El Pensamiento de Xi Jinping y el sueño chino Fernando Prieto es historiador especializado en Asia Oriental y máster en Economía y Negocios de China e India.

In Análisis, Sistema político by Xulio Ríos

A Qing Shi Huang y Han Wudi

les faltaba un poco de cultura

Taizong y Song Taizu

no tenían modales refinados,

Gengis Khan,

soberbio Hijo del Cielo

sólo sabía tender su arco

para asaetar las águilas

¡Todos han desaparecido!

Para encontrar hombres de palabra e ingenio

volveos a contemplar el presente

Fragmento de “Nieve”, poema de Mao Zedong

El XVIII Congreso del Partido Comunista de China (PCCh) se celebró entre los días 8 y 14 de noviembre de 2012. La transición política de Hu Jintao a Xi Jinping se produjo según lo establecido, asumiendo este último el cargo de Secretario General del Partido durante el congreso, la presidencia del gobierno en la XII Asamblea Popular Nacional (2013) y la presidencia de la Comisión Militar Central también en el año 2013. Precisamente el hecho de que Hu Jintao abandonase completamente del poder antes de lo previsto, con el fin de facilitar una transición ejemplar y completa, supone un hecho a destacar, ya que su predecesor, Jiang Zemin, no abandonó la presidencia de la Comisión Militar Central hasta dos años después de pasar el testigo a Hu Jintao.

La llegada al poder de Xi Jinping supuso un punto de inflexión en la política china. Después de varias décadas optando por una política exterior de perfil bajo y una política interna donde primaba la colegialidad a la hora de tomar decisiones, buscando equilibrios entre las distintas familias que conforman el PCCh, el Partido encomendó su futuro y el de China a un nuevo tipo de liderazgo que pone fin al statu quo establecido desde que comenzó el proceso de reformas en 1978.

Xi Jinping ha mostrado desde el comienzo de su mandato un fuerte liderazgo y determinación en distintos campos, como la lucha contra la corrupción (sin importar que afecte a cargos de alto nivel en el seno del Partido), la pobreza o la contaminación, por citar algunos ejemplos. Esta batalla contra la corrupción sistémica que amenazaba con paralizar a todo el Partido ha supuesto la consolidación del liderazgo de Xi, aumentando considerablemente su popularidad al cumplir con su palabra: desde que comenzó la campaña fueron señalados desde miembros del Partido vinculados al nivel político más bajo, el de las aldeas, pasando por oficiales del Ejército Popular de Liberación (EPL), responsables de fábricas y miembros del Politburó del PCCh. Probablemente la detención más sonada y que evidenció la firmeza y el compromiso de Xi por dar solución a este problema fue la de Zhou Yongkang (condenado a cadena perpetua), alto dirigente del PCCh y que ejerció como responsable de los servicios chinos de seguridad, situándose como uno de los nueve hombres más poderosos del Estado al formar parte del Comité Permanente del Buró Político del Comité Central del PCCh. Si bien la lucha contra la corrupción ha permitido mostrar un mayor compromiso del Partido con el fin de paliar este grave problema y le ha granjeado una gran popularidad a Xi Jinping, también es cierto que estas acciones a todos los niveles han permitido al propio Xi consolidar aún más su poder, demostrando, con un golpe sobre la mesa, que su liderazgo en el seno del Partido es incontestable.

A nivel militar, Xi Jinping garantizó su control total del EPL. El último título asumido por Xi durante los primeros meses de 2016 fue el de comandante en jefe del Comando de Batalla Conjunta del EPL (encargado de las estrategias de combate), que suma a la presidencia de la Comisión Militar Central (encargada de la gestión del Ejército). Los casos de corrupción que afectaron a  los antiguos vicepresidentes de la Comisión Militar Central durante el mandato de Hu Jintao, Guo Boxiong y Xu Caihou, así como a más de cuarenta generales, demostraron la intransigencia contra la corrupción.

La progresiva consolidación del poder de Xi Jinping como núcleo del PCCh, del EPL y del Estado se produjo durante su primer mandato, sentando las bases de un nuevo liderazgo chino para enfrentar los retos del futuro que cristalizaría durante el XIX Congreso del PCCh, coincidiendo con el comienzo de su segundo mandato de cinco años.

El XIX Congreso del PCCh y el Pensamiento de Xi Jinping

El XIX Congreso Nacional del PCCh se celebró durante la semana del 18 al 24 de octubre de 2017 en el Gran Salón del Pueblo de Beijing. Durante el desarrollo del mismo se nombró al nuevo Comité Central del Partido, designándose a partir de su nombramiento el Politburó y el máximo órgano de poder, el Comité Permanente del Buró Político del Comité Central del PCCh. El nuevo Comité Permanente, donde tradicionalmente se encontraba el sucesor del secretario general al finalizar su segundo mandato, no cuenta con ningún sucesor oficial y el dato más llamativo es que sus miembros se encuentran entre los sesenta y los sesenta y siete años, por lo que ninguno de ellos tiene la juventud suficiente como para suceder a Xi Jinping al término de su segundo mandato en 2022.

Este congreso pasará a la historia como uno de los más destacados de las últimas décadas por la introducción de un nuevo elemento: la modificación de la Constitución del PCCh para añadir el Pensamiento de Xi Jinping sobre el socialismo con características chinas en la nueva época como nueva base ideológica del Partido. Resulta especialmente esclarecedor el uso del término pensamiento, ya que la contribución de Deng Xiaoping, el Pequeño Timonel, (la teoría del socialismo con características chinas), no obtuvo dicha denominación, dejando la categoría máxima para las aportaciones de Mao Zedong, el conocido como Pensamiento Mao Zedong. Además, la Constitución del Partido no reflejó la teoría de Deng hasta su muerte, incluyéndose en 1997, mientras que Xi Jinping, al igual que Mao Zedong en su momento, ha visto cómo sus aportaciones teóricas quedan plasmadas en el PCCh.

“El Congreso ha acordado por unanimidad que el pensamiento de Xi Jinping debe ser [uno de] los textos que guíe la actuación del Partido y de la Constitución”.

Tras el XIX Congreso Xi Jinping se encumbró como nuevo faro del pueblo chino para encarar los retos del futuro, lo que se mostró de forma cristalina en un editorial de la agencia oficial de noticias del gobierno chino (Xinhua): “China está lista para recuperar el poder y ascender hasta la cima del mundo”, afirmó. “Aquellos que esperan que China se desmorone estarán decepcionados. Criticar o cuestionar la legitimidad de nuestra forma de hacer no sirve de nada. Es hora de que comprendan nuestras políticas porque parece que seguirán triunfando”.

En febrero de 2018, el PCCh propuso un paquete de enmiendas constitucionales en la Asamblea Popular Nacional de China (máximo órgano legislativo del Estado), encontrándose entre las más destacables suprimir la limitación de los mandatos presidenciales (hasta entonces, y a propuesta de Deng Xiaoping tras la muerte de Mao, se limitaban a dos mandatos como máximo). Las enmiendas se aprobaron el 11 de marzo del mismo año con únicamente dos votos en contra y tres abstenciones de entre los dos mil novecientos ochenta delegados presentes. Otra de las enmiendas consagra el Pensamiento de Xi Jinping, ya añadido en la Constitución del Partido durante el XIX Congreso, situándolo en la Constitución de la República Popular China junto al Pensamiento Mao Zedong. Con esta medida China alcanza un nuevo estadio dentro del comunismo nacional al imprimir al socialismo con características chinas el Pensamiento de Xi Jinping.

La inclusión del Pensamiento de Xi Jinping como eje vertebrador del PCCh y del propio Estado al añadirse en la Carta Magna supone la consolidación definitiva de su liderazgo y la apertura de una nueva era para el pueblo chino. Es entendible, por tanto, que se recurra a nivel mediático a equipararle a Mao Zedong, ya que desde el Gran Timonel ningún político chino había acumulado tanto poder y tantos cargos políticos. Además, en el proceso de consolidación del poder en su persona durante su primer mandato también recibió el título honorífico de “lingxiu”, equivalente a líder y que dejó de usarse tras el fallecimiento de Mao Zedong.

Xi Jinping se ha convertido en una pieza clave en la historia reciente china porque encarna en sí mismo la voluntad del pueblo chino de romper con las cadenas del pasado y mirar al futuro con optimismo, recuperando el orgullo y el esplendor de la civilización china. El título de la última obra de Xulio Ríos, director del Observatorio de la Política China, describe con precisión lo que supone su liderazgo: “La China de Xi Jinping. De la amarga decadencia a la modernización soñada”.

Los nuevos retos que debe afrontar el gigante asiático precisan de un liderazgo fuerte encarnado en una sola persona capacitada para ello. Los engranajes del PCCh han contribuido a reforzar su liderazgo, lo que no por casualidad ha coincidido con el resurgir del pensamiento clásico y, fundamentalmente, el confucianismo desde el mandato de Hu Jintao.

El redescubrimiento de la cultura tradicional china y su impulso desde el PCCh responde, junto a las reformas económicas siguiendo la teoría del socialismo con características chinas impulsada por Deng Xiaoping, a la búsqueda del Partido de un camino propio alejado de la ortodoxia comunista y del modelo de democracia decimonónico que existe en Occidente. Mao Zedong fue el primer líder chino en anunciar que la República Popular China seguiría su propio camino, rechazando el seguimiento ciego de cualquier ideología extranjera y asegurando que se debía tener en cuenta las particularidades y las necesidades del pueblo chino a la hora de aplicar el comunismo. Este rechazo de la ortodoxia y de la aplicación de modelos externos tuvo su continuidad con la teoría del socialismo con características chinas y hoy, con Xi Jinping a la cabeza, vuelve a encontrarse de actualidad, enarbolando la bandera de la idisiosincrasia china para aislar a la República Popular China de los cantos de sirena provenientes de Occidente y que reclaman la aplicación de una agenda democratizadora y la asunción de una economía de mercado más sólida. El Partido necesitaba una figura fuerte de pulso firme para garantizar el crecimiento y la consolidación de China como una potencia económica y política de primer nivel… Y con Xi Jinping la han encontrado.

En su ambiciosa agenda figuran retos pendientes como la transformación del modelo económico, afianzando su posición como potencia manufacturera también de tecnología de vanguardia, conseguir una sociedad más acomodada acabando con la pobreza o apostar por una política exterior más activa, liderando iniciativas como el Banco Asiático de Inversión en Infraestructuras o la Iniciativa de la Franja y la Ruta de la Seda, además del impulso de los BRICS y la Organización de Cooperación de Shanghái.

El sueño chino

Desde el comienzo de su mandato, Xi ha empleado en numerosas ocasiones el concepto de sueño chino como uno de sus objetivos, convirtiéndolo en uno de los eslóganes de su presidencia al igual que para Jiang Zemin fue la “triple representatividad” (que puso fin a la lucha de clases y permitió a los empresarios incorporarse al Partido) y para Hu Jintao la “perspectiva científica del desarrollo” para conseguir una “sociedad armoniosa”. Pero, ¿qué es el sueño chino?

El sueño chino no debe confundirse con el conocido sueño americano. El concepto estadounidense sitúa a su país como la tierra de las oportunidades, donde cualquiera, con independencia de su pasado, raza o religión, puede cumplir sus metas y hacer realidad sus sueños. Se trata, por tanto, de una mirada al futuro sin importar el pasado, la historia de cada uno. Este concepto tiene un encaje positivo dentro de la idiosincrasia estadounidense, ya que estamos hablando de un país de reciente creación, con apenas trescientos años de historia. China, por el contrario, se sitúa como una de las civilizaciones más antiguas del mundo con cinco mil años de historia y un carácter definido. Para un país con un pasado cultural tan abundante y genuino es muy complicado hablar de sueño chino sin contar con su propia herencia cultural. Por tanto, el sueño chino no pone a cero el cuentakilómetros de la historia, sino que consiste en recuperar la grandeza perdida y poner en valor elementos del pasado para construir el futuro. El sueño chino es un concepto abierto con elementos sin definir en su totalidad, lo que permite que sea una idea en la que pueda sentirse representado cualquier ciudadano chino.