La Revolución Cultural: últimos movimientos antes del caos bajo las estrellas (1962-66) Fernando Prieto es historiador especializado en Asia Oriental y máster en Economía y Negocios de China e India

In Análisis, Sociedad by Xulio Ríos

A pesar de que la Revolución Cultural comenzó en 1966 es importante retroceder al periodo inmediatamente anterior, que comprende los años 1962-66, ya que lo que ocurrió entonces fue el detonante de la tormenta que se desataría en agosto de 1966.

El Movimiento de Educación Socialista

El Movimiento de Educación Socialista fue impulsado por Mao Zedong en 1962 para frenar el revisionismo que comenzaba a vislumbrar en China. El objetivo fundamental era acabar con los retazos capitalistas que aún pervivían entre el campesinado y los representantes locales del Partido Comunista de China (PCCh). Esta campaña nacional fue la última evidencia que necesitaba Mao para comprobar que tanto su sucesor, Liu Shaoqi, como  buena parte de los miembros más preponderantes del Politburó se encontraban lejos de haber asimilado el Pensamiento Mao Zedong, lo que quedaba de manifiesto en las decisiones erráticas que, según el criterio del propio Mao, tomaron cuando les dejó vía libre para actuar al situarse en un segundo plano.

Al saberse rodeado de potenciales contrarrevolucionarios decidió organizar un grupo de poder al margen de la estructura tradicional política, lo que durante la Revolución Cultural pasaría a ser una auténtica estructura paralela que suplantaría al PCCh.

Los preparativos para que se desatara la Revolución Cultural tuvieron lugar en varios frentes durante el año 1965, fundamentalmente en Shanghái y en Beijing, encabezados por Jiang Qing, cuarta esposa de Mao, y Lin Biao respectivamente. El éxito de ambos preparó el camino para que un año más tarde diera comienzo el nuevo movimiento ideado por Mao.

“La destitución de Hai Rui”, la obra de teatro de la discordia

Jiang Qing fue enviada por su marido, Mao -con el que tenía una relación matrimonial nula, viviendo en distintos domicilios, pero manteniendo una lealtad hacia él inquebrantable-, a Shanghái, una decisión que no fue tomada al azar. Jiang fue una actriz de prestigio en dicha ciudad durante los años ‘30, antes de desplazarse a finales de la década a Yan’an, donde se encontraba la resistencia comunista y donde se casaría con Mao en 1939.  Confió en su esposa porque su misión no podía transcurrir por los cauces tradicionales del PCCh. Además, Shanghái era un bastión del maoísmo, dirigido por Ke Qingshi, líder ultraizquierdista cuya lealtad a Mao era incuestionable. Precisamente fue él quien presentó a Jiang Qing a sus dos mejores propagandistas, Yao Wenyuan y Zhang Chunqiao, un radical que tendría un papel creciente durante la Revolución Cultural.

El objetivo de Jiang era prender la mecha de un debate que, en principio, sería literario pero que terminaría siendo político.

Wu Han fue un historiador y vicealcalde de Beijing que escribió en 1960 una obra de teatro titulada “La destitución de Hai Rui”, un éxito que contó con la aprobación inicial de Mao y que contaba la historia de Hai Rui, un ministro de la dinastía Ming que tuvo el valor de criticar al emperador, por lo que fue apartado de su cargo. De hecho la figura de Hai Rui fue recuperada del pasado como modelo a seguir en 1959, cuando Mao instó a los miembros del PCCh a actuar como él.

Aunque a simple vista no existía ningún motivo para que todos los focos se centraran sobre la misma, Jiang se puso en contacto con un periodista de la izquierda revolucionaria, Yao Wenyuan, para que escribiera un artículo en un periódico de Shanghái en el que denunciara la obra de Wu Han, acusándole de ocultar, en el personaje de Hai Rui, una defensa de la labor privada en su apoyo al campesinado. El comité del PCCh en Beijing, encabezado por Peng Zhen, no tardó en reaccionar, y ordenó que se retirara. Mao no actuó, permitiendo que, temporalmente, se considerara una disputa literaria, dentro del ámbito cultural.

Meses después, en invierno de 1965, Mao decidió que había llegado el momento de convertir la disputa literaria en política. Afirmó que el artículo de Yao Wenyuan no había focalizado el verdadero problema, que se encontraba en el propio título de la obra: Hai Rui fue depuesto por el emperador, en ningún caso destituido. Por tanto, la verdadera intención de Wu Han fue reflejar en el papel de Hai Rui a Peng Dehuai, antiguo jefe del Estado Mayor destituido por Mao en la conferencia de Lushan de 1959 tras realizar una serie de críticas que no fueron de su agrado. Sus críticas se difundieron y nuevamente Peng Zhen trató de evitar su difusión por todos los medios, pero fue imposible. Sabedor de lo delicado de su postura decidió tomar la iniciativa e impulsar, por medio del Grupo para la Revolución Cultural que lideraba, la elaboración del que fue conocido como “compendio/esbozo de febrero”, redactado durante los primeros días de febrero y que tenía por finalidad mostrar una serie de directrices para combatir las ideas burguesas, además de diferenciar las disputas culturales de las políticas, en clara alusión a Wu Han.

La respuesta de Jiang Qing no se hizo esperar: organizó un foro cultural dentro del Ejército Popular de Liberación (EPL), de cuyas actas se elaboró un documento en el que se llamaba preparar una revolución cultural socialista. La respuesta fue de una gran contundencia, por lo que el movimiento de Peng quedó en nada. Mao esperó al mes de mayo de 1966 para lanzar su ofensiva contra el centro neurálgico del PCCh en Beijing, encabezado por el propio Peng. En una reunión del Comité Permanente Mao expuso que era necesario purgar a Peng y sus más allegados, y por tanto presumibles seguidores de sus políticas, dentro del PCCh.

El 16 de mayo se emitió una circular del Comité Central en la que se anunciaba la abolición del Grupo para la Revolución Cultural que encabezaba Peng Zhen y la formación de uno nuevo liderado por miembros del sector más radical del PCCh (Jiang Qing, Chen Boda o Zhang Chunqiao). Además, se formó el Grupo para la Investigación de Casos Centrales, cuyo fin era la investigación de conductas que atentaran contra el PCCh, lo que en la práctica significaba que sería el órgano encargado de impulsar, junto al Grupo para la Revolución Cultural, el caos revolucionario que estaba a punto de comenzar.

El foco se traslada al ámbito universitario

En mayo Kang Sheng envió a su esposa, Cao Yiou, a la Universidad de Beijing para, como ya hiciera Jiang Qing a petición de Mao, preparar un nuevo movimiento que no debía realizarse por medio de los cauces habituales del PCCh. En este caso la misión de Cao era ponerse en contacto con la secretaria del PCCh en el Departamento de Filosofía, Nie Yuanzi, una izquierdista radical con la que coincidió en el periodo de Yan’an, quien debería ser la pionera de un movimiento universitario.

Su primera acción, el 25 de mayo, fue desplegar una pancarta en grandes caracteres en el edificio que albergaba la cantina principal de la universidad, cuyo mensaje criticaba a los dirigentes del PCCh, especialmente al director. La acción provocó que otros estudiantes siguieran su ejemplo, lo que preocupó a las autoridades del PCCh, que trataron de convencer a Nie para que la retirara. El 1 de junio Mao dio el visto bueno a la pancarta, pidiendo que se publicara en la Agencia de Noticias Xinhua y en todos los medios, buscando así que tuviera difusión a nivel nacional (el día 2 de junio el Diario del Pueblo se hizo eco), lo que terminaría consiguiendo.

El apoyo de Mao a la pancarta de Nie fue determinante para que se extendiera el fervor revolucionario en el ámbito universitario, y pronto afectó a las escuelas de primaria y secundaria, lo que desembocaría en la suspensión temporal de las clases en universidades y escuelas de todo el país el 13 de junio. Los alumnos contaban así con la bendición del Gran Timonel para que se dedicaran a tiempo completo a la revolución cultural.

Con los campus universitarios en completa eurupción y el comité municipal del PCCh en Beijing purgado en bloque desde el 3 de junio, había llegado el momento de que se tomaran decisiones desde el centro del PCCh. Tanto Liu Shaoqi como Deng Xiaoping, los encargados de tomar decisiones ante las habituales ausencias de Mao, se mostraban perplejos ante el avance de los acontecimientos, incapaces de comprender qué estaba ocurriendo. Mao, que se encontraba en Hangzhou, se inhibió y puso en manos de Deng y Liu la resolución de los conflictos en los campus. De este modo quería comprobar si eran capaces de adoptar medidas que no entraran en conflicto con el marxismo-leninismo y sus propios postulados.

La idea de enviar cuadros del PCCh para pacificar la situación no fue descartada por Mao, pero dejó entrever que sería positivo siempre y cuando se hiciera con calma y después de analizar la situación. Se enviaron, pues, equipos formados por miembros de la Liga de la Juventud Comunista de China y los citados cuadros a todos los campus de Beijing y de otras grandes ciudades. Pronto surgieron los enfrentamientos, pues los equipos acusaron a los jóvenes rebeldes de “elementos antipartido”, mientras que estos fueron tachados de colaboradores, en el caso de Beijing, del depuesto comité municipal, encabezado por Peng Zhen. Enviar a los equipos precipitadamente, estigmatizando a todos aquellos que se rebelaban contra un sistema universitario chino donde primaba el nepotismo, se frenaba la originalidad y cuyo método de enseñanza seguía siendo el “relleno de pato” (método consistente en la memorización, dejando al margen la creatividad), fue, acorde al desarrollo posterior de los acontecimientos, un error de Liu  y Deng.

Mao y el río Yangtsé

Otro de los momentos clave que marcaron los meses anteriores al comienzo formal de la Revolución Cultural tuvo lugar en el río Yangtsé. El 16 de julio, durante más de una hora, Mao nadó en el río, un acto cargado de simbolismo que representaba tanto su regreso a la política diaria como una demostración de fuerza y vitalidad.

Con su regreso a la capital comunicó a Liu que el haber enviado cuadros a los campus fue un error, mientras que Jiang Qing se desplazó a los campus para alentar a los más radicales. A comienzos del mes de agosto incluso se sumó a las pancartas de grandes caracteres, en la que aparecía escrito “¡bombardeemos los cuarteles generales!”, demostrando que confiaba más en las masas para dirigir la revolución que en el propio PCCh. De hecho, en el mes de agosto Mao comunicó a Lin Biao que sería su sucesor en detrimento de Liu Shaoqi.

La figura de Lin Biao

Si nos remontamos al año 1965 podemos decubrir los movimientos de Lin Biao para garantizarse el control del EPL, lo que le serviría para alzarse como una figura fundamental en los primeros años de la Revolución Cultural. Lin jugó sus cartas desde Beijing, tratando de asentar su posición dentro del PCCh y del EPL.

En calidad de ministro de Defensa entró en conflicto con el jefe del Estado Mayor, Luo Ruiqing, sobre la línea que debía seguir el EPL: para Lin era fundamental que los militares se formaran políticamente, que recibieran una educación política fundamentada en los principios del marxismo-leninismo y el maoísmo, mientras que Luo optaba porque el ejército siguiera siendo una fuerza profesional, alejada de las disputas políticas. La situación era delicada y Mao optó por dar la razón a Lin Biao, aceptando sus quejas sobre la falta de regularidad en los informes que debería hacerle llegar y los intentos de Luo por lograr su cese como ministro. Apartó a Luo Ruiqing de la jefatura del Estado Mayor y dio su visto bueno, de este modo, a la politización del EPL, lo que puede traducirse en una maniobra más de Mao para reducir las posibilidades de un golpe de Estado, algo en lo que llevaba pensando varios años y que al contar con un ejército politizado sería más complicado de llevar a cabo. Como afirmó Lin:

“Mientras que debería destinarse una cantidad concreta de tiempo para el entrenamiento, la producción militar, etc., no debería permitirse que dichas actividades invadiesen la política. Por otro lado, sí debe permitirse que la política invada las otras actividades”.

El control de la Oficina General del Comité Central del PCCh

Uno de los últimos movimientos previos al comienzo oficial de la Revolución Cultural tuvo como protagonista al propio Mao. En noviembre de 1965 destituyó al director de la Oficina General del Comité Central del PCCh, Yang Shangkun, por haber realizado escuchas de sus conversaciones privadas, sin su consentimiento, a comienzos de la década de los ’60, algo de lo que tenía constancia desde hacía varios años. La verdadera razón que motivó su destitución precisamente en aquél momento estaba relacionada con la posición que ocupaba, un puesto clave para conocer el tránsito de información, por lo que eligió en su lugar a Wang Dongxing, director de la Oficina Central de Vigilancia, quien estuvo a cargo de su seguridad personal y que se caracterizó por su fidelidad sin fisuras.

De este modo podemos observar cómo desde distintos frentes se fueron asentando los pilares sobre los que se sostendría la estructura de la incipiente Revolución Cultural. 1966 fue el comienzo de una nueva era dentro de la República Popular China.