Eurasia dirimida entre regionalización digital o telón de acero tecnológico Sunamis Fabelo Concepción es Doctora en Ciencias Históricas e Investigadora y Profesora Titular del Centro de Investigaciones de Política Internacional (CIPI), La Habana, Cuba.

In Estudios, Política exterior by Xulio Ríos

En diversos aspectos, los nuevos tiempos han acercado a Rusia y China. El reverdecimiento de determinadas cuestiones de la guerra fría ha propiciado el regreso de Rusia como una de las contrapartes fundamentales de lo que puede considerarse como Nuevo Gran Juego. En ese contexto, China también juega un rol destacado, sobre todo a partir del desarrollo del megaproyecto de la Franja y la Ruta. Sin embargo, la extensión  de los conflictos internacionales al ámbito tecnológico-digital en el escenario euroasiático, ha propiciado un nuevo acercamiento entre ambas potencias, en la medida que han identificado intereses comunes. En principio esta cuestión está asociada a la guerra comercial desatada entre China y Estados Unidos, y por otro lado está relacionada con el plano ideológico, especialmente en lo que se refiere al enfrentamiento entre dos conceptos construidos a los largo de la historia y según los intereses de quienes los empleen: Democracias liberales vs. Regímenes autoritarios.

Rusia y China son acusadas de mantener una guerra permanente, en el plano tecnológico-comunicacional contra las democracias liberales de occidente. Las principales acusaciones sobre Moscú giran alrededor del desarrollo de una “guerra híbrida”, que va desde el uso de fake news hasta campañas desinformativas. En el caso de China, se refieren a la enorme capacidad tecnológica desarrollada, siendo el caso de la 5G, impulsada por Huawei, el más evidente en materia de guerra tecnológica. Este escenario, a su vez, se relaciona con la capacidad de vigilancia y control con que esta tecnología dota al Gigante asiático. El reciente veto de Reino Unido a la empresa china y su extensión de la red 5G, por cuestiones de seguridad, ha puesto en evidencia al sector de la alta tecnología, como uno de los frentes más disputados de la competencia entre Estados Unidos y China.

Sin embargo, detrás de estas realidades se esconden cuestiones mucho más complejas.  La confrontación tecnológica es solo una parte del entramado de vínculos que mueve los hilos de las relaciones internacionales actualmente. Tampoco se trata de nuevos espacios de competencia geopolítica, sino que estos son resultados de la propia evolución histórica, de conflictos enquistados o no resueltos, a través del tiempo, y en cualquier caso de viejas disputas por detentar el poder y tomar el control.

La guerra de las mil caras por controlar una narrativa

Son muchas y variadas las aristas de la confrontación sino-estadounidense. En la misma participan directa o indirectamente otros actores de la arena internacional: Rusia, la Unión Europea, Gran Bretaña, entre algunos de los más destacados. Las revelaciones de Edward Snowden, la guerra de Crimea en 2014, los sucesos de Cambridge Anlytica, el referéndum del Brexit, las elecciones presidenciales estadounidenses de 2016 y más recientemente la extensión de la 5G de manos de China, marcaron la segunda década del siglo XXI. Entre sus principales efectos puede decirse que afectaron sensiblemente la confianza de los usuarios de internet y supusieron una alerta a las denominadas democracias liberales. A ello se ha sumado, a lo largo de las dos décadas que van de siglo XXI, un acercamiento entre Rusia y China propiciado, para algunos analistas, por el propio Occidente que  con al expansión de la OTAN y la UE y la Revolución de colores en Europa del este empujó a Moscú  hacia los brazos del Gigante asiático, quedando así envenenada la relación con Occidente (Darío, 2020).

Pero no han sido solo estas las razones del acercamiento. Evidentemente hay una identificación de objetivos y enemigos comunes, así como una experiencia en el área de la colaboración que no es nada desdeñable. Tales son los casos de concordancia en el seno de la Organización de Cooperación de Shanghái y  más recientemente entre el proyecto ruso Unión Económica Euroasiática y la Iniciativa de la Franja y la Ruta liderada por China, incluso en lo que a cooperación tecnológica se refiere.

Entre otros, estos elementos han propiciado el desarrollo de una especie de tercera edición del “Gran Juego en Eurasia”, determinado por la presencia de varios actores pujando por espacios de influencia. El primero de estos “Juegos” estuvo protagonizado por la disputa entre superpotencias en el s. XIX, especialmente en Asia, entre los imperios británico y ruso. El fin de la Guerra Fría con la desintegración de la URSS conllevó un nuevo gran juego que se extendió prácticamente hasta poco más de la primera década del siglo XXI, esta vez determinado sus objetivos por el acceso a fuentes de energía. Esta tercera edición del juego de poderes también disputa áreas de influencia pero ahora por alcanzar la competencia tecnológica necesaria para el control de “datos”.

Rusia

En el caso de Rusia, la acusación se basa en la supuesta utilización de la guerra híbrida para desestabilizar a las democracias occidentales. Según los medios de comunicación, Rusia está impulsando una guerra híbrida contra los Estados occidentales. Sin embargo, una de las características fundamentales de la guerra híbrida consiste no solo en el uso de las TIC, sino en la utilización simultánea de otros componentes como la combinación de los elementos regulares e irregulares propios de un conflicto armado en el que participen tales fuerzas, se use armamento avanzado o se realicen actos te­rroristas, por citar algunos elementos. Según un estudio de 2019 del profesor de la Universidad Complutense de Madrid, Javier Miguel-Gil, en la supuesta guerra híbrida de Rusia contra los Estados occidentales no se producen tales combinaciones. Así tampoco pueden calificarse como no­vedad este tipo de conflictos y mucho menos la presunta exclusivi­dad que se le otorga a Rusia en el planteamiento de las guerras híbridas y como parte de estas la difusión de noticias falsas.

Se trata por tanto de un ele­mento utilizado a lo largo de la historia, que se ha basado en el uso de las tecnologías dispo­nibles en cada momento histórico. En relación con esto tampoco sería objetivo plantear que un único Esta­do (Rusia) pueda estar impulsando este tipo de guerras prácticamente de forma simultánea contra varios Estados a la vez, entre los que se incluyen desde las principales potencias mi­litares (Estados Unidos y Gran Bretaña) has­ta países con un menor poder militar (como sería el caso de España, por ejemplo) (Miguel-Gil, 2019). Por otra parte, igualmente expone que para la realización de campañas de desinformación y la distribu­ción de noticias falsas en contextos de tensión interna de los países, se recurre al potencial de las TICs, especialmente internet y las redes sociales. Por lo tanto, en tal sentido, advierte que pese al uso que Rusia haya hecho del ámbito digital, no tiene el monopolio de estas actividades, sino que cualquier Estado o actor no estatal puede hacer uso de ellas para con­seguir sus objetivos.

El origen del concepto “guerra híbri­da” se remonta a febre­ro de 2013, con la publicación del artículo “El valor de la ciencia en la anticipación” del jefe del Estado Mayor de la Defensa, el general Valeri Gerasimov en la revista Voyenno-Promyshlennyy Kuryer (VPK, Correo Militar-Industrial). En el documento el autor advierte que la línea que separa a la guerra de la paz es difusa, por lo que hay que desa­rrollar tácticas que permitan trabajar en las sombras, condicionando procesos electora­les, agitando a la población civil o hackean­do objetivos en otros países. Algunos analistas precisan que Gerasimov planteaba en su artículo su perspectiva del pasado reciente, el presente y el futuro esperado de la guerra, en gran medida a partir de lo ocurrido en la “primavera árabe” y en las “revoluciones de colores”. Sin embargo, Rusia considera que el concepto de guerra híbrida es un término occidental y, por lo tanto, distinto a su sistema doctrinal. De hecho, los rusos hacen referencia a distintos términos relacionados con la guerra híbrida, como “guerra no lineal” (nelinnearnaya voy­na), “guerra ambigua” (neopredelonnaya voy­na) y “guerra de redes” (setovaya voyna). (Miguel-Gil, 2019)

En 2016, Gerasimov pu­blicó un nuevo artículo en el que expuso al­gunas ideas sobre las guerras contemporáneas (de forma similar al documento anterior), pero en el que añadió las experiencias de los conflictos de Ucrania y Siria. Según estos estudiosos del tema, Gerasimov iden­tifica los métodos híbridos en las revoluciones de colores y afirma que estos movimientos son, de hecho, golpes de Estado promovidos por Occidente. A diferencia del artículo de 2013, este documento hace referencia de forma abierta a las guerras híbridas y a los métodos híbridos, pero de forma distinta a Occidente.  De ahí que, Mark Galeotti en 2018, el analista que acuñó el término doctrina Gerasimov, no solo ha negado la existencia de esa supuesta doctrina, sino que además señala que el artí­culo de Gerasimov pretendía resolver cómo luchar contra las acciones no convencionales, no promoverlas. (Miguel-Gil, 2019)

Por su parte, la lectura rusa del tema refiere que la agresividad occidental actual se ha intensificado, sobre todo mediante este tipo de accionar, y esto responde a la pérdida de relevancia a nivel global del “Occidente histórico” ante el avance de China  y otros centros de poder. Este escenario describe la evolución hacia un mundo más multipolar y, por supuesto, genera nuevos espacios y niveles de desencuentros y alianzas.

En materia comunicacional, los cruces de fuego en este contexto, pueden ejemplificarse con las siguientes acciones: Una respuesta del gobierno de Putin, muy criticada por Occidente, fue la aprobación en 2015 de una ley sobre Organizaciones No Gubernamentales (ONG) “indeseables”, que prohibía el funcionamiento en territorio ruso de una lista de ONG que recibían financiamiento de Estados Unidos como la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID). (Amnesty, 2015)

Otro de los puntos conflictivos fue el requerimiento del Departamento de Justicia de Estados Unidos en 2017 de la inclusión de los medios de prensa rusos Sputnik y RussiaToday en el “Registro de Agentes Extranjeros”. Rusia respondió ese mismo año con la aprobación por la Duma Estatal de una serie de enmiendas a su Ley de Medios de Comunicación, que contemplan la obligación a nueve medios de comunicación norteamericanos de utilizar igualmente la denominación “agente extranjero” en todas sus emisiones y la imposición de trabas a estos a la hora de participar en contratos ofertados por las distintas administraciones públicas rusas. (EFE, 2017)

El presidente Putin ratificó en mayo de 2018 una ley aprobada por el parlamento que autoriza restricciones relacionadas con el comercio con Estados Unidos (incluidas exportaciones cruciales a este mercado) y otros Estados que se sumen a las sanciones de este último. La versión original de esta ley incluía la negativa del uso por el gobierno ruso de softwares y tecnologías de Estados Unidos y la prohibición de importaciones de productos farmacéuticos y agrícolas, alcohol y tabaco provenientes de Estados Unidos.(AP, 2018)

En 2019 el gobierno ruso anunció su intención de desconectar al país de la red global de internet, finalmente en diciembre de ese año se anunció RuNet, la alternativa nacional al internet global, con el objetivo de proteger a  Rusia de las interferencias del extranjero. Un proyecto que cuenta con el apoyo de grandes empresas rusas como Yamdex, MegaFon, Beeline, MTS, RosTeleom

Como puede apreciarse, el desarrollo de una nueva guerra fría en el ámbito tecnológico está en plena evolución. En ese sentido, la relación con China ha sido clave para el apoyo de Rusia para impulsar determinados objetivos en materia de política exterior. A esto también ha contribuido la imposición de sanciones desde Occidente, lo cual ha propiciado que Rusia haya realizado lo que se ha dado en llamar “giro hacia el Oriente” sobre todo con China. El acercamiento ruso a China tiene entre sus antecedentes fundamentales la OCS. Recientemente los vínculos se han estrechado entre la Unión económica Euroasiática (UEE) liderada por Moscú y la iniciativa china de la Franja y la Ruta (BRI). En esta última, en su vertiente de la Ruta Digital, el Kremlin fue de las primeras experiencias de colaboración.

Los presidentes Xi Jinping y Vladímir Putin firmaron una declaración conjunta de cooperación en proyectos de construcción entre la UEE y BRI. La convergencia de ambos proyectos en función de un redimensionamiento de la dinámica regional, resulta uno de los elementos esenciales a la hora de analizar la construcción de un enfoque euroasiático multilateral. Los vínculos entre China y Rusia en el desarrollo de la UEE y BRI significa un nuevo nivel de cooperación y, de hecho, conlleva la creación de un espacio económico único en el continente, a pesar de que la región centroasiática constituye una evidente área de influencia donde prevalecen y evolucionan los interese rusos y chinos.

Los principales acuerdos entre Rusia y China han estado dirigidos a cooperar conjuntamente con los sistemas de navegación ruso y chino, GLONASS y Beidou, respectivamente. De acuerdo con el comentario del vicepresidente del Gobierno ruso, Dmitri Rogozin, la cooperación entre ambos sistemas nacionales de navegación resulta razonable en el contexto del uso de tecnologías similares por la alianza militar de la OTAN. Beidou este 2020 obtuvo un sistema de navegación por satélite con un funcionamiento similar al GPS.

Por otro lado, el presidente ruso anunció como parte de una estrecha cooperación en materia de altas tecnologías, el acuerdo de la compañía Renova y la fundación china Kibernaut sobre la aplicación de innovaciones conjuntas en el territorio de Rusia por un total de alrededor de mil millones de dólares.

En 2019 se firmaron importantes acuerdos entre ambas partes sobre la implantación de la 5G. El mayor operador de redes móviles de Rusia, MTS, y el gigante tecnológico chino Huawei firmaron un acuerdo para el desarrollo de tecnología 5G y el lanzamiento piloto de redes de quinta generación en el país. El cierre de las negociaciones tuvo lugar en el Kremlin de Moscú en una ceremonia a la que asistieron el presidente ruso, Vladímir Putin, y su homólogo chino, Xi Jinping, en el marco del Foro Económico Internacional de San Petersburgo, que se realizó en junio de ese año.

El plan de acción se desarrollará entre el 2019 y el 2020 e incluirá la introducción de soluciones 5G y tecnología IoT(Internet de las Cosas) en la actual infraestructura de MTS. Asimismo, abarcará la implementación de una red comercial LTE y el lanzamiento de zonas de prueba y redes piloto 5G con su respectivo equipamiento. El presidente de MTS, Alexéi Kornia, aseguró que con esta decisión la asociación de ambas compañías ha alcanzado “un nuevo nivel” porque no solo impulsará su “cooperación estratégica” y creará las bases para el uso comercial de la tecnología 5G en Rusia, sino que permitirá el desarrollo de las relaciones económicas entre las dos naciones. El director general de Huawei en Rusia, Aiden Wu, destacó que la presencia de Putin y Xi demuestra la “importancia de la asociación en la esfera tecnológica” para Moscú y Pekín. (El economista, 2019).

Por otra parte, Alibaba ha firmado un acuerdo para controlar el 10% del Grupo Mail.Ru, dueño de las principales redes sociales rusas, incluida VKontakte. Alibaba controlará ahora el 48% de una nueva criatura del valor de 2.000 millones dólares que se llamará AliExpressRussia. (Forbes, 2018)

El escenario digital descrito es un ejemplo de cómo la regionalización digital a modo de cortafuegos se ha hecho una tendencia. Tradicionalmente la coalición occidental ha tenido el dominio sobre la gobernanza del ciberespacio, con el tiempo este tema ha adquirido mayor carácter en lo que  a seguridad nacional se refiere. No son solo los entramados tecnológicos controlados por Occidente las que preocupan a potencias como Rusia o China sino la forma en que los mismos se convirtieron en la arquitectura de la red, que está diseñada para asegurar el control de la información y sobre todo la capacidad de manejarla según determinados intereses, la mayoría de las veces imperativos en materia política.

China

En el caso de China, en Occidente también saltan las alarmas sobre la posibilidad de control que puede ejercer el Gigante Asiático en la subversión de democracias liberales. El caso de Huawei propiamente  es quizás uno de los más ilustrativos en ese sentido.

La tecnología de Huawei es altamente competitiva y sitúa a China en el centro de la geopolítica tecnológica. El Gigante Asiático posee  un desarrollo significativo de las startups tecnológicas más exitosas. Esto precisamente tiene que ver con esta promoción del incentivo hacia el emprendimiento que ha venido desarrollando China, lo cual genera innovación, con estándares de liderazgo; a diferencia de la tendencia fuera de China, que, considerando la dificultad de competir con esta velocidad de generación de nuevos desarrollos, promueve la adquisición de unicornios. Los logros obtenidos pueden referirse a la política “Go Global” que llevó a las empresas chinas mejor posiciones como Huawei y ZTE a competir en el mercado mundial. Esa estrategia de hace 21 años está muy relacionada con la actual Ruta de la Seda Digital. (Parra, 2020)

En tal sentido, ocupa un lugar destacado el reciente desarrollo de la quinta generación (5G) de redes inalámbricas para móviles, liderada por las compañías chinas Huawei y ZTE. En este escenario se ha venido desarrollando un complejo proceso de confrontación, presión y cooperación entre un grupo importante de países, entre los que se destaca, EUA, la UE, Japón, China y Rusia, fundamentalmente, debido a la competencia, rivalidad e interdependencia que condiciona esta cuestión.

El incuestionable avance de China en este contexto competitivo es justamente lo que se trata de frustrar catalogándola como una amenaza a la seguridad. El sinólogo Xulio Ríos argumenta en su reciente estudio, Huawei y el mantra de la seguridad, la existencia de antecedentes de EEUU en la represión de cualquier empresa extranjera que desafíe su liderazgo tecnológico. En este contexto, la detención en Canadá de Meng Wanzhou, la directora financiera de la firma china, recuerda al caso de Frederic Pierucci, ex directivo de la compañía francesa Alstom, detonante de una cadena de litigios que culminó con la adquisición parcial de Alstom por la estadounidense General Electric, bloqueando la posibilidad de fusión entre la empresa gala y la Shanghai Electric Company. Al hacerse con Alstom, EEUU obtuvo el control del mantenimiento de todas las centrales nucleares francesas. Se trata de una misma política, sobre todo si se toma en cuenta que  Trump llegó a poner sobre la mesa el intervenir en su proceso de extradición si China mejoraba su oferta para lograr un acuerdo comercial. (Ríos, 2020)

En consonancia con todo esto se han desatado una serie de debates sobre las lógicas de los telones de acero tecnológicos, o la tendencia  a la regionalización digital a que  estamos asistiendo. En tal sentido generalmente se ha desviado la atención del origen de estas confrontaciones. Los debates obvian el lugar de las conocidas GAFAM en el gobierno de internet y como se mantiene el liderazgo de las empresas de Silicon Valley en el control del ciberespacio.

Es así que, la percepción de pérdida relativa de hegemonía estadounidense ha condicionado buscar desestabilizaciones en el gigante asiático. En la proyección occidental contra China, se utilizan los temas de derechos humanos para confrontar a Beijing, en muchos casos estos están asociados al escenario tecnológico y comunicacional de una manera u otra. Recientemente las campañas de subversión se han incrementado contra la imagen país de China. El caso de las recientes movilizaciones ocurridas en Hong Kong no es ajeno a este escenario, sino que forma parte de las presiones que la administración Trump ejerce contra China. En este contexto se han constatado, al margen de las manifestaciones pacíficas, choques mucho más violentos así como la promoción y articulación de acciones y declaraciones mucho más enfocadas en cambio de régimen. Estos grupos son preparados y financiados por agencias externas.

En su estudio reciente, El ascenso de Beijing y la confrontación sino-estadounidense, el especialista en el tema, Ruvislei González Sáenz, argumenta sobre la presencia de la NED, mediante soporte a grupos de jóvenes en Hong Kong, así como la existencia de antecedentes recientes de participación de la NED en la promoción y apoyo financiero a campañas subversivas en función del cambio de régimen en Hong Kong. A ello se suma la participación de los medios de comunicación en este contexto, particularmente la cadena estadounidense Fox News que se encargó de transmitir líneas de mensajes a las que se unieron Facebook, Twiter, YouTube y Google. A través de los movimientos estudiantiles como Demosisto, el Escolarismo y otros, la NED y el Instituto de la NED (INED, sostenido por la líder del Congreso, Nancy Pelosi del Partido Demócrata), tienen penetrado el sistema de educación total en Hong Kong, desde la primaria, hasta las universidades. Por ejemplo, han invertido dinero en el Centro de Estudios Comparativos de la Universidad de Hong Kong (González, 2020).

Así también, especial atención en la arena internacional han cobrado los temas de conflicto con Tíbet y Xinjiang. En ese sentido el Departamento de Estado desde 2001 ha desarrollado acciones como el Programa Democracia, financiamiento de la agencia National Endowment for Democracy (NED). Por otro lado, el gobierno estadounidense en coauspicio con la Voz de América (VOA) y Radio Libre de Asia (RFA en inglés) provee fuentes externas de opinión, noticias alternativas (montadas), lo traducen al mandarín, cantonés, tibetano e incluso al idioma uigur. A su vez, Estados Unidos aprobó la Ley de Acceso Recíproco al Tíbet del 2018 en la que exige al Departamento de Estado que informe al Congreso anualmente sobre los niveles de acceso que otorga el gobierno chino a diplomáticos, periodistas y turistas estadounidenses a áreas tibetanas de China y las barreras para entrar a estas áreas (González, 2020).

Estos acontecimientos no son ajenos a un escenario de actuación más amplio. El mismo se articula con otro grupo de acciones que van desde la ya mencionada guerra comercial, que pasa por el caso Huawei, hasta la reciente eliminación de cuentas por parte de Twitter (23.750 perfiles) por difundir “narrativas geopolíticas favorables al Partido Comunista de China” y suspende otras 150.000 por ser “amplificadoras”. Estas cuentas publicaban información sobre temas como las protestas de Hong Kong o Estados Unidos y el COVID-19. Del mismo modo, la red social estadounidense también ha suprimido 1.152 y 7.340 cuentas falsas rusas y turcas, respectivamente, alegando que hacían propaganda a favor de sus gobiernos. (La Verdad, 2020). La Comisión Europea también acusó en ese contexto a China y Rusia de promover campañas de desinformación “dentro de la Unión Europea, sus vecinos y el mundo”. (AFP, 2020). El cierre del consulado chino en Estados Unidos tampoco es ajeno a esto; por demás confirma la zaga de la actual administración estadounidense en materia diplomática.

Los problemas que surgen de este escenario afectan tanto a los que son considerados regímenes autoritarios como a cualquier otro gobierno de entre las denominadas democracias liberales. Ambas partes en el juego de poderes de las relaciones internacionales han expresado preocupación por la difusión de información, que como parte de la Guerra de 4ta generación tienen una influencia determinante en el electorado.

¿Ecosistemas o Telones de acero tecnológicos?

Muchos analistas consideran que la 5G impulsada por China dividió al mundo. Se ha comenzado a hablar así de ecosistemas tecnológicos en un concepto mucho más cooperativo, con matices; pero tampoco faltan especialistas que se refieran a telones de acero tecnológicos, en un sentido mucho más confrontativo.

Jack Ma, fundador y presidente ejecutivo de Alibaba Group expresó: “Hace más de 30 años, solía decir que si perdíamos la oportunidad de vender nuestros productos a los Estados Unidos, habríamos perdido para siempre la posibilidad de darnos a conocer en el mercado global. Hoy, sin embargo, les digo a la gente que si no colocan sus productos en el mercado chino, perderán su partido con el futuro”. Según Ma: “La diferencia entre nosotros y Amazon es que ellos son un imperio que controla, compra y vende. Nosotros queremos ser un ecosistema”. (Barbieri, 2019)

Por su parte, Neil Dwane, analista de Allianz Global Investors, advierte con temor sobre la posibilidad de que cada una de las potencias cree su propio «ecosistema» tecnológico para reducir su dependencia mutua y así obligar a sus aliados a una adhesión incondicional. A esto lo identifica como la política del órdago (Benítez, 2019).

A diferencia de la guerra comercial, la guerra tecnológica tiene alcances más complejos. En principio los contendientes se ven forzados a elegir y levantar un muro tecnológico, para lo cual, a día de hoy no están preparados. Esto implicaría un desacoplamiento y desdoblamiento tecnológicos que se revertiría en una bifurcación, además de política, de la economía y el comercio. En este caso se trataría de elegir en principio entre dos polos digitales: Washington o Beijing. A su vez se desplegarían diversas áreas de influencia. En tal caso podríamos ver emerger uno o diversos telones de acero tecnológicos, y en último término, avanzar hacia una cierta desglobalización digital en función de una regionalización digital.

En relación con la división de internet o su bifurcación aunque es una posibilidad hay que tener en cuenta que su cadena de suministro es un asunto complejo de “des-enredar”, en el sentido amplio de la palabra. Marcus Willett, apunta dos ejemplos: IBM trabajando con el Banco de China en soluciones comunes para la tecnología digital que apuntalarán transacciones financieras por valor de billones de dólares. Así mismo, muchos de los equipos de Nokia y Ericsson están basados en tecnología china, así como gran parte de la tecnología china está basada en los microchips estadounidenses. Qué es una tecnológica china o estadounidense hoy en día sino partes y piezas que se unen en tecnología global (Gil, 2020).

Sin embargo, ante los obstáculos atravesados por Huawei, esta ha tendido a “desamericanizase” invirtiendo en la producción de chips de última generación que eviten la dependencia actual de los fabricantes estadounidenses. Entre tanto, numerosos grupos europeos continúan fabricando sus productos en China para el mercado internacional, incluyendo los competidores de Huawei, como Nokia o Ericsson. Huawei sugirió construir una fábrica en Europa que serviría para minimizar las preocupaciones de seguridad de los europeos y ayudaría a relativizar esa idea de representar un peligro. Además, los equipos de Huawei, disponen de un laboratorio de ciberseguridad en Alemania cuyo fin es demostrar que sus equipos no tienen “puertas traseras”. Hay otro en Reino Unido y está proyectado otro en Polonia. (Ríos, 2020). Este tipo de mecanismo es un importante argumento sobre las garantías de estos equipos en materia de seguridad para Europa. Sin embargo, los cuestionamientos al respecto no han cesado y cada día la posibilidad de discriminar una tecnología por su origen y desaprovechar sus ventajas, en función de coacciones políticas es más evidente en el entorno europeo.

En esa línea, Marcus Willett, ex subdirector del centro de escuchas británico GCHQ, perteneciente a los servicios secretos de Reino Unido, y actualmente asesor sénior del Instituto Internacional de Estudios Estratégicos (IISS) en cibernética y otras tecnologías explica que como palanca del poder nacional, hay numerosas razones por las que un país podría vetar Huawei de sus redes, pero una creciente ciberseguridad no es en realidad un gran factor. Según este especialista de lo que se trata realmente es de la competencia global por el control de la industria digital de alta tecnología: la llave a un poder “descomunal”. Huawei se ha visto atrapada en primera línea de combate. Irónicamente, también Reino Unido se ha visto en primera línea de esa competición global entre EE.UU. y China por el control de la tecnología digital. Ambas naciones saben que para ser una superpotencia en el siglo XXI es necesario ser una superpotencia digital (Gil, 2020).

En el caso de China se considera este tema asociado a una cuestión más bien de seguridad interna y retomar el control, desplazando a EE.UU. de la región de Asia-Pacífico, quien ha logrado posicionarse en el patio trasero chino; así como de tratar de entrar en mercados emergentes a través del La Franja y la Ruta. En el caso de la Ruta Digital, existen importantes proyectos y oportunidades en Latinoamérica, África, Sudeste Asiático.

La apuesta más reciente de Huawei, de varias operadoras chinas y el Ministerio de Industria y Tecnología de la Información de China, es construir un nuevo Internet. La idea surge con el objetivo de mejorar las comunicaciones y prepararlas para lo que se está desarrollando y llegará en los próximos años. Según lo expertos promotores del proyecto, la infraestructura de Internet actual es “inestable” e “insuficiente” para la demanda que se espera en unos años donde además de los dispositivos actuales habrán más dispositivos IoT, comunicaciones para vehículos autónomos y más. Llamado “New IP”, el proyecto muestra cómo pretenden reemplazar el sistema actual. El fabricante chino dice que ya están construyendo parte de la tecnología que se necesitaría para el “nuevo Internet” con la ayuda de varios países y otras empresas. Estiman que algunos de estos productos/servicios estarán listos para ser puestos a prueba a principios del 2021. (Rus,  2020).

La creación de un nuevo internet por parte de China muestra el interés y la capacidad de Beijing de transformar el escenario comunicacional actual, a diferencia de Rusia que a través de RuNet, intenta de alguna manera alcanzar cierta independencia en el ciberespacio. No obstante los matices, la búsqueda de soberanía digital es una tendencia cada vez más marcada y por tanto se convierte en un área de mayor confrontación. La de Rusia y China son posturas que pueden considerarse defensivas en una batalla por la preservación de lo que consideran su seguridad nacional, por polémico que pueda resultar este tema en materia de democracia o derechos humanos. Se trata en definitiva de controlar cómo las ideas se difunden, por cuanto la capacidad de penetración y subversión de la red de redes, sobre todo a partir de los análisis algorítmicos de los datos, supone no solo un asunto de interés doméstico para controlar a los ciudadanos, sino la puerta trasera de la seguridad nacional.

La soberanía de internet y sus garantías democráticas no son asuntos tan simples que puedan resolverse aislándose de la red global. Internet es ahora una parte vital del comercio global y ni Rusia ni cualquier otro Estado pueden simplemente desconectarse totalmente de este sistema sin dañar su economía, y mucho menos sin dejar abierta una puerta trasera. Según Sim Tack, analista del grupo de inteligencia Stratfor, el tema de la infraestructura es muy importante para estos planes de un internet controlado por los gobiernos. Una de las posibilidades es un escenario en el que una cantidad suficiente de estos países se unan a Rusia y China para desarrollar una infraestructura similar, hasta el punto en que puedan sostenerse mutuamente sin hacer negocios con el resto del mundo. Esto implicaría que podrían aislarse de la red occidental. Las naciones más pequeñas podrían preferir un internet construido alrededor de un estándar no occidental y una infraestructura económica construida alrededor de China podría ser la “tercera vía” que permita a los países participar en una economía semi-global  (Adee, 2019).

Reflexiones finales

Entonces, ¿puede subordinarse el desarrollo tecnológico a imperativos políticos? Así como recientes problemas mundiales, como el cambio climático o la crisis desatada por el avance de la pandemia de la Covid-19, evidencian que el mundo necesita de nuevos procesos dinamizadores integrados, el caso de la tecnología no escapa a esa lógica. No se trata de apostar por un proceso de desglobalización, sino todo lo contrario, de transformar el orden internacional vigente y transitar de lógicas establecidas durante la guerra fría basadas en la bipolaridad o unipolaridad, obsoletas para las actuales circunstancias del mundo,  hacia nuevos mecanismos de multopolaridad y cooperación.

No puede obviarse la importancia que la cooperación ha tenido para la ciencia y la tecnología históricamente, si bien también es cierto que el componente político ha condicionado y obstaculizado en buena medida estos campos del desarrollo.

Un ejemplo reciente que resulta ilustrativo de cuanto puede alcanzarse con esfuerzos comunes en este contexto pudiera ser el anuncio del nuevo proyecto de cable de datos submarino que rodeará África para conectar al propio continente, Europa y Medio Oriente. El proyecto ha sido denominado 2África. Esta infraestructura se extenderá por ambas costas del continente africano, y contará con numerosas estaciones de aterrizaje para dar servicio a un total de 23 países. Entre ellos se encuentran España y Reino Unido, que serán los principales nodos de enlace del cable 2Africa con Europa, y también otros puntos de Asia que permitirán enlazar con India, China y otras regiones importantes de Asia. Tal iniciativa llega de la mano de China Mobile junto a Facebook. Ambas compañías trabajarán unidas en esta nueva gran inversión en infraestructura global. Para el proyecto 2Africa, las compañías Facebook y China Mobile Internacional contarán con la colaboración de MTN GlobalConnect, Orange, STC, Telecom Egypt, Vodafone y West Indian Ocean Cable Company (WIOCC), que aportarán sus recursos y experiencia para construir un cable que ampliará las capacidades de interconexión de gran parte del continente con Europa y Oriente Próximo. (Almacenamiento it., 2020)

En su comunicado oficial, los representantes de Facebook han dicho que como todas sus inversiones, 2Africa tiene como objetivo avanzar hacia un Internet más abierto e inclusivo, y afirman que en los países en los que aterrice el cable los proveedores podrán mejorar su capacidad para prestar servicios de acceso a la red global, acelerando la transformación digital. Por su parte, Jessica Gu, directora y directora de tecnología de China Mobile International, dijo que “el lanzamiento de 2Africa nos permite ofrecer a nuestros clientes una conexión perfecta entre África y Europa, junto con nuestros recursos de cable submarino SEA-ME-WE 5 y AAE-1 para ampliar aún más Asia, que es un hito importante en nuestra estrategia de desarrollo global. La capacidad máxima y la transmisión más rápida nos permite satisfacer las necesidades de las naciones africanas hoy y en el futuro, lo que refleja nuestro firme compromiso de construir una vida digital global”. (Almacenamiento it., 2020)

Este es uno de los ejemplos que demuestra las posibilidades de la cooperación en determinadas áreas de desarrollo tecnológico. Existe una diferencia entre estas empresas y sus gobiernos, lo que no significa que cada vez más las distancias se vayan acortando. Tanto las GAFAM como China Mobile International o la misma Huawei han tratado de desarrollar un perfil global más independiente de sus respectivos Estados, si bien es cierto que estas empresas terminan conociendo mejor a los ciudadanos que sus propios gobernantes y esto es lo que las ha llevado a convertirse en un instrumento de poder sin precedentes y por tanto en una herramienta política.

Las instituciones internacionales deben recuperar su liderazgo para controlar “bienes globales” (aunque existe un debate en cuanto a si internet puede ser considerado como tal, asociado al polémico asunto de la gobernanza de internet), y de un marco de gobernanza basado en normas comunes o, de lo contrario, corremos el riesgo de fragmentación física de las comunicaciones. Por lo tanto, se tiene que llegar a una nueva arquitectura de seguridad internacional y la base de esto pudiera estar en el aspecto económico-corporativo, más que a nivel de gobiernos nacionales, a pesar de que estos aspectos están íntimamente relacionados. De cualquier forma es un tema abierto a la reflexión, pero de suma importancia para apostar al futuro.

 

Bibliografía:

-Adee, S. (2019). Por qué los esfuerzos de Rusia y China para poner fronteras a internet suponen el fin de la red tal y como la conocemos. Disponible en: https://www.google.com/amp/s/www.bbc.com/mundo/amp/vert-fut-48618084

-AFP. (2020). La UE atribuye a Rusia y China campañas de desinformación sobre la pandemia Disponible en: https://www.france24.com/es/20200609-la-ue-atribuye-a-rusia-y-china-campañas-de-desinformación-sobre-la-pandemia

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