China, del AUKUS al CPTPP Xulio Ríos es director del Observatorio de la Política China

In Análisis, Política exterior by Xulio Ríos

El pasado 15 de septiembre, el presidente de Estados Unidos, Joe Biden, el primer ministro británico, Boris Johnson, y el premier australiano, Scott Morrison, hicieron el anuncio de creación de una nueva asociación trilateral de seguridad. La primera iniciativa bajo el AUKUS será la entrega de una flota de submarinos de propulsión nuclear a Australia. Canberra, no obstante, puntualizó que “no está buscando adquirir armas nucleares o establecer una capacidad nuclear civil”, cuestión objeto de natural escrutinio a la vista de las obsesivas preocupaciones expresadas por EEUU en otros casos, como los de Irán o Corea del Norte sin ir más lejos. Se mire por donde se mire, son pésimas noticias para la no proliferación. Recuérdese que Australia firmó el TNP en 1973.

Morrison dijo más tarde que Australia también adquiriría misiles de crucero Tomahawk de largo alcance de Estados Unidos. El AUKUS también prevé la cooperación trilateral en materia de inteligencia artificial, ciberseguridad y tecnología cuántica aplicada al armamento naval.

El AUKUS se perfila como una nueva herramienta para contener el ascenso geopolítico de China por más que sus mentores se hayan cuidado de no mencionarla en ningún momento, y constituye un claro complemento de otras plataformas con similar finalidad: desde los “Cinco Ojos”, la alianza de inteligencia que Washington, Londres y Canberra mantienen con Canadá y Nueva Zelanda (que planea incorporar a otros cuatro países, es decir, Alemania, Corea del Sur, India y Japón) o el QUAD (EEUU, Australia, India y Japón).

Europa fue dejada a un lado. El Alto Representante de la UE para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, Josep Borrell, confesó que no había sido informado del establecimiento de esta alianza. Reacionó indignada Francia, la más afectada (con el naufragio de un acuerdo de 2016 por valor de 40.000 millones de dólares para vender submarinos convencionales a Canberra) y no solo en el ámbito económico sino también geopolítico. Ahora sopesa son Nueva Delhi un impulso a la cooperación militar bilateral (en 2024 completará la entrega de 36 aviones Rafale por valor de casi 10.000 millones de dólares). Macron habló con Modi el pasado 21 de septiembre”. Las voces en París reclamando la vuelta a las esencias del gaullismo resuenan en los medios. Pero las aguas pueden volver a su cauce tras el encuentro Macron-Biden.

Descartado el papel de la OTAN, “descerebrada” según Macron, que soñaba con alargar su espacio de intervención al Indo-Pacífico, el debate europeo en torno a la autonomía estratégica se reabre, aunque la expectativa de sucumbir a los “encantos” de EEUU sigue siendo elevada y el riesgo de debilitar la convergencia de un frente occidental contra China sigue siendo bajo. Francia puede legítimamente quejarse de haber sido excluida de una asociación estratégica “estructural” con Australia cuando Washington pide a los europeos un mayor compromiso en el Indo-Pacífico. Sin duda, se trata del país europeo con mayor proyección estratégica en el área merced a su legado poscolonial en varias islas del Pacífico.

Nueva Zelanda y Canadá también estuvieron notablemente ausentes. Ambos han aclarado que el nuevo acuerdo no cambia los lazos de seguridad e inteligencia con estos tres países, pero ilustra algunas diferencias al tiempo que evidencia una más profunda implicación de Australia en las concepciones de seguridad de EEUU. Australia y Nueva Zelanda parecen polos opuestos en la forma de concebir la relación con China. En línea con su tradicional política antinuclear (y la cautela en las relaciones con China), Wellington ha declarado que impedirá el ingreso de submarinos atómicos australianos en sus aguas territoriales.

El AUKUS, por tanto, representa una escalada significativa de la inclinación estratégica transatlántica hacia el Indo-Pacífico. Tras el fiasco en Afganistán, EEUU trata de recuperar la iniciativa reforzando la apuesta contra China desmintiendo cualquier lectura apresurada en clave de “declive irremediable” de la potencia hegemónica.

Por otra parte, si la creación de AUKUS desplaza definitivamente a esta zona el epicentro de la definición del orden mundial del siglo XXI, también convierte a Taiwán en el pivote de la alternancia en el liderazgo geopolítico global. En el Reino Unido, durante un debate en los Comunes sobre el acuerdo, la ex primera ministra británica Theresa May desafió a Johnson a aclarar sobre si el acuerdo podría llevar al Reino Unido a una guerra con China por Taiwán. En su respuesta, el primer ministro se cuidó de no descartar nada.

La reacción china: el CPTPP

Con China construyendo a marchas forzadas su propia Armada y poniendo a prueba repetidamente décadas de dominio militar de EE.UU. en toda Asia, la creación de AUKUS, con su enfoque en los submarinos nucleares, está destinada a enviar un mensaje de determinación en la defensa de una fuerte postura de disuasión. Este desarrollo puede impactar de lleno en las posibilidades de cooperación entre EEUU y China en diversas áreas, tal como dejó entrever el ministro Wang Yi.

La hipótesis de desatar una carrera armamentística no es baladí. Desde hace por lo menos un par de años circulan rumores no confirmados, pero respaldados por indicios claros, de una nueva base aérea estadounidense en el Pacífico, con cerca de 5.000 hombres, junto a un puesto naval australiano en la isla de Manus, en Papúa Nueva Guinea. Hay militares de ambos países desde hace tiempo, aunque solo se habla en términos genéricos de una rehabilitación del antiguo perímetro militar de Lombrum, que fue crucial para la campaña aliada en el Pacífico durante la Segunda Guerra Mundial. No solo Papúa Nueva Guinea sino todas las islas del Pacífico ahora corren el riesgo de quedar geográficamente en el centro de la nueva confrontación. Eso podría explicar las conversaciones telefónicas mantenidas por Xi Jinping el 24 de septiembre con los líderes de Tonga o de las Islas Salomón.

Corea del Sur también lanzó con éxito el pasado 15 de septiembre un misil balístico desde un submarino, lo cual le convierte en el primer país no nuclear del mundo en desarrollar con éxito un misil de este tipo. En paralelo, el mismo día, su vecino del norte reaccionó con el lanzamiento de varios misiles balísticos de largo alcance. Seúl también trabaja en un nuevo caza de fabricación íntegramente nacional. Y Japón nunca falta a esta cita, a pesar de las limitaciones constitucionales, con el auxilio de la VII Flota USA y sus 11 portaaviones nucleares (que contrastan con los dos portaaviones chinos en servicio de motor diesel).

En este escenario, aunque China no tiene otra opción que mejorar sus capacidades en defensa, también debe evitar emular el tránsito soviético que pudieran tener presente quienes sueñan con reeditar una segunda guerra fría. Cabe recordar que la estrategia básica y general de China no ha cambiado, es decir, la utilización de las palancas económicas, comerciales, inversoras con preferencia a otras (militares) que no excluye del todo, como instrumentos privilegiados de su influencia. A sabiendas de que difícilmente puede competir con EEUU en el campo militar, ese valor de atracción aspira a quebrar la influencia de Washington y asegurar a medio plazo su expulsión de la zona.

China condenó rápidamente el acuerdo, y el portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores chino, Zhao Lijian, dijo que “socava gravemente la paz y la estabilidad regionales e intensifica la carrera armamentística.” Si este nuevo pacto tripartito entre Australia, Estados Unidos y el Reino Unido demuestra una voluntad común sin precedentes de enfrentarse a China, no puede sorprender la crítica de Beijing al AUKUS, llegando a calificarla de “extremadamente irresponsable”. Beijing sabe que se ha convertido en el objetivo preferente del empeño de Washington por reorientar su esfuerzo hacia la zona y por sumar aliados, construyendo diversas alianzas económicas, tecnológicas, militares y de inteligencia que buscan contener al gigante asiático.

La última señal de China en su estrategia fue la decisión formal, anunciada al día siguiente del anuncio del establecimiento del AUKUS, de solicitar el ingreso en el  Acuerdo Integral y Progresista de Asociación Transpacífico (CPTPP), una iniciativa impulsada originalmente por Washington (aunque luego decidió quedarse al margen) precisamente para aislar a China en la región.

El CPTPP es hoy una organización económica regional cuyos 11 países miembros tienen un PIB combinado de 11 billones de dólares. Esta cifra es inferior al PIB de China en 2019, que ascendió a 14,34 billones de dólares. Por tanto, no representa mucho en esos términos. Sin embargo, a China puede serle muy útil para reforzar y consolidar su Iniciativa de la Franja y la Ruta. Entre los miembros del CPTPP, sólo Japón, Canadá, Australia y México están fuera de la iniciativa, mientras que Malasia, Singapur, Nueva Zelanda, Vietnam, Brunei, Chile y Perú son socios de la misma. Si China se adhiere al CPTPP, ganaría otra cadena con la que vincular a estos países y consolidar su iniciativa. De darse este paso, más allá de unirse al CPTPP, podría condicionar ampliamente el dictado de las normas comerciales regionales. Y Japón acabaría por ceder a China la plataforma que tanto le ha costado construir tras el abandono de EEUU.

El CPTPP lo preside actualmente Japón, que sostiene como prioridad las negociaciones con Gran Bretaña. El gobierno británico celebrará su primera reunión a finales de septiembre para negociar su adhesión. Corea del Sur y Tailandia también han manifestado su interés por el CPTPP.

Varias naciones del CPTPP también forman parte de la Regional Comprehensive Economic Partnership (RCEP), el mayor acuerdo de libre comercio del mundo, dominado por China. Firmado en noviembre del 2020, el RCEP está muy por debajo de los niveles establecidos en el CPTPP o en los acuerdos de libre comercio firmados por la Unión Europea con Japón, Vietnam y Singapur.

China quiere participar en el CPTPP para ganar aún más centralidad en la región de Asia-Pacífico. Al mismo tiempo, es una forma de poner freno a la presión de Estados Unidos, de la que el AUKUS es la última pieza en orden cronológico. La adhesión al CPTPP es un paso más en la expansión estratégica de China, por lo que Japón y Australia es posible que se opongan.

Y también en el CPTPP tropezamos con Taiwán, que reaccionó a la petición de Beijing, sumando precipitadamente la suya propia. Si China se integra en el CPTPP, el Taiwán gobernado por el soberanismo lo tiene prácticamente imposible. Se requiere la unanimidad de los miembros. Taiwán tiene la esperanza de que Japón se decante a su favor aunque ello le suponga concesiones bilaterales importantes en materia agrícola y otros. Tokio ya señaló que responderá basándose “en consideraciones estratégicas”.

Terceros países se debaten entre sus ambiciones económicas y sus dudas en materia de seguridad. La principal baza china para evitar que sus vecinos se abalancen en brazos de Washington es su poder comercial, financiero y tecnológico. Al convertirse en un principal socio comercial e inversor, puede frenar decisiones en su contra, como ocurre con frecuencia en el marco de la ASEAN, e incluso lograr la inhibición de algunos o su conversión en aliado, quizá solo coyunturalmente. La presencia china sigue articulándose en torno a sus buques portacontenedores y no en base a sus destructores. No obstante, precisa articular complementariamente marcos de seguridad que proporcionen confianza a sus vecinos.