse de las recurrentes hambrunas, sacar de los niveles de pobreza más miserables a cientos de millones de personas, abrir los más amplios canales para el despliegue de las iniciativas y creatividad de todo ciudadano, resulta una conquista nunca antes dispensada al pueblo chino. Además, el país está desarrollando un caudal de “capital humano” monumental, sin parangón en el planeta.  Al igual que el ritmo de la “Reforma y Apertura”, se ha venido desarrollando de manera gradual, y siempre, primero experimentando; en el plano político la sociedad china acomete reformas y reestructuraciones que tocan al funcionamiento del Partido Comunista de China (PCCh), los órganos representativos estatales, a todos lo niveles, así como el quehacer de las instituciones gubernamentales. En los citados ámbitos, las adecuaciones,  importantes y sustanciales, siguen estando en el centro de los necesarios perfeccionamientos que reclaman las transformaciones que vive en lo económico-político-social el país. Sin embargo, el sello distintivo resulta obvio, hoy la sociedad china es más abierta y transparente que 30 años atrás.        

En resumen, pocas veces la humanidad ha conocido de acontecimientos que en tan poco tiempo hayan provocado mutaciones económicas y sociales tan gigantescas. De ellas, en última instancia puede decirse lo mismo que apreciamos en el sol: “los agradecidos hablan de la luz, los desagradecidos hablan de las manchas”.       

2. ¿Puede la actual crisis económica y financiera mundial condicionar la política de reforma y apertura o, incluso, torcer su rumbo?

Precisamente, la compleja coyuntura que conmociona los cimientos de las relaciones económicas internacionales, provocada por el irresponsable comportamiento de las instituciones financieras radicadas en Estados Unidos, es un suceso que con elocuencia demuestra que, de hecho, ningún suceso de relieve planetario, en la actualidad, puede superarse sin contar con el concurso de la RPCh. Agregando, al margen de la profundidad y alcance de la crisis económica destapada en las finanzas mundiales, así como su extensión y repercusiones en las esferas productivas, el explosivo desempeño económico de China, aunque sufra una relativa ralentización, será un factor que  contribuirá a amortiguar los desastrosos efectos de la crisis, en particular, para los países en desarrollo grandes productores de materias primas.  Por otra parte, el responsable manejo de las medidas que contribuyen a la estabilidad de los grandes agregados macroeconómicos, por parte de China, está reforzando el papel del país como factor de estabilidad en la economía internacional. Todo indica que China saldrá fortalecida, en lo externo e interno, en los ramos económico, político y social, del inmenso maremoto que sacude, en primer lugar, a los centros del poder mundial: Estados Unidos la Unión Europea y Japón; y traslada sus nefastas consecuencias a los países del llamado “Tercer Mundo”. La reunión del “Grupo G-20 (15-11-08), con harta elocuencia mostró el carácter constructivo con que el “coloso asiático” asume sus relaciones y compromisos exteriores. Mostró el rumbo que sigue el país en la arena internacional: abogar por fortalecer la confianza, reducir las disputas, expandir la colaboración y evitar las confrontaciones. Concluyendo, el curso marcado por el desempeño habido en la modernización económica de China, a partir de la aplicación consecuente de la política de “Reforma y Apertura”, se refuerza, suma éxitos, activa el papel del país en los diversos ámbitos de las relaciones exteriores, por lo que la crisis actual en las finanzas, así como su reflejo en otros sectores de la economía internacional, lejos de “torcer su rumbo” reformador, viene a confirmar lo justo del camino emprendido, en el algo lejano 1978.                

3. Una vez cumplido el objetivo de la modernización y el desarrollo, ¿considera que China será un país democrático y cooperador con la comunidad internacional?

Si bien, China ha logrado enormes éxitos, también los desafíos que deben remontar aún la modernización y desarrollo del país resultan tareas de titanes. En lo social, entre otras, liquidar los focos de pobreza, reducir las diferencias entre las áreas urbanas y rurales, eliminar los desiguales niveles de desarrollo económico-social regionales (este-centro-occidente), poner freno a la contaminación ambiental, facilitar agua potable a las grandes ciudades, ocuparan la atención preferente del PCCh y del Gobierno durante un largo plazo. En lo económico, alcanzar un “desarrollo medio”, resolver las ingentes demandas de energéticos, conquistar las cimas del desarrollo científico-tecnológico; unificar políticamente la nación, aún exigirá de políticas atinadas y de un clima interno-externo estable. Y quizás, lo más importante, neutralizar, la conjunción de factores que pugnan por obstaculizar, el ascenso pacífico de China a planos mundiales, son desafíos que pondrán a prueba la “sabiduría asiática”, en la conducción del país.      

Sin embargo, temas recurrentes, en la perspectiva de China, son integrarse plenamente en la comunidad internacional y el signo democratizador que seguirá el país. Ante todo, cualquier observador honesto y sin prejuicios, reconoce los avances que en el orden político, ha logrado la sociedad china en los últimos 30 años, al amparo de la reforma, lo cual no significa ignorar lo mucho que queda por perfeccionar en este campo. En cuanto, a la integración en los flujos internacionales económico-políticos, China pareció que con acierto partió de la “realidad para extraer la verdad”; el mundo existente se “globaliza” y, por tanto, decidió “jugar con esas reglas de juego”. En este ámbito el país ha logrado grandes éxitos y significativos progresos.  Los disensos más acusados aparecen cuando se trata de la “democracia”. Aquí, la gama de interrogantes es amplia y cromática. En un plano algo esquemático pueden sintetizarse dos interpretaciones de signo contrario. Una, que clama por la “democratización”, sin poner adjetivo al término, con lo cual, parecen sugerir como válida la “democracia de impronta liberal”. En otras palabras, la democracia burguesa parece ser el inicio y fin único de la ruta a seguir por China. La otra, se identifica con las posturas oficiales que, a la vez, reconocen la necesidad de mayores libertades civiles y régimen de derecho establecido y consolidado, pero, dan prioridad a las tareas que urgen al país resolver en lo económico-social. En este enfoque, el proceso “democratizador” es una meta de largo plazo y ha realizarse de modo gradual. Esto, como objetivo social queda integrado al logro de “una sociedad armónica”.    

Una tercera postura, más pragmática constata que, la “Reforma y Apertura” de hecho, dio al traste con los postulados del “modelo clásico soviético”, así como con los intentos “maoístas” de construir paradigmas propios. La “democratización” a alcanzar integrará elementos “culturales” muy específicos y, sin dudas, lejos estará de seguir los cánones “liberales”. En resumen, China, de hecho ya constituye un factor positivo con su integración paulatina a la comunidad internacional. El “color” que asumirá la “democracia” en el país, está en “pañales”, y profetizar sobre sus características es tarea hoy, más de “oráculos”, que de la ciencia. Obviamente, la realidad será más rica que la mejor filosofía.               

Respuestas de Augusto Soto (Consultor y profesor en ESADE): 

1. Qué aspecto o aspectos destacaría de la transformación vivida por China en los últimos treinta años? 

a) La creciente autonomía individual, pura y simple, lograda por una importante masa de habitantes. 

b) La restauración de la capacidad de empresa y la creatividad individual tras varios años de oscurantismo. 

c) La transformación camaleónica del Estado y su elástica inclusión de orientaciones semi-ideológicas y semi-pragmáticas. 

d) El reconocimiento internacional de China como potencia indispensable en el sistema internacional. 

e) La expansión global de la cultura china considerada como un componente inexcusable del patrimonio de la Humanidad. 

2. Puede la actual crisis económica y financiera mundial condicionar la política de reforma y apertura o, incluso, torcer su rumbo? 

a) En esta crisis global en ciernes es aventuradísimo especular. Las percepciones del desmoronamiento de la arquitectura financiera actual siguen dando sorpresas a los historiadores de las crisis del siglo XX. 

b) No es sólo la crisis, sino también la posible cantidad de mega-escándalos financieros que emergen y en los que a priori no se pueden descartar malogrados actores asiáticos con impacto añadido en China. 

c) Como es sabido, por su mayor aunque aún relativa exposición al exterior, China debiera ser más afectada que en ninguna de las crisis originadas en el mundo occidental del último medio siglo (incluida la “crisis asiática” o “crisis del Fondo Monetario Internacional”, según una extendida percepción en Asia del Este). 

d) El puro desconocimiento de los límites del derrumbe afecta a China. Ya sabemos de la baja del PIB y de las exportaciones. Pero una estimación parece probabilísima: los países más poderosos de Occidente tendrán más poder que perder que China. Si lo confirma el reacomodamiento abstracto de las finanzas y del comercio global post-crisis, China reemergerá menos lejos de EE UU de lo que se preveía hace un año en la inevitable carrera hacia la preeminencia mundial. 

3. Una vez cumplido el objetivo de la modernización y el desarrollo, ¿considera que China será un país democrático y cooperador con la comunidad internacional?  

a)      Debido a la crisis, el objetivo de la modernización y el desarrollo puede tardar más de lo previsto tras el más reciente Congreso del Partido Comunista de China. Pero se logre en tres décadas o no, no es lo más importante en el marco de la pregunta. 

b)      En las últimas décadas China ha cooperado con la comunidad internacional de una manera inusual para una potencia en ascenso. Por lo general, las potencias en ascenso no cooperan cuando ascienden, e incluso bien asentadas, su disponibilidad para el consenso disminuye en proporción inversamente proporcional al despliegue de una agenda autónoma. 

c)      China no ha cooperado aún como actor fundamental o fundacional en ninguna de las grandes instituciones internacionales, como han hecho Gran Bretaña o EE UU en el último siglo. Abrumadoramente se ha sumado a ellas: las ha abrazado. Sin embargo, si se considera el asunto realmente en un sentido de “comunidad internacional” allende el restringido concepto del término (que iguala “comunidad” con los países más desarrollados del Hemisferio Norte), China no bloquea ni intenta imponer un concepto de orden mundial o nueva civilización (como sí lo anunciaba Pekín en época de Mao). 

d)     Sin embargo, conviene recordar que una China más democrática, y por tanto, más compleja de gobernar, puede ser menos cooperadora con la “comunidad internacional” de lo que ha sido hasta ahora.